Puedes bajar este post como archivo de Word pinchando Aqui Introducción
El amor es un sentimiento
abstracto y universal que experimentamos todas las personas de
diversas maneras. El amor puede ser interpretado de diferentes maneras según
el contexto y la relación sentimental a la que se haga referencia. En la Antigüedad los griegos
se dedicaron a buscar distintas maneras de entender y explicar qué es el amor y
cómo lo vive el ser humano.
En consecuencia, surgieron un
gran número de relatos como las comedias, tragedias, épicas y líricas, repletos
de pasión, atracción, obsesión, ternura, complicidad, interés y sensualidad, a
fin de contextualizar el amor.
Según los griegos, el amor es
el sentimiento responsable de muchas de nuestras acciones, decisiones y estados
de ánimo.
Por ello, propusieron cuatro
tipos o clasificaciones de amor a modo de explicar este sentimiento tan
complejo que todos hemos experimentado cuando amamos. Estos son: Eros, Storgé,
Philia y Ágape.
El
amor “Eros”
El amor “Eros” representa
el amor pasional y erótico. En la mitología griega, Eros es el dios
que simboliza el amor romántico, la pasión e impulsividad. Puede ser el primer
paso para llegar a un amor más profundo y duradero si se sabe canalizar su
intensidad.
Este tipo de amor se
caracteriza por experimentar la atracción física, sexual e instintiva. Se
relaciona con el amor efímero, el que se genera al principio de la relación e
idealiza el momento mezclando el deseo y atracción sexual.
El amor Eros al ser altamente
impulsivo y carnal puede conllevar a las infidelidades.
El
amor “Storgé”
Los griegos clasificaron como “Storgé”
al amor fraternal, amistoso y comprometido. Es un amor que crece a lo largo del
tiempo y se relaciona con las relaciones familiares y de amistad, por ello se
caracteriza por ser un amor leal e, incluso, protector.
A diferencia del amor Eros,
este no es pasional ni impulsivo y se puede dar entre personas o personas y
mascotas.
Un ejemplo de este tipo de
amor es el de una amistad que se ha ido construyendo poco a poco a través de
los años y en la cual se destaca el compromiso y lealtad de los amigos. También
se puede mencionar las demostraciones de cariño entre familiares.
El
amor “Philia”
Se denomina como “Philia”
al amor que existe entre amigos, el amor al prójimo, que busca el
bien común y se expresa a través del respeto, solidaridad,
cooperación y compañerismo. Se dice que es uno de los amores más bonitos que
existen.
Philia es un amor que se
caracteriza por ser desinteresado y que se basa en el
compañerismo, que se alegra cuando el otro es feliz y está bien. No involucra
un amor pasional ni atracción sexual.
Ejemplo de Philia son aquellas
amistades de vieja data, leales y comprometidas, en las que muchas veces se
comparte más tiempo con los amigos que con las parejas, sin que eso indique
otro tipo de amor que no sea el fraternal.
El
amor “Ágape”
Los griegos denominaron como “Ágape”
al amor más puro e incondicional que existe. Se refiere a un amor
que es generoso, consciente de sus deberes, un amor espiritual y profundo, cuya
prioridad es el bienestar del ser amado.
El amor Ágape se caracteriza
por ser universal, es decir, es el amor que se tiene a una persona, animal,
naturaleza, deidad (devoción religiosa). No es pasional, incluso, quienes aman
de esta manera están dispuestos a apartarse de la relación por el bien del ser
amado.
El amor Ágape no busca su
placer propio, al contrario, encuentra satisfacción al dar amor. Por ello, es
considerado como un amor sensible, tierno, cuidadoso y amable.
El
amor en la Biblia
El amor al que mayormente hace
referencia la Biblia es al “amor Ágape”, que es el amor de Dios.
Según Pablo, lo que caracteriza
a este amor es:
1 Corintios, 13:4 El amor es
sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se
envanece; 13:5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no
guarda rencor; 13:6 no se goza de la injusticia, más se goza de la
verdad. 13:7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta.
Pablo coloca este amor por
encima de cualquiera de los dones del Espíritu y de cualquier acto individual
de despojo en favor de los demás:
1 Corintios, 13:1 Si yo hablase
lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que
resuena, o címbalo que retiñe. 13:2 Y si tuviese profecía, y entendiese
todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que
trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 13:3 Y si repartiese
todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para
ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
1 Corintios, 13:8 El amor
nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la
ciencia acabará.
El apóstol Juan, por su parte,
nos habla de cómo se manifestó este “amor Ágape” de Dios para con nosotros:
1 Juan, 4:7 Amados, amémonos
unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios,
y conoce a Dios. 4:8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es
amor. 4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios
envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
Finalmente, dos de estos tipos
de amor aparecen en los siguientes pasajes del Evangelio de Juan, cuando
Jesucristo (ya resucitado) le pregunta a Pedro si lo ama, tres veces:
Juan, 21:15 Cuando hubieron
comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que
éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le
dijo: Apacienta mis corderos. 21:16 Volvió a decirle la segunda
vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor;
tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 21:17 Le dijo la
tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de
que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes
todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
La pregunta más importante que
Pedro jamás tuvo que contestar fue si él tenía un devoto amor por su Señor.
Aquí se emplean dos palabras griegas para amor:
[1] La primera es “agapao” (Ágape),
que significa un amor inteligente y determinado, sobre todo de la mente y la
voluntad;
[2] La segunda es “fileo”
(Philia), que implica un caluroso afecto natural de las emociones, que es un
amor afectivo más personal;
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Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido es el mismo que el expuesto mas abajo):
Introducción
Un “sacramento” es
un acto mediante el cual el creyente manifiesta su relación con Dios. La palabra “sacramento” proviene
del latín “sacramentum” que, a su vez, proviene de la unión de dos
raíces latinas: “sacrare” (verbo que significa “hacer santo”) y “mentum” (que
significa “instrumento o medio para"). Por tanto, la palabra “sacramento”
gramaticalmente significa “instrumento para hacer santo”.
En el presente estudio nos
detendremos sobre uno de los sacramentos comúnmente aceptados dentro del
cristianismo, tanto por católicos como por protestantes (estos últimos en sus
diversas denominaciones) y es el sacramento del “bautismo en agua”.
Veremos lo que el “bautismo en
agua” represento al inicio de la iglesia y analizaremos si este sacramento hoy
tiene alguna relevancia en términos espirituales.
Comenzamos
El Espíritu Santo viene, como mínimo,
dos veces sobre una persona:
[1] al ser salvos, es decir, al oír el evangelio de
la salvación con fe (Gálatas, 3:2, Efesios, 1:13-14); y
[2] al ser bautizados en el Espíritu Santo (Mateo,
3:11): este “bautismo en el Espíritu Santo” (prometido por Jesús en Hechos, 1:8 y cumplido en Hechos, 2:1-4) no es para salvación sino para
recibir poder y ser equipado con algunos de los nueve dones del Espíritu
Santo (1 Corintios, 12:8-10), siendo una señal distintiva de haber recibido
este bautismo especial el "hablar nuevas lenguas";
Los primeros que recibieron el
Espíritu Santo con fines de salvación fueron los apóstoles y ocurrió cuando un
Cristo resucitado soplo sobre ellos:
Juan, 20:22 Y habiendo dicho
esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
Algunos sostienen que la
iglesia nació cuando el soldado romano atravesó con una lanza el costado del Señor, de donde
salió sangre y agua: Juan, 19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salio sangre y agua. Otros (con quienes estamos de acuerdo) sostienen que la
iglesia nació aquí, en Juan, 20:22, cuando el Señor soplo sobre los apóstoles
para que recibieran el Espíritu Santo.
Pero la promesa del Espíritu
Santo con fines de bautismo la dio Jesús en:
Hechos, 1:8 pero
recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me
seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de
la tierra.
Y se cumplió en:
Hechos, 2:1 Cuando llegó el
día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2:2 Y de repente
vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó
toda la casa donde estaban sentados; 2:3 y se les aparecieron lenguas
repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 2:4 Y fueron
todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les daba que hablasen. Cabe destacar que la promesa del bautismo en el Espíritu Santo sigue vigente hoy día para todos los cristianos miembros de la iglesia de Jesucristo.
El
comienzo
Cuando la iglesia comenzó,
Dios uso a los Apóstoles (Pedro, Santiago, Juan, etc.). Los gentiles (los no judíos),
por entonces, no estaban incluidos, siendo la salvación solamente para los
judíos. Así lo declara Jesús cuando una mujer cananea le ruega por su hija,
que estaba siendo atormentada por un demonio:
Mateo, 15:24 El respondiendo,
dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
El énfasis estaba puesto en
QUIEN era Jesús, en su nombre y en el bautismo en agua:
Hechos, 2:38 Pedro les dijo:
Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Es decir, el perdón de los
pecados y el Espíritu Santo (por primera vez) se recibían por inmersión en las
aguas.
El cambio de paradigma
Pero
hubo, en el medio, un cambio de paradigma, como lo muestra el Libro de los
Hechos de los Apóstoles, motivado, básicamente, por dos acontecimientos:
[1]
el rechazo del Mesías, por parte de los judíos; y
[2]
la vuelta de Dios a los gentiles (como consecuencia de lo anterior);
El
Libro de los Hechos de los Apóstoles (escrito por Lucas como complemento de su
evangelio), es un libro de transición entre los llamados “evangelios sinópticos”
(Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y las cartas (epístolas) de Pablo. No por
capricho el Libro de los Hechos esta puesto, dentro del canon, entre esos
libros.
Dentro
del Libro de los Hechos de los Apóstoles (que ya es una bisagra en si misma), a
su vez, hay un capitulo (bisagra de bisagras) que es Hechos, 15, donde se
celebró el famoso “Concilio de Jerusalén”. ¿Qué se discutió en este Concilio?.
Que se necesita para ser salvos, nada más y nada menos. Y podemos ver cómo
tanto Pedro primero (Hechos, 15:7-11) y Santiago luego (Hechos, 15:13-29) se
encolumnan detrás del evangelio que el Señor revelo a Pablo.
El rechazo del Mesías y la
vuelta de Dios a los gentiles
A pesar de que, según vimos en
Mateo, 15:24, el Mesías había venido solo para Israel, Jesús fue rechazado por
los judíos en no menos de tres ocasiones:
[1] el rechazo de Juan el Bautista:
Los líderes religiosos de Israel
(fariseos y saduceos) estaban enfrentados con Juan el Bautista:
Mateo, 3:7 Al ver él que
muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, [Juan] les
decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 3:8
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
Llegando a acusarlo de tener
demonios, como luego hicieron con Jesús:
Lucas, 7:33 Porque vino
Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. 7:34 Vino
el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y
bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
[2] el rechazo de Jesús como
Mesías:
Los judíos rechazaron
abiertamente al Mesías, exigiendo su crucifixión:
Mateo, 27:22 Pilato les dijo:
¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea
crucificado! 27:23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho?
Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 27:24
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y
se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de
este justo; allá vosotros. 27:25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo:
Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
[3] la muerte de Esteban:
Esteban acuso a los judíos (a
sus líderes religiosos) de resistir al Espíritu Santo:
Hechos, 7:51 ¡Duros de cerviz,
e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo;
como vuestros padres, así también vosotros.
Y fue apedreado:
Hechos, 7:58 Y echándole fuera
de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los
pies de un joven que se llamaba Saulo. 7:59 Y apedreaban a
Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi
espíritu. 7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes
en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. 8:1 Y Saulo
consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la
iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de
Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
Rechazado el Mesías por
Israel, Dios se volvió a los gentiles (no judíos), como bien profetizo Amos:
Amos, 9:11 En aquel día yo
levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré
sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; 9:12 para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto
de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.
Esto puede verse claramente en
el Libro de los Hechos:
[+] En Hechos, 8:26 y ss.
podemos ver la salvación del etíope eunuco (un gentil), guiado por Felipe;
[+] En Hechos, 9 se nos relata
la conversión de Saulo (Pablo), a quien Dios levanto como apóstol a los
gentiles;
Romanos, 11:13 Porque a
vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles,
honro mi ministerio,
[+] En Hechos, 10 y 11 se nos
relata la conversión de varios gentiles (incluido Cornelio, el centurión
romano) solo por creer;
El
evangelio revelado a Pablo
Pablo no aprendió su evangelio
de ningún hombre, sino que le fue revelado por Jesucristo:
Gálatas, 1:11 Mas os hago
saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 1:12
pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de
Jesucristo.
Y una vez recibida la
revelación, Pablo fue y les predico a los apóstoles:
Gálatas, 2:1 Después, pasados
catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a
Tito. 2:2 Pero subí según una revelación, y para no correr o haber
corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el
evangelio que predico entre los gentiles.
¿Y qué es lo que le fue
revelado a Pablo?.
Entre otras cosas:
[+] A Pablo le fue revelado el
Evangelio:
1 Corintios, 15:3 Porque
primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue sepultado, y
que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
El énfasis ahora está puesto
en lo QUE hizo Cristo en la Cruz: que murió por nuestros pecados, fue sepultado
y resucito al tercer día. Ya no somos salvos por el bautismo en agua sino por
la fe en lo que Cristo hizo en la cruz:
Efesios, 2:8 Porque por
gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.
[+] A Pablo le fue revelado
que el Espíritu Santo mora en el creyente:
1 Corintios, 3:16 ¿No sabéis
que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
1 Corintios, 6:19 ¿O ignoráis
que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios
en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Fuimos comprados por precio y
el precio pagado fue la sangre de Cristo:
1 Pedro, 1:18 sabiendo que fuisteis
rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros
padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 1:19 sino con la
sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación,
Ya no es el agua del bautismo
sino la sangre de Cristo la que limpia los pecados.
[+] A Pablo le fue revelado
que el Espíritu Santo se recibe por la fe:
Gálatas, 3:2 Esto solo quiero
saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el
oír con fe?
[+] A Pablo le fue
revelado que el Espíritu Santo, además, es sellado en el creyente
por haber oído con fe el Evangelio (1 Corintios, 15:3-4):
Efesios, 1:13 En él también
vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra
salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo
de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la
redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Y no solamente Pablo recibió
su evangelio por revelación directa de Jesucristo, sino que, además, fue el que puso
los fundamentos doctrinales de la iglesia:
1 Corintios, 3:10 Conforme a
la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el
fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo
sobreedifica. 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que
está puesto, el cual es Jesucristo.
Y, por si esto fuera poco,
Pablo “blindó” (protegió) su evangelio con la siguiente maldición:
Galatas, 1:7 No que haya otro,
sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de
Cristo. 1:8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro
evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
En ninguno de sus escritos
Pablo menciona jamás el bautismo en agua como requisito para alcanzar la
salvación.
La
evolución del pensamiento de Pedro
Pongamos atención, ahora, en cómo
evoluciona el pensamiento de Pedro:
Al principio:
Hechos, 2:38 Pedro les dijo:
Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Al final:
1 Pedro, 1:18 sabiendo que fuisteis
rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros
padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 1:19 sino con la
sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación,
Hechos, 15:11 Antes creemos
que por la gracia del Señor Jesús [los judíos] seremos salvos, de igual
modo que ellos [los gentiles].
Qué evolución de Pedro ¿verdad?.
De ponderar, al principio, el “bautismo en agua para el perdón de pecados”, a
exaltar, luego, la “sangre preciosa de Cristo” y la “gracia del Señor Jesús”
para ser salvos.
Evolución:
Conclusión
Desconocemos si el bautismo en
agua, que sigue siendo practicado en la mayoría de las iglesias evangélicas, tiene
alguna otra consecuencia espiritual. De lo que si estamos seguros es que, desde
que Pablo dejo por escrito lo que le fue revelado por el Espíritu Santo, el
bautismo en agua ya no es necesario ni para el perdón de pecados, ni para ser
salvos, ni para recibir al Espíritu Santo.
Bautizarse en agua, como hemos
visto, no agrega nada. Tampoco quita. Quien quiera bautizarse en
agua que lo haga, pero que tenga claro que la salvación no proviene de sumergirse
en una pileta llena de agua sino por creer en el evangelio que
Jesucristo revelo a Pablo:
1 Corintios, 15:3 Porque
primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue sepultado, y
que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
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Introducción
Supón que estas en un
hospital, al lado de la cama de un moribundo (el escenario no es descabellado ya
que muchos cristianos, de hecho, van a evangelizar a los hospitales).
Te enteras, por boca del propio
moribundo, de que no es salvo. Es más, el moribundo te confiesa su deseo de ser
salvo y te pregunta que tiene que hacer para conseguirlo.
¿Qué le dirías?.
Si yo te pidiera que
escogieras tres versículos de la Biblia, de tres libros distintos en el NT,
donde se nos habla acerca de la salvación ¿qué pasajes escogerías?.
No hay tiempo para bautizar al
moribundo, ni para que, una vez convertido, se congregue, tome la Santa Cena,
salga a evangelizar o haga alguna obra para el reino. No hay tiempo de estudiar
las grandes doctrinas de la Biblia, ni de explicar lo que es el
“dispensacionalismo” o el “calvinismo”. Se muere.
¿Se entiende el punto?.
Yo he pensado en lo siguiente.
Respecto de la SALVACION, deberíamos
hablar acerca de tres cosas:
[1]
el QUE;
[2]
el COMO; y
[3]
el POR QUE;
HABLEMOS DEL “QUE”
El
apóstol Pablo nos dice en QUE consiste el Evangelio de la salvación:
1
Corintios, 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue
sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
Y
esto es lo que hay que predicar:
Que
Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, que fue sepultado y que resucito
al tercer día, todo conforme a las Escrituras.
HABLEMOS DEL “COMO”
Es
también el apóstol Pablo el que nos dice COMO ser salvos:
Romanos,
10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu
corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10:10 Porque con
el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para
salvación.
Pablo
establece lo que podríamos denominar los “requisitos de la salvación” y son
dos:
[1]
debemos confesar (con la boca) que Jesús es el Señor, es decir, que Jesús es Dios;
y
[2]
debemos creer (en el corazón) que Dios (su Padre) lo levanto de entre los muertos, es
decir, que Jesús resucito de los muertos;
HABLEMOS
DEL “POR QUE”
Nuevamente es el apóstol Pablo
el que nos instruye acerca de la causa por la que somos salvos:
Efesios, 2:8 Porque por gracia
sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.
Pablo dice que somos salvos
“por” gracia (la causa de la salvación), por “medio” de la fe (el medio). Luego
dice que la salvación es un don (regalo) de Dios y que “no es por obras” (por
cosas que hagamos), para que nadie se gloríe (para que nadie se jacte de
haberse salvado por sus propios medios).
Romanos, 5:1 Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta
gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la
gloria de Dios.
Para
Pablo, la fe es el “boleto de entrada” a la gracia (la causa de la salvación).
Palabras finales
Elegí
tres pasajes, de tres libros distintos del NT, donde se nos habla acerca de la
salvación:
[1]
1 Corintios, 15:3-4 (el que);
[2]
Romanos, 10:9-10 (el cómo); y
[3]
Efesios, 2:8-9 (el por qué);
Nada más deberíamos predicarle
a nuestro hipotético moribundo.
Está muy bien bautizarse,
tomar la Santa Cena, congregarse, salir a evangelizar, estudiar las Escrituras
y demás, pero, por lo general, es en una situación extrema donde casi siempre
se nos revela lo medular de un asunto.
Puedes bajar este post como archivo de Word pinchando Aqui o como archivo de Powerpoint pinchando Aqui Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido es el mismo que el expuesto mas abajo):
La
Biblia misma dice que continuamos pecando, luego de ser salvos: 1
Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y
la verdad no está en nosotros.
El
apóstol Juan dice “si decimos”, es decir, se incluye, con lo cual está hablando
de la iglesia (de gente salva). Según la Biblia, entonces, si alguien, luego de
ser salvo, afirma que ya no peca, es un mentiroso (si la verdad no está en él,
lo que está en él es la mentira).
No
obstante, luego de reconocer esto, el apóstol Juan habla también de la
solución:
1
Juan, 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
La
palabra clave aquí es “confesión”, la cual proviene, a su vez, de la palabra
griega “homologeo”, compuesta por dos raíces: “homo” (que significa “lo mismo”)
y “logeo” (que significa “hablar”). O sea que la palabra “confesión” significa
“hablar lo mismo”. ¿Hablar lo mismo que quien?. Hablar lo mismo que Dios. Solo
cuando somos capaces de “hablar lo mismo” que Dios hablaría sobre nosotros,
estamos confesando, lo cual implica la difícil tarea de vernos como Dios nos ve
(para bien y para mal).
La
confesión solo tiene lugar cuando oramos de la siguiente forma: Señor, perdona
porque la semana pasada he murmurado contra tal persona, porque este mes no he
diezmado lo que corresponde o porque ayer por la noche mire pornografía en
internet (evitando toda otra oración vaga y general).
La
confesión es la solución a cuando volvemos a pecar, luego de ser salvos. Es la
manera de restaurar la comunión con Dios.
La
sangre de Cristo fue derramada una sola vez y su poder redentor es eterno:
Hebreos,
9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del
verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante
Dios; 9:25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote
en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 9:26 De otra manera le
hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero
ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.
Hebreos,
10:14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los
santificados.
Confesando
cada vez que cometemos un pecado, su sangre nos vuelve a limpiar.
Antes
de seguir, debemos aclarar lo siguiente:
No
estamos diciendo que la Biblia avala o justifica el pecado, ni estamos
incentivando a usar 1 Juan, 1:8-9 como una “licencia para pecar” una y otra
vez: pecamos, confesamos y nos limpiamos, para volver a pecar nuevamente y,
así, recomenzar el círculo. Lo único que cabe esperar de quienes piensan de
esta manera (y lo llevan a la práctica) es que no son salvos.
La
misma Biblia se anticipa a esta situación cuando dice:
Proverbios,
28:13 El que encubre sus pecados no prosperará; Más el que los confiesa
y se aparta alcanzará misericordia.
No
alcanza con confesar. Tiene que haber un arrepentimiento genuino, el cual se
traduce en una lucha contra el pecado para, por lo menos, reducirlo a la mínima
expresión posible (en unas líneas más veremos por qué no es posible reducir el
pecado a cero).
Para
los que si somos salvos, en cambio, el que un pasaje como 1 Juan, 1:8-9 forme
parte de la Biblia resulta un verdadero alivio y nos habla de cuan sabio es
Dios. Lo que estamos intentando decir es que la confesión es una herramienta
diseñada por Dios para que, después que hemos sido salvos, podamos restaurar la
comunión con El, perdida a causa del pecado, cada vez que nos equivocamos.
Cuando,
siendo salvos, cometemos un pecado, llegamos a sentirnos verdaderamente mal: es
el Espíritu Santo, obrando en nosotros (a través de la convicción de pecado)
mostrándonos que nos hemos equivocado.
La
diferencia entre un cristiano y un incrédulo no es el pecado, en el sentido de
que, mientras un inconverso peca, el cristiano ha dejado de hacerlo, por lo
menos desde su conversión.
Por
eso Pablo escribe en:
Romanos,
3:22 Porque no hay diferencia, 3:23 por cuanto todos pecaron, y
están destituidos de la gloria de Dios.
Y
esta es la idea que el mundo tiene sobre la iglesia (tal vez alimentada, por la
misma iglesia): que un cristiano no peca. Por eso, cuando los mundanos ven a un
cristiano caído en pecado, se mofan y lo tildan de hipócrita. Tal vez esta sea
una de las consecuencias de haber predicado durante tanto tiempo un evangelio
de condenación, en vez de predicar un evangelio de gracia (quien sabe).
La
diferencia entre un cristiano y un incrédulo radica en lo siguiente:
[+] mientras
un incrédulo peca y “continúa su vida como si nada” porque, al no tener al
Espíritu Santo morando consigo, no tiene convicción de pecado;
[+] un
cristiano peca pero, en lugar de “continuar su vida como si nada”, al tener al
Espíritu Santo morando consigo y tener, por ende, convicción de pecado,
confiesa y restaura, de esta manera, la comunión perdida con Dios, a causa del
pecado.
Cuando
pecamos, siendo salvos, nos sentimos los más miserables del mundo y es cuando
tenemos la tendencia a pensar que el Señor nos ha desechado para siempre y ya no
podrá seguir usándonos (el primer interesado en instalar esta idea en nosotros
es el mismísimo satanás).
Pero
el Señor no quiere que nos quedemos en ese estado de tristeza y desolación. Por
eso el Señor, sabiendo de antemano que, aun después de haberlo aceptado como
Señor y Salvador, continuaríamos equivocándonos, previó la solución en 1 Juan,
1:8-9.
El
Señor no dejo ningún cabo suelto. Su obra en la cruz fue perfecta y completa. El
Señor no murió en la cruz, de la peor muerte jamás ideada por el hombre, para
volvernos a condenar luego ante el primer tropiezo.
Pero
¿por qué seguimos pecando, aun después de ser salvos?.
Un
síntoma de que somos verdaderamente salvos es que, luego de nuestra conversión,
pecamos mucho menos que cuando estábamos en el mundo. La conversión cristiana
no es una foto, sino una película, es decir, no es un shock sino un proceso. Poco
a poco, vamos abandonando nuestro viejo estilo de vida y comenzamos a vivir una
vida diferente.
La
confusión radica en que muchos malinterpretan el siguiente pasaje:
2
Corintios, 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es;
las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
La
clave está en entender qué es la “nueva criatura”.
La
Biblia dice que somos seres tripartitos:
1
Tesalonicenses, 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo
vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la
venida de nuestro Señor Jesucristo.
Cuando
aceptamos a Cristo, en el mundo espiritual sucede lo siguiente:
Colosenses,
2:11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al
echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;
Mientras
no aceptamos a Cristo, nuestro espíritu está muerto, aunque nuestra alma (la mente)
y nuestro cuerpo (la carne) están obviamente “vivos”. Mientras no somos salvos,
hay una “alianza” entre el alma (la mente) y el cuerpo (la carne), que es
contra el espíritu (que está muerto).
Cuando
aceptamos a Cristo, el Espíritu Santo viene a morar en nuestro espíritu,
resucitándolo. Surge, entonces, una nueva alianza entre nuestro espíritu (donde
ahora mora el Espíritu Santo) y nuestra alma (la mente), mientras el cuerpo (la
carne) es echado fuera en lo que Pablo denomina la “circuncisión de Cristo”
(Colosenses, 2:11). Esta nueva “alianza” entre el espíritu (resucitado) y el
alma (la mente), ahora es contra el cuerpo (la carne).
Y
ahora en inglés:
No
obstante, en esta “circuncisión de Cristo”, el cuerpo es “echado fuera” pero no
es restaurado. La “nueva criatura” de la que habla 2 Corintios, 5:17, está
formada por el espíritu (resucitado) y el alma (la mente), pero no incluye al
cuerpo (la carne), el cual recién será glorificado en el rapto o arrebatamiento
de la iglesia (1 Corintios, 15:51-56). Esto quiere decir que nuestra redención,
aun siendo salvos, todavía no está completa, la cual solo se completará en el
rapto.
Mientras
tanto, la “guerra contra la carne” continua y es por eso que seguimos pecando
(aunque menos) después de ser salvos. Y el campo de batalla es la mente:
Y
ahora en inglés:
Otra
confirmación, además de 1 Corintios, 15:51-56, de que “la nueva criatura” de 2
Corintios, 5:17 no incluye nuestro cuerpo, es lo que dice el apóstol Juan en 1
Juan.
Por
un lado, el apóstol Juan dice que, luego de ser salvos, continuamos pecando:
1
Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos, y la verdad no está en nosotros.
Por
el otro, el apóstol Juan afirma que, si somos nacidos de Dios, no pecamos:
1
Juan, 3:9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado,
porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es
nacido de Dios.
¿En qué
quedamos?. ¿Pecamos o no pecamos luego de que hemos sido salvos?.
No
se pierdan este detalle: mientras en 1 Juan, 1:8 el apóstol Juan se refiere al
cuerpo, que “sigue pecando”, en 1 Juan, 3:9 se refiere al espíritu y el alma
(la nueva criatura), que es lo que es “nacido de Dios y no puede pecar”.
Una
señal de alarma de que la salvación no ha acontecido en nuestra vida es, por un
lado, haber confesado a Cristo y, por el otro, seguir viviendo indefinidamente
como vivíamos en el mundo. Debemos dudar de haber alcanzado la salvación si,
habiendo confesado a Cristo, la forma en que vivimos no se diferencia en nada
de la forma en que vive un mundano.
Por
eso Pablo escribe:
2
Corintios, 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a
vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en
vosotros, a menos que estéis reprobados?.
La
Biblia dice que Dios ha de confirmarnos que somos salvos:
Romanos,
8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de
Dios.
Tarde
o temprano y por diferentes medios (pastores, profetas, ministros), Dios ha de
confirmarnos que somos verdaderamente salvos. Una cosa es “creer” que somos
salvos y otra, muy distinta, es “saber” que somos salvos.