jueves, 31 de octubre de 2019

EL CAMINO DE CAIN: LA SENDA DE UNA RELIGIÓN SIN SANGRE


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No son nuestras obras

Pablo escribe:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Pablo dice que la causa de la salvación es la gracia (cuando dice “por gracia sois salvos”) y que la fe es el medio (cuando dice “por medio de la fe”) y que la salvación (que es por gracia, por medio de la fe) es un “don” de Dios. La palabra “don” significa aquí “regalo”. Es decir, para Pablo la salvación es un regalo de Dios respecto del cual no tenemos que hacer nada para recibirlo (solo tener fe). Y un regalo es exactamente eso: algo que recibimos sin haber hecho absolutamente nada para merecerlo. Pablo también dice que la salvación no es por obras “para que nadie se gloríe”, es decir, para que nadie pueda jactarse (delante de Dios) de haberse salvado por sus propios medios.

Para Pablo la fe es el “boleto de entrada” a la gracia (la verdadera causa de la salvación):

Romanos, 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

En el lenguaje de Pablo, la palabra “justificados” significa “salvos”, de modo que lo que Pablo está diciendo es “salvos por fe, tenemos paz para con Dios por medio de Jesucristo, por quien tenemos entrada, por la fe, a esta gracia” (la verdadera causa de la salvación).

Pablo sigue escribiendo:

Romanos, 3:22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 3:24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 

En el lenguaje de Pablo, la palabra “justicia” significa salvación y dice que “la salvación de Dios es por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen, porque no hay diferencia”, dice Pablo. ¿Entre quienes?. Entre creyentes e incrédulos. ¿Por qué?. Porque “todos” (creyentes e inconversos) pecaron y por eso (todos) están destituidos de la gloria de Dios. Por eso, solo los que creen (no todos) son “justificados” (salvos) por su gracia, por medio de la obra de redención de Cristo en la cruz.

Para que no queden dudas, Pablo insiste en que nuestra salvación no es por obras:

Tito, 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 

Pablo finaliza con esta categórica sentencia:

Gálatas, 2:21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

En el lenguaje de Pablo, la ley es sinónimo de obras y la palabra justicia, como ya dijimos, significa salvación. Lo que Pablo está diciendo es que si la salvación fuese por nuestras obras entonces Cristo murió en vano.

Si bastara con nuestras obras para salvarnos ¿no hubiese sido más fácil – y menos doloroso – que Cristo hubiese igualmente descendido del cielo a entregarnos su evangelio y el que creía se salvaba y el que no se condenaba?. ¿Cuál es el verdadero peso de la cruz en la ecuación de la salvación?. ¿Sera que necesitamos inicialmente 100% de la cruz para salvarnos y luego son nuestras obras las que nos “mantienen” salvos?. ¿Fue la cruz el “anticipo pagado” por nuestra salvación y luego quedamos pagando el “resto de las cuotas” con nuestras propias obras?. En suma ¿será que somos participes de nuestra salvación junto con Cristo?.

Esta herejía (que ya veremos de donde viene) dice que participamos de nuestra salvación con nuestras obras.

Pero el 100% de la gloria por nuestra salvación es de Dios, por dos razones:

[1] Dios no comparte su gloria con nadie:

Isaías, 42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

[2] las mejores obras, de los mejores hombres son, delante de Dios, trapos sucios:

Isaías, 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia;

En la época de Isaías, los “trapos de inmundicia” eran los trapos que contenían la menstruación de las mujeres. Así son nuestras obras (nuestra propia justicia) delante de Dios.

Desde ya el evangelio predicado por Pablo tuvo sus enemigos, no tanto en griegos y romanos sino, más bien, en los falsos maestros judaizantes, a los cuales podemos ver en acción en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por Lucas como complemento de su Evangelio:

Hechos, 15:5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Aquí la ley de Moisés y la circuncisión son sinónimos de obras, es decir, estos falsos maestros negaban la gracia que predicaba Pablo añadiendo obras a la fe necesaria para la salvación. Estos (falsos) maestros judaizantes, fariseos en cuanto a la ley, decían a los nuevos convertidos al cristianismo:

[a] si eran judíos, que no debían abandonar el judaísmo, es decir, que debían seguir guardando la ley de Moisés; y

[b] si eran gentiles (no judíos), que, antes de convertirse al cristianismo, primero tenían que convertirse al judaísmo y circuncidarse;

Algunos de estos falsos maestros ya se habían infiltrado en la iglesia de Galacia. Por esto Pablo escribe la carta a los Gálatas, para combatir este problema:

Primero, Pablo les pregunta a los gálatas con ironía:

Gálatas, 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? 3:3 ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?.

Obviamente Pablo sabía y predicaba que el Espíritu Santo (y la salvación) se recibían por la fe (no por obras). Luego, en un intento por hacerles ver su error, les explica: 

Gálatas, 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 5:2 He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. 5:3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 5:4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

Pablo les escribe a los gálatas, que estaban siendo influenciados por estos falsos maestros judaizantes, para que se mantengan firmes en “la libertad con que Cristo los hizo libres de (guardar) las obras de la ley” y para que no vuelvan a colocarse ese yugo otra vez.

Y a los que se querían circuncidar y justificar por la ley, es decir, a los que pretendían “salvarse por las obras”, les dice “de Cristo os desligasteis” y “de la gracia habéis caído”. Pablo les aclara además que, aquellos que estaban rechazando la gracia y pretendían salvarse por las obras de la ley, tendrían que “guardar toda la ley”.

¿Por qué Pablo dice esto?. Por lo que dice Santiago en:

Santiago, 2:10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto se hace culpable de todos.

El evangelio que predico Pablo es un evangelio de “gracia + fe”. El (falso) evangelio que se levantó contra el (verdadero) evangelio de Pablo es un evangelio de “fe + obras”. Satanás es astuto y sabe que no puede eliminar la fe de la ecuación de la salvación. Por eso trata de reemplazar la gracia divina por las obras humanas.

Pablo dice que somos salvos por gracia, por medio de la fe y no por obras (Efesios, 2:8-9). Pero muchos piensan que somos salvos, además, por nuestras obras.

Y he aquí la disputa:


Si la Biblia es tan contundente en cuanto a que la salvación no es por obras (Efesios, 2:8-9, Tito, 3:5) ¿por qué este falso evangelio de obras ha logrado penetrar en la iglesia?.

[+] En la iglesia católica, este falso evangelio de obras no solo ha penetrado sino que domina totalmente su teología en materia de salvación. Para los católicos, las obras tienen tanto peso que directamente creen que participan de su salvación con sus propias obras, a punto tal que las buenas obras son vistas como una “moneda de pago” para comprar la salvación. No de otra concepción deriva la importante obra caritativa llevada a cabo por el catolicismo romano (el fin es loable, pero la motivación es equivocada).

[+] En la iglesia protestante, este falso evangelio de obras también ha penetrado pero, a diferencia de la iglesia católica, domina parcialmente su doctrina en materia de salvación y es aquí donde este falso evangelio se viste de herejía porque, mientras el catolicismo romano es un cristianismo totalmente infiltrado y prostituido, el protestantismo fue fundado por Martin Lutero (y sus precursores) para preservar la verdadera iglesia de Jesucristo.

Este falso evangelio de obras fue rechazado por los principios fundacionales de la Reforma Protestante, que pueden resumirse en las famosas “cinco solas”:

[1] sola scriptura (solo la Escritura);
[2] sola fide (solo la fe);
[3] sola gratia (solo la gracia);
[4] solus Christus (solo Cristo); y
[5] soli Deo gloria (la gloria solo para Dios);

Afirmar que la salvación es por gracia (sola gratia), por medio de la fe (sola fide)  y no por obras, como lo afirma la Biblia en Efesios, 2:8-9 (sola scriptura), implica reconocer que la salvación es solo por Jesucristo (solus Christus) y que toda la gloria por nuestra salvación es solo para Dios (soli Deo gloria).

Podemos ver, entonces, que la teología protestante pura rechaza de plano este falso evangelio de obras (esta herejía).

Pero ¿qué lugar ocupan las obras en la teología protestante?.

Los protestantes no afirmamos que un cristiano no tenga que tener obras. Las obras, en definitiva, son la manifestación externa (el fruto) de la fe que decimos tener. Lo que intentamos decir es que, esas obras, no nos salvan por la sencilla razón de que no son nuestras sino de Dios. Y es ahora cuando todos los pasajes de Efesios, 2 escritos por Pablo cobran sentido:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe. 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Las buenas obras en las que se manifiesta nuestra fe, como dice Pablo, fueron preparadas por Dios de antemano, es decir, están totalmente inspiradas por el Espíritu Santo. No son nuestras. No somos salvos por nuestras obras sino que somos capaces de hacer buenas obras porque somos salvos, es decir, porque el Espíritu Santo mora en nosotros.

El origen de esta herejía

Pero, al igual que sucede con la herejía de la “Nueva Era”, que de “nueva” no tiene nada sino que, por el contrario, es muy antigua, este falso evangelio de obras (otra herejía) no surge de una simple disputa doctrinal entre católicos y protestantes sino que, también, viene de mas atrás (casi desde el principio).

Las consecuencias de la desobediencia de Adán y Eva en el Huerto del Edén son bastante conocidas:

[+] Dios maldijo a la serpiente (Génesis, 3:14) y a la tierra, por causa de Adán (Génesis, 3:17);
[+] Eva sufriría dolores de parto y quedaría sujeta a su marido (Génesis, 3:16);
[+] Adán comería de la tierra con dolor (Génesis, 3:17) y con el sudor de su rostro comería el pan (Génesis, 3:19); y
[+] Dios prometió una simiente de la mujer (el Mesías), que entraría en enemistad con la simiente de la serpiente y le aplastaría la cabeza (Génesis, 3:15);

En Génesis, 4 se nos relata que Eva concibe de Adán a Caín:

Génesis, 4:1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.

Eva pensó que su hijo Caín era la simiente prometida en Génesis, 3:15. En Génesis, 4:1 Eva dijo “por voluntad de Jehová he adquirido varón”. Caín significa precisamente "adquirido". Se miraba al niño como un don (regalo) de Dios.

Génesis, 4:2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. 

Luego Eva concibió a Abel. El nombre Abel significa "vanidad, vapor". Ya desde el mismo principio vemos una división del trabajo: mientras a Caín se lo identifica con la tierra y con el oficio de labrador, a Abel se lo asocia con el ganado y con el oficio de pastor. Y, como Dios ya había maldecido la tierra (Génesis, 3:17), Caín (como labrador de la tierra) quedo asociado a esa maldición.

Un día ambos (Caín y Abel) trajeron ofrendas al Señor:

Génesis, 4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4:4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 4:5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. 

Por la Palabra de Dios sabemos que Abel trajo su ofrenda por fe:

Hebreos, 11:4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.

Por la Palabra de Dios, sabemos que la fe viene por el oír:

Romanos, 10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. 

Si la fe viene por el oír, entonces Dios debe haber enseñado a Adán y a su familia como acercarse a Él, luego de la expulsión del paraíso. La gloria de Dios habitaba en el árbol de la vida (el otro árbol del paraíso, además del árbol de la ciencia del bien y del mal) pero el acceso a él había quedado restringido con el querubín custodiando el camino.

Por la Palabra de Dios, sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios:

Hebreos, 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 

Además de la fe, Adán también sabía que el acercamiento a Dios debía incluir un sacrificio de sangre, ya que resulta obvio que Dios mato un animal para vestirlos con “túnicas de pieles”:

Génesis, 3:21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. 

Por la Palabra de Dios, sabemos que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados:

Hebreos, 9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

Aun sabiendo que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos, 11:6) y que, sin derramamiento de sangre, no puede haber remisión de pecados (Hebreos, 9:22), Caín trajo de la tierra maldita una ofrenda "sin sangre" (verduras). Aunque tal vez fue sincera, su ofrenda no fue aceptada por Dios. Caín no tenía fe en la Palabra de Dios, ni dependencia en el sacrificio (de sangre) de un sustituto, como si las tuvo Abel.

Caín tenía cierta forma de piedad y religión, pero negó el poder:

2 Timoteo, 3:5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 

Caín era del maligno (hijo del diablo):

1 Juan, 3:12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. 

Y, como tal, practicaba una falsa justicia en la carne y no la justicia de Dios por la fe. Jesús llamo "hijos del diablo" a los fariseos:

Juan, 8:44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.

Y culpó a los fariseos y a los de su calaña (que se auto justificaban), por la muerte de Abel:

Lucas, 11:51 desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación. 

Judas habla acerca del "camino de Caín", que es la senda de la "religión sin sangre", es decir, de la religión basada en las obras humanas y en la justicia propia.

Judas, 1:11 ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.

La descendencia de Caín:

[+] Lamec (Génesis, 4:19) fue el primero que rechazo el principio de monogamia ordenado por Dios (Génesis, 2:24);
[+] Jabal (Génesis, 4:20) el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados;
[+] Jubal (Génesis, 4:21) el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta;
[+] Tubal Caín (Génesis, 4:22) artífice de toda obra de bronce y de hierro;

La familia impía de Caín desarrollo y centro su vida en torno a las artes seculares y los negocios, estableciendo un procedimiento de confianza en sí mismos (auto confianza). Caín y sus descendientes fueron los pioneros de la civilización humana que no conoce a Dios. Una motivación fundamental en todas las sociedades humanísticas es la tentativa por vencer la maldición de Caín y recobrar el paraíso sin sumisión a Dios.

En otras palabras, el sistema mundial, en su rebelión contra Dios, está fundado en el principio de auto redención de la raza humana.

La descendencia de Set:

Génesis, 4:25 Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín. 4:26 Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

Set y su descendencia, por el contrario, “comenzaron a invocar el nombre de Jehová” a fin de expresar su dependencia de Él. De esta manera, se fueron desarrollando en la tierra dos grupos familiares fundamentalmente distintos: los piadosos y los impíos.

Sacando el ateísmo y las religiones falsas, solo hay dos tipos de cristianismo en el mundo actual:

[1] el de Abel (y luego el de Set y sus descendientes), que depende de la sangre de Cristo y en el que el 100% de la gloria por nuestra salvación se la lleva Dios; y

[2] el de Caín, que no depende 100% de la sangre de Cristo sino, además, de las obras humanas, que busca la auto redención y en el que Dios no puede llevarse el 100% de la gloria por nuestra salvación;

El primero conduce al cielo. El segundo, al infierno.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA