jueves, 23 de mayo de 2019

LEYES Y PRINCIPIOS ESPIRITUALES



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Introducción

Hay momentos en los que hay que orar y hay momentos en los que hay que obedecer. El saber guardar este perfecto equilibrio es lo que nos hace personas espirituales.

En el AT, había dos motivos para orar:

[1] porque se quería algo; o
[2] porque algo ya no se quería más;

Ana oró para tener un hijo:

1 Samuel, 1:10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 1:11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

Faraón le pidió a Moisés que orara para que Dios quite las ranas de Egipto:

Éxodo, 8:8 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Orad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová. 

Ana oraba “quiero tener un hijo”. Faraón le dijo a Moisés “quítame las ranas”. Hoy en día, la oración corre por estos mismos carriles. Señor, dame un auto, una esposa, hijos. Señor, quítame esta enfermedad, esta crisis, esta angustia, llévate las ranas.

Distintos tipos de leyes

[1] leyes gubernamentales;
[2] leyes naturales; y
[3] leyes espirituales;

[1] Leyes gubernamentales

Cuando quebrantamos las leyes gubernamentales, las de los gobiernos, la de los Estados, las leyes de los hombres, según el delito, pagamos una multa, vamos a la cárcel y, si está estipulado, pagamos una fianza para salir libres hasta la sentencia definitiva.

[2] Leyes naturales

Las leyes naturales se cumplen para todos:

Mateo, 5:44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 5:45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

[+] Ley de la procreación:

Ya sea en el reino animal o en el de los hombres, cualquier macho que pueda procrear y se junte con una hembra, tendrá una cría. El delincuente lo puede hacer y el hombre de bien lo puede hacer. Es una ley natural. El sol sale para todos (buenos y malos). La lluvia cae sobre todos (justos e injustos).

 [+] Ley de la gravedad:

Si arrojas un objeto al aire este finalmente caerá, atraído por el centro gravitacional de la Tierra.

Son leyes que los hombres no pueden modificar o anular.

[3] Leyes espirituales

En el ámbito espiritual también hay leyes irrefutables, que no van a cambiar ni para creyentes, ni para inconversos. La Biblia es un libro de leyes (las leyes de Dios).

Las principales leyes espirituales están en el decálogo:

[1] no tendrás dioses ajenos delante de mi (Éxodo, 20:3);
[2] no te harás imagen de ninguna cosa ni la adoraras (Éxodo, 20:4-5);
[3] no tomaras el nombre de Jehová tu Dios en vano (Éxodo, 20:7);
[4] no trabajaras en el día de reposo (Éxodo, 20:8-11);
[5] honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra (Éxodo, 20:12):
[6] no mataras (Éxodo, 20:13);
[7] no cometerás adulterio (Éxodo, 20:14);
[8] no hurtaras (Éxodo, 20:15);
[9] no hablarás contra tu prójimo falso testimonio (Éxodo, 20:16);
[10] no codiciaras nada de tu prójimo (Éxodo, 20:17);

Cuando quebrantamos una ley de Dios, hay una única sentencia: la muerte.

Romanos, 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Cuando quebrantamos algún mandamiento de Dios siempre hay algo que se muere.

[+] cometemos adulterio y muere nuestro matrimonio;
[+] mentimos y muere nuestra credibilidad;
[+] pecamos y muere nuestra relación con Dios.

Algunas leyes o principios espirituales

La oración no puede estar por encima de un principio espiritual establecido por Dios.

A continuación veremos las siguientes leyes espirituales:

[+] las leyes de armonía familiar;
[+] la ley de honra a los padres;
[+] la ley de la prosperidad;
[+] la ley de contentamiento;
[+] la ley de la salvación;
[+] la ley de la sanidad divina;
[+] la ley de la siembra y la cosecha;
[+] ley de recompensa a la fidelidad;
[+] la ley de la fe; y
[+] la ley del perdón;

[+] Las leyes de armonía familiar

Tú puedes orar por tu matrimonio, pero eso no te exime de amar, respetar, honrar, proteger y guardar fidelidad a tu cónyuge:

Efesios, 5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 

Tú puedes orar por tus hijos, pero eso no te exime de ser un buen padre:

Efesios, 6:4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. 

[+] La ley de honra a los padres

Efesios, 6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 6:3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

La Biblia no dice “no mataras y te ira bien”. Es no mataras y punto, sino serás un asesino. No hay promesa en ningún mandamiento, sino solo en uno: honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien y seas de larga vida.

La Biblia no dice honra a tu padre y a tu madre “solo si se lo merecen”. Este mandamiento no tiene que ver con ellos sino que tiene que ver contigo, para que te vaya bien. ¿Qué es honrar?. Es respetarlos y saber que hicieron los mejor que pudieron. El Señor te dice: no te estoy pidiendo una opinión, es una orden (un mandamiento). Porque tu perteneces a un proyecto más grande que tú mismo. No me importa, te dice el Señor, si tus padres fueron buenos o malos. Si quieres que te vaya bien, tienes que honrarlos (es un principio espiritual). Si no honras a tus padres, no podre bendecirte, dice el Señor. Y, si tus padres están muertos, honrarlos es no guardarles rencor.

[+] La ley de la prosperidad

No diezmar es robar a Dios.

Levítico, 27:30 Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.

Malaquías, 3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 3:9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 3:10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Trae alimento a mi casa y yo me ocupo del devorador (de tus finanzas), dice el Señor.

Puedes ver un estudio sobre los diezmos y las ofrendas en mi blog, en el siguiente link:


Y, por si quedara alguna duda, Pablo escribe:

2 Corintios, 9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 9:7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 9:8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;

Hay que trabajar para solventar el pan en nuestra casa, pero no hay que trabajar por la prosperidad, la cual solo opera por este principio espiritual de correspondencia o correlación entre la siembra y la cosecha.

Estos pasajes no hablan de pagar deudas, el mínimo de la tarjeta o subsistir (tener para comer), sino de una verdadera prosperidad “sobrenatural”, suficiente como para mandar misioneros al África, pagarle un suelo al pastor o predicador, hacer alguna obra de caridad o bendecir a alguien.

Las finanzas, en el mundo, se mueven de dos maneras:

[1] el sistema financiero babilónico (secular); y
[2] el sistema financiero espiritual;

Efesios, 4:28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

Dios quiere que trabajes para que bendigas y no solo para “pagar las cuentas” (eso es tener mente de asalariado). El que robaba, no robe más y trabaje para tener para dar.

Orar a Dios por una buena cosecha, no nos libera de sembrar adecuadamente. Muchos quieren una buena cosecha para empezar a sembrar, pero Dios dice “no puedo ir en contra de mis principios”.

Tenemos semillas y dudamos en sembrarlas porque pensamos “si las siembro después ¿con que me quedo?”. Respuesta: con la planta.

Hay ateos multimillonarios que se convierten en filántropos y crean fundaciones de beneficencia. Los casos son tantos y tan famosos que ni siquiera vale la pena enumerarlos. Ellos han descubierto que el dar es un principio que tiene recompensa. Muchos libros escritos por “gurúes” del marketing y las finanzas están basados en principios bíblicos (aunque no lo reconozcan). La contracara de esto es que hay cristianos que se comen la Biblia (por el conocimiento que tienen) pero son reticentes para (les cuesta) dar.

La consecuencia de esto es una triste paradoja: por un lado, tenemos a nuestro ateo multimillonario bendecido por dar y, por el otro, tenemos a nuestro cristiano (que se come la Biblia) pero que no puede despegar financieramente por su reticencia a dar (el destino eterno del alma - a donde irá cada uno una vez muerto - es otra cuestión).

[+] La ley de contentamiento

Yo puedo orar para que Dios me saque de las deudas, pero esto no me exime del siguiente principio:

Romanos, 13:8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

Cuando nos endeudamos para tener lo que, de otro modo, no podríamos tener ni mantener, significa que no hemos aprendido, como Pablo, a contentarnos cualquiera sea nuestra situación.

Filipenses, 4:11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 4:12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 

Es este principio el que se ha violentado cuando asumimos deudas que después no podemos pagar (y hablo por experiencia propia).

[+] La ley de la salvación

Que la salvación sea por gracia, por medio de la fe (y no por obras) es otro principio.

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

No puedes trabajar por tu salvación, la cual solo se recibe por gracia, por medio de la fe (no por obras). La fe es el “boleto de entrada” a la gracia (la causa de la salvación):

Romanos, 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

[+] La ley de la sanidad divina

La sanidad divina responde a otro principio:

Isaías, 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

La salud hay que cuidarla. La sanidad es un regalo de Dios.

[+] La ley de la siembra y de la cosecha

El mundo secular le llama a este principio “la ley del karma (todo vuelve)”.

Gálatas, 6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará

A veces, cuando vemos un viejito solo, decimos: que hijos sinvergüenzas, que nietos desalmados. No siempre hay hijos sinvergüenzas y nietos desalmados. Algunos de esos viejos (hoy) solos fueron una vez adultos que nunca honraron, nunca sembraron y cuando quisieron juntar a la familia alrededor de una mesa, porque se les ocurrió aterrizar, los hijos ya no estaban ahí, los nietos tampoco. No siempre los viejitos que están solos están así por una injusticia. A veces es porque fue demasiado tarde para sembrar.

No envidies para que no te envidien. No critiques para que no te critiquen. Honra para que seas honrado:

Mateo, 7:1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 7:2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

Si cumples con este principio ¿eso evitara que te lastimen?. No, y ya lo dijo el Señor:

Lucas, 17:1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! 17:2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.

Pero no seas tú el que haga tropezar a otro y tengas que atar a tu cuello una piedra de molino.

[+] La ley de recompensa a la fidelidad

Muchas veces queremos que Dios “nos envíe a las naciones” pero no somos capaces de cumplir con pequeños mandatos: haz ese llamado, ve a ver a tal persona y soluciona los problemas que tienes con ella, haz esa ofrenda. Llueve y ya nos cuesta venir a la iglesia.

Y aquí se cumple otro principio espiritual:

Mateo, 25:23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 

Dicho de otro modo: si en las pequeñas cosas (lo poco) no hemos sido capaces de obedecer ¿cómo podrá encomendársenos lo sublime (lo mucho)?.

[+] La ley de la fe

¿Está bien orar para que nuestra fe sea aumentada?

Lucas, 17:3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. 17:5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

Jesús resucito muertos, sano enfermos, pero no fue hasta que hablo acerca de la ofensa y del perdón que los apóstoles pidieron más fe. La oración “auméntanos la fe” en una oración que se ha hecho popular y está, supuestamente, avalada por este pasaje bíblico.

La fe es como un esclavo o un sirviente

Sin embargo no nos detenemos en la respuesta de Jesús:

Lucas, 17:6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

En principio, parece que Jesús no contesta la pregunta. Pero lo que les está diciendo es que “ustedes ya tienen fe, lo que sucede es que no la están utilizando”.

Jesús continúa hablando y no cambia de tema:

Lucas, 17:7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? 17:8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? 17:9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

¿Por qué nos parece, otra vez, que Jesús está cambiando de tema cuando lo único que hicieron los apóstoles es pedirle más fe?.

Lo que está diciendo Jesús es esto: si tuvieras un siervo ¿lo pondrías a trabajar?. Por supuesto. La servidumbre y la esclavitud eran parte de la vida diaria en los tiempos de Jesús. En los tiempos de Jesús los sirvientes eran usados. Por eso Jesús utiliza la figura de la servidumbre para explicar cómo opera la fe.

Lo que el Señor está queriendo decir es lo siguiente: tienes que poner a trabajar tu fe de la misma forma que un señor lo hace con su siervo o esclavo.

Jesús no está cambiando de tema sino que está diciendo: la fe tiene que servirte como un esclavo, la fe no es algo que va y viene sino que tú tienes que saber cómo opera la fe.

Una única “medida” de fe

Romanos, 12:3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Pablo no está diciendo que una medida de fe, particular y única, es decir, distinta, fue repartida a cada uno, sino que está hablando de la medida de la fe, también única pero universal, es decir, para todo el mundo igual. No es UNA medida de fe sino LA medida de fe.

No es que Dios da a algunos un cucharon de fe y a otros un gotero de fe. Dios no hace acepción de personas en términos de los que nos regaló en la cruz. Jesús murió en la cruz y dijo “hecho esta”.

¿Y cuál es esa medida de fe, que es LA medida de la fe?. La SUFICIENTE.

La fe es un fruto del Espíritu Santo

Cuando aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y es cuando aparecen los nueve frutos del Espíritu:

Gálatas, 5:22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 5:23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 

¿Qué es un fruto?. Algo que está en la planta y crece de manera natural y va a salir cuando tenga que salir.

La fe, claro está, es un fruto que está por el solo hecho de haber aceptado a Cristo y de que, a consecuencia de ello, tengamos al Espíritu Santo morando con nosotros.

Nuestra fe es la misma que la de los apóstoles

El apóstol Pedro sanó un cojo en la entrada del templo, resucitó a Dorcas de la muerte y sanó enfermos con su sombra.

2 Pedro, 1:1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra:

Pedro está diciendo: la misma fe sobrenatural que opera en mi opera también en ustedes.

¿Cuándo obtuviste esa fe?. Esa medida de fe te fue dada cuando Jesús dijo en la cruz “consumado es”. En ese momento (y cuando te convertiste, es decir, cuando naciste de nuevo) te fue dada LA medida de fe que se necesita para cualquier milagro. Lo uses o no lo uses, la tienes (es indistinto). Tiene que ver con que si conoces lo que tienes o no.

La fe es una ley

Romanos, 3:27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe

La ley de la fe (por ser precisamente una ley) opera equitativamente en todos aquellos que tienen a Cristo en el corazón. Algo no puede ser categorizado como una ley si no aplica de la misma manera para todos y en donde quiera. Pero la mayoría no cree que la fe sea gobernada por una ley.

La ley de la fe es una ley que incluso Dios respeta. Es como una restricción que se autoimpuso Dios a sí mismo.

Dios dice: yo hice toda la obra en la cruz, todos los regalos te los di allí, que lo entiendas o no entiendas es tu problema, pero tienes la medida de fe que tuvo y tiene todo el mundo: la de Cristo y los apóstoles. Si lo crees, entonces ya no me hables más de la montaña sino háblale a la montaña de mí, dice el Señor.

Hace 4.000 años atrás la ley de la electricidad ya existía. Sin embargo, hombres santos como Abraham o como Moisés no pudieron disfrutar de la electricidad. ¿Por qué?. ¿Les falto fe?. No. La ley de la electricidad estaba allí, antes que el hombre la descubriera, ya Dios la había puesto en la tierra. Los hombres santos del AT eran ignorantes de esa ley (no la conocían).

Hay personas que pasan necesidades porque desconocen el poder de Dios, son ignorantes de lo que Dios les regalo. Son personas santas, son personas piadosas pero ignoran las leyes de Dios y, entre ellas, la ley de la fe.

La incredulidad contamina la fe

En Mateo, 17:1-21 se describe una situación muy conocida:

Jesús va al monte, junto con tres discípulos (Pedro, Jacobo y Juan), a transfigurarse, donde se encuentra con Elías y Moisés. Mientras tanto, el resto de los discípulos quedan lidiando con un endemoniado. Cuando Jesús vuelve, se acerca el padre del endemoniado y le dice “tengo un hijo lunático, endemoniado y tus discípulos no lo pudieron liberar”.

Jesús no dijo “solo yo puedo reprender demonios” sino que dijo “generación incrédula, hasta cuando voy a estar con ustedes” y no se lo dijo al padre del muchacho sino a sus discípulos.

Jesús resuelve el caso y luego sus discípulos le preguntan por qué ellos no habían podido hacerlo. Ellos pensaban que Jesús les diría “porque ustedes no son como yo”. Pero Jesús les dice “por vuestra poca fe”, es decir, por vuestra incredulidad. Y les dice más: “este género, sale con ayuno y oración”.

Jesús ya los había entrenado y les había dado autoridad pero, aun así, los discípulos no habían podido con este caso.

Mateo, 10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

Allí Jesús les había dado autoridad sobre los espíritus inmundos para para sanar TODA enfermedad y TODA dolencia. Por lo tanto, no podría el Señor ahora establecer una excepción y decirles que, para echar fuera a algunos demonios, en realidad, se necesitaba “algo más” sobre lo cual Él no les había informado o que la autoridad que les había dado no era sobre todo espíritu, porque hay algunos “más complicados que otros”.

El género al que se refiere el Señor, que se va con oración y ayuno, es el de la INCREDULIDAD que estaba afectando a los discípulos y que les habían impedido expulsar al demonio que atormentaba al hijo de aquel hombre. El género de la INCREDULIDAD de los discípulos es el que se va con oración y ayuno y no el demonio que atormentaba al muchacho.

Por eso no debes pedir más fe sino llevar tu incredulidad a cero, que fe ya hay la suficiente, desde la cruz del calvario. La fe es una, no crece sino que es semejante a un grano de mostaza, como dice el Señor.

[+] La ley del perdón

Lucas, 6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

El Señor dice: evitas el juicio con otro y yo lo evito contigo, no condenes y tampoco tendrás condena de mi parte (porque algunos evitan el juicio y van directo a la condena), perdona y yo te perdonare.

Esto debería cerrar cualquier discusión sobre este tema. Este es un principio espiritual que, incluso, está por encima de las doctrinas.

Tipo de ofensas

Hay tres tipos de ofensas:

[1] ofensas categoría 1;
[2] ofensas categoría 2; y
[3] ofensas categoría 3;

Nosotros nos vamos a centrar en las ofensas categoría 2 (la intermedias), ya que las ofensas categoría 1 normalmente son ofensas menores que tendemos a agrandar cuando, en realidad, debieran volar por fuera de nuestro radar y las ofensas categoría 3 son las más complicadas porque las personas que han sufrido este tipo de agravios normalmente necesitan someterse a un proceso de sanidad interior, porque solo Dios es capaz de darles un corazón capaz de perdonar esas situaciones (ej.: casos de abuso sexual).

Qué hacer ante una ofensa (categoría 2)

Jesucristo mismo nos dice como tenemos que proceder:

Mateo, 18:15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 18:16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 18:17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

O sea, los pasos serían los siguientes:

[1] tenemos que IR;
[2] tenemos que estar a SOLAS;
[3] tenemos que ir con un espíritu de RECONCILIACION;
[4] si la cosa se complica, tenemos que ir con algún TESTIGO; y
[5] cumplido todo lo anterior, si no logramos reconciliarnos, lo DEJAMOS IR para ser libres nosotros;

[1] Tenemos que IR:

Nosotros tenemos que iniciar el proceso de restauración. Los pasajes que acabamos de leer dicen: “si tu hermano peca contra ti, VE” (Mateo, 18:15). No importa quien empezó. Tenemos que ir nosotros. Nosotros debemos dar el primer paso. Esto es algo que cuesta, sobre todo cuando nosotros no hicimos nada y es el otro el que nos ofendió gratuitamente.

[2] Tenemos que estar a SOLAS:

No debemos hacer ningún tipo de reunión con otros. No podemos hablarlo antes con otros. Los pasajes que leímos dicen: “estando tu y el SOLOS”. No hables con nadie. Sorprende al ofensor con lo que vas a decirle. Que el ofensor no pueda decirte: “si, ya se, me entere que estuviste hablando mal de mí por meses ¿por qué no viniste hablar primero conmigo?”. Era un problema de 2, ahora es un problema de 50.

[3] Tenemos que ir con la intención de RECONCILIARNOS:

Los pasajes que leímos dicen: “si te oyere, has GANADO a tu hermano”. Y para eso vamos: para GANAR a nuestro hermano. No debemos ir a hablar con el otro a solas para hacerlo sentir peor. Si vamos a atacar al otro, no nos va a escuchar porque la reacción natural de cualquier persona es defenderse ante un ataque. Debemos ir para RECONCILIARNOS. El 90% de los problemas se podrían resolver aplicando estos principios;

[4] Si no fuéramos oídos, debemos ir con algún TESTIGO, que puede ser un hermano de la iglesia (amigo en común) o un anciano:

Ve, ve a solas, ve para reconciliar la relación y ve AHORA (no dejes pasar el tiempo), de modo que tu adoración, en el próximo culto, suba limpia:

Mateo, 5:23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 5:24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Si vas con el espíritu correcto lo vas a arreglar y tu adoración va a ser bien recibida.

[5] Finalmente, si no oye a los ancianos ni a la iglesia, déjalo ir. Los pasajes que hemos leído dicen “tenle por gentil y publicano”:

Podría suceder que, cumpliendo todos los pasos que nos manda el Señor, aun así no podamos reconciliarnos. Tenemos que dejarlo ir y liberarnos.

Pablo escribe:

Romanos, 12:18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.

No podemos controlar las reacciones de la gente. Si el otro no quiere reconciliarse, nosotros somos libres.

¿Qué sucede si no perdonamos?

Mateo, 18:23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 18:24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 18:25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 18:26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 18:27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 18:28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 18:29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 18:30 Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 18:31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 18:32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 18:33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 18:34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 18:35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

En esta parábola el rey es el Señor, nosotros somos los siervos y un consiervo es un hermano nuestro. Aquí se nos enseña una verdad sobre el reino: de la misma forma que Él nos ha perdonado una deuda impagable, nosotros estamos obligados a perdonar las deudas (infinitamente menores) de nuestros hermanos para con nosotros.

Los verdugos, en esta parábola, son los demonios. Todo aquel que no perdona a sus hermanos será oprimido por demonios. ¿Hasta cuándo?. Hasta que perdone (los pasajes dicen “hasta que pagase todo lo que le debía”) y esto es permitido por Dios.

La falta de perdón es una fortaleza demoniaca que satanás construye, edifica, levanta y erige en nuestra mente (sobre nuestra falta de perdón) y que sirve de habitación y guarida de demonios. La falta de perdón da derecho legal a los demonios para que opriman a un cristiano que mantiene una raíz de falta de perdón contra alguien y es la fortaleza más común y la razón más frecuente de porque tantos cristianos son oprimidos por demonios.

Palabras finales:

Cumple con los principios y leyes de Dios y nunca más tendrás que orar:

[+] por larga vida:
[+] para que te vaya bien;
[+] para que Dios te prospere;

El presente estudio esta basado en las siguientes predicas de Dante Gebel:





QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – MINISTERIO REY DE GLORIA

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿HAY UNA TORRE DE BABEL EN TU VIDA?


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Te dejo un video donde predico acerca de este tema (el contenido es el mismo que el expuesto mas abajo):




Introducción

En Génesis, 10 la Biblia habla de la descendencia de los hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet):

Génesis, 10:1 Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio.

Génesis, 10:6 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán.

Génesis, 10:8 Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. 10:9 Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.

La Biblia Reina-Valera dice de Nimrod: “vigoroso cazador delante de Jehová” (Génesis, 10:9), Pero la Escritura original dice “vigoroso cazador en oposición a Dios” (en contra de Dios).

O sea que Nimrod, personaje central en la historia de la torre de Babel y que estaba en contra de Dios, es descendiente de Noé, por la línea de Cam.

Ya en relación a la torre de Babel, en el libro de Génesis, podemos leer:

Génesis, 11:1 Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. 11:2 Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. 11:3 Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. 11:4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.

Nimrod sedujo a la humanidad para que todos se juntaran en un único lugar con el fin de construir una torre que llegara al cielo. Hacerse un nombre quiere decir hacerse fama, “por si fuéramos esparcidos sobre la faz de la Tierra” (Génesis, 11:4). O sea: esta gente sabía perfectamente que estaba desobedeciendo a Dios, ya que, esparcirse sobre la faz de la Tierra era, precisamente el mandato de Dios cuando creo al hombre:

Génesis, 1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla;

¿Qué hizo Dios?.

Génesis, 11:5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 11:6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 11:7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

Finalmente, se terminó cumpliendo el mandato de Dios:

Génesis, 11:8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

La palabra “Babel” significa “confusión” o “Dios confunde”:

Génesis, 11:9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

La torre de Babel como símbolo de la desobediencia

¿Fue la torre de Babel tan solo la historia de un grupo de hombres, liderados por un tal Nimrod, que simplemente se rebelaron y desobedecieron a Dios?. Desde ya, no.

La torre de Babel, además de ser una historia real, es figura y símbolo de desobediencia y de toda obra contraria a la voluntad de Dios, la cual (como la torre de Babel bíblica), estará siempre condenada al fracaso.

En general, una “torre de Babel” es toda obra hecha por los hombres sin tener en cuenta la voluntad de Dios en cuanto:

[1] al qué (el objeto, la obra en sí misma);

[2] al cómo (la forma, el modo); y

[3] al cuándo (el tiempo, la oportunidad);

El “como” y el “cuando”, por su parte, suelen estar interrelacionados, ya que normalmente la desobediencia en cuanto a la forma (el cómo) es hija (consecuencia directa) de la impaciencia, es decir, de no saber (o no querer) esperar los tiempos de Dios (el cuándo).

[+] La torre de Babel en cuanto a la obra en sí misma (el objeto o el “que”)

Aquí puede suceder que:

[1] desobedezcamos una instrucción directa de Dios;

[2] hagamos algo que Dios no nos ha mandado;

Cuando desobedecemos una instrucción directa de Dios:

Un ejemplo de esto es cuando Dios le ordenó al recién ungido rey de Israel Saúl, a través del profeta Samuel, destruir por completo al pueblo de Amalec (a su rey, a su pueblo - hombres, mujeres, niños - y a sus animales), para castigar lo que hizo Amalec a Israel al “oponérsele en el camino cuando subía de Egipto” (1 Samuel, 15:2-3).

Pero Saúl desobedeció las órdenes de Dios y, si bien mato al pueblo de Amalec, perdono la vida a su rey y a lo mejor de sus animales:

1 Samuel, 15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. 15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. 15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron. 

Por lo cual a Dios le peso haber ungido a Saúl rey de Israel:

1 Samuel, 15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.

Saúl puso la excusa de no haber matado a los animales para “sacrificarlos a Jehová” (un sacrificio que Dios no había demandado):

1 Samuel, 15:15 Y Saúl respondió: porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.

Por esta desobediencia, Saúl seria desechado como rey de Israel y reemplazado por David:

1 Samuel, 15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

La Palabra de Dios es clara: obedecer y prestar atención a las instrucciones de Dios es mejor que cualquier sacrificio (orar, ayunar u ofrendar). Saúl ejecuto las órdenes de Dios solo en forma parcial, pensando que algunas decisiones podían quedar libradas a su propio criterio. Por esto Saúl fue desechado como rey de Israel, reemplazado por David y su casa, extinta.

Otro caso es la desobediencia de Israel al conquistar la tierra prometida. La orden de Dios era destruir a todas las naciones enemigas. Pero Israel desobedeció:

Josué, 17:13 Pero cuando los hijos de Israel fueron lo suficientemente fuertes, hicieron tributario al cananeo, mas no lo arrojaron.

Israel no tuvo cuidado de destruir a todos los cananeos, ya que los convirtieron en tributarios. Los israelitas querían el beneficio y la riqueza obtenida del trabajo forzado y del tributo de los cananeos. Ellos comprometieron la voluntad de Dios por dinero y comodidad. Haber dejado con vida a los cananeos fue la semilla de la apostasía (por idolatría) profetizada por Moisés antes de morir y que se concretó durante el periodo de los “jueces” (individuos a quienes Dios levanto periódicamente, luego de la muerte de Josué, para guiar y liberar a los israelitas después de que ellos se habían descarriado y habían caído bajo la opresión de las naciones enemigas no exterminadas durante las guerras por la conquista de la tierra prometida):

Jueces, 2:1 El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, 2:2 con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? 2:3 Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.

Fue cuando Dios decidió dejar a las naciones no exterminadas para probar a Israel:

Jueces, 3:1 Estas, pues, son las naciones que dejó Jehová para probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas la guerras de Canaán; 3:2 solamente para que el linaje de los hijos de Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido: 3:3 los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios, y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamat.

Como pudimos ver en los casos de Saúl y de Israel, que no exterminaron por completo a sus enemigos, desobedecer una orden directa de Dios tiene (siempre) consecuencias no deseadas.

Cuando hacemos algo que Dios no nos ha mandado:

Uno de los principales problemas en la iglesia es que muchos cristianos no conocen su ministerio y su propósito (su llamado). Conocer nuestro llamado, evitara que hagamos cosas que Dios jamás nos ha encomendado.

Por ejemplo. Mi ministerio es el de “maestro de la Palabra” (uno de los cinco ministerios de la iglesia, junto con el de apóstol, profeta, evangelista y pastor). El propósito, a su vez, siempre queda definido por el ministerio. En este caso, mi propósito es “edificar el cuerpo de Cristo” (la iglesia).

También soy concertista de guitarra. Sin embargo no tengo un llamado de levita o adorador. Por consiguiente, si yo insistiera en ser músico de mi iglesia, estaría pretendiendo hacer algo para lo que Dios no me ha llamado (aunque se trate de algo que, en este caso, sepa hacer bien).

Aunque es evidente que existen “familias sacerdotales” (de padres pastores, hijos pastores), los llamados no se heredan, ni se obtienen “por apellido”.

También existen casos de personas que, controladas por un espíritu absalónico (de rebelión), se levantan en contra de sus líderes y abandonan sus iglesias, por lo general arrastrando parte de la misma, con el objetivo de montar otra iglesia. El daño, en estos casos, resulta ser doble: por un lado, atrás queda una iglesia dividida y herida y, por el otro, adelante habrá una iglesia condenada al fracaso, porque no hay un llamado que la respalde. La apertura de una nueva iglesia es, en este caso, hija de una rebelión y no de un llamado.

Lo mismo ocurre cuando se decide abrir una obra por un simple deseo personal (sin que medie una rebelión), donde tampoco exista un llamado de Dios.

Hacer una obra sin el consentimiento y llamado de Dios (incluso si esa obra tiene toda la apariencia de ser una obra para Dios), transforma esa obra en una “torre de Babel” y a sus hacedores en rebeldes.

[+] La torre de Babel en cuanto a la forma y el tiempo (el “como” y el “cuando”)

Puede suceder también que la obra que pretendemos hacer cuente con la aprobación de Dios, pero equivocamos la forma de llevarla a cabo porque no estamos dispuestos a esperar el “tiempo de Dios”. Por lo general, esto también tiene consecuencias no deseadas.

Como hemos dicho, el “como” y el “cuando” suelen estar interrelacionados, ya que normalmente la desobediencia en cuanto a la forma (el cómo) es hija de la impaciencia, es decir, de no saber (o no querer) esperar los tiempos de Dios (el cuándo).

El “cuando” tiene que ver con el “tiempo”. En el griego bíblico los términos más usados para “tiempo” son “cronos” y “kairós”.

Veamos el significado de éstas palabras:

Cronos: es el tiempo como lo ve el hombre, el tiempo terrenal, el tiempo cronometrado.

Las unidades de medida de nuestro tiempo son: milenio, siglo, año, mes, día, hora, minutos y segundos. Es el tiempo del hombre.

Kairós: lapso indeterminado de tiempo en el que algo importante sucede, tiempo oportuno, tiempo favorable, momento señalado y preciso.

Mientras “cronos” indica “cantidad”, “kairós” indica “calidad”.

Kairós, es el tiempo oportuno y diseñado desde el cielo, dónde Dios interviene en la vida de los hombres de una manera sobrenatural y poderosa. Es un tiempo diseñado en el cielo, que se manifiesta en la tierra, para bendición de los hombres.

Son las “temporadas de Dios”, de las cuales habla Salomón:

Eclesiastés, 3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Jesús acuso a los fariseos de no saber reconocer los tiempos de Dios:

Lucas, 12:56 ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?

Mateo, 16:1 Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. 16:2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. 16:3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! 

En el tiempo “cronos” de los hombres, podemos concluir a veces que Dios se está tardando con cierta respuesta o milagro, pero Dios sabe qué, cuándo y cómo lo hará.

La hermana de Lázaro dijo a Jesús:

Juan, 11:21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 

Pero los milagros o intervenciones divinas no ocurren cuando queremos o esperamos, sino en el “kairós”, es decir en el tiempo de Dios.

Puede que lo que queremos hacer en nuestro corazón sea una obra de Dios pero ¿es el tiempo?. No saber reconocer el tiempo de Dios, hace que una obra que, en principio, es de Dios la hagamos de un modo con el que Dios no podría estar de acuerdo.

Ejemplos bíblicos de esto:

[+] Abraham quería tener un hijo y esto estaba en la voluntad de Dios (Génesis, 15:3-4). Abraham recibió la promesa de un hijo a los 75 años y la misma se cumplió (en Isaac) cuando tenía 100 años (Génesis, 21:5). Pero en el medio aparecieron las dudas y Abraham (de 86 años) tuvo un hijo con Agar, la esclava de su esposa Sara (que era estéril), al que llamo Ismael (Génesis, 16:15-16). Consecuencia no deseada: Ismael fue el padre de la raza árabe (los ismaelitas), que han sido y todavía son los enemigos acérrimos de Israel (Génesis, 16:12).

[+] Jacob, siendo menor que Esaú, quería la bendición de la primogenitura y esto estaba en la voluntad de Dios (Génesis, 25:23-26). Pero Jacob obtuvo su primogenitura de manera ilegítima cuando, incitado por su madre Rebeca, robo a Esaú la bendición de la primogenitura, engañando a su padre Isaac (ciego, viejo y enfermo), haciéndose pasar por Esaú (Génesis, 27:1-40). Consecuencia no deseada: Jacob debió huir de Esaú para que este no lo matara (Génesis, 27:41) y debió vivir en el exilio (Génesis, 28:1-5), donde fue engañado por su suegro Laban (Génesis, 29:25) y jamás volvió a ver a su madre Rebeca.

Podemos ver aquí dos ejemplos concretos donde los protagonistas (Abraham y Jacob) deseaban cosas que, en principio, estaban también en la voluntad de Dios (Dios también las quería para ellos), pero las quisieron tener en un tiempo y, por lo tanto, en una forma, que no eran los establecidos por Dios. Y esto, desde ya, genero consecuencias no deseadas.

Palabras finales:

Una verdadera obra de Dios no solo es hacer lo que Dios nos ha mandado sino hacerlo en el tiempo y en la forma establecidos por Dios. Todo lo demás es voluntarismo y egoísmo "disfrazado de servicio a Dios”.

A veces, cuando pretendemos, obstinadamente, hacer algo para Dios y solo cosechamos una frustración tras otra, deberíamos preguntarnos si no nos está ocurriendo lo mismo que a Nimrod y su gente:

Génesis, 11:6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 11:7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

De aquí surge un principio bíblico y es el siguiente: toda vez que pretendamos hacer algo por fuera de la voluntad de Dios, Él nos estorbará y siempre se terminara cumpliendo Su propósito:

Génesis, 11:8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 

Debiéramos, entonces, replantearnos no solo si lo que pretendemos hacer esta en la voluntad de Dios sino si es el tiempo oportuno para hacerlo. ¿Sera lo que Dios nos pidió? y, si es lo que Dios nos pidió ¿debemos hacerlo ahora o esperar?.

Dios está esperando que lo consultemos y no solo cuando queremos hacer una obra para el reino, sino también en nuestro diario vivir: al cambiar de empleo, al cambiar de casa, al tomar un crédito, al cambiar de iglesia. Jesucristo, desde ya, es nuestro Salvador pero ¿es también nuestro Señor?.

Muchas veces queremos que Dios “nos envíe a las naciones” pero no somos capaces de cumplir con pequeños mandatos del Señor: haz ese llamado, ve a ver a tal persona y soluciona los problemas que tienes con ella, haz esa ofrenda.

Y aquí se cumple otro principio espiritual:

Mateo, 25:23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 

Dicho de otro modo: si en las pequeñas cosas (lo poco) no hemos sido capaces de obedecer ¿cómo podrá encomendársenos lo sublime (lo mucho)?.

En las cosas del Señor, a veces es preferible no tener tan claro lo que tenemos que hacer, con lo cual se fortalece nuestra dependencia de Él. Pero vivimos en un mundo y, sobre todo, en Occidente y no podemos escapar de su impronta.

Al respecto, Alejandro Dolina (conocido conductor radial, escritor e intelectual argentino) dice lo siguiente:

Mientras que en el Occidente la duda es vista como una debilidad, en el Oriente la duda es símbolo de sabiduría.

En el Occidente, por ejemplo, un buen líder es aquel que ve el problema de inmediato y rápidamente toma partido y actúa. El buen líder es aquel que no duda jamás. En el Oriente, en cambio, cuando no se tienen todas las respuestas, ante la duda, se suspende el juicio. En Occidente, por el contrario, vivimos emitiendo juicios tremendos, todo el tiempo, sobre todo y sobre todos.

En Occidente, la duda tiene mala prensa y, en cambio, tiene buena prensa el líder que no duda jamás y que siempre actúa de inmediato. Y esto permite la siguiente reflexión: que suerte tiene esa persona (y, al mismo tiempo, que peligrosa es esa persona), que jamás es asaltada por la más mínima duda, siendo que la duda es la manifestación más clásica de la inteligencia.

Hasta aquí, la opinión de Alejandro Dolina.

A veces, como dijo el Señor, debiéramos ser capaces de dejarnos llevar más por los vientos del Espíritu:

Juan, 3:8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

En el libro de Jeremías podemos leer:

Jeremías, 18:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 18:2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 18:3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 18:4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. 18:5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18:6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. 

Cuando tenemos dudas, somos un barro húmedo y blando en las manos de Dios (el alfarero). En cambio, cuando tenemos todo demasiado claro, somos un barro seco y duro que el Señor tiene que literalmente romper (aunque la mano del Señor nos hiere lo menos que le es posible) para volver a moldearnos.

Derribemos las torres de Babel que hay en nuestra vida (toda obra que no tenga en cuenta la voluntad de Dios) y busquemos hacer Su voluntad, como escribe Pablo:

Romanos, 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.


DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!


Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA