miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL ESPIRITU DEL FARISEO



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Te dejo tambien el video de la predica que hice respecto de este mismo tema (es el mismo contenido de los archivos de Word y Powerpoint y tambien de lo expuesto mas abajo):





Introducción

En Efesios, 6:12 Pablo escribe: No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Lo que Pablo quiere decir en este pasaje es que nuestra lucha no es contra “personas de carne y hueso” sino contra “demonios”, es decir, contra seres espirituales malignos, que responden a satanás y los divide en cuatro categorías:

[1] Principados;

[2] Potestades;

[3] Gobernadores de las tinieblas de este siglo; y

[4] Huestes espirituales de maldad en las regiones celestes;

No vamos a describir aquí cada categoría de demonio, porque no es el objeto de este estudio. Tengamos en cuenta, si, que los más poderosos son los PRINCIPADOS.

Pablo habla acerca de una “lucha” y de que esa “lucha” no es contra “carne y sangre” (cosas físicas) sino contra “seres espirituales” malignos, que responden a satanás y esto es lo que se conoce con el nombre de GUERRA ESPIRITUAL.

Y en esta guerra, satanás usa su ejército de demonios para enviarlos básicamente contra tres cosas:

[a] personas, a nivel individual y a nivel familia (aquí los demonios oprimen o atormentan personas);

[b] iglesia como cuerpo (aquí los demonios son enviados por satanás para destruir a la iglesia en general y a alguna iglesia local en particular);

[c] territorio o zona geográfica (aquí los demonios son enviados no contra personas, ni contra la iglesia, sino que son enviados para controlar una zona geográfica o territorio);

Ejemplos de demonios que satanás envía contra cada nivel:

[a] Demonios enviados contra personas: alcoholismo, tabaquismo, adicción a las drogas, lujuria, avaricia, etc.;

[b] Demonios enviados contra la iglesia: critica, acusación, murmuración, falta de perdón, falsa doctrina, etc.;

[c] Demonios enviados para controlar un territorio: narcotráfico, aborto, violencia, etc.;

Hay demonios que satanás envía contra una persona y también para controlar un territorio (alcoholismo, tabaquismo, lujuria, aborto, etc.).

Satanás puede enviar, por ejemplo, un demonio de lujuria y adulterio contra una persona o familia y también puede asignar este mismo demonio para controlar un territorio o área geográfica donde predominan los prostíbulos. Aquí la guerra espiritual debe librarse a nivel personal y también a nivel territorial.

Los que son particulares son los espíritus inmundos o demonios que satanás envía para destruir a la iglesia. El objetivo de estos demonios no es controlar (y destruir) una persona o un territorio geográfico, sino controlar (y destruir) la iglesia en general (como cuerpo de Cristo) y alguna iglesia local, en particular.

Por ejemplo, espíritus inmundos de murmuración, acusación, falta de perdón o falsa doctrina, si bien terminan controlando el comportamiento de sus miembros, están desencadenados a priori contra la iglesia y no contra las personas. La guerra de satanás es, aquí, contra la iglesia.

Los demonios o espíritus inmundos que normalmente satanás envía para destruir a la iglesia son:

[+] espíritu de crítica o acusación;
[+] espíritu de murmuración;
[+] espíritu de falta de perdón;
[+] espíritu de enjuiciamiento;
[+] espíritu de Jezabel;
[+] espíritu de Absalón;
[+] espíritu de estupor y letargo;
[+] espíritu de religiosidad;
[+] espíritu de legalismo;
[+] espíritu de confusión babilónica;
[+] espíritu de error religioso;
[+] espíritu de falsa doctrina;
[+] espíritu del fariseo;
[+] espíritu de Grecia;
[+] espíritu de anticristo;
[+] espíritu de Madian;
[+] espíritu de avaricia o Mamon;
[+] espíritu de Nabucodonosor;

De todos estos espíritus, el presente estudio se centrara en el ESPIRITU DEL FARISEO.

El espíritu del fariseo

Al igual que el espíritu de Grecia, este espíritu también es enemigo de la revelación (con lo cual son “primos hermanos”). Pero, a diferencia del espíritu de Grecia (que busca intelectualizar el conocimiento de la Palabra de Dios) este espíritu del fariseo busca, además, tergiversar y sacar de contexto la Palabra de Dios, impulsando a aquellos que estudian las Escrituras a reemplazar las verdades incluidas en la Palabra de Dios por interpretaciones humanas.

Las siguientes son señales de que este espíritu se encuentra activo dentro de una iglesia local.

Este espíritu del fariseo:

[+] reemplaza las verdades contenidas en la Palabra de Dios por interpretaciones humanas;
[+] es enemigo de la verdad;
[+] es un espíritu de control;
[+] es un espíritu enemigo de la fe;
[+] es un espíritu de envidia, critica y acusación;
[+] desprecia las almas de los perdidos;
[+] es un espíritu de hipocresía y soberbia;
[+] saca de contexto y tergiversa la Palabra de Dios;
[+] imposibilita la revelación;
[+] es enemigo del evangelio de la gracia;
[+] es un espíritu de religiosidad o de error religioso;
[+] fomenta el legalismo;
[+] trae maldición a las iglesias que controla;
[+] retarda la venida de Cristo;
[+] inspira el “evangelio de la prosperidad”;
[+] atrae a otros espíritus inmundos;
[+] causa división en el cuerpo de Cristo ya que, de las tergiversaciones de la Palabra de Dios que produce e inspira, surgen las sectas;

El fariseísmo en la Biblia

Para comprender como se mueve este espíritu inmundo, que sigue activo en nuestros días, solo debemos detenernos en algunos pasajes bíblicos que describen la conducta de los fariseos que disputaron con Jesús.

[+] Reemplaza las verdades contenidas en la Palabra de Dios por interpretaciones humanas:

Jesucristo disputo con los fariseos de su época acusándolos de colocar sus tradiciones y sus interpretaciones de la ley por encima de la Palabra de Dios:

Mateo, 15:7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 15:8   Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. 15:9  Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.

Marcos, 7:3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 

Marcos, 7:13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. 

[+] Es enemigo de la verdad:

Jesucristo dijo de sí mismo que Él era la Verdad:

Juan, 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Y los fariseos eran enemigos de Jesús:

Mateo, 12:14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.

Los fariseos prefirieron sacrificar la Verdad y no el sistema religioso nacional de Israel (con su ley, sus interpretaciones de la ley y sus tradiciones de hombres).

Así lo manifestó el propio Caifás:

Juan, 11:49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; 11:50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.

[+] Es un espíritu de control

Caifás quería mantener vivo el sistema religioso imperante en Israel, aun a costa de muerte de Jesús, para mantener el control sobre el pueblo.

Por esto puede decirse que el espíritu del fariseo es un espíritu que tergiversa, manipula y sacrifica la verdad para mantener el control. El espíritu del fariseo es, en esencia, un espíritu de control.

[+] Es enemigo de la fe

El espíritu del fariseo impide, a aquellos a quienes controla, creer en lo que no pueden ver:

Mateo, 12:38 Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.

Mateo, 16:1 Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Marcos, 8:11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle.

[+] Es un espíritu de envidia, crítica y acusación

El espíritu del fariseo seduce a la iglesia para sacarla de las perfecciones de Cristo y sumergirla en nuestras propias imperfecciones. Cuando este espíritu nos usa contra otros, primeramente nos provoca a celos o a temor. Segundo, nos sentimos amenazados por el éxito de otras personas y buscamos justificarnos a nosotros mismos engrandeciendo las faltas de los otros. Y, mientras más crece nuestro celo, más manipula este demonio nuestros pensamientos.

Los fariseos tenían envidia de Jesús:

Juan, 12:19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.

Mateo, 27:17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 27:18 Porque sabía que por envidia le habían entregado. 

Por eso estaban todo el tiempo criticándolo:

Marcos, 2:18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? 

Marcos, 7:5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 

Y buscaban motivo para acusarlo de algo:

Lucas, 6:7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle.

[+] Desprecia las almas de los perdidos

Pablo escribe:

2 Corintios, 6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?

Delante de Dios, las personas se dividen en dos categorías: los que están en Cristo y los que no lo están. Por lo tanto, los creyentes no deben asociarse voluntariamente, ni estar en intima asociación con los incrédulos, porque tales relaciones pueden echar a perder su relación con Cristo. Esto incluye sociedad en los negocios, ordenes secretas (logias), citas amorosas, matrimonio y amistades íntimas. La asociación de creyentes con incrédulos debe limitarse  a la que se precisa para la convivencia social y económica o para mostrar a los incrédulos el camino de la salvación.

No obstante, tampoco podemos aislarnos del mundo porque, en definitiva, en el mundo están las personas que tenemos que rescatar para Cristo.

No debemos olvidar esto que escribe Pablo:

2 Corintios, 5:18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 

El espíritu del fariseo inspira, en aquellos a quienes controla, un desprecio totalmente anti bíblico por los pecadores:

Marcos, 2:16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?

Lucas, 5:30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

Lucas, 15:1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.

Lo que satanás quiere es una iglesia auto acuartelada, aislada al mejor estilo de las abadías y monasterios de la Edad Media, sin la más mínima interacción con el mundo.

[+] Es un espíritu de hipocresía y soberbia

Lucas, 11:43 ¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.

Este tipo de actitudes caracterizan a quienes son controlados por el espíritu del fariseo.

Pero hay palabra de Dios para ellos:

Lucas, 14:7 Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: 14:8 Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 14:9 y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 14:10 Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 14:11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

En esta parábola de Lucas, 14:7-11, el Señor equipara el reino de los cielos (y la iglesia) a una fiesta de bodas y nos recomienda no intentar ocupar los primeros lugares sino ocupar, con humildad, los últimos lugares para que el Señor, a su tiempo (en su kayros) nos exalte y nos de el lugar que verdaderamente nos corresponde.

Los fariseos, en cambio y como dice el Señor, amaban ocupar las primeras sillas en la sinagoga, porque se sentían superiores al resto, lo cual es soberbia espiritual.

Por esto, quienes son controlados por este espíritu, actúan como los fariseos de la época de Jesús, buscando ocupar lugares de preeminencia en la iglesia, donde el Señor no los ha puesto, para exaltarse a si mismos.

No hagamos como los fariseos y seamos humildes, esperando que el Señor, en su tiempo (en su kayros) nos de el lugar que verdaderamente nos corresponde y que, sin dudas, será el mejor.

[+] Saca de contexto y tergiversa la Palabra de Dios

En el Evangelio de Juan, podemos leer los siguientes pasajes:

Juan, 8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?.

Los pasajes anteriores son bien conocidos. Los fariseos habían sorprendido a una mujer en el mismo acto de adulterio y la presentaron a Jesús para que se expidiera sobre el asunto. El final de la historia también es conocido: Jesús contesta que el que se encuentre libre de pecado que arroje la primera piedra. Todos sueltan sus piedras mientras la mujer se va en paz, con la recomendación de Jesús de que no pecar más.

No obstante, lo más interesante aquí no es como termina la historia, a causa de la sabia contestación de Jesús, sino lo que los fariseos dicen a Jesús al recordarle lo que manda la ley de Moisés: que Moisés, en la ley, mando apedrear a “tales mujeres”.

Pero la ley de Moisés no dice eso sino lo siguiente:

Levítico, 20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos. 

El adulterio no puede ser cometido sino por un hombre y una mujer (jamás por una mujer sola). Es por eso que, con buen tino y dentro de lo dura que era, la ley de Moisés mandaba apedrear a los dos. La ley de Moisés no dice en ningún lugar que solo hay que apedrear a las “tales mujeres”, como plantearon los fariseos. ¿Cómo se les escapo este detalle a los fariseos?. ¿Acaso no eran maestros de la ley?.

[+] Imposibilita la revelación

Para hacer tropezar la verdad (a Jesucristo), el espíritu del fariseo saca de contexto y tergiversa la Palabra de Dios, obstaculizando la revelación divina.

Por eso, mientras a Pedro (que era iletrado) le fue revelado que Jesús era el Mesías prometido a Israel, los fariseos (que eran maestros de la ley) jamás pudieron vislumbrar al Mesías en Jesús:

Mateo, 16:15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16:16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 16:17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 

[+] Es enemigo del evangelio de la gracia

Hechos, 15:5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Algunos fariseos, contemporáneos a Pablo, si bien habían abrazado el cristianismo (habían creído en Jesús), sostenían que, al mismo tiempo, había que circuncidarse y guardar la ley de Moisés.

Pablo sostuvo desde el principio que la salvación era solo por gracia, por medio de la fe y no por obras:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Cuando Pablo predicaba su evangelio de la gracia, que le había sido revelado por Jesucristo, sus enemigos no eran ni los romanos, ni los griegos sino los (falsos) maestros judaizantes, fariseos en cuanto a la ley, que decían a los nuevos convertidos al cristianismo, si eran judíos, que no debían abandonar el judaísmo, es decir, que debían seguir guardando la ley de Moisés y, a los gentiles (no judíos), que, antes de convertirse al cristianismo, primero tenían que convertirse al judaísmo y circuncidarse.

Aquí la ley de Moisés y la circuncisión son sinónimos de obras, es decir, estos falsos maestros negaban la gracia que predicaba Pablo añadiendo obras, a la fe necesaria para la salvación.

Algunos de estos falsos maestros ya se habían infiltrado en la iglesia de Galacia. Por esto Pablo escribe la carta a los Gálatas, para combatir este problema:

Primero les pregunta con ironía:

Gálatas, 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?.

Obviamente Pablo sabía y predicaba que el Espíritu Santo y la salvación se recibían por la fe (no por obras). Luego, en un intento por hacerles ver su error, les explica: 

Gálatas, 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 5:2 He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. 5:3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 5:4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

Pablo les escribe a los gálatas, que estaban siendo influenciados por estos falsos maestros judaizantes, para que se mantengan firmes en “la libertad con que Cristo los hizo libres de (guardar) las obras de la ley” y para que no vuelvan a colocarse ese yugo otra vez.

Y a los que se querían circuncidar y justificar por la ley, es decir, a los que pretendían “salvarse por las obras”, les dice “de Cristo os desligasteis” y “de la gracia habéis caído”. Pablo les aclara además que, aquellos que estaban rechazando la gracia y pretendían salvarse por las obras de la ley, tendrían que “guardar toda la ley”.

¿Por qué Pablo dice esto?. Por lo que dice Santiago en:

Santiago, 2:10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto se hace culpable de todos.

Por último, si serian nuestras obras las que nos salvan ¿para que murió Cristo de la peor muerte?. ¿No hubiese sido más fácil (y menos doloroso) que Dios nos hubiese dado igualmente su Evangelio y, el que creía, tenía vida eterna y, el que no, condenación eterna?.

Por eso Pablo escribe en Gálatas:

Gálatas, 2:21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

La duda de Pablo es básica pero no por ello menos crucial: si la salvación (la justicia) fuese por nuestras obras (la ley), entonces ¿Cristo no habrá muerto en vano?.

Para Pablo, la justificación (salvación) es solo por medio de la fe:

Romanos, 3:22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 3:24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

¿Por qué el espíritu del fariseo luchaba contra Pablo y sigue luchando, hoy día, contra el evangelio predicado por Pablo?.

Por lo que expresa Pablo en:

1 Corintios, 3:10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Pablo es el arquitecto que puso el fundamento y los pilares fundacionales de la iglesia.

Como se sabe, Pablo no conoció personalmente a Jesucristo, como el resto de los apóstoles (Pedro, Santiago, Juan, etc.). No obstante, tuvo un encuentro con el Cristo Resucitado, camino a Damasco, mientras perseguía a la iglesia. La historia de la “conversión de Saulo”, que no referiremos aquí, es bien conocida. Luego de su conversión, Pablo no se pone en contacto enseguida con los apóstoles. Lo hizo recién después de pasados 3 años. Y cuando tuvo contacto, el mismo fue más que breve: 15 días con Pedro y un rato con Santiago. Escuchemos a Pablo:

Gálatas, 1:15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 1:16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, 1:17 ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. 1:18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; 1:19 pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor. 

Y el mismo Pablo se encarga de decir que su evangelio no lo recibió de ningún hombre sino directamente de Jesucristo:

Gálatas, 1:11 Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 1:12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Ahora bien ¿qué opinaban los apóstoles que si habían convivido con Jesucristo, acerca del evangelio de la gracia que predicaba Pablo?. ¿Opinaron?. Si opinaron ¿es posible conocer esa opinión?. Desde luego.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por Lucas como complemento de su evangelio, nos permite, en efecto, conocer esa opinión, en cabeza de Pedro primero y Santiago después. El libro de los Hechos cuenta con 28 capítulos. La bisagra es el capítulo 15 (la mitad del libro) donde se celebra el famoso “Concilio de Jerusalén”.

La estructura del libro de los Hechos es la siguiente: mientras del capítulo 1 al 14, la figura central es Pedro y el epicentro geográfico es la iglesia de Jerusalén (la iglesia de los judíos), del capítulo 16 al 28, la figura central es Pablo y el epicentro geográfico es la iglesia de Antioquia (la iglesia de los gentiles). En el “medio”, en el capítulo 15, como dijimos, se celebra el famoso “Concilio de Jerusalén”. ¿Qué se discutió en ese concilio?. “Que se necesita para ser salvos”, nada más y nada menos. ¿Y qué se necesita para ser salvos, en opinión de Pedro y de Santiago?. Escuchemos primero a Pedro:

Hechos, 15:7 Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 15:8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 15:9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 15:10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 15:11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.

Ahora escuchemos a Santiago:

Hechos, 15:13 Y cuando ellos callaron, Jacobo (Santiago) respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. 15:19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 15:20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 15:24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, 15:28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 15:29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación;

Como surge de sus propios discursos, podemos ver que ni para Pedro ni para Santiago era necesario circuncidarse ni guardar la ley (tener obras) para ser salvos, lo cual solo acontecía “por la gracia del Señor Jesús” (Hechos, 15:11). El evangelio de Pablo fue claramente respaldado por Pedro y Santiago.

Por último y para que se entienda. No estamos diciendo que un cristiano no tenga que tener obras. Las obras, en definitiva, son la manifestación externa (el fruto) de la fe que decimos tener. Lo que intentamos decir es que, esas obras, no nos salvan por la sencilla razón de que no son nuestras sino de Dios. Y es ahora cuando todos los pasajes de Efesios, 2 escritos por Pablo cobran sentido:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe. 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Las buenas obras en las que se manifiesta nuestra fe, como dice Pablo, fueron preparadas por Dios de antemano, es decir, están totalmente inspiradas por el Espíritu Santo. No son nuestras. No somos salvos por nuestras obras sino que somos capaces de hacer buenas obras porque somos salvos, es decir, porque el Espíritu Santo mora en nosotros.

Imaginemos que la salvación es como un árbol. La raíz está enterrada y no se ve. El fruto, en cambio, esta arriba, en la copa del árbol y es lo que se ve. La raíz de ese árbol llamado salvación es la fe, que es de lo que habla Pablo, mientras que el fruto de ese árbol son las obras, que es de lo que habla Santiago en Santiago, 2:14-17.

Isaías, 26:12 Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. 

[+] Es un espíritu de religiosidad o de error religioso

El espíritu del fariseo, enemigo del evangelio de la gracia, es el autor intelectual de un falso evangelio que no salva, porque es un sincretismo (una mezcla) entre la ley y la fe. Por esto, el espíritu del fariseo es también un espíritu de religiosidad o de error religioso.

En materia de salvación, la ley y la fe son conceptos mutuamente excluyentes, motivo por el cual no pueden mezclarse en un mismo evangelio (no pueden convivir). Por eso Pablo escribe:

Gálatas, 3:23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 3:24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 3:25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 3:26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;

La palabra “ayo” significa “tutor” o “custodio”. La ley fue nuestro tutor (nuestro guarda) para conducirnos a la fe. Como dice Pablo: la ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo a fin de que fuésemos justificados solo por la fe. Venida la fe, ya no estamos más bajo el ayo (bajo ese tutor).

Este falso evangelio (fe + ley o fe + obras), se levantó casi desde el principio contra el evangelio que predicaba Pablo (gracia + fe):

Hechos, 15:5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Como puede verse, Pablo tuvo que luchar contra este enemigo desde el principio y más que contra ningún otro (incluidos griegos y romanos).

¿Cuál es el interés del espíritu del fariseo en pervertir el evangelio de la gracia?.

El interés principal es hacernos creer que somos participes de nuestra salvación con nuestras propias obras (los católicos han ido más allá en este punto, al creer que nuestras buenas obras son directamente una “moneda de pago” para comprar nuestra salvación).

El espíritu del fariseo es astuto y sabe que no puede eliminar la fe de la ecuación de la salvación. Por eso, como se relata en el libro de los Hechos, aunque algunos fariseos “habían creído” (habían tenido fe) inmediatamente pusieron los requisitos de circuncidarse y guardar la ley de Moisés:

Hechos, 15:5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Contrariando el evangelio de Pablo:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe

Satanás y sus demonios buscan todo el tiempo y por todos los medios impedir que Dios sea glorificado. Y una de las formas de evitar que Dios sea glorificado es vaciar de propósito la cruz de Cristo. Cuando somos controlados por este espíritu del fariseo, creemos que, en efecto, la fe nos ha salvado, pero también creemos que participamos en nuestra salvación, con nuestras propias obras y es aquí donde somos funcionales al espíritu del fariseo.

Al pensar que participamos de nuestra salvación con nuestras obras, no permitimos que Cristo se lleve el 100% de la gloria por nuestra salvación y es en este punto donde este espíritu cumple con su cometido y cobra su recompensa.

Y, como ya sabemos, Dios no comparte su gloria con nadie:

Isaías, 42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

[+] Es un espíritu de confusión y mentira

Además de ser un espíritu de error religioso, el espíritu del fariseo es también un espíritu de confusión y mentira. Un ejemplo claro de esto es que, quienes están bajo el control de este espíritu, no pueden comprender las diferencias que hay entre la ley de Moisés y la gracia (entre los dos pactos).

De tal suerte, suelen afirmar, entre otras cosas, que, de la misma forma que el Espíritu Santo abandono a Sansón, también puede abandonar, hoy en día, a un creyente de la iglesia neo testamentaria. (*)

(*) Aunque parezca una broma, esta es la postura doctrinal de una importante Biblia de estudio que circula en las iglesias, utilizada por pastores y ministros.

Quienes esto afirman, se basan en el siguiente pasaje del libro de Jueces:

Jueces, 16:20 Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.

Los que así piensan, están mezclando las cosas (una especialidad del espíritu del fariseo) más que en una ensalada.

En el libro de los Jueces podemos ver:

Jueces, 14:6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho.

Jueces, 14:19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre. 

Los pasajes anteriores dicen claramente que el Espíritu Santo “venia” sobre Sansón y, cada vez que lo hacía, ahí se manifestaba su fuerza sobrenatural. Pero el Espíritu Santo no moraba en Sansón, que es un personaje bíblico del AT y que, por lo tanto, estaba bajo la ley y no bajo la gracia.

En la época de Sansón “nadie” tenía al Espíritu Santo “morando consigo”, porque todavía no había venido Cristo, ni había muerto y resucitado, ni había venido el segundo Consolador que es el Espíritu Santo. Por lo tanto, el Espíritu Santo nunca se fue de Sansón sencillamente porque jamás moro en él. Solo venia sobre Sansón, circunstancialmente, hasta que no vino más, que fue lo que realmente sucedió.

Una cosa es que alguien que moraba en tu casa te abandone y otra, muy distinta, es que alguien que solía visitarte, deje de hacerlo.

En la era de la iglesia, a diferencia del AT, el Espíritu Santo viene a morar con el creyente y es “sellado” en él, como lo dice Pablo:

1 Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 

Efesios, 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

El Espíritu Santo es sellado en nosotros, dice Pablo. ¿Hasta cuándo?. ¿Hasta que pecamos la primera vez?. No, hasta la redención de la posesión adquirida, es decir, hasta el rapto de la iglesia, que es cuando se va a completar nuestra redención.
Beneficios exclusivos para la iglesia:

[+] el rapto de la iglesia (1 Corintios, 15:51-52);

[+] resucitar en el rapto antes de que resuciten los santos del AT (1 Corintios, 15:51-52, 1 Tesalonicenses, 4:15-17, Daniel, 12:1-2); y

[+] que el Espíritu Santo more en nosotros (1 Corintios, 3:16 y 6:19);

Nadie en el AT tuvo jamás los privilegios que tiene la iglesia. Nadie en el AT tuvo jamás al Espíritu Santo morando consigo de la forma en que mora en un creyente de la iglesia.

Jesucristo dijo:

Lucas, 16:16 La ley y los profetas eran hasta Juan;

El Juan que Jesús menciona aquí es “el Bautista” (el precursor de Jesús). Es decir, el AT (Antiguo Testamento) no termina en Malaquías sino en Juan el Bautista. Como Juan el Bautista murió primero que Jesús, jamás paso por la experiencia de que el Espíritu Santo morara en él, por la sencilla razón de que esto solo ocurrió después de la muerte de Jesús: el Padre envió el Segundo Consolador (el Espíritu Santo) una vez que el Primer Consolador (Jesucristo) murió, resucito y ascendió.

Juan, 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. 

Como Juan el Bautista pertenece al AT y el Espíritu Santo jamás moro en él, pueden comprenderse ahora estas palabras de Jesús:

Mateo, 11:11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

El más pequeño de la iglesia (NT) es mayor que Juan el Bautista (AT).

[+] Es un espíritu de legalismo

El espíritu del fariseo también fomenta el legalismo, porque reduce el evangelio a una serie de preceptos a cumplir (o a transgredir) y presenta a Dios como un juez implacable, premiador o castigador de nuestros actos (exactamente lo que ocurría en la ley de Moisés), negando la eficacia de la gracia.

Por otra parte, en lugar de centrarse en el mensaje de Jesús y en los milagros que hacía, los fariseos ponían el énfasis en cuestiones de forma:

Mateo, 12:2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.

Lucas, 6:2 Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo?

Lucas, 6:6 Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 6:7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle.

[+] Acarrea maldición a las iglesias que controla

En las iglesias donde gobierna este espíritu, el evangelio de Pablo no puede ser predicado y por esto este espíritu trae maldición sobre las iglesias que logra controlar.

Al suplantar el evangelio de Pablo (gracia + fe) por el falso evangelio que inspira (fe + obras), el espíritu del fariseo activa la siguiente maldición con la que Pablo blindo su evangelio:

Gálatas, 1:7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 1:8 Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 1:9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

[+] Retarda la venida de Cristo

Jesús dijo:

Mateo, 24:14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

Muchos de nosotros nos preguntamos si, en efecto, el evangelio no ha sido predicado ya en todo el mundo, más con los avances tecnológicos que, hoy día, también están al alcance de la iglesia: internet, teléfonos móviles inteligentes donde se pueden ver videos de predicas y escuchar la “Biblia hablada”, etc. Incluso, también hay que reconocer que hay muchas más iglesias que antes.

Particularmente tengo la sensación de que el evangelio, en efecto, casi hay sido predicado en todo el mundo, pero (siempre hay un pero) ¿ha sido ADECUADAMENTE predicado?.

Al suplantar el evangelio de Pablo (gracia + fe) por el falso evangelio que inspira (fe + obras), el espíritu del fariseo no solo logra que las personas no sean salvas sino que, además, logra otro objetivo, tal vez más importante: retardar la vuelta de Cristo.

En la condición que pone Jesús, en su afirmación de Mateo, 24:14, para el fin (y, por ende, para su vuelta), el evangelio que se predique en todo el mundo debe ser el “evangelio del Reino”, que es el de Pablo.

Es necesario, entonces, que se levanten ministros, hombres y mujeres de Dios, que desalojen al espíritu del fariseo de las iglesias que controla, para que pueda ser predicado el “evangelio del Reino en todo el mundo”. Entonces (y solo entonces) vendrá el fin y, con él, Jesucristo.

[+] Inspira el llamado “evangelio de la prosperidad”

Mateo, 8:20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.

Lucas, 16:13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. 16:14 Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él

En los pasajes anteriores podemos ver dos cuestiones:

[1] Jesús era pobre; y

[2] Jesús criticaba las riquezas;

Por esto los fariseos se burlaban de Él. Es más. Una de las cuestiones por las que más dudaban los fariseos de que Jesús podía ser el Mesías es que no era rico ni tenia posesiones.

Y acá puede rastrearse uno de los orígenes del denominado “evangelio de la prosperidad”: si sos hijo de Dios, entonces no podes ser pobre o, dicho al revés, si sos pobre, no podes ser hijo de Dios.

[+] Atrae a otros espíritus inmundos

Cuando el espíritu del fariseo controla una iglesia, la vacía de la gracia de Dios (y de la presencia del Espíritu Santo) y la llena de control, manipulación, envidia, critica, acusación, hipocresía, soberbia, religiosidad, legalismo y maldición y estos son los nombres de los espíritus inmundos que atrae este espíritu. El espíritu del fariseo es quien encabeza hoy día (y desde siempre) la ofensiva contra iglesia porque, detrás de él, vienen los demás espíritus inmundos.

Donde no se predica el evangelio verdadero (el de la gracia, que es el de Pablo), gobierna el espíritu inmundo del fariseo y el lugar se transforma en habitación y guarida de todo espíritu inmundo:

Apocalipsis, 18:2 Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.

Consideraciones finales

El espíritu del fariseo no desapareció cuando desaparecieron físicamente los líderes religiosos que disputaron con Jesús. El mismo espíritu del fariseo que controlo a aquellos líderes sigue activo hoy, dentro de la iglesia.

Quienes son controlados por este espíritu en nuestros días (por lo general lideres), normalmente se acercan a las Escrituras no en busca de la verdad sino en busca de aquellos pasajes bíblicos que justifican (creen ellos) sus propias interpretaciones de las Escrituras, las que heredaron de las asambleas a las que pertenecen o en las cuales se han formado.

Estas personas tienen una posición tomada respecto de algún tópico de las Escrituras y buscan en las mismas no la verdad sino, simplemente, pasajes que justifiquen esa posición tomada que, en realidad, es previa a cualquier búsqueda de la verdad.

Podemos ver en este proceso una deshonestidad que es manifiesta, porque no hay un intento de búsqueda de la verdad (orando a Dios para que traiga revelación) sino que lo que se pretende es acomodar las Escrituras a una creencia que, en realidad, es previa y está por encima de cualquier intento de búsqueda de la verdad.

Quienes así proceden en su corazón, nada deben esperar de Dios en materia de revelación. Por esto, quienes son controlados por este espíritu, no pueden acceder a la revelación de la Palabra.

Oración contra el espíritu del fariseo:

Señor Jesucristo, con la autoridad que hay en tu nombre y con el poder que hay en tu sangre, atamos, reprendemos, echamos fuera, desalojamos de nuestra iglesia, a los lugares secos y vacíos, al espíritu inmundo del fariseo y a todos los demonios que vienen detrás de el: control, manipulación, envidia, critica, acusación, hipocresía, soberbia, religiosidad, legalismo y maldición.

Atamos todos estos demonios y desatamos al Espíritu santo y un espíritu de sabiduría de lo alto sobre nuestra iglesia.

Rompemos, quebrantamos, despedazamos, conquistamos, saqueamos y convertimos en anatema, las fortalezas del espíritu inmundo del fariseo y distribuimos sus bienes.

¿Qué significa “convertir en anatema”?.

Significa consagrar para Dios el lugar donde existía la fortaleza destruida, para que nada más, contrario a Dios, pueda ser construido en ese lugar.

Basado en:

Josué, 6:26 En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.


MARCELO D. D’AMICO
Maestro de la Palabra - Ministerio Rey de Gloria