lunes, 27 de agosto de 2012

CREAN EN EL QUE EL HA ENVIADO

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Crean En El Que Él Ha Enviado – Estudio Bíblico por Jack Kelley


“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:11-15).

El Juicio del Gran Trono Blanco se ajusta a las descripciones que tenemos del Día de la Expiación, también llamado Yom Kippur. Se cree que en el primer día de Tisri los libros en los cuales se han registrado todas las obras del pueblo de Dios son abiertos para ser revisados. Los nombres de aquellas personas cuyo comportamiento durante el año anterior ha sido ejemplar en todo respecto fueron de inmediato inscritos en el Libro de la Vida. Y aquellas personas cuyo comportamiento no tuvo ningún mérito, fueron asignadas a morir durante el año siguiente. Casi todas las personas se encontraban entre estos dos extremos así que durante los siguientes diez días, llamados los días de temor, la gente se hacía un completo auto examen y salía frenéticamente tratando de enderezar las cosas malas que habían hecho durante el año porque el perdón de Dios requería una reconciliación previa entre las personas (Misna Tora, las Leyes del Arrepentimiento). En el décimo día de Tisri, Yom Kippur, se cerraban los libros y aquellas personas que habían enderezado lo malo que habían hecho durante el año anterior, sus nombres quedaron inscritos en el Libro de la Vida por un año más. Durante los 10 días de temor, un saludo común entre amigos era, “Que tu nombre quede inscrito en el Libro.”

La diferencia con Apocalipsis 20:11-15 es la ausencia de los 10 días de temor. Los muertos no salvos serán resucitados e inmediatamente llevados a juicio sin tener ninguna oportunidad de enderezar las cosas malas que hicieron. Cualquier cosa que no fue tratada antes que la persona muriera estará allí para condenarla ante el Juicio del Gran Trono Blanco. Entonces, solamente aquellas personas que murieron en un estado de justicia total encontrarán sus nombres inscritos en el Libro en la resurrección de los no salvos.

¿Tradicional o condicional?:

Mucho se habla en estos días sobre los distintos grados del bien y del mal, y algo de eso ha evolucionado hasta el punto de replantear nuestro punto de vista tradicional sobre el estado eterno de los incrédulos. El punto de vista tradicional es que cualquier persona que fracase en aceptar el perdón que Dios compró para nosotros con la sangre de Su Hijo, pasará la eternidad en un estado de castigo agonizante en el lago de fuego.

Pero algunas personas han empezado a cuestionar este punto de vista al preguntar por qué una persona humanitaria incrédula que ha vivido una vida ejemplar al servicio de los demás, pero que fracasó en aceptar al Señor como su Salvador, debe de recibir el mismo castigo como alguien como Hitler o Stalin quienes asesinaron a miles de personas a sangre fría. Ellos sostienen que esa no es la forma de Dios de hacer las cosas, y lo sostienen al citar Apocalipsis 20:12 que en parte dice, “y fueron juzgados los muertos… según sus obras”.

Para esas personas este versículo indica que un espíritu de causa y efecto reside en el juicio y revela las intenciones de Dios para hacer que el castigo se ajuste al crimen, por decirlo de una manera. Por lo tanto, afirman, Dios que es justo y misericordioso, mirará a los incrédulos que de otra manera vivieron vidas fructíferas y les dará un castigo que es más corto y menos severo que el que los asesinos en masa y los torturadores van a recibir. Pero puesto que no importa lo buena que una persona sea, al morir en un estado de incredulidad el resultado es la muerte eterna, entonces al final del término de su castigo, esa persona será destruida y cesará de existir en cualquier forma. Entonces, como recompensa por su vida buena en la tierra, serán eliminados de su miseria después de un corto y más tolerable período de tiempo de castigo. A esto se le llama el “punto de vista condicional” del infierno.

Devolvámonos por un momento:

¿Existe un apoyo bíblico para lo anterior?. Vayamos al primer juicio del pecado que registra la historia para poder saberlo. Al estudiar la primera vez que un concepto importante se menciona en las Escrituras, generalmente descubrimos pistas que nos ayudan a comprender situaciones posteriores similares. Los eruditos se refieren a eso como el “Principio De La Primera Mención”.

“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).

Adán fue creado a imagen de Dios, inmortal, con un talento y una destreza que usted y yo solo podemos imaginar. Lo mismo fue con Eva. Ambos estaban llenos de bien y de pureza, y caminaban y hablaban con Dios. Solamente tenían una regla y solamente la desobedecieron una vez.

Pero cuando lo hicieron, a pesar del hecho de que el bien en ellos sobrepasaba en mucho al mal, y a pesar de que solamente cometieron un pecado, ellos murieron y la creación fue maldecida, como lo fue toda su progenie. Todos lamentamos ahora las consecuencias producidas por este acto de desobediencia. Como escribió Pablo, “por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres” (Romanos 5:18).

Sin embargo, ellos eran relativamente buenos, quizás mucho más que la mayoría de nosotros, porque la Biblia no menciona ningún otro pecado en sus vidas. ¿Su castigo se ajustó a su crimen? ¿Pesó Dios lo bueno de sus vidas en contra de lo malo? ¿O hizo Dios exactamente lo que les dijo que haría?.

Por lo que pueda valer, yo no veo ninguna obstrucción en el trato de Dios con Adán y Eva entonces, ni con la humanidad desde ese momento en adelante. Yo creo que el aplicar una escala de bondad a la vida de cada persona, es una idea humana. Por ejemplo, tomemos la situación contraria. ¿Cómo se les otorga a los creyentes el ingreso al Reino?. ¿Existe alguna escala de mérito relativo que se aplica, o estamos dentro en un ciento por ciento para siempre? Algunas personas dicen que el castigo de los incrédulos es demasiado severo, pero ¿cuántos creyentes se merecen la recompensa que se nos ha dado?. ¿No es eso un tipo de extremismo también?. Si nuestra recompensa se basa solamente en lo que creemos, ¿por qué no sería el castigo basado solamente en su incredulidad?.

En el Islam se dice que en el juicio final Alá va a comparar lo bueno y lo malo en la vida de cada persona para luego decidir si a esa persona se le permite el ingreso en el paraíso. (El único boleto de ingreso es morir en batalla como mártir.) Como cristianos nosotros reaccionamos pobremente ante esa idea. Decimos que no es justa, porque nadie puede saber por adelantado, si uno es salvo o no. Y sin embargo, algunos se sienten bien con que esa misma incertidumbre los haga parte de un lote de incrédulos en términos de juicio.

¿No podría esa incertidumbre tener el efecto de causarle a alguien que realmente no cree en el infierno de todas maneras, tener más confianza en posponer su decisión de salvación, creyendo que puesto que ha vivido una vida buena podrá arreglar algo con Dios después de haber muerto?. ¿No hemos pensado todos nosotros que vivíamos una vida relativamente buena hasta que fuimos salvos?.

Yo voy a sugerir que quizás todo el entendimiento que el hombre tiene de la frase “juzgado conforme a sus obras” está equivocado. Adán y Eva tenían una sola regla, y cuando desobedecieron ya nada más importaba. No hubo ninguna negociación, ningún peso colocado en la balanza. Ellos recibieron lo que el Señor les advirtió que recibirían. Yo creo que es lo mismo con nosotros. Yo creo que nosotros tenemos una sola regla también y si la desobedecemos, recibiremos lo que el Señor nos advirtió que recibiríamos.

¿Cuál es la obra que el Señor requiere?:

Después que Jesús alimentó a los 5.000, la muchedumbre que le seguía lógicamente creció de manera exponencial. Él sabía que lo único que querían es que les diera más pan. Él les advirtió de no preocuparse por trabajar por los alimentos los cuales se ponen malos, sino que trabajaran por el alimento que perdura para la vida eterna.

“Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que crean en el que él ha enviado” (Juan 6:28-29).

Allí lo tenemos. Esa es la única regla para la humanidad. Creer en El que Él ha enviado. Es nuestro equivalente de “No comerás de ese árbol”. Es lo único que Dios requiere. Si desobedecemos, ya nada más importa. Todas aquellas personas que niegan a Jesús irán al castigo eterno de acuerdo con Mateo 25:46, mientras que los justos irán a la vida eterna. Isaías 66:24, Daniel 12:2 y Marcos 9:48 están todos de acuerdo.

Pero no me malinterpreten, yo sé que somos llamados a vivir vidas que reflejen nuestras creencias y que aun se nos prometen recompensas adicionales por hacerlo, y yo sería el último en aconsejarle a alguna persona que profese su fe para luego olvidarme de vivirla. Pero el simple hecho es que la fe es la única obra que Dios requiere y que nada de las demás cosas que hacemos cuenta en absoluto hasta que hayamos tomado ese único paso requerido. Somos salvos por lo que creemos, y no por la forma en que nos comportamos. En ninguna parte de las Escrituras se encuentra ni siquiera una pequeña insinuación de que el destino de una persona incrédula puede ser alterado en lo más mínimo por la “bondad” de la vida que tuvo.

De hecho, todo parece ser en las Escrituras que, en lo que al Señor respecta, Él equipara la incredulidad con la desobediencia. Pablo escribió que Dios cree que Su existencia es simplemente demasiado obvia como para que se nos escape (Romanos 1:18-20).

Y en 2 Tesalonicenses 2:10 él dijo que las personas incrédulas perecerán porque rehusaron el amor y la verdad para ser salvas. Rehusar algo es declinarlo. Es una acción específica. Al hacer eso, los incrédulos han desobedecido la única regla que Él nos dio, y en respuesta a ello, Él hará exactamente como dijo que haría.

Dejemos algo en claro:

El saber eso lastima nuestro ego, pero ninguna de nuestras buenas obras ayuda del todo a Dios, de igual forma que ninguno de nuestros pecados lo lastiman. Recuerden las palabras de Eliú a Job acerca del impacto que nuestra vida tiene en Dios.

“Si pecares, ¿qué habrás logrado contra él? Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú? Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano? Al hombre como tú dañará tu impiedad, y al hijo de hombre aprovechará tu justicia” (Job 35:6-8).

Isaías lo explicó con más claridad. Acerca de las obras religiosas de los incrédulos, él escribió: “El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones, también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada” (Isaías 66:3-4).

Dios solamente considera buenas las obras de los creyentes en el tanto que sean hechas por gratitud, en un esfuerzo para complacerlo a Él por lo que Él ha hecho por nosotros (1 Corintios 4:5). Es como cuando su hijo de tres años le da a usted un dibujo casi irreconocible. Para usted eso no tiene ningún valor intrínseco. Pero usted sabe lo mucho que su hijo se esforzó para complacerlo, y es la intención lo que cuenta. Lo mismo es cierto con respecto a nuestras buenas obras.

Los incrédulos no están tratando de complacer a Dios con sus buenas obras, puesto que ellos niegan que Él siquiera existe. Solamente están tratando de sentirse mejor. Si sus buenas obras no complacen a Dios y están motivadas por el egoísmo, ¿en dónde está la justificación para considerarlas cuando se determina su castigo por haberlo rechazado a Él?. Esta idea no tiene más sentido que la de permitirle a los artistas o a los políticos que adquieran “créditos de carbón” para compensar sus grandes huellas de carbón.

Los cheques que emiten no anulan los efectos de sus extravagantes estilos de vida, solamente están tratando de sentirse mejor. Si eso es cierto entonces usted pensará ¿por qué Dios se toma toda la molestia del caso para anotar cada una de nuestras acciones?. Si solamente una de ellas importa, ¿por qué molestarse con las demás?. La Biblia no contesta esa pregunta pero puesto que Dios es justo, yo creo que al tener todo anotado Él puede demostrar que Sus registros están completos y son exactos, y que Él no olvidó ni un solo detalle de la vida de una persona. Esto demostrará que la omisión de esa persona del libro no fue debido a un accidente o un descuido, sino fue el resultado del rechazo que la persona hizo de la única cosa que él requiere de nosotros.

Así que yo creo que es posible que cuando los incrédulos sean juzgados “según sus obras,” solamente la obra que Dios requiere de ellos será el tema central. ¿Han hecho ustedes la única cosa que Él les pidió que hicieran, y es creer en El que Él ha enviado?. Recuerden que con la ausencia de esa única cosa, ninguna otra obra que las personas hagan podrá ser considerada buena según las normas de Dios. Apocalipsis 20:15 coincide en esto. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. Usted solamente puede estar inscrito en el Libro de la Vida al ser ciento por ciento justo. Y usted solamente será de esa manera si tiene la justicia de Dios impuesta por la fe (Romanos, 3:10 y 4:5). En otras palabras, en creer en El que Él ha enviado. 16/06/2012.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

OTRA VEZ OS DIGO

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Por el autor del blog:

Ya he hablado de esto en otros post de este mismo blog, pero, como dice Pablo, como la fe es por el oír (la fe se adquiere y se consolida por oír – lo que incluye leer, escuchar, estudiar, comprender y obedecer – la palabra de Dios), lo repetiré una vez más:

La Biblia define la FE de la siguiente manera:

Hebreos, 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

¿Qué significa esto?. Significa que la fe es algo en lo que creemos y que no podemos ver con nuestros ojos de humanos carnales, ya sea porque eso en lo que tenemos fe ocurre en un plano dimensional al cual no tenemos acceso (el plano o el mundo espiritual) y/o porque eso en lo que tenemos fe ocurrió en un momento histórico en el cual nosotros ni siquiera habíamos nacido (la crucifixión de Cristo, por ejemplo).

Definida la FE por la misma Palabra de Dios, vayamos a la parte importante, que es como opera la Salvación de nuestra alma:

Pablo nos da la clave:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, porque es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe;

Vayamos por partes:

La gracia es, podríamos decir, la voluntad de Dios de reconciliarse con el Hombre. Que algo sea por gracia significa, ademas, que es totalmente inmerecido (no hemos hecho nada para obtenerlo). Dios no quiere que perezca ningún hombre y que todos procedan al arrepentimiento. Por esto somos salvos. Sin esta voluntad conciliadora de Dios, no habría salvación posible. Pero esta gracia no será ilimitada. En algún momento terminara y vendrá la ira de Dios sobre la Tierra. Esta gracia (esta voluntad de Dios) es la causa de nuestra Salvación.

Pero se necesita algo más. Dios pide algo más y es la parte que nos toca a nosotros: el ejercicio de la fe.

Pablo dice: “por medio de la fe”. La gracia de Dios es la causa de la salvación (el por qué), mientras que la fe es el “medio”. La fe ya fue definida (Hebreos, 11.1). Sin fe estaremos excluidos de la gracia de Dios. Nunca podremos reconciliarnos con Dios.

La fe es el “boleto de entrada” a la gracia (la causa de la salvación):

Romanos, 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 

Pero ¿fe en que o en quien?. En nuestro Señor Jesucristo, por supuesto. En el Hijo de Dios, en el Enviado de Dios, nuestro Mesías, nuestro Libertador Espiritual, nuestro Maestro y nuestro Amigo.

Romanos, 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Pero ¿qué hizo Jesucristo, el Hijo de Dios, por nosotros?.

Romanos, 4:25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Pero ¿porque Dios envió a Su Hijo a morir (y de semejante manera) por nosotros?.

Paul Washer lo explica fantásticamente bien:

Todo el problema comienza con la naturaleza de Dios. Dios es Justo y Santo. Dios no puede violar sus atributos. El no puede hacer algo que contradiga su naturaleza. El es un Dios Recto. Ahora bien, esto es algo bueno. Sería terrible pensar que este universo fue creado por un dios malvado, por un dios omnipotente que fuera malvado. Sería absolutamente aterrador. De modo que, en principio, es algo bueno que Dios sea Justo, Santo y Recto. Pero entonces, esto presenta un problema. Si Dios es Justo… ¿ qué es lo que hace con nosotros?. La verdad más aterradora de la Biblia es que Dios es bueno. ¿Por qué es una mala noticia que Dios sea bueno?. Porque nosotros no lo somos. Entonces ¿qué hace un Dios bueno con nosotros?.  Pecamos contra Dios, pecamos unos contra otros, pecamos contra la naturaleza, pecamos contra todo. Toda la creación clama por nuestra condenación. Si Dios es verdaderamente Justo, entonces ¿qué hace con nosotros?.

Si Dios, simplemente, pasa por alto la maldad, deja de ser Justo. Si un Dios Santo llama a los malvados hacia El para compartir con ellos, entonces no es un Dios Santo. De modo que la gran pregunta de toda la Biblia es esta: ¿Cómo puede un Dios Justo perdonar malvados y seguir siendo Justo?. ¿Cómo un Dios Santo llama a los malvados a tener comunión con El, siendo un Dios Santo?. Y la repuesta se encuentra en la cruz de Jesucristo. En la cruz de Jesucristo vemos esta tremenda y única revelación de la amplitud de los atributos de Dios. Dios es Justo. El debe condenar nuestro pecado. Dios es amor y por eso se convierte en hombre por medio de Su Hijo. Vive una vida perfecta como hombre y luego va hacia esa cruz y en esa cruz los pecados de su pueblo son echados sobre El. Y toda la justicia de Dios, toda la ira de Dios que merecíamos nosotros es arrojada sobre la cabeza de Cristo. La cantidad exacta que era requerida para satisfacer la justicia de Dios. Después de sufrir, Cristo dijo “CONSUMADO ES”. Esto significa que hizo lo que era requerido para satisfacer la justicia de Dios contra su pueblo. El pago el precio en su totalidad.

Es muy importante entender esto. Que no fue simplemente que nuestros pecados fueron perdonados porque los romanos golpearon a Jesús y lo clavaron en una cruz. Nuestros pecados fueron pagados porque en esa cruz El cargo con nuestros pecados. Y le plació a Dios, el Señor, quebrantar a Su propio Hijo. La ira de Dios, que debió haber caído sobre mí y sobre ti, cayo, en cambio, sobre su Unigénito Hijo. Y lo sufrió completamente, pago el precio, murió, porque la paga del pecado es muerte y en el tercer día resucito de entre los muertos. Y ahora está sentado a la diestra de Dios y no hay otro nombre, ningún otro nombre, en cualquier otro mundo, no hay ningún otro nombre dado a los hombres en el que podamos ser salvos, excepto por el nombre de Jesucristo. El es el camino, la verdad y la vida. Y nadie puede llegar al Padre, excepto por medio de Jesucristo. Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Y para que podamos ser salvos, la Biblia llama a todos los hombres a arrepentirse de sus pecados y a creer en el Evangelio.

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, porque es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe;

Pablo termina diciendo que la salvación no es por obras, “para que nadie se gloríe”, es decir, para que nadie diga “me salve porque soy bueno”. Ademas, mucha gente de dinero realiza obras de caridad pensando que, tal vez, eso les ayude a “comprar” su salvación. Ellos ven a las buenas obras como una “moneda de pago”.

Pero Pablo dice que las buenas obras son una consecuencia de la fe:

Efesios, 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

¿Por qué tuvo que ser todo de este modo?.

Porque agrado a Dios, en su soberanía, que el hombre fuese salvo por medio de la predicación del Evangelio y del ejercicio de la fe:

1º Corintios, 1:21 agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 1:22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 1:23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 1:24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.


Para los incrédulos, todo esto es una locura. Para nosotros es poder de Dios.



QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

viernes, 24 de agosto de 2012

¿PODEMOS PERDER LA SALVACION?

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Por el autor del blog:

He leído en la Internet varios artículos acerca de si podemos o no perder nuestra salvación. Estoy particularmente interesado en analizar el asunto desde una perspectiva distinta:

Veamos que dice la Biblia al respecto:

Hebreos, 10:26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 10:27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. 10:28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 10:29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 10:30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 10:31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!.

2 Pedro, 2:20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 2:21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 2:22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

Una lectura rápida del Evangelio de Hebreos y de la 2ª Carta de Pedro (aunque hay mas pasajes que advierten sobre lo mismo), nos dice no solo que la salvación SI puede perderse sino que, además, el postrer estado vendría a ser peor que el primero, refiriéndose claramente a que hubiese sido mejor no haber conocido nunca el Evangelio, que haberlo conocido y luego haberse apartado de él.

Pablo de Tarso, por su parte, dice:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Somos salvos por gracia (la voluntad de Dios de reconciliarse con el hombre), por medio de la fe (en su hijo, nuestro Señor Jesucristo). No por obras (para que nadie se jacte, porque “no hay bueno ni aun uno, que merezca la salvación”).

Romanos, 6:15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 

Aquí Pablo quiere persuadirnos de que no abusemos de la gracia, de esa voluntad de Dios de reconciliarse con nosotros, por la sencilla razón de que un día esa gracia (esa voluntad), tocara a su fin.

Isaías, aconseja buscar a Dios mientras pueda ser hallado:

Isaías, 55:6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

O sea que esa gracia terminara. Luego sobrevendrá la ira de Dios.

Hasta acá, consejos y advertencias de los profetas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

No obstante, profundizando un poco más en la lectura de la Biblia, nos encontramos con los siguientes pasajes, también de Pablo de Tarso (el Apóstol-Profeta más prolífico de todo el Nuevo Testamento, a quien nuestro Señor Jesucristo le revelo gran parte del Evangelio):

Romanos, 8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

¿Qué significan estas palabras de Pablo?.

Jack Kelley, el reconocido ensayista bíblico, nos lo explica claramente:

“Si usted es salvo, Dios lo sabía desde antes que creara la Tierra. Previo a darle a Adán su primer aliento, Él miró sobre toda la vasta extensión del tiempo y vio el momento en que usted tomaría esa decisión voluntaria e independiente para servirlo a Él (Él lo sabía de antemano). Es en ese momento cuando Dios hace una reservación para usted en el Reino, jurando que nunca borrará su nombre del libro (Él predestinó). Cuando llegó el momento correcto Él le habló a su corazón, sabiendo que usted respondería (Él llamó). Y cuando usted lo hizo Él le purificó de todos sus pecados, considerándolo a usted desde ese momento en adelante, como si nunca hubiera pecado (Él justificó). Y un día, pronto, Él le dará a usted un cuerpo nuevo eterno y un lugar cerca de Él en Su Reino (Él glorificó) (Romanos 8:29-30) En el contexto del tiempo usted tomó su propia y libre decisión para aceptar el perdón que Jesús adquirió para usted. Pero habiendo visto el fin desde el principio, Él siempre supo que usted lo haría. Durante toda su vida Él le ha estado observando, preparándole para el día en que usted tomaría esa decisión. Y desde entonces, Él le ha protegido, porque Él ha prometido que nunca perderá a nadie que se le haya dado (Juan 6:39-40). Él sabe que es el trabajo del pastor guardar a las ovejas. Y Él es el Buen Pastor”. Esta es la llamada “Doctrina de la Seguridad Eterna”.

Juan, 6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 6:40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Veamos que le dice Dios al profeta Jeremías, cuando lo llama para convertirlo precisamente en profeta:

Jeremías, 1:5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 1:6 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. 1:7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 1:8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 1:9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

Te conocí antes que te formases en el vientre de tu madre, te santifique antes de que nacieras y te di por profeta a las naciones. Interesante ¿verdad?.

Conclusión:

El tema puede mirarse desde dos perspectivas:

a)    nuestra propia perspectiva; y
b)    la perspectiva de Dios;

Desde nuestra propia perspectiva, la salvación SI puede perderse.

Desde la perspectiva de Dios, NO, sencillamente porque Dios siempre supo quién iba a ser fiel hasta el final. Pero esto lleva a otra conclusión: si desde nuestra propia perspectiva la salvación SI puede perderse, significa que (si eso ocurre) nunca fuimos realmente salvos (a pesar de que en algún momento nos creímos salvos, Dios sabía de antemano que NO).

Y la única perspectiva que cuenta aquí, es la de Dios, porque, como le dijo Dios al profeta Isaías:

Isaías, 55:8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 55:9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Las profecías contenidas en la Biblia, están para que se cumplan, precisamente porque Dios ha mirado sobre la vasta extensión del tiempo y, sabiendo lo que va a ocurrir, ha querido advertir a Su pueblo.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!!


jueves, 23 de agosto de 2012

LIBRO DE APOCALIPSIS: CAP. 21 y 22





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Continuamos con el estudio sistemático y ordenado del Libro de Apocalipsis.

No dejes de leer, para no perder el ‘hilo’ del estudio completo, los siguientes post, en este mismo blog:

Libro de Apocalipsis – Capitulo 1:


Libro de Apocalipsis – Cap. 2 y 3 – 1ª Parte:


Libro de Apocalipsis – Cap. 2 y 3 – 2ª Parte:


Libro de Apocalipsis – Cap. 2 y 3 – 3ª Parte:


Libro de Apocalipsis – Capitulo 4:


Libro de Apocalipsis – Capitulo 5:


Libro de Apocalipsis – Capitulo 6:


Libro de Apocalipsis – Capitulo 7:


Libro de Apocalipsis – Cap. 8 y 9:


Libro de Apocalipsis – Cap. 10 y 11 (hasta v.14):


Libro de Apocalipsis – Cap. 11:15 y 12:17:


Libro de Apocalipsis – Capitulo 13:


Libro de Apocalipsis – Capitulo 14:


Libro de Apocalipsis – Cap. 15 y 16:


Libro de Apocalipsis – Cap. 17 y 18:


Libro de Apocalipsis – Cap. 19 y 20:


Sigamos, ahora, con los capítulos 21 y 22 del Libro de Apocalipsis:

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Habiendo llevado su descripción relacionada con el destino de Satanás y la resurrección de los incrédulos a su conclusión en el capítulo 20, Juan retorna ahora al principio del milenio para describir el nuevo hogar para la Iglesia en el capítulo 21 y la nueva Tierra en el capítulo 22. Nosotros sabemos eso porque la frase “un cielo nuevo y una tierra nueva” también aparece en Isaías 65:17 al comienzo de un pasaje que describe a Israel durante el Milenio.

Isaías, 65:17 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 

Tomemos un momento para confirmar la secuencia de Apocalipsis 21. Las personas que creen que la Nueva Jerusalén no aparece sino hasta el final del Milenio no se dan cuenta que Apocalipsis 20:7-15 es una inclusión entre paréntesis que Juan coloca para continuar con su discusión del destino de Satanás y de las personas no salvas hasta llevarla a su conclusión final. Esto es algo que Juan hizo varias veces en la narrativa de Apocalipsis para ayudar a completar un pensamiento. (Por ejemplo, en Apocalipsis 12:3-6 él utilizó cuatro versículos para resumir la interferencia de Satanás en el plan de Dios en el período que abarca desde su rebelión pre-adámica hasta la Segunda Venida). En Apocalipsis 21 Juan retorna al comienzo del Milenio para describir la Nueva Jerusalén.

Hay varias pistas en el texto que apoyan esta interpretación. Primero, Apocalipsis 20 comienza, “cuando se cumplieron los mil años” lo cual indica que, de un solo golpe, Juan había pasado hasta el final del Milenio. Segundo, Apocalipsis 21:1 es una cita directa de Isaías 65:17 en donde el contexto es claramente la Era del Reino de Israel, conocido como el Milenio, y tercero, los primeros cinco versículos de Apocalipsis 22 son un resumen de Ezequiel 47:1-12, que también se refiere a la Era del Reino en Israel. Si usted lo piensa por un momento se dará cuenta de que no hay ninguna necesidad ni tampoco un propósito para que haya un río de vida en la Nueva Jerusalén, siendo que esta es el hogar exclusivo de la Iglesia redimida. Tampoco allí habrá más enfermedad ni muerte, ni ninguna necesidad para la sanidad, como tampoco habrá nadie presente de las naciones (Apocalipsis 22:27). Eso más la similitud de las palabras confirma que en Apocalipsis 22:1-2 Juan estaba describiendo el Río de la Vida en la Tierra, tal y como Ezequiel lo hizo.

Y luego, está la mención de los árboles que producen diferentes clases de frutos cada mes en Apocalipsis 22:2. Esta referencia al tiempo confirma que Juan no estaba hablando de la eternidad, la cual, por definición, es la ausencia del tiempo.

La palabra traducida “nueva” en la cita de Juan de Isaías 65:17 también puede significar refrescada o renovada. Esto se refiere al momento que Jesús llamó la renovación de todas las cosas en Mateo 19:28 y que Pedro mencionó en Hechos 3:21. Esto se llevará a cabo al momento de la Segunda Venida.

En el Rapto de la Iglesia el Señor nos llevará a la casa de Su Padre para estar con Él en donde Él está (Juan 14:2-3). 1 Tesalonicenses 4:17 dice que una vez que vayamos ahí, siempre estaremos allí. Esta es la Nueva Jerusalén. Como veremos, Apocalipsis 22:1 muestra la Nueva Jerusalén descender del cielo y prosigue describiendo una entidad demasiado grande como para estar situada en la Tierra. Entonces, solamente se puede acercar a la Tierra.

En Mateo 24:29 Jesús dijo que el sol y la luna se oscurecerán al final de la Gran Tribulación. Apocalipsis 21:22-27 describirá a las naciones que caminan a la luz de la Nueva Jerusalén. Después de la Segunda Venida la Nueva Jerusalén va a remplazar al sol como su fuente de luz.

Apocalipsis 21:22-27 también muestra a los reyes de la tierra trayendo su esplendor a la Nueva Jerusalén, pero dice que nada impuro podrá entrar en ella, solamente aquellas personas cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, lo cual es una descripción de la Iglesia.

Al juntar todos estos versículos se nos muestra que aun hay tres grupos de seres humanos durante el Milenio. Israel en la tierra prometida, las naciones de la tierra aún en su estado natural, y la Iglesia perfeccionada, viviendo en la cercanía de la Tierra pero protegida de toda impureza. Una vez que empieza la eternidad, no quedará ningún trazo de impurezas en la Creación de Dios (1 Corintios 15:24-25).

Pues bien, empecemos con nuestro estudio de Apocalipsis 21.

Apocalipsis 21:

La Nueva Jerusalén:

Apocalipsis, 21:1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

Como mencioné, Jesús le llamó a esto “la regeneración de todas las cosas” en Mateo 19:28.

Mateo, 19:28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Según Romanos 8:19-22 la misma creación ha estado gimiendo y con dolores de parto, aguardando a que los hijos de Dios sean revelados para que finalmente pueda ser liberada de la esclavitud de la descomposición.

Romanos, 8:19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 8:20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 8:21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 8:22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

Los juicios de la Gran tribulación, sirvieron, en parte, para preparar la Tierra para su restauración. Con toda probabilidad, su órbita y su eje retornaran a su configuración original, produciendo de nuevo el ambiente sub-tropical mundial del que disfrutaron nuestros primeros padres. Los grandes océanos, testigos silenciosos de la enormidad del diluvio en tiempos de Noé, serán trasladados hacia la atmósfera superior, restaurando el toldo de vapor de agua que protegía a los primeros seres humanos, permitiendo el retorno a la longevidad que ellos experimentaron (Isaías, 65:20).

Isaías, 65:20 No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. 

El fondo de los océanos será elevado y las montañas serán bajadas, y la Tierra una vez más se parecerá al Planeta Edén como era cuando Adán entró en escena. Su atmósfera no será más la guarida de los demonios, y los cielos habrán sido purificados para siempre de la rebelión de los secuaces que siguieron a Satanás.

Apocalipsis, 21:2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 21:3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 21:5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Observen que mientras Juan miraba la Nueva Jerusalén descender del cielo, él no reportó que se posara en ninguna parte de la tierra. A pesar de que está lo suficientemente cercana de la Tierra como para que él pueda describirla con exactitud, no se encuentra situada sobre la Tierra.

Y no se engañen creyendo que la frase “dispuesta como una esposa” significa que la Nueva Jerusalén es la Esposa. No, sino que la palabra “como” nos indica que Juan estaba comparando la Nueva Jerusalén con una novia en su día de bodas. De la misma manera que no se escatima ningún gasto para hacer que una novia luzca lo más bella posible para su boda, de la misma manera ninguna creatividad de Dios se ha escatimado para hacer del hogar de los redimidos Su máxima expresión de belleza.

Finalmente, esa sola muerte en una colina fuera de Jerusalén, hizo que Dios y el hombre se pudieran reconciliar (Colosenses 1:19-20) y así se habrá cumplido lo que Su corazón siempre ha anhelado: morar con Su creación. Porque en la Iglesia, lo menos que Él hizo fue crear una nueva raza de seres humanos, que son tan justos como Él es, y adecuados para morar en Su presencia.

Colosenses, 1:19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y de esa manera, el Creador del Universo ha hecho todo nuevo, un Nuevo Cielo, una Nueva Tierra, y una Nueva Raza Humana. El daño ocasionado en el Jardín del Edén por la serpiente ha sido reparado.

Apocalipsis, 21:6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. 21:7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. 21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

En su primera carta a la Iglesia Juan había hecho la pregunta retórica, “¿Quién es el que vence al mundo? Y su respuesta es, “el que cree que Jesús es el Hijo de Dios” (1 Juan 5:5). Una vez más Dios aclara las alternativas. Jesús dijo, “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). Acérquese a Quien provee el Agua Viva y beba de Él sin costo alguno, o permanezca en sus pecados y muera para siempre.

1 Juan, 5:5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?.

Juan, 7:37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 

Apocalipsis, 21:9 Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 21:10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 21:11 teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. 21:12 Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; 21:13 al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. 21:14 Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

Cuando Judas Iscariote traicionó al Señor y luego se suicidó, los Doce eran discípulos, o estudiantes. Más tarde, los once restantes, ahora Apóstoles (los enviados), votaron y escogieron a Matías para remplazar a Judas. Nada más se dice sobre Matías, y no sabemos por qué. Obviamente, al que seleccionó Dios fue a Pablo, el más prolífico de los autores del Nuevo Testamento. Yo creo que será el nombre de Pablo el que veremos en uno de estos cimientos.

Apocalipsis, 21:15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 21:16 La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. 21:17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. 21:18 El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; 21:19 y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 21:20 el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. 21:21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.

Doce mil estadios corresponden a una distancia equivalente a 2.240 kilómetros, lo que significa que si esta ciudad desciende sobre Europa, cubriría todo desde Escandinavia a Gibraltar, y desde la costa de España hasta el talón de Italia. Alternativamente, cubriría todo el Oriente Medio, o toda la parte este de los EE.UU. desde Maine hasta la Florida, y desde el Atlántico hasta el río Misisipi. Y teniendo 2.240 kilómetros de altura, sería 4.000 veces más alta que el edificio más alto del mundo. Un globo con un diámetro de 2.200 kilómetros tendría el tamaño de la sexta parte de la Tierra o cerca de 2/3 del tamaño de la luna. Lo más seguro es que sea un pequeño planeta o un satélite en órbita baja. Lo que sabemos es que está dispuesta como una gigantesca ciudad con calles pavimentadas con el oro más puro, tan puro que es casi transparente, y, según Juan 14:2 está llena de moradas (mansiones).

Juan, 14:2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 

Mientras que el nombre de estas piedras preciosas no es el mismo en todos los idiomas, lo más seguro es que sean las piedras del pectoral del Sumo Sacerdote.

Apocalipsis, 21:22 Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. 21:23 La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 21:24 Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. 21:25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. 21:26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. 21:27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

No solamente el hogar de los redimidos no necesita de la luz del sol, sino de hecho, es la fuente de luz para las naciones de la tierra. Sus reyes traen lo mejor de la producción de la tierra para nuestro uso, a pesar de que los seres humanos naturales no pueden ingresar en ella. Habiendo sido nosotros el Templo de Dios durante toda la era de la Iglesia, ahora descubrimos que Él es nuestro para toda la eternidad.

Apocalipsis 22:

El río de agua de vida:

Apocalipsis, 22:1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 22:2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. 22:3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 22:4 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 22:5 No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. 22:6 Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Como vimos al principio, este mismo río con sus árboles dando diferentes frutos cada mes y con sus hojas que tienen poder de sanidad se describe en Ezequiel 47:1 y 12 como que fluye de debajo del lado sur del Templo de la Ciudad Santa, ahora llamada Jehová Sama (Jehová Allí), en Israel (Ezequiel 48:35). Esto nos dice que estamos de vuelta en la tierra, admirando el río de agua limpia que fluye a través de la Ciudad Santa.

Según Zacarías 14:4-8, este río comienza a brotar abruptamente el día que el Señor retorna, corriendo en dirección sur hacia el valle que acaba de ser formado por el gigantesco terremoto que partió en dos el Monte de los Olivos, de este a oeste. Una vez que llega allí, llena completamente ese valle, fluyendo hacia el mar Mediterráneo en el oeste y hacia el mar Muerto en el este. Sus aguas salutíferas refrescan el Mar Muerto y los peces del Mediterráneo ahora nadan en abundancia (Ezequiel 47:9-10).

En el lugar en donde el río se divide hacia el este y el oeste, lo que quedó de la ciudad de Jerusalén se sitúa en sus bancos. Pero el viejo Monte del Templo, junto con el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aksa, quedan en completas ruinas en el fondo del río, para nunca más ser vistas. Todo esto estaba en el camino del terremoto, y el río se los tragó, finalizando así siglos de contiendas sobre el lugar que Dios una vez llamó la niña de Su ojo (Zacarías 2:8). (Esto lo cubrimos en gran detalle en Apocalipsis 11:15-12:17).

Esto confirma que Juan está hablando del Milenio en la Tierra y no de la eternidad. Y una vez más se nos dice de siervos que le servirán a Él y reinarán con Él, pero que nunca son llamados Sacerdotes o Reyes, y están en la Tierra no en la Nueva Jerusalén. Todas estas personas son los mártires resucitados de la tribulación de Apocalipsis 7:9-14 y Apocalipsis 20:4.

La venida de Jesús:

Apocalipsis, 22:7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. 22:8 Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. 22:9 Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios. 22:10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 22:11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.

Ser un testigo ocular de la culminación de la historia humana es demasiado para Juan, así que cae a los pies del ángel que lo guiaba, en un acto de adoración. Pero, a diferencia de ese otro ángel, aquel que empezó todo este problema en su ansia por ser adorado (Satanás), éste reprende a Juan, advirtiéndole que solamente debe de adorar a Quien merece ser adorado.

Juan fue llamado el discípulo a quien el Señor amó y quien recibió la descripción más clara del fin de la era. Con anterioridad, Daniel, llamado el profeta muy amado (Daniel 10:11), también había recibido descripciones detalladas del mismo período de tiempo. Cuando Daniel pidió una aclaración se le dijo que las palabras estaban cerradas y selladas hasta el tiempo del fin (Daniel 12:9).

Daniel, 10:11 Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.

Daniel, 12:9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.

Pero aquí se le dice a Juan que no selle las palabras porque el tiempo está cerca. A través de toda la era de la Iglesia, las profecías de Dios sobre los días finales de la tierra, estarán disponibles para que todas las personas las puedan leer. Todas aquellas personas que han estado tan predispuestas podrán ignorarlas y continuar en desobediencia, y aquellas personas que las han leído y aplicado, pueden hacer lo bueno y ser santos; pero el fin vendrá tal y como Juan lo vio, sin tener en cuenta la respuesta de las personas.

Apocalipsis, 22:12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 22:13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Este pasaje hace tres afirmaciones sobre el Señor. Él es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, y el Primero y el Último. Estos no son solamente pensamientos que se repiten.

Numerosas variaciones sobre la frase Alfa y Omega han autografiado la obra más grandiosa de Dios desde el principio. La primera letra del alfabeto griego es Alfa y la última es Omega. Es como si dijéramos “De la A a la Z” en español. Las letras equivalentes en el idioma hebreo son Alef y Tau. Estas dos letras aparecen, no traducidas, en un par de lugares interesantes en las Escrituras Hebreas. Una se encuentra en Génesis 1:1, después de la frase “En el principio creó Dios…” haciendo que en la versión hebrea se lea, “En el principio creó Dios, el Alef y el Tau, los cielos y la tierra”. Para poder darnos cuenta de esta redacción, debemos referirnos a una Biblia Interlineal Hebrea.

El otro lugar en que aparece se encuentra en Zacarías 12:10, en donde en el texto hebreo leemos, “Y mirarán a mí, el Alef y el Tau, a quien traspasaron…” Esta es una profecía sobre Israel que reconoce la verdadera identidad del Mesías al final de la era. Para los griegos Él es el Alfa y la Omega, el Cristo. Para los hebreos Él es el Alef y el Tau, el Mesías.

La palabra griega traducida “principio” es “arjé” la cual denota un orden de tiempo, lugar o rango. “Fin” viene de la palabra griega “télos” que significa el resultado final o propósito, el límite superior. De esta manera, Jesús es el primero en el orden del tiempo, lugar y rango (Colosenses 1:18), y representa el resultado final y óptimo, que es el propósito del hombre, para ser uno con Dios (Juan 17:20-23).

Colosenses, 1:18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 

Juan, 17:20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 17:21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 17:22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

La palabra traducida “primero” es “prótos” y significa lo óptimo, lo mejor. De aquí se deriva la palabra “prototipo”. Y “último” viene de la palabra “escatos” que es un superlativo que significa lo postrero, lo más lejos, lo final. El término “escatología” (el estudio de los tiempos finales) se origina de esta palabra. Él es el prototipo, ante el cual todo lo demás será comparado (Romanos 8:29), lo postrero o ejemplo final de la raza humana (Hebreos 1:3), el único jamás nacido.

Romanos, 8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Hebreos, 1:3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

Y así, Él estaba allí antes del principio y estará allí después del fin. Él representa el propósito final del hombre y es nuestro ejemplo perfecto.

Apocalipsis, 22:14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 22:15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. 22:16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Esta es la última de las siete bendiciones en Apocalipsis. Las otras seis las encontramos en Apocalipsis 1:3, 14:13, 16:15, 19:9, 20:6, y 22:7.

Estas son las 7 bendiciones:

Apocalipsis 1:3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca (1º Bendición).

Apocalipsis, 14:13 Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen (2º Bendición).

Apocalipsis, 16:15 He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza (3º Bendición).

Apocalipsis, 19:9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios (4º Bendición).

Apocalipsis, 20:6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años (5º Bendición).

Apocalipsis, 22:7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro (5º Bendición).

Y la ultima que vimos:

Apocalipsis, 22:14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad (7º Bendición).

Una última vez se nos recuerda que mientras que nosotros no somos judíos, el Dios que adoramos sí lo es. La frase “la raíz y el linaje de David” nos recuerda la profecía mesiánica de Isaías 11:1-3.

Isaías, 11:1 Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. 11:2 Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. 11:3 Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;

Algunas versiones modernas de la Biblia han traducido incorrectamente del hebreo Isaías 14:12, otorgándole a Satanás el título de Lucero de la Mañana. Cuando se tradujo por primera vez la Biblia al idioma latín, la palabra hebrea “jeilél”, se convirtió en Lucifer, o el portador de luz, y así es como se originó ese nombre. Jeilél literalmente significa el que brilla, pero su intención es la jactancia o el orgullo, llamando la atención hacia sí mismo, o como sintiéndose el centro de todo.

Isaías, 14:12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

La frase completa en Isaías 14:12 es Jeilél ben Sashar que significa el que brilla, el hijo de la mañana. Nuestro Señor Jesús es la única y sola Estrella Resplandeciente de la Mañana.

Apocalipsis, 22:17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

Este es el recordatorio final del Señor de que el precio de nuestra salvación ya ha sido pagado, y está disponible de manera incondicional a cualquier persona que lo pida.

“Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:8). ¿Cuántas veces tendrá que decir Él que Él no creó a nadie sin esperanza?.

Apocalipsis, 22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

A pesar de esta clara advertencia, ha habido muchos intentos de alegorizar o de espiritualizar este libro en algo diferente a lo que nunca fue su intención de ser. Este libro de Apocalipsis no es ni historia, ni alegoría, ni fantasía, sino que es profecía. Y esta se cumplirá tal y como Dios ha prometido, a pesar de todos los esfuerzos para negarla.

Apocalipsis, 22:20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. 22:21 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

Con esto concluimos nuestro estudio del Libro de Apocalipsis.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!