sábado, 2 de noviembre de 2019

LA DISPENSACIÓN DE LA LEY


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Introducción

Jack Kelley, el reconocido ensayista bíblico norteamericano (lamentablemente fallecido en el otoño americano de 2015), observa:

La palabra griega de la que proviene la palabra dispensación solamente aparece siete veces en el Nuevo Testamento y solamente la traduce Pablo como tal en dos ocasiones:

Efesios, 1:10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 

Efesios, 3:9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; 

Otros significados de esta palabra son comisión, mayordomía, administración, y economía.

Los que somos dispensacionalistas creemos que, a través de la historia, Dios ha tratado con la humanidad en diferentes maneras y en diferentes tiempos como parte del proceso de revelar Su carácter y Su plan para la humanidad y llamamos a estos diferentes períodos “dispensaciones”.

Por ejemplo, así como la salvación siempre ha sido por la fe, el camino a la salvación a través de la mayor parte del Antiguo Testamento era a través de Israel y requería también la obediencia a la Ley. Pero ese no es el caso durante la Era de la Iglesia.

Por consiguiente la manera como Dios trató con Israel en el Antiguo Testamento se llevó a cabo durante una dispensación diferente a la forma como Él está tratando con la Iglesia en el Nuevo Testamento. ¿Se entiende el punto?.

Las dispensaciones divinas son siete:

[1] la inocencia;
[2] la conciencia;
[3] el gobierno humano;
[4] la promesa;
[5] la ley;
[6] la gracia; y
[7] el reinado milenial de Cristo (Apocalipsis, 20:4);

Las primeras cinco se han cumplido, la sexta está en proceso de cumplimiento y la séptima comenzara a cumplirse luego del rapto de la iglesia (1 Corintios, 15:51-52, 1 Tesalonicenses, 4:15-17).

En el presente estudio nos centraremos en la quinta dispensación: la ley de Moisés.

Algo más que diez mandamientos

La ley de Moisés fue un pacto que Dios hizo con Israel, en el cual les prometió una vida de paz y plenitud si le obedecían:

Éxodo, 19:5 Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 

La parte más icónica de la ley de Moisés son las tablas de la ley, que Moisés recibió de Dios en el monte Sinaí, con los diez mandamientos:

[1] no adoraras a otros dioses (Éxodo, 20:3-6);
[2] no cometerás idolatría (Éxodo, 20:4-6);
[3] no tomarás el nombre de tu Dios en vano (Éxodo, 20:7);
[4] guardaras el día de reposo (Éxodo, 20:8);
[5] honraras a tu padre y a tu madre (Éxodo, 20:12);
[6] no mataras (Éxodo, 20:13);
[7] no cometerás adulterio (Éxodo, 20:14);
[8] no hurtaras (Éxodo, 20:15);
[9] no mentiras (Éxodo, 20:16);
[10] no codiciaras (Éxodo, 20:17);

Pero la ley de Moisés no contiene solamente el decálogo de Éxodo, 20 sino un sinnúmero de disposiciones de todo tipo:

[+] leyes sobre esclavitud (Éxodo, 21:1-11);
[+] leyes sobre actos de violencia (Éxodo, 21:12-25);
[+] leyes sobre responsabilidades de amos y dueños (Éxodo, 21:26-36);
[+] leyes sobre restitución (Éxodo, 22:1-15);
[+] leyes humanitarias (Éxodo, 22:16-31, 23:1-12);
[+] leyes sobre celebración de fiestas (Éxodo, 23:14-19; 34:18-26, Levítico, 16:1-34, Levítico, 23:1-44);
[+] indicaciones para construir el tabernáculo (Éxodo, 26:1-37), el arca del testimonio (Éxodo, 25:10-22) y el mobiliario: la mesa para el pan de la proposición (Éxodo, 25:23-30), el candelero de oro (Éxodo, 25:31-40), el altar de bronce (Éxodo, 27:1-8), el atrio del tabernáculo (Éxodo, 27:9-19), el altar del incienso (Éxodo, 30:1-10) y la fuente de bronce (Éxodo, 30:17-21);
[+] indicaciones sobre el aceite para las lámparas (Éxodo, 27:20-21, Levítico, 24:1-4);
[+] indicaciones  sobre las vestiduras y consagración de los sacerdotes (Éxodo, 28:1-43, Éxodo, 29:1-37);
[+] indicaciones sobre las ofrendas diarias (Éxodo, 29:38-46, Números, 28:1-8);
[+] indicaciones sobre el dinero del rescate (Éxodo, 30:11-16);
[+] indicaciones sobre el aceite de la unción y el incienso (Éxodo, 30:22-38);
[+] indicaciones para cumplir con el día de reposo (Éxodo, 35:1-3);
[+] leyes sobre los holocaustos (Levítico, 1:1-17);
[+] leyes sobre las ofrendas (Levítico, 2:1-16);
[+] leyes sobre las ofrendas de paz (Levítico, 3:1-17);
[+] leyes sobre las ofrendas por el pecado (Levítico, 4:1-35, 5:1-13);
[+] leyes sobre las ofrendas expiatorias (Levítico, 5:14-19, 6:1-7);
[+] leyes sobre los sacrificios (Levítico, 6:8-30, 7:1-38);
[+] leyes sobre animales limpios e inmundos (Levítico, 11:1-47);
[+] leyes sobre la purificación de la mujer después del parto (Levítico, 12:1-8);
[+] leyes sobre la lepra (Levítico, 13:1-59, 14:1-57);
[+] leyes sobre impurezas físicas (Levítico, 15:1-33);
[+] leyes sobre actos de inmoralidad prohibidos (Levítico, 18:1-30);
[+] leyes de santidad y justicia (Levítico, 19:1-37);
[+] leyes sobre penas por actos de inmoralidad (Levítico, 20:1-27);
[+] leyes sobre la santidad de los sacerdotes (Levítico, 21:1-24);
[+] leyes sobre la santidad de las ofrendas (Levítico, 22:1-33);
[+] leyes sobre el reposo de la tierra y el jubileo (Levítico, 25:1-55);
[+] deberes y tareas de los levitas (Números, 3:1-39, 4:1-49);
[+] ley sobre la restitución (Números, 5:5-10);
[+] ley sobre los celos (Números, 5:11-31);
[+] el voto de los nazareos (Números, 6:1-21);
[+] la celebración de la pascua (Números, 9:1-14);
[+] leyes sobre las ofrendas (Números, 15:1-31);
[+] leyes sobre el sostenimiento de sacerdotes y levitas (Números, 18:1-32);
[+] leyes de purificación de los inmundos (Números, 19:1-22);
[+] ley de los votos (Números, 30:1-16);

Como puede apreciarse, la ley de Moisés, conformada por más de seiscientos preceptos, excede largamente a los diez mandamientos de Éxodo, 20. La ley fue dada a Moisés a lo largo de los libros de Éxodo, Levítico y Números. El libro de Deuteronomio (que significa “segunda ley”) no contiene ninguna disposición nueva sino que constituye un repaso de toda la ley dada anteriormente.

Consecuencias de desobedecer la ley de Moisés

Muerto Moisés (Deuteronomio, 34:1-12), Josué es designado como nuevo líder y es quien guía a Israel en la conquista de la tierra prometida. Conquistada la tierra prometida (aunque no en su totalidad) y muerto Josué (Jueces, 2:6-10), Israel inicia sucesivos periodos de desobediencia y apostasía (Jueces, 2:11-23), pasando por la apostasía de Salomón (1 Reyes, 11:1-40), lo cual derivo en la división de Israel en el reino del sur (formado por las tribus de Judá y Benjamín, con capital en Jerusalén, donde estaba el templo) y el reino del norte (formado por las diez tribus restantes de Israel, con capital en Samaria).

Las consecuencias de la desobediencia (Levítico, 26:14-46, Deuteronomio, 28:15-68), se seguirían cumpliendo con las caídas del reino del norte, en 722 a.C. a manos del imperio asirio y del reino del sur, en 586 a.C., a manos del imperio babilónico comandado por el rey Nabucodonosor, quien destruyo Jerusalén y saqueo el templo y se terminarían de cumplir con el rechazo del Mesías por parte de Israel, con lo que Dios retiro su oferta del reino y los expulso de su tierra:

Mateo, 21:43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

Una de las consecuencias de la desobediencia de Israel seria su dispersión:

Deuteronomio, 28:64 Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. 28:65 Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma;

Lo cual tiene su correlato en el NT en:

Lucas, 21:24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.

La dispersión (diáspora) de Israel profetizada por Moisés, sobrevino sobre Israel junto con la destrucción del templo en 70 d.C., por haber rechazado al Mesías.

Jerusalén y el Templo fueron destruidos (por segunda vez) por los romanos en el año 70 d.C. cuando el general romano Tito, hijo del Emperador Vespasiano, sitió Jerusalén y destruyó la ciudad y el Segundo Templo. En la ciudad de Roma, hay un monumento de casi 2.000 años (el Arco de Tito), que conmemora la victoria de los ejércitos romanos sobre  Jerusalén.  En los relieves del arco están los tesoros que se llevaron de Jerusalén, incluida una escultura de oro de la Menorah (el candelabro de siete brazos), tomada del Segundo Templo.

Jesús profetizo que el templo seria desmontado “piedra por piedra”:

Mateo, 24:1 Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 24:2 Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

El ejército romano desmontó el Templo judío, literalmente, “piedra por piedra”, para buscar oro fundido del Templo quemado. Roma asesinó a  más de un millón de judíos en el 70 d.C. Flavio Josefo (el famoso historiador judío, autor del libro “Antigüedades de los judíos”)  fue testigo de estos eventos que más tarde relató en su libro “Las Guerras judías”.

La razón de la ley de Moisés

Pablo explico la razón por la cual fue dada la ley:

Romanos, 4:15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Romanos, 5:13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 

Antes de la ley de Moisés, como es lógico, había pecado, pero no se podía inculpar a nadie. Al no estar establecido que estaba bien y que estaba mal, no había transgresión punible (castigable).

Por ejemplo, sabemos que Dios estableció el matrimonio inicialmente dentro de la monogamia:

Génesis, 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 

Pero esto fue transgredido:

En Génesis (la ley fue dada luego, en Éxodo) se nos relata la rivalidad existente entre Raquel y Lea (Génesis, 30:1), las dos esposas de Jacob que, además, eran hermanas (Génesis, 29:16).

Quebrantar Génesis, 2:24 casi siempre trajo como consecuencia el resquebrajamiento de la armonía familiar. Por eso, en la ley de Moisés, aparece la siguiente norma:

Levítico, 18:18 No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.

Otro ejemplo es el de Rubén, hijo de Jacob y de Lea y que era, además, el primogénito. Rubén perdió la bendición de la primogenitura cuando, al morir Lea, se acostó con la concubina de su padre Jacob. Cuando, antes de morir, Jacob bendice a sus hijos, comienza por Rubén y dice:

Génesis, 49:3 Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; Principal en dignidad, principal en poder. 49:4 Impetuoso como las aguas, no serás el principal, Por cuanto subiste al lecho de tu padre; Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado

Más tarde, en la ley de Moisés, aparecería la siguiente disposición:

Levítico, 18:6 Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová. 18:7 La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez. 18:8 La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre.

Era necesaria, entonces, una ley que definiera con claridad que era pecado y que no, delante de Dios. Establecida la ley, rápidamente quedo claro que sería incumplible.

Para Pablo y para Santiago, la ley debía ser cumplida en su totalidad, ya que cualquier incumplimiento en algunos de sus tantos puntos redundaba en una transgresión de toda la ley:

Gálatas, 5:3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 

Santiago, 2:10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. 2:11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. 

Para Pedro, la ley de Moisés había sido un yugo que ni el, ni sus contemporáneos, ni sus antepasados habían podido llevar:

Hechos, 15:10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?

Para Pablo, la ley de Moisés también era un yugo:

Gálatas, 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 

Puesto de manifiesto el pecado a causa de la ley y quedando claro que esta era incumplible, las transgresiones debían ser expiadas con sangre y por esto, conjuntamente con la ley, fue dado el sistema levítico de sacrificios de animales en el templo:

[A] se sacrificaban diariamente dos corderos sin defecto, de un año, uno a la mañana y otro a la caída de la tarde, por los pecados del pueblo (Éxodo, 29:38-46, Números, 28:1-8):

[B] más todo un sistema de ofrendas compuesto por:

[1] los holocaustos (Levítico, 1:1-17);
[2] las ofrendas (Levítico, 2:1-16);
[3] las ofrendas de paz (Levítico, 3:1-17);
[4] las ofrendas por el pecado (Levítico, 4:1-35, 5:1-13); y
[5] las ofrendas expiatorias (Levítico, 5:14-19, 6:1-7);

[C] más un día anual llamado “día de la expiación o yom kippur” (Levítico, 16:1-34), por si hubiera quedado algún pecado sin expiar.

El “día de la expiación o yom kippur” (Levítico, 16), merece un párrafo aparte.

La palabra “expiación” (heb. kippurim, de kafar, que significa "cubrir") encierra el concepto de cubrir el pecado al hacer un pago equivalente (rescate) de modo que se haga la recompensa idónea por el pecado. La necesidad de la expiación se originaba en el hecho de que el pecado de Israel, si no se expiaba, lo sujetaría a la ira de Dios. Así que el propósito del “día de la expiación” era proveer de un amplio sacrificio por todos los pecados que pudieron no haberse expiado en los sacrificios ofrecidos durante todo el año anterior. Con esto, el pueblo seria limpio de sus pecados del pasado año, apartaría la ira de Dios hacia ellos y mantendría la comunión con El.

El día de la expiación debía ser una reunión solemne, un día en el cual el pueblo ayunaba y se humillaba delante del Señor. Esa reacción, recalcaba la gravedad del pecado y el hecho de que la obra expiatoria de Dios era eficaz solo para los que tenían un corazón contrito y una fe que persevera. En el día de la expiación, se consumaba la expiación por todos los pecados y transgresiones no expiados durante el año anterior. Tenía que repetirse cada año de la misma manera.

Por cuanto Dios deseaba salvar a Israel, perdonar sus pecados y reconciliarlo consigo mismo, proveyó un día de salvación al aceptar en su lugar la muerte de una vida inocente (el animal que era sacrificado). Este animal llevaba la culpa y el castigo de ellos y cubría sus pecados mediante su sangre derramada. Levítico 16 describe el “día de la expiación” como el día santo más importante del año judío.

En este día, el sumo sacerdote, vestido de vestiduras sagradas, primero se preparaba con purificaciones especiales y luego, antes de hacer la expiación por los pecados del pueblo, tenía que ofrecer un becerro por sus propios pecados. Después tomaba dos machos cabríos y echaba suertes: uno se convertía en el sacrificio y el otro era el “chivo expiatorio”.

El sacerdote mataba al primer macho cabrío, tomaba su sangre, entraba al Tabernáculo, en el santuario detrás del velo, donde estaba el Arca de la Alianza y esparcía la sangre sobre el propiciatorio (la parte de arriba del Arca, donde estaban los dos querubines enfrentados), poniendo así la sangre entre Dios y las Tablas de la Ley que estaban debajo del propiciatorio (leyes que ellos habían violado pero que, ahora, estaban cubiertas por la sangre). De esta manera se hacia la expiación por los pecados de toda la nación. Finalmente, el sacerdote tomaba el otro macho cabrío, ponía las manos sobre su cabeza, confesaba sobre ella todas las iniquidades y rebeliones de los israelitas y lo enviaba al desierto, simbolizando que sus pecados eran llevados fuera del campamento para desaparecer y morir en el desierto.

Este “chivo expiatorio” es un símbolo de Cristo, ya que el Señor, luego de que todos los pecados de su pueblo fueron cargados sobre El, fue crucificado fuera de la ciudad, en el Gólgota.

Una sombra de los bienes venideros

El pecado siempre se levantó como una barrera (un muro) entre Dios y los hombres. Para restablecer la comunión con Dios interrumpida a causa del pecado, era necesario expiar (quitar de en medio) el pecado.

Y la expiación solo se lograba derramando sangre:

Hebreos, 9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

La salvación en el AT se lograba intentando cumplir las obras de la ley de Moisés y, al ser esta incumplible, expiando las transgresiones a la misma con la sangre de los animales que se sacrificaban. Esta era la esencia del pacto que Dios hizo con Israel por medio de la ley de Moisés.

Pero la ley de Moisés, como sostiene Pablo, solo fue una especie de guía o tutor para conducirnos a la fe:

Gálatas, 3:23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 3:24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 3:25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 3:26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;

La ley fue nuestro tutor (eso significa “ayo”) para conducirnos a la fe, para llevarnos a Cristo a fin de que fuésemos justificados solo por la fe. Venida la fe, ya no estamos más bajo el ayo (bajo ese tutor). Puesto de manifiesto el pecado a causa de la ley y visto y considerando que esta era incumplible, se haría notoria la necesidad de un Salvador (Redentor).

Con su sangre derramada en la cruz, el Señor introdujo un Nuevo Pacto (una nueva dispensación), que reemplazo el Antiguo Pacto (la dispensación anterior).

El Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto

En el ANTIGUO PACTO, la que se derramaba era la sangre de animales en los sacrificios del templo (una y otra vez). En el NUEVO PACTO, la que se derramo fue la sangre de Cristo en la cruz (una sola vez).
Como está escrito:

Hebreos, 10:14 porque con una sola ofrenda hizo [Cristo] perfectos para siempre a los santificados.

Hebreos, 9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 9:25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena [de animales]. 9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

El ANTIGUO PACTO no es el AT, sino que consiste en el derramamiento de la sangre de animales (una y otra vez) en el sistema de sacrificios del templo descripto en la LEY DE MOISES. El NUEVO PACTO no es el NT, sino que consiste en el derramamiento de la sangre de Jesucristo en la cruz (una sola vez), descripto en la Epístola a los Hebreos.

La Epístola a los Hebreos (NT) fue escrita para demostrar la obsolescencia del ANTIGUO PACTO, ahora reemplazado por el NUEVO PACTO, establecido a partir de la muerte expiatoria de Cristo en la cruz.

Lo que fue derogado y reemplazado es el ANTIGUO PACTO por el NUEVO PACTO: ya no es la sangre de los animales, derramada una y otra vez en el templo, sino la sangre de Jesucristo, derramada una sola vez en la cruz, la que expía (quita de en medio) el pecado.

Cuando se dice que el ANTIGUO PACTO quedo obsoleto (que no se usa en la actualidad, que ha quedado claramente anticuado), lo que se quiere decir es que lo que quedo obsoleto es el sistema levítico de sacrificios de animales inserto en la ley de Moisés y no la propia LEY DE MOISÉS o los libros del AT, todo lo cual es Palabra de Dios, que jamás quedara obsoleta. ¿A quién se le puede ocurrir que los diez mandamientos, insertos en Éxodo, 20 ya no están vigentes?. No mataras, no robaras, no adoraras a dioses ajenos, no cometerás adulterio ¿quedo, acaso, todo esto sin vigencia?. Claro que no!.

Al respecto, Jesús dijo:

Lucas, 16:17 Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley.

Y luego agregó:

Mateo, 5:18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

Pero el cielo y la tierra todavía “no han pasado”. Esto está todavía en el futuro y es mencionado en el libro de Apocalipsis:

Apocalipsis, 21:1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

Y esto que ve Juan (un cielo nuevo y una tierra nueva) ocurre al finalizar el reinado milenial de Cristo (la séptima y última dispensación), es decir, mil años después del retorno de Cristo a la tierra. Fíjense ustedes cuanto tiempo todavía seguirá vigente la Ley de Moisés.

Lo único que ya no está vigente de la LEY DE MOISES para la iglesia son:

[1] disposiciones de orden civil;

[a] la “ley de levirato” (Deuteronomio, 25:5-10); y
[b] las leyes sobre esclavitud (Éxodo, 21:1-11, Deuteronomio, 15:12-18, Levítico, 25:39-40);

[2] disposiciones de orden alimentario (Levítico, 11:7), lo cual fue abolido por el Señor en el NT (Mateo, 15:11, Hechos, 10:9-16);

Para otras cuestiones se aplican los siguientes principios:

En primer lugar, cabe aclarar que la ley de Moisés del AT fue dada solo a Israel:

Salmos, 147:19 Ha manifestado sus palabras a Jacob, Sus estatutos y sus juicios a Israel. 147:20 No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; Y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya.

El sabat y el día del Señor:

La Biblia no da evidencia de que alguna vez Dios les dijera a los gentiles que debían observar el sabat. Mientras Cristo estuvo en la tierra, desde ya guardo el sabat puesto que vivió bajo la dispensación de la ley, aunque no siguió las reglas humanas de los fariseos (Marcos, 2:23-28).

Al inicio de la iglesia, el primer día de la semana (el domingo, el día del Señor) fue un día especial de comunión y adoración:

Hechos, 20:7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.

1 Corintios, 16:2 Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.

Apocalipsis, 1:10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

El domingo conmemora la resurrección de Cristo:

Mateo, 28:1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

Juan, 20:1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.

Estos dos días especiales, el sabat (el sábado) y el día del Señor (el domingo), conmemoran cosas diferentes y no deben confundirse. Mientras el sabat se relaciona a la antigua creación y se dio expresamente a Israel, el día del Señor (el domingo) se relaciona a la nueva creación y pertenece a la iglesia.

Mientras el sabat (que viene de la ley de Moisés) habla de 6 días de labor a los cuales sigue un día de descanso, el día del Señor o el domingo (que proviene de la gracia) habla de empezar la semana con descanso al cual le siguen las obras.

El sabat pertenece a la "sombra" de la ley y no a la plena "luz" de la gracia. Si algunos cristianos quieren adorar en el sabat pueden hacerlo, pero no deben juzgar ni condenar a los creyentes que no se les unan:

Colosenses, 2:16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 2:17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.

La observancia legalista del sabat es un regreso a la esclavitud:

Gálatas, 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Por otra parte, guardar el sabat puede revelar a un cristiano inmaduro que tiene una conciencia débil (Romanos, 14:4-13).

Las fiestas solemnes de Israel son siete:

[1] la pascua (Levítico, 23:5);
[2] la fiesta de los panes sin levadura (Levítico, 23:6);
[3] la fiesta de las primicias (Levítico 23:10);
[4] la fiesta de las semanas (Levítico, 23:15);
[5] la fiesta de las trompetas (Levítico, 23:24);
[6] el día de la expiación (Levítico, 16:1-34, Levítico, 23:27); y
[7] la fiesta de los tabernáculos (Levítico, 23:34).

Más allá de que nosotros pensamos que estas fiestas solo fueron dadas a Israel (Salmos, 147:19-20), cualquier cristiano puede celebrarlas, pero no por ello va a ser “más cristiano o más espiritual” que otros cristianos que no las celebran:

Colosenses, 16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.

Decimos esto, en esta época donde existe una tendencia judaizante, al creer que por tocar un shofar o hablar en hebreo somos “más espirituales” que los demás. No olvidemos nunca que la iglesia es una “nueva raza humana” (un solo y nuevo hombre), que surge de entre judíos y gentiles pero que no comparte el destino con ninguno de los dos:

Efesios, 2:15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 2:16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. 

Palabras finales

La ley era una “sombra de lo que habría de venir, una pálido reflejo de la realidad venidera” por lo que, venida esa realidad, la ley ya no es eficaz:

Hebreos, 10:1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. 10:2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. 10:3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; 10:4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

Ahora es la sangre de Cristo, ofrecida una sola vez en la cruz, la que quita definitivamente el pecado:

Hebreos, 10:11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 10:12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 10:13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 10:14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

Jesús no vino a derogar o a oponerse la ley, sino que vino a cumplirla:

Mateo, 5:17 No penséis que he venido para abrogar [suspender, dejar sin vigor] la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

Jesús, que vivió una vida sin pecado, cumplió todos los puntos de la ley y luego camino hacia la cruz, con lo cual nos libró a nosotros de cumplir lo incumplible:

Colosenses, 2:14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,

Actualmente, la salvación es por gracia (la causa), por medio de la fe (el medio) y no por obras:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

La LEY (la anterior dispensación) fue reemplazada por la GRACIA (la nueva dispensación), la cual solo se aprovecha por medio de la fe en Jesucristo. La fe es el “boleto de entrada” a la GRACIA (la causa de la salvación):

Romanos, 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 

Con el rapto de la iglesia (1 Corintios, 15:51-52, 1 Tesalonicenses, 4:15-17) concluirá la GRACIA (la sexta y actual dispensación) y, luego de la Segunda Venida de Cristo, al final de la Gran tribulación, comenzara la séptima y última dispensación: el Reinado Milenial de Cristo (Apocalipsis, 20:4).


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA