domingo, 21 de julio de 2019

EL DIVORCIO EN LA BIBLIA


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Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido del video es igual a lo expuesto mas abajo):




Introducción

La primera bendición de Dios en la Biblia no recae sobre la iglesia sino sobre el matrimonio, que es la base de la familia:

Génesis, 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

El “orden de Dios”, entonces, es el siguiente:

[1] Dios;
[2] Familia;
[3] Iglesia;

La familia es tan importante para Dios que El mismo la ha colocado antes que a la iglesia (su pueblo). Y el primer paso para formar una familia, claro está, es el matrimonio. Debido a la importancia que la familia tiene para Dios, Satanás ha buscado (y continúa haciéndolo),  desde el inicio y por todos los medios, destruir el matrimonio.

Además de lo prescripto en Génesis, 2:24 (la institución y bendición del matrimonio), Dios dio dos mandamientos más:

[+] Éxodo, 20:14 No cometerás adulterio;

[+] Levítico, 20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos (se entiende que si el hombre adultero era soltero debía morir también, ya que era “participe” del pecado de adulterio);

La carta de divorcio en el AT

En la misma “ley de Moisés” aparece reglamentada una excepción a Génesis, 2:24 (“serán una sola carne”): la CARTA DE DIVORCIO. O sea que el divorcio (la posibilidad de “romper” el matrimonio) ya estaba contemplada en el AT, puntualmente en Deuteronomio, 24:1-4:

Deuteronomio, 24:1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. 24:2 Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. 24:3 Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, 24:4 no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

La “carta de divorcio” solo podía ser emitida:

[a] por el hombre, hacia la mujer; y

[b] “por haber hallado en ella alguna cosa indecente”, siempre y cuando no se tratara de adulterio, pecado para el cual, como vimos, solo cabía la muerte (Levítico, 20:10) y no una  carta de divorcio;

¿Qué debemos entender por “alguna cosa indecente” - que no fuera adulterio - que motivara a los hombres del AT a emitir la carta de divorcio?. Básicamente la situación en la que un esposo descubría en la mujer, después de que se había celebrado la ceremonia nupcial, falta de castidad pre marital.

La carta de divorcio era un documento legal dado a la mujer a fin de quebrantar el pacto matrimonial, protegerla y liberarla de toda obligación con su anterior esposo. Después de recibir el certificado de divorcio, la mujer podía volver a casarse. Sin embargo, nunca debía volver a su anterior esposo si se terminaba su segundo matrimonio.

Pero ¿por qué Dios tuvo que permitir en la ley que entrego a Moisés la posibilidad de que la mujer fuera repudiada por su marido mediante la carta de divorcio?.

Jesucristo mismo lo explica en el NT:

Mateo, 19:7 Le dijeron [los fariseos]: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 19:8 Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más al principio no fue así.

Jesucristo les contesta a los fariseos que, a los hombres del AT, se les había permitido repudiar a sus mujeres “por la dureza de vuestro corazón”, dando a entender que jamás había estado en la mente de Dios permitir que el matrimonio se rompiera, a menos que fuera por adulterio, en cuyo caso el matrimonio quedaba disuelto por la muerte (ejecución) del cónyuge adúltero.

No obstante, los hombres del AT habían abusado del repudio mediante la carta de divorcio, rompiendo sus vínculos con sus mujeres israelitas para casarse con mujeres extranjeras (prohibido en la ley de Moisés), probablemente más jóvenes y bonitas que las mujeres israelitas. Dios abomina (aun hoy) romper el matrimonio por este tipo de causas egoístas. Este es el escenario que describe Malaquías, que es el mismo escenario postexílico (después del exilio de 70 años en Babilonia) descripto en los libros de Esdras y Nehemías:

Malaquías, 2:11 Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño. 2:12 Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos. 2:13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. 2:14 Más diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. 2:15 ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. 2:16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Causas bíblicas de divorcio

Las únicas tres causales que Dios acepta para considerar disuelto el matrimonio, con posibilidad de contraer nuevas nupcias, son:

[1] Adulterio (Mateo, 19:9);

[2] Matrimonio mixto (1 Corintios, 7:12-16); y

[3] Muerte de alguno de los cónyuges (Romanos, 7:2, 1 Corintios, 7:39);

Fuera de estas causales, aunque los cónyuges se separen de hecho, para Dios el matrimonio sigue vigente y cualquier relación que los cónyuges separados inicien con otras personas, luego de su separación, implicara entrar en una relación de adulterio.

Adulterio

Al respecto, Jesucristo establece:

Mateo, 19:9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

Marcos, 10:10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, 10:11 y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 10:12 y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

A los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) en la teología se los conoce como los “evangelios sinópticos” y contienen, en muchos casos, pasajes similares, complementándose entre sí y dándonos el “cuadro completo” de la situación o tema en cuestión.

De los pasajes de Mateo y Marcos que acabamos de leer, se desprende que si el repudio, ya sea del hombre hacia la mujer o de la mujer hacia el hombre, es por causa de fornicación (la excepción que plantea Jesucristo) entonces es posible (solo para el cónyuge engañado) separarse y casarse con otra persona y no caer en adulterio.

Las personas que se divorcian por causas distintas a la fornicación (por ejemplo, por problemas de convivencia, porque “se acabó el amor”, etc.), si se vuelven a casar o, aún sin casarse, mantienen relaciones con otras personas, cometen pecado de adulterio (porque para Dios sus matrimonios anteriores siguen vigentes), haciendo participe del pecado de adulterio a la persona con la que se están relacionando ahora, sin importar la condición de esta última, es decir, si esta nueva persona es soltera o casada.

Debe quedar claro algo muy importante:

La persona que es víctima del adulterio no está obligada a disolver su matrimonio, ya que puede perdonar a su cónyuge adultero y proseguir con la relación. Demás está decir que es fundamental que el cónyuge adultero se arrepienta de corazón. No obstante, si lo desea puede exigir el divorcio, quedando libre para volver a casarse, si lo desea.

No obstante, aunque el adultero se arrepienta y su pecado de adulterio sea perdonado por Dios, la Biblia establece que esa afrenta jamás será borrada:

Al respecto, el rey Salomón escribe:

Proverbios, 6:32 Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace. 6:33 Heridas y vergüenza hallará, Y su afrenta nunca será borrada.

Es conocida la historia de David y Betsabé “la que fue mujer de Urías”. Betsabé era la esposa de un soldado (Urías, heteo) del ejército de David. Mientras Urías estaba de campaña, David cometió adulterio con su esposa Betsabé. Betsabé queda embarazada y se lo comunica a David, quien hace volver a Urías de la guerra (aunque la guerra todavía continuaba) y lo alienta a que vaya y “duerma” con su esposa (para “tapar” el embarazo). Urías se niega argumentando que él no podía ir alegremente a dormir con su esposa mientras “sus hermanos estaban en el fragor de la batalla”.

Ante tamaño acto de dignidad de Urías, David lo envía nuevamente a la guerra con una carta que debía entregar a Joab (el general de los ejércitos de David), en la que David sugería a Joab que ponga a Urías en lo más álgido de la batalla, donde seguramente moriría. Este fue casi un asesinato por encargo de parte de David, para quedarse definitivamente con Betsabé.

David cometió un doble pecado: adulterio (se acostó con la mujer de otro) y homicidio. Aun así, Dios lo perdono, pero el niño que fue engendrado en adulterio murió. No obstante, este no fue el único castigo que tuvo que soportar David. Aunque luego engendro con Betsabé a Salomón (a quien amo Dios), la vida familiar de David estuvo, hasta su muerte, signada por asesinatos, violencia, intrigas, violaciones y tragedias de todo tipo, lo cual indica que ningún pecado queda sin castigo, se trate de quien se trate.

Esta historia la encontramos en la Biblia en 2 Samuel, 11.

En la genealogía de Jesucristo que Mateo hace en su Evangelio, para demostrar que era del linaje de David, dice:

Mateo, 1:6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías.

En el libro de Mateo queda registrada la afrenta del pecado cometido por David al aclarar (y recordar) que David engendro a Salomón “de la que fue mujer de Urías”, cumpliéndose, una vez más, la Palabra de Dios:

Como podemos ver, la afrenta de David no solo quedo registrada en el AT (2 Samuel, 11) sino, también, en el NT (Mateo, 1:6) y nunca será borrada.

Muerte de alguno de los cónyuges

Romanos, 7:2 Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere [por causas naturales, accidente o ejecutado por adulterio, por ejemplo], ella queda libre de la ley del marido.

1 Corintios, 7:39 La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere [por causas naturales, accidente o ejecutado por adulterio, por ejemplo], libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.

Es por esto que sostenemos que la persona víctima de adulterio queda libre para volver a casarse, aunque hoy su cónyuge adultero no muera apedreado como antaño. Antes, el cónyuge adultero moría apedreado y la mujer quedaba libre para volver a casarse, si lo deseaba.

Matrimonio mixto

1 Corintios, 7:12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 7:13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 7:14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 7:15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 7:16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?.

Un matrimonio de estas características solo debiera darse si dos personas incrédulas se casan y, en el trascurso del matrimonio, una de ellas se convierte al Señor y la otra no, ya que un creyente no debería casarse con un incrédulo:

2 Corintios, 6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? 6:16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. 6:17 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 6:18 Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Lo anterior significa que una persona salva, que conoce a Dios, no debería relacionarse (ni mucho casarse) con una persona “del mundo”, es decir, con un incrédulo. En estos casos, existe el peligro de que la persona inconversa (usada por Satanás) “arrastre” a la persona salva, sobre todo cuando hay sentimientos profundos de por medio.

Delante de Dios las personas se dividen en 2 categorías: los que están con Cristo y los que no lo están. Por lo tanto, los creyentes no deben asociarse voluntariamente ni estar en intima asociación con los incrédulos, porque tales relaciones pueden echar a perder su relación con Cristo. Esto incluye sociedad en los negocios, citas amorosas, matrimonio y amistades íntimas. La asociación de creyentes con incrédulos debe limitarse a la que se precisa para la convivencia social y económica o para mostrar a los incrédulos el camino de la salvación.

Volviendo al caso del matrimonio mixto, en primer lugar vale aclarar que no es que Pablo este dando simplemente su opinión al expresarse de esta manera. Más bien aclara que no tiene una cita de Cristo que confirme lo que está exponiendo (“yo digo, no el Señor”). Sin embargo, Pablo se expresa como quien tiene autoridad apostólica y está bajo inspiración divina.

En el caso de que el cónyuge incrédulo abandone al creyente o se divorcie de él, se disuelve la relación matrimonial y el creyente queda libre de su obligación conyugal anterior (1º Corintios, 7:15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso).

No se admite, en cambio, que el cónyuge creyente abandone a su cónyuge inconverso ya que Pablo, en este sentido, es claro: si un hermano (hombre creyente) tiene mujer que no sea creyente y ELLA CONSIENTE (aun así quiere) vivir con él, no la abandone y si una mujer (creyente) tiene marido que no sea creyente y EL CONSIENTE (aun así quiere) vivir con ella, no lo abandone, porque, como lo explica Pablo, “el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos”.

Y además Pablo antepone otra razón de peso: “¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?”, es decir, siempre está la esperanza de que el cónyuge creyente ayude al cónyuge inconverso a convertirse.

No obstante, cuando el que decide terminar con el matrimonio es el cónyuge inconverso, no hay más nada qué hacer, quedando libre de toda obligación el cónyuge creyente. El lazo matrimonial solo queda roto (y el divorcio es aceptado por Dios) cuando es el cónyuge inconverso el que abandona al cónyuge creyente.

Caso especial

Pablo establece una situación especial en la cual, tal vez, lo mejor sea la separación pero sin posibilidad de contraer nuevas nupcias:

1 Corintios, 7:10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; 7:11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

Aquí Pablo parece estar refiriéndose a situaciones en las que la relación matrimonial puede llegar a ser tan intolerable que sea necesaria la separación de los cónyuges. Por ejemplo, porque el marido es alcohólico y golpea a la mujer.

Pablo se refiere a situaciones en las que un cónyuge está portándose de tal manera que pone en peligro la vida física o espiritual del otro cónyuge y de los hijos. En tales condiciones, tal vez sea recomendable que uno de los cónyuges abandone el hogar y no vuelva a casarse. No obstante, por tratarse de una causal de divorcio no bíblica, cualquiera de los cónyuges que se case o mantenga relaciones con otra persona incurre en adulterio.

Algunos ejemplos prácticos

[+] Dos personas solteras que mantienen relaciones sexuales sin estar casadas solo cometen pecado de fornicación y no de adulterio (porque, en ningún caso, hay matrimonio de por medio).

Demás está decir que el adulterio es un pecado más grave que el de la fornicación ya que, en el caso del adulterio, quien lo comete, además de fornicar desprecia y pisotea una institución especialmente bendecida por Dios (además del daño que infringe a la persona engañada, lo cual tampoco será pasado por alto por Dios).

[+] Dos personas divorciadas por causa de fornicación, donde ambas han sido víctimas de adulterio, que mantienen relaciones sexuales, solo cometen pecado de fornicación (no de adulterio, porque ambas han roto sus matrimonios por causa justificada, estando aptas para volver a casarse, como si fuesen solteras);

[+] Dos personas en donde una está divorciada por causa de fornicación, donde ha sido víctima de adulterio y la otra es soltera, que mantienen relaciones sexuales, solo cometen pecado de fornicación (no de adulterio, porque la persona divorciada ha roto su matrimonio por causa justificada, estando apta para volver a casarse y la otra directamente es soltera);

Por supuesto que, en estos tres casos que vimos, si las personas involucradas se casaran ya no habría pecado de fornicación.

[+] En cualquier otro caso, además de fornicación, siempre hay pecado de adulterio: dos personas que se separan no por causa de fornicación, que mantienen relaciones sexuales con otras personas (sin importar la condición de estas últimas), aunque, incluso, se casen cometen (y hacen participes a quienes se relacionan con ellos del) pecado de adulterio (Mateo, 19:9);

El análisis anterior solo se hizo para distinguir cuando hay pecado de fornicación y cuando, además, pecado de adulterio. Ninguno de los dos (ni los fornicarios, ni los adúlteros) heredaran el reino de Dios:

1 Corintios, 6:9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 6:10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA