jueves, 20 de junio de 2019

SEGURIDAD ETERNA



Nota: Este estudio está basado en los comentarios de Jack Kelley (reconocido ensayista bíblico norteamericano, lamentablemente fallecido en el otoño americano del año 2015).

El sitio en español de Jack Kelley es el siguiente: https://gracethrufaith.com/es/articulo-de-fondo/

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Introducción

Al respecto, Jack Kelley observa:

¿Qué se necesita para ser salvo? Yo creo que la mejor respuesta a esa pregunta es la que el mismo Señor nos dio en Juan 6:28-29.

Juan, 6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Esa fue la mejor oportunidad para enumerar las cosas que tenemos que hacer para satisfacer los requisitos de Dios. Jesús pudo haber recitado rápidamente los diez mandamientos. Pudo haber repetido el Sermón del Monte. Él pudo haber enumerado cualquier cantidad de amonestaciones y de restricciones necesarias para alcanzar y mantener las expectativas de Dios para con nosotros. Pero ¿qué fue lo que Él dijo? “Que ustedes crean en el que Él ha enviado”. Punto. Esto era una repetición de Juan 3:16, confirmando así que el creer en el Hijo es el único y solo requisito para la salvación.

Juan, 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

Debemos comprender algo que normalmente se nos escapara cuando citamos Juan, 3:16. Dios nos amó primero y, precisamente a raíz de ello, fue que envió a su Hijo (no al revés).

Unos versículos más adelante, en Juan 6:38-40, Jesús dijo que esa no era solamente Su idea, y si eso no era suficiente, también el Padre estaba en completo acuerdo con ello. Y no solamente nuestra creencia sería suficiente para proveernos con la vida eterna, sino que era la voluntad de Dios que Jesús no perdiera a ninguno que había creído. Usted y yo somos conocidos por haber desobedecido la voluntad de Dios, pero ¿Jesús lo hizo alguna vez? ¿Y no es que Él es el que lleva la responsabilidad de cuidarnos? Leámoslo.

Juan, 6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 

En caso de que nos olvidáramos de esta promesa, Jesús la volvió a hacer, esta vez con más claridad, en Juan 10:27-29:

Juan, 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 10:28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 10:29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Tanto el Padre como el Hijo han aceptado la responsabilidad de nuestra seguridad. Una vez que estamos en las manos de ambos, nadie nos puede separar de Ellos.

Muchas personas se resisten a tomar el sentido literal de las palabras de Señor y se alistan para sacar a relucir sus versículos preferidos para negar la Seguridad Eterna, malinterpretándolos como generalmente lo hacen.

La sola característica de Dios que nos brinda el mayor consuelo es saber que Él no puede mentir, ni cambiar de parecer, o contradecirse a Sí mismo. Dios no puede decir una cosa en un lugar y luego decir algo enteramente diferente en otro. Él es consistente. Si Él dice que somos salvos únicamente debido a que creemos en Él, y Él ha aceptado la responsabilidad para mantenernos así, entonces podemos estar seguros de eso. Como veremos, cualquier cosa en la Biblia que pareciera contradecir estas afirmaciones directas y simples, debe de estar refiriéndose a algo más.

Pero primero, puesto que Dios le pone tanto énfasis a creer, analicemos más de cerca esta palabra. ¿Qué quiere decir Él cuando dice “cree”?. Esto no es únicamente algo intelectual que nos eleva debido a las palabras de un orador cautivante, solamente para desinflarnos un corto tiempo después. Y Jesús habló sobre la semilla que cayó sobre los pedregales. Él dijo:

Mateo, 13:20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 13:21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

La palabra griega para creer es “pístis”. De acuerdo con la Concordancia de Strong, es la “convicción o creencia con respecto a la relación de las personas con Dios y las cosas divinas, generalmente con la idea incluida de confianza y fervor santo nacido de la fe y unido con esta”.

Es la convicción que se forma en lo profundo de nuestro corazón, la realización de que Jesús no es solamente un hombre. Él es el mismo Señor, y Él llevó consigo el castigo debido a nuestros pecados, el cual es la muerte. Y para demostrar que Dios tomó Su muerte como suficiente, levantó a Jesús de los muertos para sentarlo a Su lado en los lugares celestiales (Efesios 1:20).

Puesto que Dios no puede morar en la presencia del pecado, y puesto que la paga del pecado es la muerte, cada uno de nuestros pecados tenía que ser pagado. Si acaso solamente uno permanecía sin ser pagado, Jesús aun estaría en la tumba. Tenemos que creer que Jesús resucitó para creer que también nosotros lo haremos.

Esa es la clase de creencia que hace que usted sea salvo y salva y se mantenga así, porque con eso se pone en movimiento una cadena de eventos que son irreversibles. En esta cadena hay cuatro eslabones. Usted suple dos y el Señor suple los otros dos. Usted oye y cree, y el Señor sella y garantiza.

Efesios, 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Solamente estos dos versículos deberían haberle puesto punto final a cualquier argumento, llenos como están de palabras legales y sin ninguna cláusula evasiva (que son las condiciones escritas en un acuerdo que pueden modificarlo o aun anularlo). 

La palabra griega traducida arras (del griego “arjrabón”, Strong G728, que significa “depósito de garantía” o “promesa de pago”) es como un “dinero de prenda” y denota una obligación legal que se debe de ejecutar. El comprador de una casa, por ejemplo, puede incluir cláusulas evasivas en el contrato de compra-venta, como por ejemplo, “sujeto a inspección”, o “sujeto a obtener un financiamiento razonable” para poder anular su obligación de comprar si ve que el negocio no va a resultar. Observe que Efesios 1:13-14 no contiene ese tipo de cláusulas. ¿Por cuánto tiempo está vigente esta garantía de pago? “Hasta la redención de la posesión adquirida [por Dios]” (Efesios, 1:14), en otras palabras, hasta que seamos raptados o resucitados.

Es como si hubiéramos sido “apartados”. El precio ha sido pagado y hemos sido removidos de la vitrina, hasta que quien nos ha comprado regresa a reclamarnos. Mientras tanto no podemos ser comprados por nadie más porque, legalmente, pertenecemos a quien ha pagado el depósito. “Ustedes no son sus propios dueños”, se nos dice, “porque fueron comprados por un precio” (1 Corintios 6:19-20).

1 Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 

Unión y comunión

Si la Doctrina de la Seguridad Eterna es tan clara, entonces ¿por qué hay tantas desavenencias sobre la misma?. Yo he podido encontrar dos motivos. El primero es de una naturaleza doble sobre nuestra relación con el Señor. Un lado se llama Unión el cual es eterno e incondicional, basado en nuestra creencia. Efesios 1:13-14 describe nuestra Unión con Dios, sellada y garantizada. Una vez que hemos nacido de nuevo, no podemos des-nacernos. Es válido para siempre. El Espíritu Santo es sellado en nosotros desde el primer momento que creímos, y hasta el día de la redención.

Al segundo yo le llamo Comunión el cual es un poco más complicado. La Comunión es un estado de acercamiento continuo a Dios lo cual le permite a Él bendecirnos diariamente en nuestras vidas, al hacer que las cosas sucedan para nosotros, y también para protegernos de cualquier ataque del enemigo. Es como si Él se hubiera asociado con nosotros para darnos una ventaja sobrenatural. La Comunión la define 1 Juan 1:8-9 como que es tanto terrenal como condicional, dependiendo del comportamiento de cada quien.

1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 

1 Juan, 1:8 nos dice que a pesar de ser creyentes, mientras permanezcamos aquí en la tierra, continuaremos pecando. Puesto que Dios no puede estar en la presencia del pecado, nuestros pecados no confesados interrumpen nuestra relación terrenal con Él y nos privan de las bendiciones que de otra manera podemos recibir. Aun somos salvos en el sentido eterno, pero estamos separados de la Comunión con el Señor aquí en la tierra.

Cuando estamos separados de la Comunión con el Señor, somos un blanco legítimo para el daño que nos hace el enemigo, como lo fue Job. Del libro de Job (Job 9:21, 10:3, 7, 12:4, 27:7, y todos los 41 versículos de Job 31) sabemos que su pecado fue la auto justificación. Debido a que no lo confesaba, él estaba fuera de la comunión con Dios. Por consiguiente, Dios permitió que Satanás lo afligiera para que volviera en sí. Una vez que Job lo confesó (Job 42:1-6), fue restaurado (Job 42:10-17). A pesar de que él era el hombre más justo en la Tierra, Job todavía tenía que confesar su pecado para ser restaurado a la comunión con Dios.

En una ilustración del Nuevo Testamento, lean la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32). Durante el tiempo que permaneció por sí mismo, el hijo pródigo aún pertenecía a la familia de su padre, pero no recibió ninguna bendición. Él estaba fuera de la comunión con su padre. Pero tan pronto regresó y confesó sus pecados, de inmediato fue restaurado como si nada hubiera sucedido.

Es lo mismo con nosotros. Cuando rehusamos confesar nuestros pecados es como si nos hubiéramos alejado de nuestro Padre. Todavía pertenecemos a Su familia, pero no recibiremos ninguna de Sus bendiciones. Y como Job y el Hijo Pródigo, cuando retornamos al Padre y confesamos nuestros pecados, de inmediato somos purificados de toda injusticia y somos restaurados a la Comunión con Él.

Una de las razones del porqué muchos cristianos viven unas vidas derrotadas es que habiendo únicamente aprendido sobre la parte de la Unión al ser creyentes, solamente saben que Dios ha perdonado sus pecados y que irán a morar con Él cuando mueran o sean raptados. Pero no se dan cuenta de que todavía necesitan confesar sus pecados cada vez que los cometen para poder permanecer en Comunión. Y de esa manera, al ser privados de la providencia de Dios, se pueden desanimar y aun dejar de orar y de asistir a la iglesia. Otras personas creyentes, que tampoco entienden esta relación doble, ven el enredo en que se encuentran y creen que han perdido su salvación.

La Unión y la Comunión no son solamente ideas del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, aun cuando Israel era obediente en pensamientos y acciones, haciendo lo mejor para complacer a Dios, los sacerdotes todavía debían sacrificar un cordero sobre al altar cada mañana y cada tarde por los pecados del pueblo. 1 Juan 1:9 es el equivalente, en el Nuevo Testamento, de esos sacrificios diarios por el pecado.

1 Juan, 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 

Esto fue escrito para los creyentes que ya son salvos, pero que están en peligro de estar fuera de Comunión debido a sus pecados.

El regalo y el premio

El otro motivo por el que las personas se confunden es que hay dos tipos de beneficios en la Eternidad. El primero es un regalo gratuito llamado Salvación el cual se le otorga a las personas que lo piden en fe, independientemente del mérito, y nos garantiza la admisión al Reino. Efesios 2:8-9 es el modelo de ello, pues dice que nuestra salvación es un don (regalo) de Dios.

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe. 

El segundo motivo consiste en los galardones celestiales que podemos ganar por las cosas que hacemos como creyentes aquí en la tierra. Adicionalmente al regalo hay un premio.

Un regalo es algo que se da motivado por el amor, independientemente del mérito, y nunca se reclama de vuelta. Un premio, por el otro lado, es algo por lo cual calificamos y ganamos, y si nos descuidamos lo podemos perder.

Nosotros no debemos estar satisfechos con solamente haber recibido el Regalo de la salvación. Ahora debemos vivir nuestras vidas como creyentes de tal manera que podamos ganar el Premio también. La Biblia les llama a algunos de estos premios coronas y vale la pena hacer algún sacrificio para ganarlas.

Las coronas son identificadas en la Biblia como:

[1] la corona Incorruptible [de la Victoria] (1 Corintios, 9:25);
[2] la corona del que gana almas (Filipenses, 4:1 y 1 Tesalonicenses, 2:19);
[3] la Corona de Justicia (2 Timoteo, 4:8);
[4] la Corona de Vida (Santiago, 1:12 y Apocalipsis 2:10); y
[5] la Corona de Gloria (1 Pedro, 5:4);

La diferencia entre el Regalo y el Premio también la podemos ver en 1 Corintios 3:10-15:

1 Corintios, 3:10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 3:12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 3:13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 3:14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 3:15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

Todos los salvos enfrentaremos el tribunal de Cristo:

2 Corintios, 5:10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

Aquí no se discutirá nuestra salvación (que es un regalo) sino lo que hemos hecho para el reino, mientras estuvimos en la Tierra.

En este juicio, la calidad de nuestra obra en la tierra será probada con fuego. Solamente la obra que pase la prueba nos dará la recompensa. Pero observen que aún si toda nuestra obra fuese destruida en el fuego, todavía tenemos nuestra salvación. ¿Por qué? Porque es un Regalo gratuito de Dios, otorgado por amor, independientemente de cualquier mérito que podamos tener.

Los versículos que resaltan el creer, explican la naturaleza permanente de nuestro vínculo con Dios, y los que nos dirigen hacia la eternidad son versículos de Unión. Los que abarcan la gracia y la fe son versículos del Regalo. Los que requieren de las obras y están dirigidos a la calidad de nuestras vidas en la tierra, son versículos de Comunión, y los que requieren de obras y abarcan los galardones eternos son versículos del Premio.

Cuando ustedes ven las Escrituras desde esta perspectiva, todas las aparentes contradicciones desaparecen y ustedes no tendrán que pensar más porqué Dios parece estar diciendo una cosa aquí y algo diferente allá. La cuestión se vuelve en un asunto de poder identificar correctamente el punto focal del pasaje en particular que se está leyendo. Debemos determinar el contexto al leer los versículos que lo rodean y asignarle una de las cuatro categorías.

La hermenéutica

Dentro de las reglas de la hermenéutica (la ciencia de la interpretación apropiada de la Biblia) nos encontramos con la siguiente: “utilizar pasajes que son claros para interpretar otros que son menos claros”.

Algunos pasajes en las escrituras son más difíciles de interpretar correctamente que otros. Cuando uno se encuentra ante un caso como este, lo mejor es localizar los versículos más cercanos al tópico y utilizarlos para ayudar a interpretar los más difíciles. Un clásico ejemplo es Hebreos, 6:4-6 el cual, si se toma por sí solo, parece decir que podemos caer y perder nuestra salvación, y si eso sucede nunca más la podremos recuperar.

En Hebreos, 6:4-6 podemos leer:

Hebreos, 6:4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 6:5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6:6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 

Cualquier discusión profunda sobre la doctrina de la seguridad eterna indudablemente incluirá estos versículos, con los cuales muchas veces muchos predicadores competentes tropiezan al no poder explicarlos. De entrada, este pasaje pareciera decir que una persona que ha aceptado el Evangelio y ha recibido el Espíritu Santo, no solamente puede recaer sino que, al hacerlo, cualquier retorno a la fe es imposible. Ese es un pensamiento tenebroso.

Es así que muchas personas toman un montón de versículos que dicen que somos salvos para siempre y usan Hebreos, 6:4-6 para descartar todos los demás.

Hebreos 6:4-6 es un pasaje generalmente citado en oposición a la Seguridad Eterna. Toda la Carta a los Hebreos fue escrita a los creyentes judíos quienes estaban siendo atraídos para que volvieran a cumplir con la Ley, de tal manera que el contexto de esa carta es el Nuevo Pacto versus el Antiguo Pacto. Pero lo más importante es la malinterpretación que normalmente se hace de Hebreos, 6:4-6 que lleva a la idea de que el creyente sí puede hacer algo para perder irrecuperablemente su salvación, lo cual es una contradicción directa de la tan clara promesa de que el Espíritu Santo está sellado en nosotros desde el primer momento de haber creído, y hasta el día de la redención como un depósito que garantiza nuestra herencia (Efesios, 1:13-14).

En otras palabras: La Epístola a los Hebreos fue escrita a los judíos mesiánicos los cuales habían recibido el Evangelio pero estaban siendo aconsejados por falsos maestros (llamados los “judaizantes”) para que no dejaran de practicar los rituales del templo.

Hechos, 15:5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Estos judaizantes estaban tratando de combinar la práctica del sistema levítico con el Evangelio. A los creyentes gentiles les enseñaban que primero se debían someter al ritualismo judío antes de abrazar el cristianismo, y a los creyentes judíos les decían que era necesario que se mantuvieran dentro del judaísmo. La refutación del Espíritu Santo para los gentiles se encuentra en Hechos, 15 (Concilio de Jerusalén) y para los judíos, la refutación del Espíritu Santo fue Epístola a los Hebreos.

El tema en Hebreos 6 no es la salvación (la Unión) sino la Comunión. Puesto que los creyentes siguen pecando aun después de ser salvos (1 Juan, 1:8), ha habido un proceso continuo de purificación para poder permanecer en la presencia de Dios. Para los cristianos este proceso es la confesión (1 Juan 1:9), pero para los judíos eran los sacrificios diarios. Cuando llegó Jesús Él hizo que la ley fuera obsoleta al haberla cumplido, así que el sacrificio diario que los judaizantes prescribían ya no podía purificar a un creyente por sus pecados continuos. La confesión (1 Juan, 1:9) era ahora la única forma para demostrar arrepentimiento.

No obstante, para aquellos que pretenden ver en Hebreos, 6:4-6 el fundamento de que la salvación si puede perderse, más adelante, en la misma Epístola a los Hebreos, aparece otro pasaje donde parece que el autor se contradice a sí mismo de manera descarada.

Hebreos, 10:14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

¿En qué quedamos?. ¿Se puede o no se puede perder la salvación?.

Entonces, ¿cuál es el peligro para estos creyentes de apartarse debido a sus pecados? La Comunión. ¿Y qué es lo que está previniendo para que puedan ser restaurados? La práctica continua de los remedios del Antiguo Pacto para el pecado, en vez de invocar 1 Juan, 1:9. Esto es debido a que están relegando la  muerte del Señor al mismo nivel del cordero que se sacrificaba dos veces al día por los pecados del pueblo.

La Ley solamente era una sombra de las cosas buenas que venían, no de las realidades mismas. Una vez que la Realidad apareció, la sombra ya no era efectiva. ¿Y cuál sería su castigo por eso? Vivir una vida derrotada, sin producir frutos, todas sus obras siendo quemadas en el juicio de 1 Corintios, 3. ¿Pero serían salvos todavía? ¡Sí! Hebreos 6:4-6 es un pasaje de Comunión.

Demostración de la doctrina de la seguridad eterna por el absurdo

Si Hebreos 6:4-6, por ejemplo, se aplica a nuestra salvación, entonces si en algún momento pecamos después de que hemos sido salvos, estaremos perdidos para siempre sin ninguna esperanza de devolvernos, porque el Señor tendría que volver a ser crucificado para rescatarnos.

Con esto, el Nuevo Pacto sería peor que el Antiguo Pacto, no mejor. Ellos (los israelitas) fueron condenados por sus acciones. Pero según Mateo 5 seríamos condenados por nuestros pensamientos. Los israelitas del AT no podían asesinar. Nosotros no podríamos siquiera enojarnos.

Mateo, 5:21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 5:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Los israelitas del AT no podían cometer adulterio. Nosotros no podríamos siquiera tener un pensamiento lujurioso.

Mateo, 5:27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 5:28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Piensen en ello. Nunca enojarse, nunca desear nada, nunca envidiar, nunca ser idólatras. Nunca ningún favoritismo o discriminación. Nunca ningún mal pensamiento u obra de cualquier clase.

¿Son estas las Buenas Nuevas, las riquezas incomparables de Su Gracia? ¿Se convirtió Dios en hombre y murió de la muerte más horrible jamás ideada por el ser humano solamente para poner a Sus hijos en una posición todavía menos alcanzable que antes? ¿Somos salvos por la gracia solamente para ser puestos bajo las restricciones de una ley administrada con mayor severidad?. Yo no puedo creer en eso.

Algunas otras personas toman un punto de vista un poco más moderado diciendo que Dios nunca quitaría el regalo de la salvación, pero nosotros sí podemos devolverlo. Para justificar esta posición ellos tienen que poner las palabras en boca del Señor. Cuando Él dice en Juan 10:28, “nadie las arrebatará de mi mano”, ellos tendrían que insertar la frase “salvo nosotros mismos” después de “nadie”. Lo mismo en Romanos 8:38-39:

Romanos, 8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Ellos tendrían que insertar la frase “salvo nosotros mismos” después de “ni ninguna otra cosa creada”.

Además, tendríamos que ignorar el hecho de que ya no estamos en control de nuestro destino eterno. Uno de los puntos que Pablo sostuvo en 1 Corintios, 6:19-20 fue el siguiente: “Ustedes no son de ustedes, porque fueron comprados por precio.”

1 Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 

1 Pedro, 1:18-19 nos dice que el precio fue “la sangre preciosa de Cristo, un cordero sin mancha o defecto”.

1 Pedro, 1:18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 

Conclusión: no hay poder en el Cielo o en la Tierra (incluyéndonos a nosotros mismos), que pueda deshacer lo que Dios ha hecho por nosotros.

Principales argumentos en contra de la doctrina de la seguridad eterna y su refutación

[+] Si somos salvos para siempre y nada puede cambiar eso ¿las personas cristianas son libres de hacer lo que quieran sin temor a las consecuencias?.

Nada en esta defensa de la Seguridad Eterna tiene la intención de justificar el pecado. Los creyentes somos constantemente advertidos en las Escrituras de vivir nuestras vidas de una manera agradable a Dios, no para ganar o cuidar nuestra salvación, sino para agradecerle al Señor por habérnosla dado.

Y para ayudarnos a hacer eso, el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros para guiarnos y dirigirnos, y para orar por nosotros. Ya que el Espíritu de Dios mora en nosotros ya no estamos controlados por la naturaleza pecaminosa y podemos así escoger complacer a Dios por la manera en que vivimos. Y a pesar de que hacemos esto en agradecimiento por el Regalo que Él ya nos ha dado, lo cual es la Unión con Él, Él nos bendice tanto aquí en la tierra (Comunión) como en la Eternidad (el Premio).

[+] ¿Por qué molestarse en ser bueno?.

La iglesia casi no se ha esforzado en enseñar los beneficios de vivir una vida que agrade a Dios. De hecho muchos pastores y predicadores parecen estar más dispuestos a amenazarnos con la pérdida de la salvación (por no adoptar un estilo de vida cristiano) que convencernos con las promesas de bendición del Señor por hacerlo.

Vivir una vida agradable a Dios es la única forma dada en las Escrituras para que nosotros le expresemos nuestro agradecimiento al Señor por habernos salvado y por habernos otorgado un lugar de honor en Su Reino.

[+] Si alguna persona cree que puede perder su salvación debido a su comportamiento, ¿es salva?.

Yo pienso que si nosotros creemos que podemos perder nuestra salvación debido a nuestro comportamiento entonces tenemos que creer que la muerte del Señor fue suficiente para salvarnos inicialmente, pero no fue suficiente para mantenernos salvos y salvas para siempre. Puesto que la muerte del Señor es una constante y nuestro comportamiento es una variable, de hecho seríamos responsables por mantener nuestra propia salvación.

Tendríamos que ser muy cuidadosos y cuidadosas de asegurarnos que nuestro comportamiento sea siempre lo suficientemente bueno como para mantenernos salvos y salvas, a pesar de que no fue lo suficientemente bueno para salvarnos en primer lugar. ¿Quiere decir esto que inicialmente necesitamos un 100% de Cristo para ser salvos y luego, para mantenernos salvos, ese % inicial disminuyo?. Pensar esto viola un número de promesas claras que la Biblia hace al contrario. También eso les permitiría a todas aquellas personas que llegan al Cielo poder decir que lo lograron debido, por lo menos parcialmente, a sus propios esfuerzos, a pesar de lo que Pablo dijo en Efesios 2:8-9 que la salvación no es por obras, para que nadie se gloríe.

[+] Apocalipsis, 3:5 dice: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”. ¿Significa esto que Dios puede borrar nuestro nombre del Libro de la Vida?. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

Muchas personas, incluso yo, creen que nuestros nombres fueron escritos en el Libro de la Vida del Cordero antes de la fundación del mundo. Apocalipsis 13:8 y Apocalipsis 17:8 nos ayudan a confirmar eso.

Apocalipsis, 13:8 Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Apocalipsis, 17:8 La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

Estos versículos son muy claros. Solo adoraran al anticristo (una de las bestias de Apocalipsis) aquellos cuyos nombres jamás estuvieron escritos en el Libro de la Vida (no habrá “sorpresas”).

El Señor, conociendo el fin desde el principio, sabía quiénes lo escogerían a Él, y nos reservó un lugar en el Cielo antes de haber creado a Adán. Pero cuando los escribió allí, borrarlos de nuevo querría decir que Él no es omnisciente (no lo conoce todo) y que “cometió un error” al poner nuestros nombres allí en primer lugar.

Apocalipsis 3:5 no habla de que un nombre escrito en el Libro de la Vida puede ser borrado sino de una promesa directa del Señor de que si usted cree en Él, Él nunca borrará su nombre del Libro de la Vida.

Apocalipsis 3:5 no dice que nuestros nombres pueden ser borrados del libro de la vida. Dice exactamente lo contrario. Vea los versículos 4 y 5 en conjunto y podrá ver eso:

Apocalipsis, 3:4 Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. 3:5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.

Él básicamente está diciendo que si las personas no salvas en Sardis ponen su confianza en Él como sus amigos lo han hecho, ellas también serán vestidas de vestiduras blancas y nunca borrará sus nombres del libro de la vida (es una promesa, no una amenaza). Apocalipsis 3:5 es otra promesa directa de la boca del Señor, que una vez que nuestros nombres están en el libro nunca pueden ser borrados. Una vez salvos, siempre salvos.

[+] Éxodo, 32:33 dice: “Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro”. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

En primer lugar, la doctrina de la Seguridad Eterna solo es aplicable a la Iglesia. No se aplica a los ángeles, no se aplicaba en el Antiguo Testamento, y no se aplicará después del rapto. A ningún grupo antes o después de la Iglesia le fue prometido, ni se le prometerá, esa bendición.

En segundo lugar, en el Libro de la Vida estaban escritos los nombres de “todas la personas”:

Salmos, 139:16 Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.

Pero nuestros nombres están también escritos en el Libro de la Vida del Cordero (que no es el Libro de la Vida de Éxodo, 32:33) el cual contiene solamente el nombre de las personas en la Iglesia:

Apocalipsis, 21:27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Muchas personas se confunden porque creen que existe un único libro. Pero existe más de uno. En Apocalipsis, 20:11-15, donde se describe el juicio ante el gran trono blanco, aparece el siguiente pasaje:

Apocalipsis, 20:12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Hay un libro donde están anotadas todas las personas (creyentes e incrédulas) y sus obras, las cuales “estaban escritas en los libros”. Luego, el que no se halle inscripto en el libro de la vida será lanzado al lago de fuego (Apocalipsis, 20:15).

[+] Ezequiel, 18:24 dice: “Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá”. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

Ezequiel 18:24 fue escrito para el Israel del Antiguo Testamento. La Iglesia es el único grupo en la historia del hombre al que se le ha prometido la Seguridad Eterna. Aún a las personas creyentes de después del rapto que pasarán por la Gran Tribulación no se les promete esta seguridad, sino que serán responsables de su propia fidelidad (Apocalipsis 14:12).

Ezequiel 18 es la respuesta de Dios a los judíos que decían que estaban siendo castigados por los pecados de sus antepasados, no por sus propios pecados, cuando Dios envió a los babilonios en contra de ellos. Él aprovechó la oportunidad para declarar Sus puntos de vista sobre la responsabilidad personal, la cual se puede resumir en el versículo 4:

“La persona que peque morirá.”

Pero aún entonces, toda persona que se acercaba al Templo con un sacrificio ofrecido con la fe puesta sobre un Redentor venidero que los salvaría, ponían sus pecados a un lado.

[+] Lucas, 8:13 dice: “Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan”. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

Como lo he dicho anteriormente, la Biblia, siendo la Palabra de Dios no puede ser inconsistente. No puede decir una cosa en un lugar y otra diferente en otro lugar. Si uno llega a un versículo que parece contradecir otros versículos que son claros, entonces tenemos que asumir que nuestra interpretación de ese versículo es incorrecta.

La analogía es que una semilla que se siembra y cae en tierra pedregosa en donde no puede echar raíces pronto muere por falta de agua. Esto describe a una persona que en la pasión del momento queda emocionada con el evangelio y aún puede responder al llamado al altar. Pero el evangelio nunca tomó raíz en el corazón de esa persona de tal manera que cuando llega el primer momento de prueba, esa persona rápidamente se vuelve a su antigua manera de ser. Según estudios que se han hecho, ese es el caso de un abrumador porcentaje de personas que van hacia el altar en las famosas campañas o cruzadas, en dónde hay mucha emoción y alboroto. Al comparar esto con Lucas 8:15 en dónde la palabra es recibida por un corazón que está listo podemos ver que el versículo 13 describe a una persona que nunca fue realmente salva en primer lugar.

[+] Filipenses, 2:12 dice: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

¿Cómo pudo Pablo haberle dicho a los filipenses que tenían que trabajar para mantener su salvación cuando ya le había dicho a los efesios (Efesios 1:13-14) y a los corintios (2 Corintios 1:21-22) que su salvación estaba garantizada desde el momento en que creyeron?.

Anteriormente en la carta a los filipenses él dijo que Dios es fiel para completar la buena obra que empezó en nosotros (Filipenses 1:6).

Filipenses, 1:6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

Algunos (acaso los que se oponen a la doctrina de la seguridad eterna) sostienen que este pasaje de Filipenses, 1:6 esta exclusivamente dirigido a los filipenses (los creyentes de la iglesia que Pablo fundo en la ciudad de Filipos, durante uno de sus viajes misioneros), motivo por el cual, Filipenses, 1:6, no resulta aplicable a toda la iglesia. Pero las cartas de Pablo, a pesar de tener un destinatario, que terminaba dando título a la carta (Filipenses, 1 y 2 Corintios, Efesios, 1 y 2 Tesalonicenses, etc.), estaban dirigidas y se leían en más de una iglesia. Prueba de ello es el siguiente pasaje:

Colosenses, 4:16 Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros.

Existe consenso en que la iglesia de Laodicea era la de Éfeso. Claro ¿no?. El mismo Pablo ordenando que la carta escrita a los colosenses se lea en la iglesia de Éfeso y que la dirigida a Éfeso sea lea en la iglesia de los colosenses.

Aceptar que Filipenses, 1:6 es un pasaje estrictamente aplicable a la iglesia de Filipos y no a la iglesia toda, es tan absurdo como aceptar que Efesios, 6 (el capítulo donde Pablo habla de la guerra espiritual) solo resulta aplicable a la iglesia de Éfeso (un disparate).

Retomando….

De acuerdo a Filipenses, 1:6, nosotros no empezamos la obra, Él lo hizo. Tampoco la llevamos a su conclusión, Él lo hace. Lo que Pablo estaba diciendo es que la salvación que está disponible ahora es una promesa que Dios nos ha dado. Nosotros podemos confiar en Él porque Él es fiel para hacer que la promesa se haga realidad.

Filipenses 2:12 es parte de un pasaje en el cual el contexto es imitar la humildad del Señor. En Filipenses 2:5-11 Él dijo que Jesús era Dios en la carne, pero se hizo hombre hasta humillarse para hacerse siervo, aun renunciando a Su propia vida porque Su Padre se lo había pedido. En ese contexto Filipenses 2:12 está diciendo que si Él que lo tenía todo pudo hacer eso, cuánto más nosotros que no tenemos nada debemos acercarnos a Él con profunda humildad (acaso con temor y temblor), porque sabemos que no merecemos lo que estamos pidiendo.

Pablo termina de aclarar el tema en Filipenses, 2:13 donde escribe: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

Es Dios, el Espíritu Santo, el que, a través de su obra de regeneración (Juan, 3:3) y de su gracia, hace (produce en nosotros) no solo nuestro deseo de alejarnos del pecado (el querer) sino, además, que podamos lograrlo (el hacer). No se puede sacar de contexto Filipenses, 2:12 para negar la seguridad eterna argumentando que tenemos que guardar nuestra salvación “con temor y temblor”, como si fuera una obra 100% nuestra, cuando, en el versículo siguiente (Filipenses, 2:13), Pablo dice que es una obra 100% del Espíritu Santo.

[+] Colosenses, 1:21-23 dice: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro”. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

Si tomamos esta declaración por sí misma podemos leerla como una afirmación condicional. Pero para que eso sea correcto, Pablo tendría que haberse contradicho en otras declaraciones claras que él hizo confirmando la seguridad eterna en otros lugares.

Algunos de estos son Romanos 8:38-39, Efesios 1:13-14, y 2 Corintios 1:21-22. Puesto que sus escritos fueron inspirados por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16), eso sería imposible. Entonces, ¿qué es lo que Colosenses 1:21-23 realmente dice?

La palabra griega traducida “si” en Colosenses 1:23 es “eige”. Esta palabra no tiene un equivalente directo en español. Según mi concordancia la palabra “puesto que” y la frase “en vista de que” se le acercan mucho. Por ejemplo, suponga usted que yo digo, “Si la gravedad existe, entonces al saltar de un edificio usted caerá al suelo.” ¿El uso que hago de la palabra “si” implica que la gravedad es condicional? O, ¿estoy realmente diciendo, “Puesto que la gravedad existe, entonces al saltar de un edificio usted caerá al suelo?” ¿Se puede dar cuenta lo que quiero decir? Al sustituir “puesto que” por “si” se elimina cualquier posibilidad de que Colosenses 1:21-23 contradiga las otras declaraciones de Pablo.

[+] 1 Timoteo, 4:1 dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

La suposición de que las personas deben tener una fe verdadera para abandonarla no es correcta. En Mateo 7:22-23 Jesús dijo que Él negaría haber conocido a algunos que habían profetizado, expulsado demonios y hecho milagros en Su Nombre (para Cristo nunca fueron salvos).

Mateo, 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 7:23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Y al referirse a los falsos maestros Juan dijo:

1 Juan, 2:19 Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

En Juan 10:27-29 Jesús dijo:

Juan, 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 10:28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 10:29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 

Por estas declaraciones sabemos que a pesar de que hay personas que afirman ser creyentes, resulta que no lo son. Pero las personas que verdaderamente son creyentes no abandonarán su fe ni se perderán, así que las que abandonan la fe realmente nunca la tuvieron.

Efesios 1:13-14, 2 Corintios 1:21-22 y muchos otros versículos confirman Su promesa de que una vez que hemos creído en Él nuestra salvación está garantizada y nada puede cambiar eso.

Los apostatas abandonan una fe que ya estaba muerta en los términos de Santiago, 2:14-17, es decir, ya era una fe que no salvaba (por no tener fruto). Con la apostasía no se pierde la salvación sino la posibilidad de obtenerla ya que es preferible tener una fe muerta, que puede revivir en algún momento por la vía del arrepentimiento, a directamente no tener nada.

[+] Hebreos, 10:26-29 dice: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

Para negar la seguridad eterna usted tiene que creer que hay otras declaraciones en la Biblia que pueden contradecir los versículos en los cuales se sustenta (Efesios, 1:13-14, 2 Corintios, 1:21-22, etc.).

Eso quiere decir que o Dios no fue sincero cuando hizo que Pablo las escribiera, o que Él permitió que Pablo hiciera una promesa en Su nombre que no es cierta, o que Él cambió de manera de pensar y las revocó.

Ahora examinemos la cita de Hebreos 10:26-29. Si el escritor de la carta se estaba refiriendo a nuestra salvación entonces la primera frase de ese pasaje ha descalificado a cualquier persona que haya vivido, para irse al Cielo, porque ninguna persona cristiana jamás ha podido vivir una vida sin cometer pecado, aun luego de ser salva:

1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 

Aún Pablo confesó que no podía mantenerse sin pecar (Romanos 7:18-20).

Romanos, 7:18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 7:19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 7:20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 

Finalmente, debemos ver el contexto en el cual el pasaje de Hebreos fue dado. Toda la carta es un argumento en contra de la tendencia de los creyentes judíos de volverse al sistema levítico, el cual requería el sacrificio de un cordero como remedio para el pecado.

Hebreos 10:26-29 dice que ya no existe ningún sacrificio aceptable en el sistema levítico, y que buscar uno ahí es un pecado que tiene el efecto de “pisotear al Hijo de Dios, y tener por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, y hacerle afrenta al Espíritu de gracia,” y que regresando a la Ley de Moisés después que Jesús vino a cumplirla era el peor insulto a Dios que el desobedecerla antes que Él viniera. Bajo el Nuevo Pacto el remedio para el pecado lo encontramos en 1 Juan 1:9:

1 Juan, 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 

[+] 2 Pedro, 2:20-21 dice: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado”. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

El contexto de 2 Pedro 2 es los falsos maestros y su destrucción. De otros pasajes que son claros cuando explican la certeza de nuestra salvación y el compromiso del Señor para no perder a ninguno de nosotros, podemos concluir que las personas a las que Pedro se está refiriendo no eran salvas ni nunca lo fueron.

Conociendo al Señor y conociendo el camino de la justicia no quiere decir que una persona ha creído en su corazón. Las palabras griegas usadas aquí todas tienen una forma de “gnosis”, que significa conocimiento. La palabra griega para creer (“pistis”) no está relacionada a la palabra para conocer (“gnosis”), y no aparece en ningún lugar de este pasaje. Las personas que Pedro está describiendo han aprendido lo suficiente para ser maestros, pero no han creído lo que han aprendido (conocer no significa creer) y realmente están descarriando a sus estudiantes. Pedro dijo que hubiera sido mejor que ellos hubieran permanecido ignorantes. Jesús les dijo a los fariseos:

Juan, 9:41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.

[+] 2 Pedro, 3:17 dice: “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza”. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

La Biblia siendo la Palabra de Dios no puede contradecirse a sí misma. Dios no dice una cosa en un lugar para luego decir otra diferente en algún otro lugar. Por consiguiente, usted no puede tomar un versículo cuyo significado no es claro y usarlo para negar todos los demás que tienen un significado claro. Hay docenas o más de versículos que son claros sobre la Seguridad Eterna. Dos de los más claros son Efesios 1:13-14 y 2 Corintios 1:21-22.

Pedro estaba hablando sobre los falsos maestros que hacen que las personas duden de su fe. Estos sembrarán confusión entre la gente alegando que saben cosas que las personas no han oído antes.

En 2 Pedro 3:17 se nos advierte de no dejarnos llevar por el error de hombres inicuos para apartarnos de nuestra posición firme, o literalmente de nuestra firmeza mental.

Si nuestra posición segura fue hecha posible por el sello del Espíritu Santo, y si es Dios quien nos hace estar firmes en Cristo, y si nadie nos puede arrebatar de Sus manos, entonces, ¿cómo podremos enfriarnos? De nuevo, Pedro tenía que estar hablando de otra cosa.

Él estaba hablando acerca de permitir que el error de hombres inicuos nos distraiga. Estos son los burladores de 2 Pedro 3:3-7 que insisten en que el Señor realmente no va a volver. La advertencia de Pedro no tiene nada ver con la seguridad eterna, sino en perder nuestra esperanza bienaventurada en el retorno del Señor, perdiendo así nuestra paz acerca de Sus promesas y nuestra certeza del futuro.

2 Pedro, 3:18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Luego, en el versículo final, 2 Pedro 3:18, se nos da el curso de acción que evitará que eso nos suceda. Debemos crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En otras palabras, no debemos escuchar a estos hombres inicuos que niegan las promesas que el Señor nos hizo a nosotros, sino por Su Gracia y a través del estudio de Su palabra, debemos aprender esas promesas tan bien que nadie pueda disuadirnos.

 [+] Apocalipsis, 22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. ¿Cómo se condice esto con la doctrina de la seguridad eterna?.

Apocalipsis 22:18-19 es una advertencia para cualquier persona que intente re-escribir el Libro de Apocalipsis, ya sea añadiéndole cosas que Dios no dijo, o quitándole cosas que Él dijo. A pesar de que algunas personas creyentes han interpretado este libro de muchas maneras diferentes, no puedo imaginarme cómo una persona creyente nacida de nuevo pueda realmente re-escribirlo. Por consiguiente yo creo que eso es una advertencia dirigida a las personas incrédulas de no alterar el libro con la intención de engañar a la gente.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA