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viernes, 26 de junio de 2020

EL GRAN DILEMA DE LAS ESCRITURAS



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Según Paul Washer, el reconocido predicador norteamericano:

La gran pregunta de toda la Escritura, que se resume según Pablo en Romanos, 3 es esta: ¿cómo puede Dios ser realmente justo y, al mismo tiempo, justificar al impío?. ¿Cómo puede ser hecho esto?.

En el AT tenemos una revelación de Dios a Moisés

Éxodo, 34:5 Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. 34:6 Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 34:7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado;

¿Puedes ver dentro de este texto el problema?. Cuando dice que “que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” es una forma hebrea de apilar un término sobre otro, para decir que Dios perdona todo tipo y clase de pecado. Sin embargo, la afirmación siguiente nos lleva a una gran confusión, cuando dice “que de ningún modo tendrá por inocente al malvado”. ¿Cómo puede ser esto verdad?. ¿Cómo puedes tener ambas cosas en el mismo pasaje, en relación al mismo Dios?.

Salmos, 32:1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 32:2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.

¿Acaso Dios cubre el pecado?. Alguien podría pensar que esa es la estrategia (cubrir el pecado) de los jueces corruptos de la tierra, pero no de Dios. Pero ¿Cómo puede un Dios Santo y Justo y, al mismo tiempo, “cubrir el pecado”?.

El dilema ético, moral, teológico y filosófico es este: Adán debía morir, Noé debía morir, Abraham debía morir, David debía morir, todos ellos debían morir, si Dios es un Dios Justo. ¿Cómo puede, entonces, cubrir el pecado y ser justo?.

Proverbios, 17:15 El que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos son igualmente abominación a Jehová. 

Ahora entramos al NT, especialmente a Romanos, 3 y 4 y ¿qué oímos?. Oímos oraciones de hombre, apóstoles y ángeles. ¿Acerca de qué?. De que Dios justifica al impío y de eso escribimos coros y de eso predicamos. Exaltamos el perdón de Dios por el impío. Pero aquí está el gran problema. Lo dice en la Biblia (y la Escritura no puede ser quebrantada), que cualquiera que justifique al impío es una abominación para el Señor. Así que ¿cómo el Señor justifica al impío?. Esta es la gran pregunta del Evangelio. Sin embargo es descuidada hoy, la gente no lo entiende hoy. Ninguno de los atributos de Dios es enseñado suficientemente hoy en la iglesia.

Vamos al libro de Miqueas. Aquí se nos revela parte de la respuesta a este dilema.

Miqueas, 7:18 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. 7:19 El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. 

Nosotros escribimos canciones sobre esto. Dios ha tomado nuestro pecado y lo ha arrojado al suelo y lo ha puesto bajo los pies. Nuestro Dios ha tomado nuestro pecado, ha hecho una bola de papel y lo ha arrojado al mar, para que nunca más sea visto y nos regocijamos. Pero esto no tiene absolutamente ningún sentido si no lo interpretamos cristológicamente. La respuesta a este dilema está en esto: Dios tomo tu pecado y lo puso sobre el perfecto Cristo y a Él lo ha pisoteado bajo sus pies, bajo la ira de Dios. Dios tomo el pecado de sus elegidos, Dios quito el pecado de su iglesia, envolvió todo el pecado y lo echo sobre Cristo y después arrojo a Cristo al mar de su ira. La única forma que Dios, de acuerdo a Pablo, en que puede ser justo y justificar al impío es porque hay un rescate, porque hay una propiciación, hay un sacrificio!, tan puro, tan poderoso, tan agradable a Dios que satisfizo las demandas de la justicia de Dios. Satisface y apaga su ira.

Ahora, a la luz de esto, miremos el siguiente texto:

2 Corintios, 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Leemos esto y lo primero que pensamos es que Cristo “guardo la ley”. Nació y vivió bajo la ley, El guardo la ley. Esto es cierto, pero es mucho más poderoso que eso. ¿Cuál crees que es el pecado más grande?. ¿Crees que podría ser romper el mayor mandamiento: amaras al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tu fuerza?. Déjame decirte algo: no ha habido jamás un hombre en este planeta, de todos los miles de años de la humanidad, de los miles de millones de personas que han caminado sobre la tierra, nunca ha habido, de toda esa multitud, una sola persona, que por una sola fracción de segundo, haya amado al Señor su Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con toda su fuerza. Sin embargo, Jesucristo no tuvo ni un solo segundo que no amara al Señor su Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza.

Jesús hizo lo que ninguno de nosotros podía hacer.

Lo anterior es una desgrabación del siguiente video de Paul Washer:





DIOS TE BENDIGA!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA

lunes, 1 de junio de 2020

EL RELATIVISMO Y SUS VERTIENTES


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Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido del video es el mismo que el expuesto mas abajo):




Introducción

Se me ocurrió comenzar esta reflexión con una frase de Protágoras. Pero primero veamos quien fue Protágoras, a que se dedicaba y que dijo.

Protágoras de Abdera (Abdera, 485 a.C. – 411 a.C.)​ fue un sofista griego.

El término “sofista” (del griego “sophía”, que significa “sabiduría” y “sophós” que significa “sabio”) es el nombre dado, en la Grecia clásica, al que ejercía la profesión de enseñar la sabiduría. Sophós y sophía, en sus orígenes, denotaban una especial capacidad para realizar determinadas tareas. Más tarde se atribuirían esos términos a quien dispusiera de “inteligencia práctica” y era un experto y sabio en un sentido genérico.

Protágoras era una admirado experto en retórica (el arte de hablar o escribir de forma elegante y con corrección con el fin de deleitar, conmover o persuadir), que recorría el mundo griego cobrando elevadas tarifas por sus conocimientos acerca del correcto uso de las palabras u “ortoepía”, que es el arte de pronunciar correctamente un idioma y, por extensión, el estudio de la pronunciación de un idioma en particular dentro de una tradición oral específica.

Platón lo acredita como el inventor del papel del sofista profesional o profesor de “virtud”, entendida esta no como “bondad” sino como conocimiento y habilidad para tener éxito mundano.

Protágoras fue un pensador viajero, celebrado y necesitado allí donde fuera. Vivió durante largas temporadas en Atenas, donde fue conocido de Sócrates y amigo de Pericles, quien le encargó la constitución para la nueva colonia de Turios, que redactó hacia 444/443 a.C. y en donde, por primera vez en la historia, se estableció la educación pública y obligatoria.

También viajó a Sicilia y a otras ciudades de Asia Menor, donde ejerció como maestro de retórica y conducta, recibiendo a cambio cantidades notables de dinero, como el resto de sofistas. El magisterio que llegó a ejercer en el área de influencia griega se extendió en el tiempo durante cuarenta años, según nos cuenta Platón.

Platón le dedicó uno de sus diálogos, el Protágoras, que aún hoy puede leerse como un cuadro vivo, animado y colorido, aunque con escaso rigor histórico, sobre los distintos tipos de sofistas que habitaban en la mansión de Calias (rico ateniense, una especie de mecenas, rodeado de intereses comerciales, políticos, artísticos y militares). Junto a Gorgias, fueron los únicos sofistas en ser considerados en calidad de filósofos por Platón y Aristóteles. Sócrates guardaba gran estima de ellos por sus cualidades retóricas y la profundidad de sus predicados, a pesar del uso que podían hacer de ellos, ya que los sofistas eran considerados, a menudo, “mercenarios” que vendían sus habilidades y conocimientos al mejor postor.

El hombre como medida de todas las cosas

El principio filosófico más famoso de Protágoras es el de “homo mensura”, fórmula abreviada de la frase “homo omnium rerum mensura est”, es decir, “el hombre es la medida de todas las cosas”.

La frase figuraba, según refiere Sexto Empírico, en la obra perdida de Protágoras “Los discursos demoledores” y ha llegado hasta nosotros a través de la transcripción de varios autores antiguos. Aparte de Diógenes Laercio, es citada por Platón, Aristóteles, Sexto Empírico y Hermias.

La afirmación de Protágoras ha sido objeto de diversas interpretaciones, como resultado de la dificultad que implica determinar el sentido y alcance de sus tres expresiones fundamentales, a saber:

[1] El hombre;
[2] La medida; y
[3] Las cosas;

[1] Se discute si la expresión “el hombre” se refiere al hombre en sentido individual o en sentido colectivo;

[a] La interpretación en sentido individual señala que el hombre al que hace mención la frase de Protágoras es cada hombre concreto, cada individuo, de tal forma que habría tantas medidas distintas para las cosas como hombres individuales hay;

A tal lectura adhiere Platón, quien, por medio de Sócrates, señala:

¿No es verdad que [Protágoras] dice algo así?: Tal como me parecen las cosas, tales son para mí, tal como te parecen, tales son para ti. Pues tú eres hombre y yo también.

[b] La interpretación en sentido colectivo, a su vez, tiene dos enfoques distintos: [i] uno que entiende que la expresión alude a cada grupo social humano y [ii] otro, que la considera en sentido genérico, es decir, referida al género humano:

[i] El primer enfoque, que podemos denominar sociológico, ha sido defendido por Eugéne Dupréel e implica plantear que la frase de Protágoras alude a cierta forma de relativismo cultural, donde cada sociedad (cada polis), actuaría como medida de las cosas;

[ii] El segundo enfoque, que podemos denominar genérico, fue formulado por Goethe y defendido especialmente por Theodor Gomperz e implica entender la existencia de una única medida común para todos los hombres individuales; una misma forma, compartida por el género humano, para tasar la totalidad de las cosas;

A veces, esta frase de Protágoras se interpreta simplemente como antropocentrismo o como relativismo en el sentido de que cada hombre es la norma de lo que es verdad para sí mismo, y que toda verdad es relativa para el individuo que la sostiene y que no podría tener validez más allá de él.

La necesidad de ir definiendo conceptos

Como pudimos ver, han ido apareciendo algunos conceptos, que forman parte del campo de estudio de la antropología y de la filosofía, que es necesario definir. El primer concepto que dispara la frase de Protágoras es el de antropocentrismo, con lo cual se hace necesario hablar de su opuesto, que es el teocentrismo. Mencionamos también el relativismo y, si hablamos de relativismo, es necesario hablar de relativismo cultural y relativismo moral y de los primos hermanos del relativismo, como son el escepticismo y el subjetivismo y también de aquello que se opone al relativismo y al subjetivismo, que es el objetivismo y el universalismo cultural. Veremos también el pensamiento de Nietzsche.

Las definiciones que siguen a continuación, las daremos en el orden en que más o menos fueron apareciendo los conceptos y al solo efecto de saber de qué estamos hablando pero, de ningún modo, pretenden agotar cada concepto en particular.

Antropocentrismo

El primer concepto que dispara la frase de Protágoras, como hemos dicho, es el de antropocentrismo. El antropocentrismo es la doctrina que sitúa al ser humano como “medida y centro de todas las cosas”, siendo los intereses de los seres humanos aquellos que deben recibir atención moral por encima de cualquier otra cosa.

El antropocentrismo surge a principios del siglo XVI, entrando ya a la Edad Moderna (la que abarcó los siglos XV al XVIII), y se considera como alternativa que reemplaza al teocentrismo.

Teocentrismo

El teocentrismo es una forma del pensamiento que afirma que Dios es el centro del universo y lo rige todo, incluso las actividades humanas. Es una filosofía de épocas de mucha religiosidad, como la Edad Media. Al finalizar la Edad Media y comenzar el Renacimiento, el teocentrismo cedió el paso al antropocentrismo.

El teocentrismo fue un concepto central en el pensamiento de principios de la era cristiana y la Edad Media, impuesto por los reyes católicos, hasta el período del Renacimiento, en el siglo XV, cuando se empezó a concebir a Dios como un factor pero no como causa única del mundo.

Relativismo

El relativismo sostiene que los puntos de vista no tienen, ni pueden llegar a tener, verdad ni validez universal, sino que solo poseen una validez subjetiva encuadrada en los diferentes marcos de referencia.

El relativismo considera que la verdad depende o está en relación con el sujeto que la experimenta, no existiendo verdades objetivas ni tampoco acuerdos universales compartidos por todos los seres humanos. Esta corriente también argumenta que existen diferentes maneras de conocer al mundo y, por más polarizadas que estén, todas tienen validez.

Es imposible dejar de lado la subjetividad en la adquisición de la verdad y de la concepción del mundo. No hay que confundir dos teorías muy próximas pero distintas, como son el relativismo y el escepticismo: mientras el escéptico afirma que no cabe conocimiento alguno, el relativista afirma que sí es posible el conocimiento, pero que éste es relativo a las personas y que por lo tanto pueden existir muchas verdades respecto de las mismas cosas.

No debe confundirse el subjetivismo con el relativismo. El relativismo, que se asemeja mucho al escepticismo filosófico, tampoco admite ninguna verdad absoluta que tenga validez universal, pero mientras el subjetivismo hace depender el conocimiento humano de factores que residen en el sujeto que conoce, el relativismo subraya la dependencia casi exclusiva de factores externos. Como tales considera la influencia del medio, del espíritu, del tiempo, de la pertenencia a un determinado círculo cultural o clase social, y los factores determinantes contenidos en ellos.

Sócrates y Platón consideraron inadmisible el punto de vista relativista, tanto por sus consecuencias en el plano moral como político porque, según ellos, es una teoría absurda y que hace imposible el conocimiento.

En cuestiones humanas y sociales se reconocen tres formas básicas de relativismo:

[1] relativismo cognitivo;
[2] relativismo moral; y
[3] relativismo cultural;

En el primer caso, se niega la verdad absoluta, por lo que no existiría interés por buscarla. En el segundo caso se niega la existencia del bien objetivo, por lo que habría que borrar a la “ética” como actividad intelectual que busca un camino para alcanzarlo. En el tercer caso, no existiría una cultura mejor que otra, por lo que tampoco deberíamos esmerarnos por buscarla.

Relativismo cognitivo

Relativismo cognitivo es todo sistema de pensamiento que afirma que no existen verdades universalmente válidas, ya que toda afirmación depende de condiciones o contextos de la persona o grupo que la afirma.

Relativismo cultural

El relativismo cultural es aquella doctrina que da preeminencia a la cultura frente a otros aspectos de la realidad humana. De este modo, la cultura sería el único marco explicativo desde el que se puede comprender al hombre, quedando este reducido a meros aspectos de la cultura o subproductos.

El relativismo cultural defiende la validez y riqueza de todo sistema cultural y niega cualquier valoración absolutista moral o ética de los mismos. Se opone, por ende, al universalismo cultural que afirma la existencia de valores, juicios morales y comportamientos con valor absoluto y de carácter universal.

Esto significa que el relativismo cultural conlleva a considerar cualquier aspecto de otra sociedad o grupo en relación con los estándares culturales de ese grupo, en vez de hacerlo desde un punto de vista considerado universal, o en relación a la valoración desde otras culturas.

Por ejemplo, considera relativas a cada sistema cultural las diferentes formas de matrimonio, como la poligamia. Según esta corriente de pensamiento todas las culturas tendrían igual valor y ninguna sería superior a otra pues todos los valores son considerados relativos.

Relativismo moral

El relativismo moral es la creencia que da igual valor, legitimidad, importancia y peso a todas las opiniones morales y éticas con independencia de quién, cómo, cuándo y dónde se expresen. Por tanto, las opiniones morales o éticas, las cuales pueden variar de persona a persona, son igualmente válidas y ninguna opinión de "lo bueno y lo malo" es realmente mejor que otra y no es posible ordenar unos valores morales gracias a criterios jerárquicos de clasificación. Esta visión se opone a la del universalismo moral.

El universalismo moral es una característica de religiones universalistas, especialmente del cristianismo. Aunque también hay múltiples posturas no-religiosas, como la del Barón de Holbach, que abogan por un universalismo moral basado en la naturaleza humana, asegurando que es conveniente para el orden social.

Como las opiniones y las circunstancias son cambiantes, ningún conocimiento o principio moral, según el relativismo moral, es objetivo o universal. Es decir, el relativismo moral postula que ningún conocimiento o principio moral es verdadero, independientemente de las opiniones de las personas o de sus circunstancias, ni tampoco, por esa misma razón, es válido para todos, en todo tiempo y lugar.

Subjetivismo

El subjetivismo es la postura filosófica que toma como factor primario para toda verdad y moralidad a la individualidad psíquica y material del sujeto particular, siempre variable e imposible de trascender hacia una verdad absoluta y universal.

El subjetivismo limita la validez de la verdad al sujeto que conoce, juzga principalmente según su entendimiento y en consideración a su realidad específica, entendida no como un hecho "externo" sino como parte constitutiva del sujeto, es decir, afirma que el conocimiento solo es posible de manera limitada.

Como ya hemos dicho, no debe confundirse el subjetivismo con el relativismo. El relativismo, que se asemeja mucho al escepticismo filosófico, tampoco admite ninguna verdad absoluta que tenga validez universal, pero mientras el subjetivismo hace depender el conocimiento humano de factores que residen en el sujeto que conoce, el relativismo subraya la dependencia casi exclusiva de factores externos. Como tales considera la influencia del medio, del espíritu, del tiempo, de la pertenencia a un determinado círculo cultural o clase social, y los factores determinantes contenidos en ellos.

Una variante del subjetivismo es el subjetivismo ético, el cual afirma que lo bueno o lo malo en la moral depende de las actitudes morales individuales. Por lo tanto cuando alguien siente que "P" es bueno de manera sincera entonces "P" es bueno por lo tanto, de acuerdo con los subjetivistas, no puede estar equivocado moralmente.

Objetivismo

El objetivismo se opone obviamente el subjetivismo y sostiene que la verdad es independiente de las personas o grupos que la piensan o, en una forma lógicamente menos restrictiva, afirma que existen algunos hechos objetivos en los que existe acuerdo universal.

Es un sistema filosófico desarrollado por la escritora y filósofa ruso-estadounidense de origen judío Ayn Rand y sostiene que existe una realidad independiente de la mente del ser humano, que este está en contacto con dicha realidad a través de la percepción de los sentidos y que adquiere conocimiento procesando los datos de dicha percepción por medio de la razón.

En suma, el relativismo no aplica para sucesos que son percibidos a través de nuestros sentidos, transformándose dicha percepción en conocimiento por medio de la razón: en verano hace calor, en invierno hace frio, la lluvia cae del cielo hacia la tierra (y no al revés), el sol “sale” por el este y se “oculta” por el oeste (aunque la tierra es la que gira).

Muchas personas son relativistas en relación a ciertos géneros de realidades y objetivistas respecto de otras. Por ejemplo, muchas personas parecen aceptar puntos de vista relativistas respecto de los valores morales, pero no respecto del conocimiento del mundo físico.

El pensamiento de Nietzsche

Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844 – 1900) fue un filósofo alemán considerado uno de los filósofos más importantes de la filosofía occidental, cuya obra ha ejercido una profunda influencia, tanto en la historia como en la cultura occidental.

El “Übermensch”, traducible como superhombre, suprahombre o sobrehombre, en la filosofía de Nietzsche, es una persona que ha alcanzado un estado de madurez espiritual y moral superior al del hombre común. Es capaz de generar su propio sistema de valores, identificando como bueno todo lo que procede de su genuina voluntad de poder.

Una de las ideas que ha defendido Nietzsche con mayor interés, es que los valores tradicionales representados por el cristianismo someten a las personas más débiles a una “moralidad esclava”, que no provocan en ellos más que un estado de resignación y conformismo hacia todo lo que sucede a su alrededor.

Para Nietzsche, esos valores tienen que desaparecer para que aparezcan otros nuevos que representen su prototipo de hombre ideal, al que él mismo llamó Übermensch. Nietzsche combate la moral impuesta por las religiones e impulsa una moral que surja desde lo más profundo de las personas.

Este Übermensch no cree en las cosas que prometen las religiones después de la muerte, él solo cree en lo real y en lo que puede ver. Es un ser que, ante todo, razona, aunque eso no quiere decir que no sienta. Este Übermensch se deja llevar por sus pasiones y sus sentimientos pero, a su vez, se domina a sí mismo. No busca sólo el placer, esa sería la diferencia con “el último hombre”, el último peldaño hacia el Übermensch. Nietzsche contradice en esto totalmente a Platón y a Sócrates, los cuales consideraban totalmente necesario el control de las pasiones. Nietzsche considera a Sócrates como el culpable de la “moral de rebaño” de la sociedad occidental.

Nietzsche expone estas ideas en su libro “Así hablo Zarathustra”, en el que exhorta a la sociedad a orientar sus esfuerzos para superar la línea evolutiva espiritual que hay entre el animal y el superhombre. El repudio del superhombre a la “moral de rebaño” fue expuesto también en “El Anticristo, la maldición sobre el cristianismo” (la otra obra famosa de Nietzsche).

La frase “Dios ha muerto”, también referida como la “muerte de Dios”, es usualmente atribuida al filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770 – 1831), en su obra “Fenomenología del espíritu” e incluso a Fiódor Mijáilovich Dostoyevski (1821 – 1881), en su obra “Los hermanos Karamazov”.

Nietzsche retoma la frase, entre otros escritos, en su obra “Así hablo Zarathustra”, libro responsable de popularizar la frase. “Dios ha muerto”, no quiere decir literalmente que Dios está efectivamente muerto. Es la manera de Nietzsche de decir que la idea de Dios no es capaz de actuar como fuente del código moral.

Nietzsche reconoce la crisis que la muerte de Dios representa para las consideraciones morales existentes, porque “cuando uno desecha la fe cristiana, se olvida de la moralidad cristiana. Esta moralidad de ninguna manera es evidente en sí misma. Rompiendo un concepto principal del cristianismo, la fe en Dios, uno rompe el esquema: nada necesario se mantiene en las manos de uno”.

La “muerte de Dios” es la forma de decir que los humanos ya no son capaces de creer en cualquier orden cósmico desde que ellos mismos no lo reconocen. La muerte de Dios conducirá, dice Nietzsche, no sólo al rechazo de la creencia en un orden cósmico o físico, sino también al rechazo de los valores absolutos, al rechazo de la creencia en una objetividad y una ley moral universal, que se ejerce sobre todos los individuos.

De esta manera, la pérdida de una base absoluta de moralidad conduce al nihilismo, que es la corriente filosófica que sostiene la imposibilidad del conocimiento, y niega la existencia y el valor de todas las cosas. Este nihilismo es en el que trabajó Nietzsche para encontrar una solución a la revaluación de los fundamentos de los valores humanos. Esto significa, para Nietzsche, la búsqueda de los fundamentos más profundos que los valores cristianos.

Finalmente, “la verdad”, para Nietzsche, no existe. Para él “la verdad es la mentira más eficiente”, es decir, la verdad solo es una mentira que ha logrado su objetivo, que es “ser creída”. Para Nietzsche tampoco existen el bien y el mal. Asi lo deja entrever en su frase “la diferencia entre el bien y el mal es que los buenos somos siempre nosotros”.

Conclusión

Terminamos como empezamos, con la sentencia de Protágoras: “el hombre (considerado individualmente o en conjunto), es la medida de todas las cosas”.

Pero muchos piensan – y nosotros también – que debe existir algún estándar con el cual comparar dos afirmaciones morales diferentes para determinar cuál es la “correcta”. Obviamente, los relativistas morales niegan la existencia de tal estándar, y por ello alegan que tales comparaciones son imposibles. Esto ocasiona el problema práctico más grande del relativismo y sus socios: la imposibilidad de condenar cualquier acción desde una posición de relativismo moral.

Como hemos dicho, Sócrates y Platón consideraron inadmisible el punto de vista relativista, por sus consecuencias tanto en el plano moral como político porque, según ellos, es una teoría absurda y que directamente hace imposible el conocimiento (recordemos que Nietzsche consideraba a Sócrates como el culpable de la “moral de rebaño” de la sociedad occidental).

El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber (Buenos Aires, 1968), por su parte, en una conferencia que dictó en el Centro Cultural de Periodismo de la Agencia Télam (pincha Aqui), defendiendo y, a la vez, criticando al relativismo, sostiene: “muchos de los que somos cultores de las verdades relativas – el mismo se reconoce como “relativista” – tenemos que hacernos cargo del relativismo siempre; no vale ser relativista cuando te conviene y cuando no te conviene no, que es el gran “modus operandi” de los relativistas: cuando el otro gana, somos relativistas, pero cuando nuestra verdad se impone, somos absolutistas”.

Cuando los filósofos dicen que “la verdad no existe” están atacando (y lo saben) a Dios mismo.

Jesús dijo que Él era la verdad:

Juan, 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Por lo tanto, la filosofía dice que “Dios no existe” (vaya novedad).

La Palabra de Dios es la verdad:

Juan, 17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

Pero el hombre, que afirma que la verdad no puede conocerse, la conoció y la rechazo:

Juan, 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Pablo dice que, ya que los hombres, en su sabiduría, negaron a Dios, entonces Dios eligió otra forma de hacerse conocer:

1 Corintios, 1:20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? 1:21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 

Y la Biblia dice lo que sucederá con aquellos que han rechazado la verdad:

2 Tesalonicenses, 2:11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 2:12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.

Nos quieren convencer de que el bien y el mal no existen, de que es imposible distinguir entre lo bueno y lo malo. Ya lo advirtió el profeta Isaías:

Isaías, 5:20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! 5:21 ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!

Nos quieren convencer de que la verdad es una ilusión, de que es algo subjetivo, dependiente de cada quien, de cada cultura, de las circunstancias y de cada tiempo y lugar. Esta idea tiene, como era de esperar, el sello inconfundible de satanás:

Juan, 8:44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Desde el huerto del Edén, satanás viene intentando desacreditar y destruir la verdad. Dios había hecho la siguiente advertencia a Adán:

Génesis, 2:17 más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Pero la serpiente puso en duda la Palabra de Dios:

Génesis, 3:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 3:2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3:3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;

Nietzsche nos quiere convencer de que Dios ha muerto. Y tiene razón. Jesucristo ha muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, ha sido sepultado y (la parte que no se le reveló a Nietzsche) resucito al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Corintios, 15:3-4).

Vivimos en una época rara, donde tener razón (afirmar lo obvio) es peligroso. George Orwell, escritor y periodista británico (1903 – 1950), que si creía en la verdad, dijo:






Esta es una época ciertamente de engaño universal (y de corrección política), donde afirmar lo obvio es peligroso. Es cierto que nunca estuvimos tan conectados como ahora, a través de la fuerza bruta computacional (el poder de los ordenadores modernos), internet y las redes sociales. Pero también es cierto que nunca estuvimos tan manipulados como ahora, a través de la posverdad (el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad) y las "fake news" (noticias falsas cuyo objetivo es la desinformación).

Hoy, ser creíble es más importante que ser veraz. La credibilidad desplazó a la veracidad. Ya no importa si lo que digo es cierto o no. El dato ya no importa porque, gracias al relativismo imperante, todo es interpretable. Lo importante es como yo defiendo mi interpretación personal del dato, a través de un relato (de un discurso) y tendré razón o no, no por el peso propio del dato, sino según si mi discurso resulta o no más creíble que el de los demás. Podrán ustedes vislumbrar los peligros derivados de aplicar un procedimiento como este a la Palabra de Dios.

Tenemos que rechazar todo discurso, predica o sermón que, aun estando basado en la Palabra de Dios, introduzca sutilmente conceptos propios de la antropología, de la filosofía y de la humanidades en general, como los que hemos visto, que relativizan, atacan y desautorizan la Palabra de Dios (la Biblia) como lo que en realidad es: una verdad absoluta.

Romanos, 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Gilbert Keith Chesterton, escritor y periodista británico (1874 – 1936), casi de manera profética,  advirtió: “Llegará el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde”.


DIOS TE BENDIGA!


Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra - Ministerio REY DE GLORIA

martes, 14 de abril de 2020

NO HAY ATEOS


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Te dejo el video donde predico acerca de este tema (el contenido del video es el mismo que el expuesto mas abajo):




Ateísmo y agnosticismo

El “ateísmo” (del griego “a” = “sin” + “theo” = “dios” = “sin dios o dioses”) es la postura que afirma que no existe ningún tipo de deidad (divinidad o dios).

A diferencia del “ateísmo” (que afirma que no existe ningún dios) el “agnosticismo” (del griego “α” = “sin” + “gnosis” = “conocimiento” = “sin conocimiento”) es la postura que considera que la verdad acerca de la existencia o inexistencia de algún dios es incognoscible (que no se puede conocer).

En resumidas cuentas: mientras un “ateo” afirma que “no existe ningún dios”, un “agnóstico” afirma que “no es posible para el hombre conocer si existe o no algún dios”.

Por comodidad narrativa, de aquí en adelante, utilizaremos la palabra ateo, pero lo que digamos y las conclusiones a las que arribemos serán de aplicación también a los agnósticos.

Todos somos adoradores

En el programa del conocido periodista argentino Luis Novaresio (“LNE - LUIS NOVARESIO ENTREVISTA”), que se emite por el canal A24 de Argentina, el también conocido filósofo argentino Darío Sztajnszrajber, en una entrevista realizada el 13/11/2018, nos regala esta genial ocurrencia:

“Muchos de nosotros, probablemente, seamos profundamente ateos, en relación a la religiones institucionales por lo menos. Si me preguntan ¿crees en el Dios judeo-cristiano?. Y no, me cuesta mucho. Ahora, si me preguntaran ¿crees en el amor?. Si ¿pero que tiene que ver?. ¿Crees o no en el amor?. Si ¿cómo no voy a creer?. ¿Y qué es el amor?. Es algo que me toma, un absoluto que genera en mí una trascendencia y la posibilidad de que la inmanencia de la existencia cobre un sentido total. Boludo, eso es Dios. O sea: te la das de ateo pero transferís la creencia a otra cosa”.

El video de la entrevista es el siguiente:




La frase se encuentra en el minuto 20:39.

Lo que está diciendo el filósofo (un ateo confeso) es que no hay ateos, porque un ateo ejercería – según el – una fe en un dios (y pone de ejemplo el amor) de una manera muy similar a la que lo hace un feligrés, de cualquier religión, con su dios.

El pecado de los ateos

La “negación de Dios” por parte de los hombres no es nueva y esta mencionada en la Biblia, aunque no está tipificada como un pecado en sí mismo.

Pablo escribe que, para Dios, su existencia es tan obvia que puede comprobarse a través de las cosas creadas. Peros los ateos, aun así, niegan su existencia. Ellos prefieren creer que la nada es capaz de engendrar algo antes que creer que todo lo que existe fue creado por Dios:

Romanos, 1:19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Pablo dice que la sabiduría sin Dios hizo necios a los hombres:

Romanos, 1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios,

Los ateos en general se preguntan por qué el Dios de la Biblia no se presenta de una vez por todas tal como es, en lugar de exigir fe en el Evangelio. La pregunta es ¿creerían?.

Si cada vez que se topan con un hecho que no pueden explicar, inmediatamente buscan una explicación racional, desechando de inmediato cualquier explicación sobrenatural. Si un ateo, por ejemplo, experimentaría una “teofanía” (manifestación de la divinidad) ¿creería que le apareció Dios o buscaría ayuda en la ciencia médica (la psiquiatría) asumiendo que se está volviendo loco?. Y si un grupo de ateos experimentaran esa misma “teofanía” ¿creerían o hablarían más temprano que tarde de “sugestión colectiva”?. Así como hay gente predispuesta a “creer” (es cierto), también hay gente predispuesta a “no creer”, por lo tanto no creerá aunque le hagan un milagro en sus propias narices.

Por eso Pablo dice que, ya que los hombres, en su sabiduría, no buscaron a Dios, entonces Dios optó por salvar al hombre por medio de la predicación del Evangelio:

1 Corintios, 1:21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 

El pecado en que verdaderamente incurren los ateos es en el de “idolatría”. Todos los hombres son adoradores. El hombre fue creado para adorar. La pregunta no es si los hombres adoran sino que es lo que adoran. Nadie puede escaparse de la ancestral pulsión (impulso) de adorar algo o a alguien.

Se puede levantar un dios prácticamente de cualquier cosa. Ese dios que adora un ateo podría ser el amor (como el ejemplo que puso el filósofo citado anteriormente) o también puede ser el dinero, un auto, una profesión, el ego, el intelecto, la tecnología, la belleza física (culto al cuerpo), una ideología, un líder político, un club o una estrella de futbol, un músico, una banda de rock, un actor u otros. Y esta es la esencia de la idolatría: culto a lo creado y no al Creador.

Hay algo que resulta muy gracioso, por lo contradictorio. Por un lado vemos a los ateos burlándose de un feligrés (de cualquier religión), que se prosterna ante su dios, mientras se jacta de que él no se arrodilla ante nada y ante nadie. Por el otro, vemos a esos mismos ateos prosternándose ante uno o más “dioses” de los que hemos mencionado, adorándolos.

Otra cosa bastante graciosa es ver el intento desesperado de los ateos de relacionar la fe religiosa con la ignorancia. La lista de hombres de ciencia e intelectuales (a lo largo de la historia y contemporáneos) que han creído y creen en la existencia de un dios (sea cual fuere la religión de que se trate) es tan extensa, que debería darles vergüenza intentar establecer una relación de causa y efecto entre la razón y la fe.

Solo a modo de ejemplo, citaremos el caso del reconocido físico estadounidense y cristiano, William Daniel Phillips (5 de Noviembre de 1948), ganador del Premio Nobel de Física en el año 1997. ¿Habrá algún ateo cuyo atrevimiento llegue a tal punto de tildar a este científico de “ignorante”?.

La Biblia define la avaricia como el amor al dinero:

1 Timoteo, 6:10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Y luego dice que la avaricia es idolatría:

Colosenses, 3:5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;

Y no solamente la avaricia (el amor al dinero) puede transformase en un dios sino todo lo que mencionamos anteriormente: un auto, una profesión, el ego, el intelecto, la tecnología, la belleza física (culto al cuerpo), una ideología, un líder político, un club o una estrella de futbol, un músico, una banda de rock, un actor u otros.

Y la idolatría impide la entrada en el reino de Dios:

1 Corintios, 6:9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 6:10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

El otro versículo clásico de la Biblia que incluye una lista de pecados que impiden la entrada al reino es:

Apocalipsis, 21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

En estos dos pasajes bíblicos (1 Corintios, 6:9-10, Apocalipsis, 21:8) están mencionados aquellos pecados que, si no nos arrepentimos y los confesamos (1 Juan, 1:9), impiden directamente nuestra entrada en el reino de Dios.

Conclusión

Según las Escrituras judeo-cristianas (la Biblia), los hombres son salvos por gracia, por medio de la fe y no por obras (Efesios, 2:8-9). Siendo la gracia la causa de la salvación (Efesios, 2:8), el “boleto de entrada” a esa gracia es la fe (Romanos, 5:2).

La Biblia define la fe del siguiente modo:

Hebreos, 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 

En esta definición general, la Biblia no dice fe en que, simplemente la define. Pero es claro que esa fe (esa convicción de lo que no se ve), no puede ser “en cualquier cosa”. Esa fe debe estar fuera de nosotros mismos y solo puede ser en lo que Cristo hizo en la cruz, es decir, en el Evangelio:

1 Corintios, 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 15:4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

Un ateo ejerce la fe tal cual la define la Biblia. Supongamos un ateo cuyo “dios” es la tecnología. Ese ateo “cree” en lo que la tecnología puede lograr, aunque todavía no lo vea, o sea tiene una convicción respecto de algo que todavía no puede ver (eso es la fe, según la Biblia).

Los ateos, básicamente, son idolatras. Tienen fe, pero esa fe no está puesta en el Evangelio, es decir, en lo que Cristo hizo en la cruz (1 Corintios, 15:1-4) sino en otras cosas que, como vimos, son “dioses”: en el amor, en sí mismos (en sus propias obras), en el mundo, en el sistema, en la humanidad, en la ciencia, en la tecnología, en su propio intelecto. Esos son los dioses que adoran los ateos y su fe esta puesta en ellos.

Por ende el ateísmo no existe, sencillamente porque no se verifica en la práctica. Como hemos dicho, nadie puede escapar de la ancestral pulsión de adorar. De lo único que se puede jactar un ateo es que no adora dioses invisibles, porque está visto que si adora “dioses visibles”. Y la adoración de “dioses visibles” es definida por el Dios de la Biblia judeo-cristiana como “idolatría”:

Éxodo, 20:3 No tendrás dioses ajenos delante de mí. 20:4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 20:5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

Como puede verse, no se trata de si adoras o no sino, simplemente, de que es lo que estas adorando.

No hay ateos en este mundo ni, por lo tanto, ateísmo. Los ateos tienen sus dioses y su fe, pero esa fe (y esos dioses) no pueden salvarlos.

Ese es su principal problema.


QUE DIOS LOS BENDIGA!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA