martes, 13 de julio de 2021

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 


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Introducción 

La ley de Moisés contiene más de seiscientos preceptos (seiscientos trece, para ser exactos). Pero sin dudas, su parte más icónica es la de los diez mandamientos (el decálogo), que fueron escritos en las famosas tablas de piedra, por Dios mismo, dos veces: [1] cuando Dios dio los mandamientos a Moisés por primera vez (Éxodo, 31:18) y [2] cuando Moisés quebró las tablas primeras a causa del episodio del becerro de oro (Éxodo, 32, Éxodo, 34:1).

Los diez mandamientos son: 

[ 1 ] No tendrás dioses ajenos delante de mi (Éxodo, 20:3);

[ 2 ] No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos  (Éxodo, 20:4-6);

[ 3 ] No tomarás el nombre de Dios en vano (Éxodo, 20:7);

[ 4 ] Guardaras el día de reposo (Éxodo, 20:8-11);

[ 5 ] Honra a tu padre y a tu madre (Éxodo, 20:12);

[ 6 ] No mataras (Éxodo, 20:13);

[ 7 ] No cometerás adulterio (Éxodo, 20:14);

[ 8 ] No robaras (Éxodo, 20:15);

[ 9 ] No hablaras contra tu prójimo falso testimonio (Éxodo, 20:16);

[10] No codiciaras (Éxodo, 20:17); 

Los primeros tres mandamientos tratan de nuestra relación con Dios. El cuarto (el único de los 10 mandamientos que ya no está vigente) y quinto mandamiento tienen que ver con la adoración (a Dios) un día a la semana y la honra (a nuestros padres), respectivamente. Los últimos cinco mandamientos condenan pecados básicos: matar, cometer adulterio, robar, mentir y codiciar. El único mandamiento con promesa es el quinto: honrar a nuestros padres para que nuestra vida se alargue en la tierra (Efesios, 6:2). 

Antes de comenzar, es necesario hacer la siguiente aclaración. Muchos confunden el Antiguo Pacto con el AT y el Nuevo Pacto con el NT. De tal suerte, sostienen que, como el Nuevo Pacto reemplazo al Antiguo Pacto (es cierto), el AT ya no está vigente por haber sido (también) reemplazado por el NT. 

Mientras que las expresiones Antiguo Pacto y Nuevo Pacto hacen referencia a la forma de obtener la salvación antes y después de Cristo: 

[+] En el Antiguo Pacto (la ley), la salvación operaba por la fe en Dios y sus promesas y por la obediencia a la ley de Moisés y, al ser esta incumplible (Gálatas 5:3, Santiago, 2:10), derramando sangre (Hebreos, 9:22) de animales en el templo, una y otra vez (Hebreos, 9:25, 10:1, 4), cada vez que la ley era transgredida. 

[+] En el Nuevo Pacto, la salvación opera por gracia, por medio de la fe (Efesios, 2:8-9) en el Evangelio (1 Corintios, 15:3-4), es decir, en lo que Cristo hizo en la cruz. Ya no es la sangre de animales, derramada una y otra vez (Hebreos, 9:25, 10:1, 4, 11), sino la sangre de Cristo, derramada una sola vez (Hebreos, 10:12, 14), la que quita definitivamente el pecado (Hebreos, 9:26). 

Al respecto, puedes ver un estudio en mi blog, denominado “Oísteis que fue dicho a los antiguos” (pincha Aqui).



Las expresiones AT y NT hacen referencia a la Palabra de Dios soltada antes y después de Cristo. 

Como podemos ver, no tiene nada que ver una cosa con la otra. La Palabra de Dios es imperecedera y jamás quedara obsoleta (sin uso), motivo por el cual el AT (que es Palabra de Dios) tampoco quedara obsoleto como si quedo obsoleto el Antiguo Pacto (que ya no salva). 

Al respecto, Jesús dijo: 

Lucas, 16:17 Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley. 

Y luego agregó: 

Mateo, 5:18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 

Pero el cielo y la tierra todavía “no han pasado”. Esto está todavía en el futuro y es mencionado en el libro de Apocalipsis: 

Apocalipsis, 21:1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 

Y esto que ve Juan (un cielo nuevo y una tierra nueva) ocurre al finalizar el reinado milenial de Cristo (la séptima y última dispensación), es decir, mil años después del retorno de Cristo a la tierra. Fíjense ustedes cuanto tiempo todavía seguirá vigente la Ley de Moisés. 

Lo único que ya no está vigente de la LEY DE MOISES para la iglesia son: 

[1] disposiciones de orden civil; 

[a] la “ley de levirato” (Deuteronomio, 25:5-10); y

[b] las leyes sobre esclavitud (Éxodo, 21:1-11, Deuteronomio, 15:12-18, Levítico, 25:39-40); 

[2] disposiciones de orden alimentario (Levítico, 11:7), lo cual fue abolido por el Señor en el NT (Mateo, 15:11, Hechos, 10:9-16); 

Por último, una perlita para los que sostienen que hoy no es necesario diezmar, por tratarse el diezmo de una institución que viene de AT (que, según ellos, habría quedado obsoleto):

Hebreos, 7:8 Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. 

El autor de Hebreos escribe “aquí (en la tierra) reciben (verbo en tiempo presente, que denota una acción continua) los diezmos hombres mortales”. Hebreos fue escrito bajo la dispensación de la gracia, motivo por el cual, de la cruz para acá quien, teniendo ingresos regulares, no diezma está robando a Dios (Malaquías, 3:8-9). Fin de la discusión. 

[ 1 ] No tendrás dioses ajenos delante de mi (Éxodo, 20:3); 

Este mandamiento prohibía el politeísmo que caracterizaba todas las religiones del antiguo Cercano Oriente. El judaísmo ortodoxo y el cristianismo, suponen una fe monoteísta (Deuteronomio, 6:4). Israel no debía adorar ni invocar ninguno de los dioses de las demás naciones. 

Cuando se aplica a los creyentes del NT, este mandamiento quiere decir, al menos, tres cosas: 

[1] La adoración de los creyentes debe dirigirse solo a Dios. No puede haber adoración alguna, ni oración, ni búsqueda de dirección y ayuda de “dioses ajenos”, espíritus, ni personas que hayan muerto (Levítico, 17:7, Deuteronomio, 6:4, 32:17, Salmos, 106:37, 1 Corintios, 10:19-20). Este primer mandamiento se dirige, sobre todo, contra la adoración de espíritus (demonios) mediante el espiritismo, la adivinación y otras formas de idolatría (Deuteronomio, 18:9-22); 

[2] Los creyentes deben consagrarse totalmente a Dios. Solo Dios, con su voluntad revelada y su Palabra inspirada, puede guiar la vida de ellos (Mateo, 4:4); y 

[3] Los creyentes deben tener como propósito en la vida el buscar y amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas, confiando en que El provea lo que es bueno para su vida (Deuteronomio, 6:5, Salmos, 119:2, Mateo, 6:33, Filipenses, 3:8, Mateo, 22:37, Colosenses, 3:5). 

[ 2 ] No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.  (Éxodo, 20:4-6); 

Este pasaje hace referencia a dos cuestiones: 

[1] la idolatría; y

[2] la iniquidad ancestral y los pecados de cada generación; 

[1] la idolatría; 

La prohibición de la adoración de otros dioses (Éxodo, 20:3), exigía que no se hiciera ninguna imagen de ellos (Deuteronomio, 4:19, 23-28), ni podía nadie hacer una imagen del Señor Dios mismo. 

Él es demasiado grandioso para que se le represente con cualquier cosa hecha por manos humanas. Cuando se aplica a los creyentes en Cristo, el segundo mandamiento prohíbe el hacer imágenes de Dios o de animales para el propósito de la adoración, la oración o de cualquier clase de ayuda espiritual (Deuteronomio, 4:15-16). El principio de este mandamiento se aplica igualmente a las tres personas de la Trinidad. 

[a] Es imposible que ninguna imagen o cuadro de Dios represente verdaderamente la gloria y el carácter personal de Dios (Isaías, 40:18); 

[b] Dios es tan trascendental, tan santo e inescrutable, que cualquier imagen de Él lo afrenta y disminuye su verdadera naturaleza y lo que Él ha revelado sobre sí mismo (Éxodo, 32:1-6); y 

[c] No deben basarse el punto de vista y los conceptos del creyente acerca de Dios en imágenes o cuadros de Él, sino en la Palabra de Dios y en su revelación en la persona y la obra de Jesucristo (Juan, 17:3); 

[2] la iniquidad ancestral y los pecados de cada generación; 

Al respecto, puedes ver un estudio en mi blog, denominado “Nuestro pecado y la iniquidad de nuestros ancestros” (pincha Aqui).

Por un lado, Dios dice que visitara “la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo, 20:4-5, Deuteronomio, 5:8-9) y, por el otro, dice que “cada uno morirá por su propio pecado” (Deuteronomio, 24:16).  ¿En qué quedamos?.

Lo que Dios visita “de los padres sobre los hijos” hasta la tercera y cuarta generación es la “maldad” y no el “pecado”. De hecho, ni Éxodo, 20:4-5 ni Deuteronomio, 5:8-9 (que replica Éxodo, 20:4-5) mencionan la palabra “pecado” sino “maldad”. 

Se trata de la “iniquidad” o “maldad ancestral”. Cada cual es responsable por sus propios “pecados” pero la “iniquidad” es algo que afecta a clanes familiares enteros, de generación en generación. Si no aparece alguien en el clan familiar que logre romper esa “atadura de maldad”, la “iniquidad” seguirá afectando a ese clan familiar por generaciones. 

El pecado es tan solo el fruto de la “iniquidad”, es la parte superficial y visible de algo que está profundamente arraigado en el ser humano. El pecado es tan solo las ramas, lo exterior de un gran árbol que viene creciendo y robusteciéndose de generación en generación. La “iniquidad” es la verdadera raíz de donde surge todo el mal en nosotros y es ahí donde debemos echar el hacha. 

La gran mayoría de los creyentes confiesan sus pecados a Dios, pero jamás le han pedido que borre sus iniquidades. Por esta causa siguen padeciendo la consecuencia de terribles maldiciones financieras, o de enfermedades familiares incurables, destrucción familiar, divorcios, accidentes y tragedias que no deberían ocurrir estando bajo la protección de un Dios que es Todopoderoso. No es lo mismo el fruto [el pecado] que la raíz [la iniquidad]. 

Un ejemplo concreto en la Biblia es el del rey David. Veamos la genealogía que Mateo usa para demostrar que Jesús desciende de David: 

Mateo, 1:5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. 1:6 Isaí engendró al rey David. 

Rahab fue la prostituta de Jericó cuya vida perdono Josué por haber ocultado a los espías que habían ido a inspeccionar la ciudad (Josué, 2). Rahab fue perdonada porque creyó en el Dios de Israel. Pero había sido prostituta (cometido adulterio). Rahab engendro a “Booz” (1ª generación), Booz engendro a “Obed” (2ª generación), Obed engendro a “Isaí” (3ª generación) e Isaí engendro a “David” (4ª generación). La historia es conocida: David no pudo cortar la iniquidad y, siendo la 4ª generación desde Rahab, cometió “adulterio” con Betsabé y homicidio con su esposo Urías (2 Samuel, 11 y 12). 

La vida que llevo Rahab, antes de su conversión, atrajo hacia ella y hacia sus descendientes, un “espíritu inmundo de adulterio” que, como vimos, tarde o temprano afecto a uno de sus descendientes (el rey David). 

Si David no hubiese adulterado, la “iniquidad” se cortaba con él y hubiese desaparecido de su clan (recordemos que Dios visita la maldad hasta la “cuarta generación”). Pero cuando David cometió adulterio, la  cuenta volvió a comenzar. De ahí en más, la tragedia visito la familia de David una y otra vez. 

[ 3 ] No tomarás el nombre de Dios en vano (Éxodo, 20:7); 

Tomar el nombre de Dios “en vano” incluía el hacer una falsa promesa con Él (Levítico, 19:12, Mateo, 5:33-37), pronunciarlo de modo insincero o irreflexivo o maldecir y blasfemar (Levítico, 24:10-16). El nombre de Dios debe ser reverenciado, exaltado y respetado como profundamente sagrado y debe emplearse solo de una manera santa (Mateo, 6:9). 

El rey Salomón escribió: 

Eclesiastés, 5:4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. 5:5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. 5:6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?  

[ 4 ] Guardaras el día de reposo (Éxodo, 20:8-11); 

Al respecto, puedes ver en mi blog un estudio denominado “Esa tendencia a judaizar” (pincha Aqui). 

Este es el único de los 10 mandamientos que ya no está vigente para la iglesia del NT. 

El sabat y el día del Señor: 

La Biblia no da evidencia de que alguna vez Dios les dijera a los gentiles que debían observar el sabat. Mientras Cristo estuvo en la tierra, desde ya guardo el sabat puesto que vivió bajo la dispensación de la ley, aunque no siguió las reglas humanas de los fariseos (Marcos, 2:23-28). 

Al inicio de la iglesia, el primer día de la semana (el domingo, el día del Señor) fue un día especial de comunión y adoración: 

Hechos, 20:7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. 

1 Corintios, 16:2 Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. 

Apocalipsis, 1:10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 

El domingo conmemora la resurrección de Cristo: 

Mateo, 28:1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 

Juan, 20:1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 

Estos dos días especiales, el sabat (el sábado) y el día del Señor (el domingo), conmemoran cosas diferentes y no deben confundirse. Mientras el sabat se relaciona a la antigua creación y se dio expresamente a Israel, el día del Señor (el domingo) se relaciona a la nueva creación y pertenece a la iglesia. 

Mientras el sabat (que viene de la ley de Moisés) habla de 6 días de labor a los cuales sigue un día de descanso (representa salvación por obras), el día del Señor o el domingo (que proviene de la gracia) habla de empezar la semana con descanso al cual le siguen las obras (representa salvación por gracia). 

El sabat pertenece a la "sombra" de la ley y no a la plena "luz" de la gracia. Si algunos cristianos quieren adorar en el sabat pueden hacerlo, pero no deben juzgar ni condenar a los creyentes que no se les unan: 

Colosenses, 2:16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 2:17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. 

La observancia legalista del sabat es un regreso a la esclavitud: 

Gálatas, 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 

Por otra parte, guardar el sabat puede revelar a un cristiano inmaduro que tiene una conciencia débil (Romanos, 14:4-13). 

Las fiestas solemnes de Israel son siete: 

[1] la pascua (Levítico, 23:5);

[2] la fiesta de los panes sin levadura (Levítico, 23:6);

[3] la fiesta de las primicias (Levítico 23:10);

[4] la fiesta de las semanas (Levítico, 23:15);

[5] la fiesta de las trompetas (Levítico, 23:24);

[6] el día de la expiación (Levítico, 16:1-34, Levítico, 23:27); y

[7] la fiesta de los tabernáculos (Levítico, 23:34). 

Más allá de que nosotros pensamos que estas fiestas solo fueron dadas a Israel (Salmos, 147:19-20), cualquier cristiano puede celebrarlas, pero no por ello va a ser “más cristiano o más espiritual” que otros cristianos que no las celebran: 

Colosenses, 2:16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 2:17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. 

Decimos esto, en esta época donde existe una tendencia judaizante, al creer que por tocar un shofar o hablar en hebreo somos “más espirituales” que los demás. No olvidemos nunca que la iglesia es una “nueva raza humana” (un solo y nuevo hombre), que surge de entre judíos y gentiles pero que no comparte el destino con ninguno de los dos (Efesios, 2:15-16). 

[ 5 ] Honra a tu padre y a tu madre (Éxodo, 20:12); 

Al respecto, puedes ver en mi blog un estudio denominado “Leyes y principios espirituales” (pincha Aqui). 

Pablo escribió: 

Efesios, 6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 6:3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. 

La Biblia no dice “no mataras y te ira bien”. Es no mataras y punto, sino serás un asesino. No hay promesa en ningún mandamiento, sino solo en uno: honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien y seas de larga vida. 

La Biblia no dice honra a tu padre y a tu madre “solo si se lo merecen”. Este mandamiento no tiene que ver con ellos sino que tiene que ver contigo, para que te vaya bien. ¿Qué es honrar?. Es respetarlos y saber que hicieron los mejor que pudieron. El Señor te dice: no te estoy pidiendo una opinión, es una orden (un mandamiento). Porque tu perteneces a un proyecto más grande que tú mismo. No me importa, te dice el Señor, si tus padres fueron buenos o malos. Si quieres que te vaya bien, tienes que honrarlos (es un principio espiritual). Si no honras a tus padres, no podre bendecirte, dice el Señor. Y, si tus padres están muertos, honrarlos es no guardarles rencor. 

Este mandamiento incluye todas las acciones necesarias de atención, apoyo material, respeto y obediencia a los padres (Efesios, 6:1-3, Colosenses, 3:20). Prohíbe palabras poco amables y acciones injuriosas. 

[1] Dios exigió la pena de muerte para cualquier persona que golpeara o maldijera a su padre o a su madre (Éxodo, 21:15, 17), lo cual demuestra la importancia que Dios le da al respeto por los padres (Efesios, 6:1); y 

[2] relacionado con este mandamiento, está el deber reciproco de los padres de amar a sus hijos y enseñarles el temor de Jehová y los caminos de Dios (Deuteronomio, 4:9, 6:6-7, Efesios, 6:4); 

[ 6 ] No mataras (Éxodo, 20:13); 

Al respecto, puedes ver en mi blog un estudio denominado “La pena de muerte y la Biblia” (pincha Aqui). 

En el AT el homicidio debía castigarse con la muerte: 

Números, 35:30 Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera. 35:31 Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá. 35:33 Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.  

Lo anterior significa que la tierra es limpiada de la sangre derramada solo por la sangre del que la derramo. En el AT, dejar de darle muerte a un homicida, contaminaba y corrompía la tierra. La "contaminación" significa que, dejar de vengar la muerte de la persona inocente, haría que Dios retirara su presencia, bendición y ayuda de la tierra. La santidad y la justicia de Dios exigían que no se dejara impune a ningún homicida. 

Génesis, 9:6 El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. 

Esto, en cuanto al homicidio premeditado. Pero el mismo podía ser también accidental. Por eso la Biblia distingue dos tipos de homicidio: 

[1] el homicidio accidental o no intencional (Éxodo, 21:12-13); y 

[2] el homicidio con alevosía o intencional (Éxodo, 21:14); 

Los homicidas intencionales, está claro, debían morir pero ¿qué ocurría en el AT con los “homicidas accidentales”?. 

Éxodo, 21:12 El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. 21:13 Más el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. 

Cuando Josué conquisto, por medio de la guerra, la tierra prometida, la única tribu que no recibió herencia de tierra (a la cual no se le asigno porción de tierra alguna) fue la tribu de LEVI, es decir, los levitas, porque su herencia no sería de tierra sino el sacerdocio. No obstante se les dieron a los levitas, dentro de la tierra conquistada, algunas ciudades entre las cuales estaban las llamadas “ciudades de refugio”. 

Estas ciudades servían precisamente de refugio para los que hubieran matado a alguien en forma totalmente accidental, para protegerlos del “pariente vengador” del muerto.

Algún pariente del muerto podría intentar una venganza. El vengador no podía “tocar” al homicida accidental mientras estuviera en algunas de las ciudades de refugio. El homicida estaba a salvo, pero tenía que permanecer en la ciudad de refugio hasta la muerte del sacerdote de dicha ciudad (Deuteronomio, 19:3-6). 

Dentro del homicidio accidental, se encontraba el homicidio “en defensa propia”. El siguiente versículo exime de culpabilidad a quien mate en defensa de su propiedad: 

Éxodo, 22:2 Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. 

En el NT la situación no es muy distinta, ya que el NT también reafirma la autoridad de los gobiernos para usar la espada para la pena capital: 

Hechos, 25:11 Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo [Pablo de Tarso se defiende de quienes lo acusan]. 

Romanos, 13:3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 13:4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo [Pablo de Tarso habla de los jueces]. 

Mateo, 26:52 Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán [Jesucristo, cuando estaba siendo arrestado y Pedro – el Apóstol – saco su espada y cortó la oreja de uno de los soldados]. 

Para los que dicen que la pena de muerte era bíblica solo en tiempos del AT, deberían releer Romanos, 13:4 donde Pablo, hablando de los jueces, dice que estos son servidores de Dios y “llevan la espada” para castigar a los malos, en una clara alusión a la pena de muerte, ya que la “espada” es un arma para matar. 

Por su parte, Jesucristo (Mateo, 26:52) dijo que “todos los que tomen espada, a espada perecerán”. O sea que los dichos de Jesucristo (y mucho más los de Pablo, que es posterior) pertenecen al NT, donde también, como vemos, aparece mencionada la pena capital. 

[ 7 ] No cometerás adulterio (Éxodo, 20:14); 

Al respecto, puedes ver en mi blog un estudio denominado “El divorcio en la Biblia” (pincha Aqui). 

Como no es el objeto reproducir todo este estudio aquí, solo diremos lo siguiente: 

Además de lo prescripto en Génesis, 2:24 (la institución y bendición del matrimonio), Dios dio dos mandamientos más: 

[+] Éxodo, 20:14 No cometerás adulterio; 

[+] Levítico, 20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos; 

Pero en la misma “ley de Moisés” aparece reglamentada una excepción a Génesis, 2:24 (“serán una sola carne”): la CARTA DE DIVORCIO. O sea que el divorcio (la posibilidad de “romper” el matrimonio) ya estaba contemplada en el AT, puntualmente en Deuteronomio, 24:1-4. 

La “carta de divorcio” solo podía ser emitida: 

[a] por el hombre, hacia la mujer; y

[b] “por haber hallado en ella alguna cosa indecente”, siempre y cuando no se tratara de adulterio, pecado para el cual, como vimos, solo cabía la muerte (Levítico, 20:10) y no una  carta de divorcio; 

¿Qué debemos entender por “alguna cosa indecente” - que no fuera adulterio - que motivara a los hombres del AT a emitir la carta de divorcio?. Básicamente la situación en la que un esposo descubría en la mujer, después de que se había celebrado la ceremonia nupcial, falta de castidad pre marital. 

La carta de divorcio era un documento legal dado a la mujer a fin de quebrantar el pacto matrimonial, protegerla y liberarla de toda obligación con su anterior esposo. Después de recibir el certificado de divorcio, la mujer podía volver a casarse. Sin embargo, nunca debía volver a su anterior esposo si se terminaba su segundo matrimonio. 

Pero ¿por qué Dios tuvo que permitir en la ley que entrego a Moisés la posibilidad de que la mujer fuera repudiada por su marido mediante la carta de divorcio?. 

Jesucristo mismo lo explica en el NT: 

Mateo, 19:7 Le dijeron [los fariseos]: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 19:8 Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más al principio no fue así. 

Jesucristo les contesta a los fariseos que, a los hombres del AT, se les había permitido repudiar a sus mujeres “por la dureza de vuestro corazón”, dando a entender que jamás había estado en la mente de Dios permitir que el matrimonio se rompiera, a menos que fuera por adulterio, en cuyo caso el matrimonio quedaba disuelto por la muerte (ejecución) del cónyuge adúltero. 

No obstante, los hombres del AT habían abusado del repudio mediante la carta de divorcio, rompiendo sus vínculos con sus mujeres israelitas para casarse con mujeres extranjeras (prohibido en la ley de Moisés), probablemente más jóvenes y bonitas que las mujeres israelitas. Dios abomina (aun hoy) romper el matrimonio por este tipo de causas egoístas. Este es el escenario que describe Malaquías, que es el mismo escenario postexílico (después del exilio de 70 años en Babilonia) descripto en los libros de Esdras y Nehemías (Malaquías, 2:11-16). 

Las únicas tres causales que Dios acepta para considerar disuelto el matrimonio, con posibilidad de contraer nuevas nupcias, son: 

[1] Adulterio (Mateo, 19:9);

[2] Matrimonio mixto (1 Corintios, 7:12-16); y

[3] Muerte de alguno de los cónyuges (Romanos, 7:2, 1 Corintios, 7:39); 

Fuera de estas causales, aunque los cónyuges se separen de hecho, para Dios el matrimonio sigue vigente y cualquier relación que los cónyuges separados inicien con otras personas, luego de su separación, implicara entrar en una relación de adulterio. 

Nos centraremos en el adulterio como causal de disolución del matrimonio. 

Al respecto, Jesucristo establece: 

Mateo, 19:9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. 

Marcos, 10:10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, 10:11 y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 10:12 y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio. 

De los pasajes de Mateo y Marcos que acabamos de leer, se desprende que si el repudio, ya sea del hombre hacia la mujer o de la mujer hacia el hombre, es por causa de fornicación (la excepción que plantea Jesucristo) entonces es posible (solo para el cónyuge engañado) separarse y casarse con otra persona y no caer en adulterio. 

Las personas que se divorcian por causas distintas a la fornicación (por ejemplo, por problemas de convivencia, porque “se acabó el amor”, etc.), si se vuelven a casar o, aún sin casarse, mantienen relaciones con otras personas, cometen pecado de adulterio (porque para Dios sus matrimonios anteriores siguen vigentes), haciendo participe del pecado de adulterio a la persona con la que se están relacionando ahora, sin importar la condición de esta última, es decir, si esta nueva persona es soltera o casada. 

Debe quedar claro algo muy importante: 

La persona que es víctima del adulterio no está obligada a disolver su matrimonio, ya que puede perdonar a su cónyuge adultero y proseguir con la relación. Demás está decir que es fundamental que el cónyuge adultero se arrepienta de corazón. No obstante, si lo desea puede exigir el divorcio, quedando libre para volver a casarse, si lo desea. 

No obstante, aunque el adultero se arrepienta y su pecado de adulterio sea perdonado por Dios, la Biblia establece que esa afrenta jamás será borrada: 

Al respecto, el rey Salomón escribe: 

Proverbios, 6:32 Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace. 6:33 Heridas y vergüenza hallará, Y su afrenta nunca será borrada. 

[ 8 ] No robaras (Éxodo, 20:15); 

Este mandamiento prohíbe robar dinero o cualquier otra cosa que pertenezca a otro. Pero “robar” no solo es sustraer por la fuerza (a punta de pistola o cuchillo) bienes a otras personas. También se incluye la poca ética comercial: 

Levítico, 19:36 Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto.  

Este mandamiento exige honradez en todas las relaciones humanas. 

[ 9 ] No hablaras contra tu prójimo falso testimonio (Éxodo, 20:16); 

Este mandamiento protege el nombre y la reputación de otras personas. Nadie debe dar falso testimonio sobre el carácter o las acciones de otros. Se debe hablar de otras personas de una manera imparcial y justa (Levítico, 19:16, Juan, 8:44, 2 Corintios, 12:20). Este mandamiento también se aplica a la mentira en general (Levítico, 6:2-3, Proverbios, 14:5, Colosenses, 3:9). 

Para acusar falsamente a nuestro Señor Jesucristo, los fariseos quebrantaron este mandamiento: 

Mateo, 26:59 Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 26:60 y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 26:61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 26:62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 26:63 Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 26:64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 26:65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. 26:66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! 

¿Por qué se necesitaban dos testigos?. Porque así lo exigía la ley de Moisés: 

Deuteronomio, 17:6 Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.  

Deuteronomio, 35:30 Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; más un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera. 

Mateo, 18:16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 

2 Corintios, 13:1 Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto. 

Recordemos que nuestro Señor Jesucristo vivió bajo la dispensación de la ley. 

[10] No codiciarás (Éxodo, 20:17); 

La codicia incluye el deseo o anhelo de todo lo que es censurable o que pertenece a otra persona. Pablo afirma que este mandamiento revela lo grave del carácter pecaminoso de los seres humanos (Romanos, 7:7-13). Esta ley, así como las otras, pone al descubierto la depravación de hombres y mujeres y los llaman a que busquen la gracia y la fuerza moral de Dios (Lucas, 12:15-21, Romanos, 7:24-25, Efesios, 5:3). Solo mediante el poder regenerador del Espíritu Santo se puede llevar una vida que agrade a Dios (Romanos, 8:2). 

 

DIOS TE BENDIGA! 

Marcelo D. D’Amico

Maestro de la Palabra - Ministerio REY DE GLORIA