jueves, 18 de abril de 2019

EL AMOR EN LA BIBLIA


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Introducción

El amor es un sentimiento abstracto y universal que experimentamos todas las personas de diversas maneras. El amor puede ser interpretado de diferentes maneras según el contexto y la relación sentimental a la que se haga referencia.

En la Antigüedad los griegos se dedicaron a buscar distintas maneras de entender y explicar qué es el amor y cómo lo vive el ser humano.

En consecuencia, surgieron un gran número de relatos como las comedias, tragedias, épicas y líricas, repletos de pasión, atracción, obsesión, ternura, complicidad, interés y sensualidad, a fin de contextualizar el amor.

Según los griegos, el amor es el sentimiento responsable de muchas de nuestras acciones, decisiones y estados de ánimo.

Por ello, propusieron cuatro tipos o clasificaciones de amor a modo de explicar este sentimiento tan complejo que todos hemos experimentado cuando amamos. Estos son: Eros, Storgé, Philia y Ágape.

El amor “Eros”

El amor “Eros” representa el amor pasional y erótico. En la mitología griega, Eros es el dios que simboliza el amor romántico, la pasión e impulsividad. Puede ser el primer paso para llegar a un amor más profundo y duradero si se sabe canalizar su intensidad.

Este tipo de amor se caracteriza por experimentar la atracción física, sexual e instintiva. Se relaciona con el amor efímero, el que se genera al principio de la relación e idealiza el momento mezclando el deseo y atracción sexual.

El amor Eros al ser altamente impulsivo y carnal puede conllevar a las infidelidades.

El amor “Storgé”

Los griegos clasificaron como “Storgé” al amor fraternal, amistoso y comprometido. Es un amor que crece a lo largo del tiempo y se relaciona con las relaciones familiares y de amistad, por ello se caracteriza por ser un amor leal e, incluso, protector.

A diferencia del amor Eros, este no es pasional ni impulsivo y se puede dar entre personas o personas y mascotas.

Un ejemplo de este tipo de amor es el de una amistad que se ha ido construyendo poco a poco a través de los años y en la cual se destaca el compromiso y lealtad de los amigos. También se puede mencionar las demostraciones de cariño entre familiares.

El amor “Philia”

Se denomina como “Philia” al amor que existe entre amigos, el amor al prójimo, que busca el bien común y se expresa a través del respeto, solidaridad, cooperación y compañerismo. Se dice que es uno de los amores más bonitos que existen.

Philia es un amor que se caracteriza por ser desinteresado y que se basa en el compañerismo, que se alegra cuando el otro es feliz y está bien. No involucra un amor pasional ni atracción sexual.

Ejemplo de Philia son aquellas amistades de vieja data, leales y comprometidas, en las que muchas veces se comparte más tiempo con los amigos que con las parejas, sin que eso indique otro tipo de amor que no sea el fraternal.

El amor “Ágape”

Los griegos denominaron como “Ágape” al amor más puro e incondicional que existe. Se refiere a un amor que es generoso, consciente de sus deberes, un amor espiritual y profundo, cuya prioridad es el bienestar del ser amado.

El amor Ágape se caracteriza por ser universal, es decir, es el amor que se tiene a una persona, animal, naturaleza, deidad (devoción religiosa). No es pasional, incluso, quienes aman de esta manera están dispuestos a apartarse de la relación por el bien del ser amado.

El amor Ágape no busca su placer propio, al contrario, encuentra satisfacción al dar amor. Por ello, es considerado como un amor sensible, tierno, cuidadoso y amable.

El amor en la Biblia

El amor al que mayormente hace referencia la Biblia es al “amor Ágape”, que es el amor de Dios.

Según Pablo, lo que caracteriza a este amor es:

1 Corintios, 13:4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 13:5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 13:6 no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. 13:7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 

Pablo coloca este amor por encima de cualquiera de los dones del Espíritu y de cualquier acto individual de despojo en favor de los demás:

1 Corintios, 13:1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 13:2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 13:3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

1 Corintios, 13:8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

El apóstol Juan, por su parte, nos habla de cómo se manifestó este “amor Ágape” de Dios para con nosotros:

1 Juan, 4:7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 4:8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

Finalmente, dos de estos tipos de amor aparecen en los siguientes pasajes del Evangelio de Juan, cuando Jesucristo (ya resucitado) le pregunta a Pedro si lo ama, tres veces:

Juan, 21:15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. 21:16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 21:17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

La pregunta más importante que Pedro jamás tuvo que contestar fue si él tenía un devoto amor por su Señor. Aquí se emplean dos palabras griegas para amor:

[1] La primera es “agapao” (Ágape), que significa un amor inteligente y determinado, sobre todo de la mente y la voluntad;

[2] La segunda es “fileo” (Philia), que implica un caluroso afecto natural de las emociones, que es un amor afectivo más personal;


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico

Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA

jueves, 4 de abril de 2019

EL BAUTISMO EN AGUA


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Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido es el mismo que el expuesto mas abajo):




Introducción

Un “sacramento” es un acto mediante el cual el creyente manifiesta su relación con Dios.

La palabra “sacramento” proviene del latín “sacramentum” que, a su vez, proviene de la unión de dos raíces latinas: “sacrare” (verbo que significa “hacer santo”) y “mentum” (que significa “instrumento o medio para"). Por tanto, la palabra “sacramento” gramaticalmente significa “instrumento para hacer santo”.

En el presente estudio nos detendremos sobre uno de los sacramentos comúnmente aceptados dentro del cristianismo, tanto por católicos como por protestantes (estos últimos en sus diversas denominaciones) y es el sacramento del “bautismo en agua”.

Veremos lo que el “bautismo en agua” represento al inicio de la iglesia y analizaremos si este sacramento hoy tiene alguna relevancia en términos espirituales.

Comenzamos

El Espíritu Santo viene, como mínimo, dos veces sobre una persona:

[1] al ser salvos, es decir, al oír el evangelio de la salvación con fe (Gálatas, 3:2, Efesios, 1:13-14); y

[2] al ser bautizados en el Espíritu Santo (Mateo, 3:11): este “bautismo en el Espíritu Santo” (prometido por Jesús en Hechos, 1:8 y cumplido en Hechos, 2:1-4) no es para salvación sino para recibir poder y ser equipado con algunos de los nueve dones del Espíritu Santo (1 Corintios, 12:8-10), siendo una señal distintiva de haber recibido este bautismo especial el "hablar nuevas lenguas";

Los primeros que recibieron el Espíritu Santo con fines de salvación fueron los apóstoles y ocurrió cuando un Cristo resucitado soplo sobre ellos:

Juan, 20:22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.

Algunos sostienen que la iglesia nació cuando el soldado romano atravesó con una lanza el costado del Señor, de donde salió sangre y agua:

Juan, 19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salio sangre y agua.

Otros (con quienes estamos de acuerdo) sostienen que la iglesia nació aquí, en Juan, 20:22, cuando el Señor soplo sobre los apóstoles para que recibieran el Espíritu Santo.

Pero la promesa del Espíritu Santo con fines de bautismo la dio Jesús en:

Hechos, 1:8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Y se cumplió en:

Hechos, 2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Cabe destacar que la promesa del bautismo en el Espíritu Santo sigue vigente hoy día para todos los cristianos miembros de la iglesia de Jesucristo.

El comienzo

Cuando la iglesia comenzó, Dios uso a los Apóstoles (Pedro, Santiago, Juan, etc.). Los gentiles (los no judíos), por entonces, no estaban incluidos, siendo la salvación solamente para los judíos. Así lo declara Jesús cuando una mujer cananea le ruega por su hija, que estaba siendo atormentada por un demonio:

Mateo, 15:24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

El énfasis estaba puesto en QUIEN era Jesús, en su nombre y en el bautismo en agua:

Hechos, 2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Es decir, el perdón de los pecados y el Espíritu Santo (por primera vez) se recibían por inmersión en las aguas.

El cambio de paradigma

Pero hubo, en el medio, un cambio de paradigma, como lo muestra el Libro de los Hechos de los Apóstoles, motivado, básicamente, por dos acontecimientos:

[1] el rechazo del Mesías, por parte de los judíos; y

[2] la vuelta de Dios a los gentiles (como consecuencia de lo anterior);

El Libro de los Hechos de los Apóstoles (escrito por Lucas como complemento de su evangelio), es un libro de transición entre los llamados “evangelios sinópticos” (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y las cartas (epístolas) de Pablo. No por capricho el Libro de los Hechos esta puesto, dentro del canon, entre esos libros.

Dentro del Libro de los Hechos de los Apóstoles (que ya es una bisagra en si misma), a su vez, hay un capitulo (bisagra de bisagras) que es Hechos, 15, donde se celebró el famoso “Concilio de Jerusalén”. ¿Qué se discutió en este Concilio?. Que se necesita para ser salvos, nada más y nada menos. Y podemos ver cómo tanto Pedro primero (Hechos, 15:7-11) y Santiago luego (Hechos, 15:13-29) se encolumnan detrás del evangelio que el Señor revelo a Pablo.

El rechazo del Mesías y la vuelta de Dios a los gentiles

A pesar de que, según vimos en Mateo, 15:24, el Mesías había venido solo para Israel, Jesús fue rechazado por los judíos en no menos de tres ocasiones:

[1] el rechazo de Juan el Bautista:

Los líderes religiosos de Israel (fariseos y saduceos) estaban enfrentados con Juan el Bautista:

Mateo, 3:7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, [Juan] les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 3:8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,

Llegando a acusarlo de tener demonios, como luego hicieron con Jesús:

Lucas, 7:33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. 7:34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

[2] el rechazo de Jesús como Mesías:

Los judíos rechazaron abiertamente al Mesías, exigiendo su crucifixión:

Mateo, 27:22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 27:23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 27:24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 27:25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos

[3] la muerte de Esteban:

Esteban acuso a los judíos (a sus líderes religiosos) de resistir al Espíritu Santo:

Hechos, 7:51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

Y fue apedreado:

Hechos, 7:58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 7:59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. 8:1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 

Rechazado el Mesías por Israel, Dios se volvió a los gentiles (no judíos), como bien profetizo Amos:

Amos, 9:11 En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; 9:12 para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.

Esto puede verse claramente en el Libro de los Hechos:

[+] En Hechos, 8:26 y ss. podemos ver la salvación del etíope eunuco (un gentil), guiado por Felipe;

[+] En Hechos, 9 se nos relata la conversión de Saulo (Pablo), a quien Dios levanto como apóstol a los gentiles;

Romanos, 11:13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,

[+] En Hechos, 10 y 11 se nos relata la conversión de varios gentiles (incluido Cornelio, el centurión romano) solo por creer;

El evangelio revelado a Pablo

Pablo no aprendió su evangelio de ningún hombre, sino que le fue revelado por Jesucristo:

Gálatas, 1:11 Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 1:12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Y una vez recibida la revelación, Pablo fue y les predico a los apóstoles:

Gálatas, 2:1 Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. 2:2 Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. 

¿Y qué es lo que le fue revelado a Pablo?.

Entre otras cosas:

[+] A Pablo le fue revelado el Evangelio:

1 Corintios, 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

El énfasis ahora está puesto en lo QUE hizo Cristo en la Cruz: que murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucito al tercer día. Ya no somos salvos por el bautismo en agua sino por la fe en lo que Cristo hizo en la cruz:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe. 

[+] A Pablo le fue revelado que el Espíritu Santo mora en el creyente:

1 Corintios, 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

1 Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Fuimos comprados por precio y el precio pagado fue la sangre de Cristo:

1 Pedro, 1:18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 

Ya no es el agua del bautismo sino la sangre de Cristo la que limpia los pecados.

[+] A Pablo le fue revelado que el Espíritu Santo se recibe por la fe:

Gálatas, 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? 

[+] A Pablo le fue revelado que el Espíritu Santo, además, es sellado en el creyente por haber oído con fe el Evangelio (1 Corintios, 15:3-4):

Efesios, 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Y no solamente Pablo recibió su evangelio por revelación directa de Jesucristo, sino que, además, fue el que puso los fundamentos doctrinales de la iglesia:

1 Corintios, 3:10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo

Y, por si esto fuera poco, Pablo “blindó” (protegió) su evangelio con la siguiente maldición:

Galatas, 1:7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 1:8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

En ninguno de sus escritos Pablo menciona jamás el bautismo en agua como requisito para alcanzar la salvación.

La evolución del pensamiento de Pedro

Pongamos atención, ahora, en cómo evoluciona el pensamiento de Pedro:

Al principio:

Hechos, 2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Al final:

1 Pedro, 1:18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 

Hechos, 15:11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús [los judíos] seremos salvos, de igual modo que ellos [los gentiles]. 

Qué evolución de Pedro ¿verdad?. De ponderar, al principio, el “bautismo en agua para el perdón de pecados”, a exaltar, luego, la “sangre preciosa de Cristo” y la “gracia del Señor Jesús” para ser salvos.


Evolución:




Conclusión


Desconocemos si el bautismo en agua, que sigue siendo practicado en la mayoría de las iglesias evangélicas, tiene alguna otra consecuencia espiritual. De lo que si estamos seguros es que, desde que Pablo dejo por escrito lo que le fue revelado por el Espíritu Santo, el bautismo en agua ya no es necesario ni para el perdón de pecados, ni para ser salvos, ni para recibir al Espíritu Santo.

Bautizarse en agua, como hemos visto, no agrega nada. Tampoco quita. Quien quiera bautizarse en agua que lo haga, pero que tenga claro que la salvación no proviene de sumergirse en una pileta llena de agua sino por creer en el evangelio que Jesucristo revelo a Pablo:

1 Corintios, 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico

Maestro de la Palabra – Ministerio Rey de Gloria

martes, 19 de marzo de 2019

LA ESENCIA DEL EVANGELIO


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Introducción

Supón que estas en un hospital, al lado de la cama de un moribundo (el escenario no es descabellado ya que muchos cristianos, de hecho, van a evangelizar a los hospitales).

Te enteras, por boca del propio moribundo, de que no es salvo. Es más, el moribundo te confiesa su deseo de ser salvo y te pregunta que tiene que hacer para conseguirlo.

¿Qué le dirías?.

Si yo te pidiera que escogieras tres versículos de la Biblia, de tres libros distintos en el NT, donde se nos habla acerca de la salvación ¿qué pasajes escogerías?.

No hay tiempo para bautizar al moribundo, ni para que, una vez convertido, se congregue, tome la Santa Cena, salga a evangelizar o haga alguna obra para el reino. No hay tiempo de estudiar las grandes doctrinas de la Biblia, ni de explicar lo que es el “dispensacionalismo” o el “calvinismo”. Se muere.

¿Se entiende el punto?.

Yo he pensado en lo siguiente.

Respecto de la SALVACION, deberíamos hablar acerca de tres cosas:

[1] el QUE;

[2] el COMO; y

[3] el POR QUE;


HABLEMOS DEL “QUE”

El apóstol Pablo nos dice en QUE consiste el Evangelio de la salvación:

1 Corintios, 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

Y esto es lo que hay que predicar:

Que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, que fue sepultado y que resucito al tercer día, todo conforme a las Escrituras.

HABLEMOS DEL “COMO”

Es también el apóstol Pablo el que nos dice COMO ser salvos:

Romanos, 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10:10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 

Pablo establece lo que podríamos denominar los “requisitos de la salvación” y son dos:

[1] debemos confesar (con la boca) que Jesús es el Señor, es decir, que Jesús es Dios; y

[2] debemos creer (en el corazón) que Dios (su Padre) lo levanto de entre los muertos, es decir, que Jesús resucito de los muertos;

HABLEMOS DEL “POR QUE”

Nuevamente es el apóstol Pablo el que nos instruye acerca de la causa por la que somos salvos:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe. 

Pablo dice que somos salvos “por” gracia (la causa de la salvación), por “medio” de la fe (el medio). Luego dice que la salvación es un don (regalo) de Dios y que “no es por obras” (por cosas que hagamos), para que nadie se gloríe (para que nadie se jacte de haberse salvado por sus propios medios).

Romanos, 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Para Pablo, la fe es el “boleto de entrada” a la gracia (la causa de la salvación).

Palabras finales

Elegí tres pasajes, de tres libros distintos del NT, donde se nos habla acerca de la salvación:

[1] 1 Corintios, 15:3-4 (el que);

[2] Romanos, 10:9-10 (el cómo); y

[3] Efesios, 2:8-9 (el por qué);

Nada más deberíamos predicarle a nuestro hipotético moribundo.

Está muy bien bautizarse, tomar la Santa Cena, congregarse, salir a evangelizar, estudiar las Escrituras y demás, pero, por lo general, es en una situación extrema donde casi siempre se nos revela lo medular de un asunto.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!


Marcelo D. D’Amico

Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA

jueves, 14 de marzo de 2019

LA BATALLA CONTRA EL PECADO



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Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido es el mismo que el expuesto mas abajo):




La Biblia misma dice que continuamos pecando, luego de ser salvos:

1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

El apóstol Juan dice “si decimos”, es decir, se incluye, con lo cual está hablando de la iglesia (de gente salva). Según la Biblia, entonces, si alguien, luego de ser salvo, afirma que ya no peca, es un mentiroso (si la verdad no está en él, lo que está en él es la mentira).

No obstante, luego de reconocer esto, el apóstol Juan habla también de la solución:

1 Juan, 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 

La palabra clave aquí es “confesión”, la cual proviene, a su vez, de la palabra griega “homologeo”, compuesta por dos raíces: “homo” (que significa “lo mismo”) y “logeo” (que significa “hablar”). O sea que la palabra “confesión” significa “hablar lo mismo”. ¿Hablar lo mismo que quien?. Hablar lo mismo que Dios. Solo cuando somos capaces de “hablar lo mismo” que Dios hablaría sobre nosotros, estamos confesando, lo cual implica la difícil tarea de vernos como Dios nos ve (para bien y para mal).

La confesión solo tiene lugar cuando oramos de la siguiente forma: Señor, perdona porque la semana pasada he murmurado contra tal persona, porque este mes no he diezmado lo que corresponde o porque ayer por la noche mire pornografía en internet (evitando toda otra oración vaga y general).

La confesión es la solución a cuando volvemos a pecar, luego de ser salvos. Es la manera de restaurar la comunión con Dios.

La sangre de Cristo fue derramada una sola vez y su poder redentor es eterno:

Hebreos, 9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 9:25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

Hebreos, 10:14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. 

Confesando cada vez que cometemos un pecado, su sangre nos vuelve a limpiar.

Antes de seguir, debemos aclarar lo siguiente:

No estamos diciendo que la Biblia avala o justifica el pecado, ni estamos incentivando a usar 1 Juan, 1:8-9 como una “licencia para pecar” una y otra vez: pecamos, confesamos y nos limpiamos, para volver a pecar nuevamente y, así, recomenzar el círculo. Lo único que cabe esperar de quienes piensan de esta manera (y lo llevan a la práctica) es que no son salvos.

La misma Biblia se anticipa a esta situación cuando dice:

Proverbios, 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará; Más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

No alcanza con confesar. Tiene que haber un arrepentimiento genuino, el cual se traduce en una lucha contra el pecado para, por lo menos, reducirlo a la mínima expresión posible (en unas líneas más veremos por qué no es posible reducir el pecado a cero).

Para los que si somos salvos, en cambio, el que un pasaje como 1 Juan, 1:8-9 forme parte de la Biblia resulta un verdadero alivio y nos habla de cuan sabio es Dios. Lo que estamos intentando decir es que la confesión es una herramienta diseñada por Dios para que, después que hemos sido salvos, podamos restaurar la comunión con El, perdida a causa del pecado, cada vez que nos equivocamos.

Cuando, siendo salvos, cometemos un pecado, llegamos a sentirnos verdaderamente mal: es el Espíritu Santo, obrando en nosotros (a través de la convicción de pecado) mostrándonos que nos hemos equivocado.

La diferencia entre un cristiano y un incrédulo no es el pecado, en el sentido de que, mientras un inconverso peca, el cristiano ha dejado de hacerlo, por lo menos desde su conversión.

Por eso Pablo escribe en:

Romanos, 3:22 Porque no hay diferencia, 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Y esta es la idea que el mundo tiene sobre la iglesia (tal vez alimentada, por la misma iglesia): que un cristiano no peca. Por eso, cuando los mundanos ven a un cristiano caído en pecado, se mofan y lo tildan de hipócrita. Tal vez esta sea una de las consecuencias de haber predicado durante tanto tiempo un evangelio de condenación, en vez de predicar un evangelio de gracia (quien sabe).

La diferencia entre un cristiano y un incrédulo radica en lo siguiente:

[+] mientras un incrédulo peca y “continúa su vida como si nada” porque, al no tener al Espíritu Santo morando consigo, no tiene convicción de pecado;

[+] un cristiano peca pero, en lugar de “continuar su vida como si nada”, al tener al Espíritu Santo morando consigo y tener, por ende, convicción de pecado, confiesa y restaura, de esta manera, la comunión perdida con Dios, a causa del pecado.

Cuando pecamos, siendo salvos, nos sentimos los más miserables del mundo y es cuando tenemos la tendencia a pensar que el Señor nos ha desechado para siempre y ya no podrá seguir usándonos (el primer interesado en instalar esta idea en nosotros es el mismísimo satanás).

Pero el Señor no quiere que nos quedemos en ese estado de tristeza y desolación. Por eso el Señor, sabiendo de antemano que, aun después de haberlo aceptado como Señor y Salvador, continuaríamos equivocándonos, previó la solución en 1 Juan, 1:8-9.

El Señor no dejo ningún cabo suelto. Su obra en la cruz fue perfecta y completa. El Señor no murió en la cruz, de la peor muerte jamás ideada por el hombre, para volvernos a condenar luego ante el primer tropiezo.

Pero ¿por qué seguimos pecando, aun después de ser salvos?.

Un síntoma de que somos verdaderamente salvos es que, luego de nuestra conversión, pecamos mucho menos que cuando estábamos en el mundo. La conversión cristiana no es una foto, sino una película, es decir, no es un shock sino un proceso. Poco a poco, vamos abandonando nuestro viejo estilo de vida y comenzamos a vivir una vida diferente.

La confusión radica en que muchos malinterpretan el siguiente pasaje:

2 Corintios, 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

La clave está en entender qué es la “nueva criatura”.

La Biblia dice que somos seres tripartitos:

1 Tesalonicenses, 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 

Cuando aceptamos a Cristo, en el mundo espiritual sucede lo siguiente:

Colosenses, 2:11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;

Mientras no aceptamos a Cristo, nuestro espíritu está muerto, aunque nuestra alma (la mente) y nuestro cuerpo (la carne) están obviamente “vivos”. Mientras no somos salvos, hay una “alianza” entre el alma (la mente) y el cuerpo (la carne), que es contra el espíritu (que está muerto).

Cuando aceptamos a Cristo, el Espíritu Santo viene a morar en nuestro espíritu, resucitándolo. Surge, entonces, una nueva alianza entre nuestro espíritu (donde ahora mora el Espíritu Santo) y nuestra alma (la mente), mientras el cuerpo (la carne) es echado fuera en lo que Pablo denomina la “circuncisión de Cristo” (Colosenses, 2:11). Esta nueva “alianza” entre el espíritu (resucitado) y el alma (la mente), ahora es contra el cuerpo (la carne).





Y ahora en inglés:



No obstante, en esta “circuncisión de Cristo”, el cuerpo es “echado fuera” pero no es restaurado. La “nueva criatura” de la que habla 2 Corintios, 5:17, está formada por el espíritu (resucitado) y el alma (la mente), pero no incluye al cuerpo (la carne), el cual recién será glorificado en el rapto o arrebatamiento de la iglesia (1 Corintios, 15:51-56). Esto quiere decir que nuestra redención, aun siendo salvos, todavía no está completa, la cual solo se completará en el rapto.

Mientras tanto, la “guerra contra la carne” continua y es por eso que seguimos pecando (aunque menos) después de ser salvos. Y el campo de batalla es la mente:


Y ahora en inglés:


Otra confirmación, además de 1 Corintios, 15:51-56, de que “la nueva criatura” de 2 Corintios, 5:17 no incluye nuestro cuerpo, es lo que dice el apóstol Juan en 1 Juan.

Por un lado, el apóstol Juan dice que, luego de ser salvos, continuamos pecando:

1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

Por el otro, el apóstol Juan afirma que, si somos nacidos de Dios, no pecamos:

1 Juan, 3:9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

¿En qué quedamos?. ¿Pecamos o no pecamos luego de que hemos sido salvos?.

No se pierdan este detalle: mientras en 1 Juan, 1:8 el apóstol Juan se refiere al cuerpo, que “sigue pecando”, en 1 Juan, 3:9 se refiere al espíritu y el alma (la nueva criatura), que es lo que es “nacido de Dios y no puede pecar”.

Una señal de alarma de que la salvación no ha acontecido en nuestra vida es, por un lado, haber confesado a Cristo y, por el otro, seguir viviendo indefinidamente como vivíamos en el mundo. Debemos dudar de haber alcanzado la salvación si, habiendo confesado a Cristo, la forma en que vivimos no se diferencia en nada de la forma en que vive un mundano.

Por eso Pablo escribe:

2 Corintios, 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?.

La Biblia dice que Dios ha de confirmarnos que somos salvos:

Romanos, 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 

Tarde o temprano y por diferentes medios (pastores, profetas, ministros), Dios ha de confirmarnos que somos verdaderamente salvos. Una cosa es “creer” que somos salvos y otra, muy distinta, es “saber” que somos salvos.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!


Marcelo Daniel D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio Rey de Gloria