martes, 5 de noviembre de 2019

LA INOCENCIA


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Introducción

Jack Kelley, el reconocido ensayista bíblico norteamericano (lamentablemente fallecido en el otoño americano de 2015), observa:

La palabra griega de la que proviene la palabra dispensación solamente aparece siete veces en el Nuevo Testamento y solamente la traduce Pablo como tal en dos ocasiones:

Efesios, 1:10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 

Efesios, 3:9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; 

Otros significados de esta palabra son comisión, mayordomía, administración, y economía.

Los que somos dispensacionalistas creemos que, a través de la historia, Dios ha tratado con la humanidad en diferentes maneras y en diferentes tiempos como parte del proceso de revelar Su carácter y Su plan para la humanidad y llamamos a estos diferentes períodos “dispensaciones”.

Por ejemplo, así como la salvación siempre ha sido por la fe, el camino a la salvación a través de la mayor parte del Antiguo Testamento era a través de Israel y requería también la obediencia a la Ley. Pero ese no es el caso durante la Era de la Iglesia.

Por consiguiente la manera como Dios trató con Israel en el Antiguo Testamento se llevó a cabo durante una dispensación diferente a la forma como Él está tratando con la Iglesia en el Nuevo Testamento. ¿Se entiende el punto?.

Las dispensaciones divinas son siete:

[1] la inocencia;
[2] la conciencia;
[3] el gobierno humano;
[4] la promesa;
[5] la ley;
[6] la gracia; y
[7] el reinado milenial de Cristo (Apocalipsis, 20:4);

Las primeras cinco se han cumplido, la sexta está en proceso de cumplimiento y la séptima comenzara a cumplirse luego del rapto de la iglesia (1 Corintios, 15:51-52, 1 Tesalonicenses, 4:15-17).

En el presente estudio nos centraremos en la primera dispensación: la inocencia.

Introducción

Esta dispensación tuvo lugar entre la Creación y la Caída del Hombre en el Paraíso Terrenal. Dios interactuó libre y personalmente con Adán y Eva durante este período. Luego ellos dos rompieron la única condición que Él les había puesto (Génesis, 2:16-17) y fueron expulsados del Paraíso. El pecado entró al mundo.

La creación del cielo y la tierra

Génesis, 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 

En el principio significa “en el remoto pasado”. A partir de Génesis, 1:2 Dios no crea nada sino que compone y ordena, da forma y crea la vida sobre la tierra (plantas, peces, animales y el hombre). Los cielos y la tierra fueron creados con anterioridad a los 6 días de la creación (en un pasado remoto). La Biblia no da detalles de ese remoto pasado porque comienza con la era del hombre.

Isaías, 45:18 Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; 

La creación del hombre

Génesis, 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

El dar vida a los seres humanos se describe como resultado de un acto especial de Dios a diferencia de la creación de todos los demás seres vivos. Dios impartió vida y aliento al primer hombre de una manera específica, indicando que la vida humana es superior y está en una categoría diferente de todas las demás formas de vida y que la vida divina y humana tienen una relación sin igual (Génesis, 1:26-27). Mientras que el resto de los seres vivientes fueron creados por la Palabra, Dios creo al hombre de manera distinta: con sus manos y soplando en su nariz aliento de vida.

Génesis, 2:8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

El huerto estaba situado cerca del rio Tigris (llamado "Hidekel" en Génesis, 2:14) y del terreno aluvial del rio Éufrates (Génesis, 2:14). Algunos creen que estaba ubicado en lo que ahora se conoce como el sur de Iraq. Otros opinan que no hay suficiente información en el relato bíblico (Génesis, 2:10-14) para determinar una ubicación específica.

Génesis, 2:9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 

En el huerto tenían importancia especial dos árboles:

[1] Es probable que el "árbol de la vida" tuviera el propósito de imposibilitar la muerte física. Está relacionado con la vida eterna en Génesis, 3:22 (Apocalipsis, 2:7). El pueblo de Dios tendrá acceso al árbol de la vida en el cielo nuevo y la tierra nueva (Apocalipsis, 2:7, 22:2).

[2] El "árbol de la ciencia del bien y del mal" estaba dedicado a probar la fe y la obediencia de Adán a Dios y a su Palabra (Génesis, 2:17).

Génesis, 2:18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 

Génesis, 2:21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 2:22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 2:23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 

Del costado (de una costilla) de Adán Dios hizo a la mujer (Eva). Jesucristo es el segundo Adán (1 Corintios, 15:45-47) y de su costado traspasado nació la iglesia:

Juan, 19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 

La caída

La única regla que Adán y Eva tenían que cumplir era la siguiente:

Génesis, 2:16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 2:17 más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

De este pasaje surge que había sido Adán con quien Dios había hablado acerca de esto (no con Eva).

Pero apareció la serpiente:

Génesis, 3:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 3:2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3:3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

El árbol del que no podían comer era “el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis, 2:17) pero el árbol al que se refiere Eva, cuando habla con la serpiente, es “el árbol que está en medio del huerto” que era, en realidad, “el árbol de la vida” (Génesis, 2:9). O sea que Eva, según parece, no tenía claro cuál era el árbol del que no podían comer, ya que Dios solo había hablado con Adán acerca de esto (Génesis, 2:17).

Génesis, 3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 3:5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

Satanás apunto a la mente de Eva y tuvo éxito en engañarla. La mente del hombre es una parte de su ser creado a imagen de Dios (Génesis, 1:26-27), de modo que satanás ataca a Dios cuando ataca la mente humana.

Mientras que la mente se aferre a la verdad de Dios, satanás no puede ganar. Pero, una vez que la mente duda de la Palabra de Dios, se abre una puerta para que se introduzcan las mentiras del diablo. Satanás cuestiona la Palabra de Dios (Génesis, 3:1), la niega (Génesis, 3:4) y luego la sustituye con sus mentiras (Génesis, 3:5).

Satanás, desde el principio de la raza humana, ha tentado a los seres humanos para que crean que pueden ser "como Dios" y decidir por sí mismos lo que es bueno y lo que es malo.

[1] Los seres humanos, al procurar ser "como Dios", se independizaron del Dios Todopoderoso y, como tales, se convirtieron en falsos dioses (Génesis, 3:22, Juan, 10:34). Ahora procuran obtener de su propia mente el conocimiento moral y el criterio ético y desean independencia de la Palabra de Dios. No obstante, solo Dios tiene derecho de determinar lo que es bueno y lo que es malo.

[2] Las Escrituras declaran que todos los que procuran ser dioses desaparecerán "de la tierra y debajo de los cielos" (Jeremías, 10:10-11). Este será igualmente el destino del anticristo, quien se hará "pasar por Dios" (2 Tesalonicenses, 2:4).

Génesis, 3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

En este pasaje vemos materializado lo que escribió el apóstol Juan:

1 Juan, 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

[1] los deseos de la carne (“bueno para comer”);
[2] los deseos de los ojos (“agradable a los ojos”); y
[3] la vanagloria de la vida (“codiciable para alcanzar sabiduría”);

Por otra parte, Pablo escribe:

1 Timoteo, 2:13 Porque Adán fue formado primero, después Eva; 2:14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.

Pablo destaca que Adán comió voluntariamente del fruto prohibido y no lo engañaron como a Eva. Adán estaba dispuesto a convertirse en pecado con tal de quedarse con su esposa.

Génesis, 3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Génesis, 3:8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 3:9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 3:10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

Cuando Adán y Eva pecaron, sintieron vergüenza y se cubrieron con hojas (Génesis, 3:7). Este ropaje precario, hecho con hojas (que representan sus buenas obras), fue un ropaje que Dios no aceptó (y tampoco lo acepta hoy). Es Dios el que da vestiduras nuevas. Es Dios el que quita el pecado y purifica y no nuestras propias obras. Al sacerdote Josué se les quitaron sus ropas viles (el pecado) y fue vestido con ropas de gala (Zacarías, 3:3-4).  El hijo pródigo fue vestido de nuevo cuando regresó a casa (Lucas, 15:22). Los vestidos de justicia propia y buenas obras son como trapos de inmundicia delante de Dios (Isaías, 64:6).

Génesis, 3:11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. 3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

Mientras Eva culpo a la serpiente (“la serpiente me engaño”), Adán culpo directamente a Dios (“la mujer que me diste como compañera”). El verdadero responsable fue sin dudas Adán. Cuando Dios le dice que no coma del “árbol de la ciencia del bien  y del mal” (Génesis, 2:17), Eva ni siquiera había sido creada, lo cual ocurre después (Génesis, 2:21-23).

Satanás causo la caída de la raza humana mediante el engaño. ¿Cuál fue el engaño?. Decirles que, si comían del árbol de la ciencia del bien y del mal “serian como Dios”. Pero Adán y Eva ya eran como Dios. Adán fue creado a imagen de Dios (Génesis, 1:26), inmortal, con un talento y una destreza que nosotros hoy ni siquiera podríamos imaginar. Lo mismo fue con Eva. Ambos estaban llenos de bien y de pureza, y caminaban y hablaban con Dios.

Solamente tenían una regla y solamente la desobedecieron una vez. Pero cuando lo hicieron, a pesar del hecho de que el bien en ellos sobrepasaba en mucho al mal, y a pesar de que solamente cometieron un pecado, las consecuencias fueron desastrosas:

[+] Dios maldijo a la serpiente (Génesis, 3:14) y a la tierra, por causa de Adán (Génesis, 3:17);

[+] Eva sufriría dolores de parto y quedaría sujeta a su marido (Génesis, 3:16); y

[+] Adán comería de la tierra con dolor (Génesis, 3:17) y con el sudor de su rostro comería el pan (Génesis, 3:19);

Todos lamentamos ahora las consecuencias producidas por este acto de desobediencia.

Como escribió Pablo:

Romanos, 5:18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres

Sin embargo, Adán y Eva eran relativamente buenos, quizás mucho más que la mayoría de nosotros, porque la Biblia no menciona ningún otro pecado en sus vidas. Ellos tenían una sola regla, y cuando desobedecieron ya nada más importo. No hubo ninguna negociación, ningún peso colocado en la balanza. Ellos recibieron lo que el Señor les advirtió que recibirían.

Pero las cosas no iban a quedar así

Génesis, 3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Este pasaje contiene la primera promesa implícita del plan de redención de Dios para el mundo. Hablar de la “simiente” de la mujer, en principio, no tiene mucho sentido porque el portador de la simiente es el varón. No obstante, esta profecía alude al nacimiento virginal del Mesías, sin la intervención de un varón.

Este pasaje predice la victoria final para la humanidad y para Dios sobre Satanás y el mal al profetizar un conflicto espiritual entre la "simiente" de la mujer (el Señor Jesucristo) y la "simiente" de la serpiente (Satanás y sus seguidores). Aquí Dios prometió que Cristo nacería de una mujer (Isaías, 7:14) y que sería "herido" mediante su crucifixión. Sin embargo, El resucitaría de entre los muertos para destruir ("herir") del todo a Satanás, el pecado y la muerte a fin de salvar a la raza humana (Isaías, 53:5, Mateo, 1:20-23, Juan, 12:31, Hechos, 26:18, Romanos, 5:18-19, 16:20, 1 Juan, 3:8, Apocalipsis, 20:10).

Jesucristo fue el “segundo Adán”, el que restauraría todas las cosas:

1 Corintios, 15:45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. 15:46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 15:47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

1 Corintios, 15:21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 15:22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 

Romanos, 5:18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 5:19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

La expulsión del paraíso

Génesis, 3:21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

Este pasaje demuestra que Dios sí quiso que Adán y Eva se cubrieran ya que Él aprobó su sentido de vergüenza.

Génesis, 3:22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. 3:23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. 3:24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

La expulsión de Adán y Eva del huerto del Edén es una muestra de la gracia de Dios: si Adán y Eva hubiesen permanecido en el huerto y hubiesen comido del árbol de la vida, hubiesen vivido para siempre en estado pecaminoso, con lo cual el Salvador (Jesucristo) no hubiera podido venir a morir para librar a los hombres del pecado. De esta forma, al echar a Adán y Eva del paraíso, Dios mostraba su gracia y misericordia a toda la raza humana.

Palabras finales

Al estudiar la primera vez que un concepto importante se menciona en las Escrituras, generalmente descubrimos pistas que nos ayudan a comprender situaciones posteriores similares. Los eruditos se refieren a esto como el “principio de la primera mención”.

Adán tenía que aceptar por fe lo que Dios le había dicho: que si comía del árbol de la ciencia del bien y del mal, ciertamente moriría (Génesis, 2:16-17). Al igual que Adán, nosotros hoy tenemos que aceptar por fe lo que Dios nos dice en su Palabra. Nosotros también tenemos una sola regla y, si la desobedecemos, recibiremos lo que el Señor nos advirtió que recibiríamos. ¿Cuál es la regla?.

Que creamos en el enviado de Dios:

Juan, 6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Allí lo tenemos. Esa es la única regla para la humanidad. Creer en El que Él ha enviado (Juan, 6:28-29). Es nuestro equivalente de “no comerás de ese árbol” (Génesis, 2:16-17). Es lo único que Dios requiere. Si desobedecemos, ya nada más importara.


QUE DIOS LOP BENDIGA A TODOS!!!
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA