miércoles, 22 de mayo de 2019

¿HAY UNA TORRE DE BABEL EN TU VIDA?


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Introducción

En Génesis, 10 la Biblia habla de la descendencia de los hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet):

Génesis, 10:1 Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio.

Génesis, 10:6 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán.

Génesis, 10:8 Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. 10:9 Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.

La Biblia Reina-Valera dice de Nimrod: “vigoroso cazador delante de Jehová” (Génesis, 10:9), Pero la Escritura original dice “vigoroso cazador en oposición a Dios” (en contra de Dios).

O sea que Nimrod, personaje central en la historia de la torre de Babel y que estaba en contra de Dios, es descendiente de Noé, por la línea de Cam.

Ya en relación a la torre de Babel, en el libro de Génesis, podemos leer:

Génesis, 11:1 Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. 11:2 Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. 11:3 Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. 11:4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.

Nimrod sedujo a la humanidad para que todos se juntaran en un único lugar con el fin de construir una torre que llegara al cielo. Hacerse un nombre quiere decir hacerse fama, “por si fuéramos esparcidos sobre la faz de la Tierra” (Génesis, 11:4). O sea: esta gente sabía perfectamente que estaba desobedeciendo a Dios, ya que, esparcirse sobre la faz de la Tierra era, precisamente el mandato de Dios cuando creo al hombre:

Génesis, 1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla;

¿Qué hizo Dios?.

Génesis, 11:5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 11:6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 11:7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

Finalmente, se terminó cumpliendo el mandato de Dios:

Génesis, 11:8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

La palabra “Babel” significa “confusión” o “Dios confunde”:

Génesis, 11:9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

La torre de Babel como símbolo de la desobediencia

¿Fue la torre de Babel tan solo la historia de un grupo de hombres, liderados por un tal Nimrod, que simplemente se rebelaron y desobedecieron a Dios?. Desde ya, no.

La torre de Babel, además de ser una historia real, es figura y símbolo de desobediencia y de toda obra contraria a la voluntad de Dios, la cual (como la torre de Babel bíblica), estará siempre condenada al fracaso.

En general, una “torre de Babel” es toda obra hecha por los hombres sin tener en cuenta la voluntad de Dios en cuanto:

[1] al qué (el objeto, la obra en sí misma);

[2] al cómo (la forma, el modo); y

[3] al cuándo (el tiempo, la oportunidad);

El “como” y el “cuando”, por su parte, suelen estar interrelacionados, ya que normalmente la desobediencia en cuanto a la forma (el cómo) es hija (consecuencia directa) de la impaciencia, es decir, de no saber (o no querer) esperar los tiempos de Dios (el cuándo).

[+] La torre de Babel en cuanto a la obra en sí misma (el objeto o el “que”)

Aquí puede suceder que:

[1] desobedezcamos una instrucción directa de Dios;

[2] hagamos algo que Dios no nos ha mandado;

Cuando desobedecemos una instrucción directa de Dios:

Un ejemplo de esto es cuando Dios le ordenó al recién ungido rey de Israel Saúl, a través del profeta Samuel, destruir por completo al pueblo de Amalec (a su rey, a su pueblo - hombres, mujeres, niños - y a sus animales), para castigar lo que hizo Amalec a Israel al “oponérsele en el camino cuando subía de Egipto” (1 Samuel, 15:2-3).

Pero Saúl desobedeció las órdenes de Dios y, si bien mato al pueblo de Amalec, perdono la vida a su rey y a lo mejor de sus animales:

1 Samuel, 15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. 15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. 15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron. 

Por lo cual a Dios le peso haber ungido a Saúl rey de Israel:

1 Samuel, 15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.

Saúl puso la excusa de no haber matado a los animales para “sacrificarlos a Jehová” (un sacrificio que Dios no había demandado):

1 Samuel, 15:15 Y Saúl respondió: porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.

Por esta desobediencia, Saúl seria desechado como rey de Israel y reemplazado por David:

1 Samuel, 15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

La Palabra de Dios es clara: obedecer y prestar atención a las instrucciones de Dios es mejor que cualquier sacrificio (orar, ayunar u ofrendar). Saúl ejecuto las órdenes de Dios solo en forma parcial, pensando que algunas decisiones podían quedar libradas a su propio criterio. Por esto Saúl fue desechado como rey de Israel, reemplazado por David y su casa, extinta.

Otro caso es la desobediencia de Israel al conquistar la tierra prometida. La orden de Dios era destruir a todas las naciones enemigas. Pero Israel desobedeció:

Josué, 17:13 Pero cuando los hijos de Israel fueron lo suficientemente fuertes, hicieron tributario al cananeo, mas no lo arrojaron.

Israel no tuvo cuidado de destruir a todos los cananeos, ya que los convirtieron en tributarios. Los israelitas querían el beneficio y la riqueza obtenida del trabajo forzado y del tributo de los cananeos. Ellos comprometieron la voluntad de Dios por dinero y comodidad. Haber dejado con vida a los cananeos fue la semilla de la apostasía (por idolatría) profetizada por Moisés antes de morir y que se concretó durante el periodo de los “jueces” (individuos a quienes Dios levanto periódicamente, luego de la muerte de Josué, para guiar y liberar a los israelitas después de que ellos se habían descarriado y habían caído bajo la opresión de las naciones enemigas no exterminadas durante las guerras por la conquista de la tierra prometida):

Jueces, 2:1 El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, 2:2 con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? 2:3 Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.

Fue cuando Dios decidió dejar a las naciones no exterminadas para probar a Israel:

Jueces, 3:1 Estas, pues, son las naciones que dejó Jehová para probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas la guerras de Canaán; 3:2 solamente para que el linaje de los hijos de Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido: 3:3 los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios, y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamat.

Como pudimos ver en los casos de Saúl y de Israel, que no exterminaron por completo a sus enemigos, desobedecer una orden directa de Dios tiene (siempre) consecuencias no deseadas.

Cuando hacemos algo que Dios no nos ha mandado:

Uno de los principales problemas en la iglesia es que muchos cristianos no conocen su ministerio y su propósito (su llamado). Conocer nuestro llamado, evitara que hagamos cosas que Dios jamás nos ha encomendado.

Por ejemplo. Mi ministerio es el de “maestro de la Palabra” (uno de los cinco ministerios de la iglesia, junto con el de apóstol, profeta, evangelista y pastor). El propósito, a su vez, siempre queda definido por el ministerio. En este caso, mi propósito es “edificar el cuerpo de Cristo” (la iglesia).

También soy concertista de guitarra. Sin embargo no tengo un llamado de levita o adorador. Por consiguiente, si yo insistiera en ser músico de mi iglesia, estaría pretendiendo hacer algo para lo que Dios no me ha llamado (aunque se trate de algo que, en este caso, sepa hacer bien).

Aunque es evidente que existen “familias sacerdotales” (de padres pastores, hijos pastores), los llamados no se heredan, ni se obtienen “por apellido”.

También existen casos de personas que, controladas por un espíritu absalónico (de rebelión), se levantan en contra sus líderes y abandonan sus iglesias, por lo general arrastrando parte de la misma, con el objetivo de montar otra iglesia. El daño, en estos casos, resulta ser doble: por un lado, atrás queda una iglesia dividida y herida y, por el otro, adelante habrá una iglesia condenada al fracaso, porque no hay un llamado que la respalde. La apertura de una nueva iglesia es, en este caso, hija de una rebelión y no de un llamado.

Lo mismo ocurre cuando se decide abrir una obra por un simple deseo personal (sin que medie una rebelión), donde tampoco exista un llamado de Dios.

Hacer una obra sin el consentimiento y llamado de Dios (incluso si esa obra tiene toda la apariencia de ser una obra para Dios), transforma esa obra en una “torre de Babel” y a sus hacedores en rebeldes.

[+] La torre de Babel en cuanto a la forma y el tiempo (el “como” y el “cuando”)

Puede suceder también que la obra que pretendemos hacer cuente con la aprobación de Dios, pero equivocamos la forma de llevarla a cabo porque no estamos dispuestos a esperar el “tiempo de Dios”. Por lo general, esto también tiene consecuencias no deseadas.

Como hemos dicho, el “como” y el “cuando” suelen estar interrelacionados, ya que normalmente la desobediencia en cuanto a la forma (el cómo) es hija de la impaciencia, es decir, de no saber (o no querer) esperar los tiempos de Dios (el cuándo).

El “cuando” tiene que ver con el “tiempo”. En el griego bíblico los términos más usados para “tiempo” son “cronos” y “kairós”.

Veamos el significado de éstas palabras:

Cronos: es el tiempo como lo ve el hombre, el tiempo terrenal, el tiempo cronometrado.

Las unidades de medida de nuestro tiempo son: milenio, siglo, año, mes, día, hora, minutos y segundos. Es el tiempo del hombre.

Kairós: lapso indeterminado de tiempo en el que algo importante sucede, tiempo oportuno, tiempo favorable, momento señalado y preciso.

Mientras “cronos” indica “cantidad”, “kairós” indica “calidad”.

Kairós, es el tiempo oportuno y diseñado desde el cielo, dónde Dios interviene en la vida de los hombres de una manera sobrenatural y poderosa. Es un tiempo diseñado en el cielo, que se manifiesta en la tierra, para bendición de los hombres.

Son las “temporadas de Dios”, de las cuales habla Salomón:

Eclesiastés, 3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Jesús acuso a los fariseos de no saber reconocer los tiempos de Dios:

Lucas, 12:56 ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?

Mateo, 16:1 Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. 16:2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. 16:3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! 

En el tiempo “cronos” de los hombres, podemos concluir a veces que Dios se está tardando con cierta respuesta o milagro, pero Dios sabe qué, cuándo y cómo lo hará.

La hermana de Lázaro dijo a Jesús:

Juan, 11:21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 

Pero los milagros o intervenciones divinas no ocurren cuando queremos o esperamos, sino en el “kairós”, es decir en el tiempo de Dios.

Puede que lo que queremos hacer en nuestro corazón sea una obra de Dios pero ¿es el tiempo?. No saber reconocer el tiempo de Dios, hace que una obra que, en principio, es de Dios la hagamos de un modo con el que Dios no podría estar de acuerdo.

Ejemplos bíblicos de esto:

[+] Abraham quería tener un hijo y esto estaba en la voluntad de Dios (Génesis, 15:3-4). Abraham recibió la promesa de un hijo a los 75 años y la misma se cumplió (en Isaac) cuando tenía 100 años (Génesis, 21:5). Pero en el medio aparecieron las dudas y Abraham (de 86 años) tuvo un hijo con Agar, la esclava de su esposa Sara (que era estéril), al que llamo Ismael (Génesis, 16:15-16). Consecuencia no deseada: Ismael fue el padre de la raza árabe (los ismaelitas), que han sido y todavía son los enemigos acérrimos de Israel (Génesis, 16:12).

[+] Jacob, siendo menor que Esaú, quería la bendición de la primogenitura y esto estaba en la voluntad de Dios (Génesis, 25:23-26). Pero Jacob obtuvo su primogenitura de manera ilegítima cuando, incitado por su madre Rebeca, robo a Esaú la bendición de la primogenitura, engañando a su padre Isaac (ciego, viejo y enfermo), haciéndose pasar por Esaú (Génesis, 27:1-40). Consecuencia no deseada: Jacob debió huir de Esaú para que este no lo matara (Génesis, 27:41) y debió vivir en el exilio (Génesis, 28:1-5), donde fue engañado por su suegro Laban (Génesis, 29:25) y jamás volvió a ver a su madre Rebeca.

Podemos ver aquí dos ejemplos concretos donde los protagonistas (Abraham y Jacob) deseaban cosas que, en principio, estaban también en la voluntad de Dios (Dios también las quería para ellos), pero las quisieron tener en un tiempo y, por lo tanto, en una forma, que no eran los establecidos por Dios. Y esto, desde ya, genero consecuencias no deseadas.

Palabras finales:

Una verdadera obra de Dios no solo es hacer lo que Dios nos ha mandado sino hacerlo en el tiempo y en la forma establecidos por Dios. Todo lo demás es voluntarismo y egoísmo "disfrazado de servicio a Dios”.

A veces, cuando pretendemos, obstinadamente, hacer algo para Dios y solo cosechamos una frustración tras otra, deberíamos preguntarnos si no nos está ocurriendo lo mismo que a Nimrod y su gente:

Génesis, 11:6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 11:7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

De aquí surge un principio bíblico y es el siguiente: toda vez que pretendamos hacer algo por fuera de la voluntad de Dios, Él nos estorbará y siempre se terminara cumpliendo Su propósito:

Génesis, 11:8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 

Debiéramos, entonces, replantearnos no solo si lo que pretendemos hacer esta en la voluntad de Dios sino si es el tiempo oportuno para hacerlo. ¿Sera lo que Dios nos pidió? y, si es lo que Dios nos pidió ¿debemos hacerlo ahora o esperar?.

Dios está esperando que lo consultemos y no solo cuando queremos hacer una obra para el reino, sino también en nuestro diario vivir: al cambiar de empleo, al cambiar de casa, al tomar un crédito, al cambiar de iglesia. Jesucristo, desde ya, es nuestro Salvador pero ¿es también nuestro Señor?.

Muchas veces queremos que Dios “nos envíe a las naciones” pero no somos capaces de cumplir con pequeños mandatos del Señor: haz ese llamado, ve a ver a tal persona y soluciona los problemas que tienes con ella, haz esa ofrenda.

Y aquí se cumple otro principio espiritual:

Mateo, 25:23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 

Dicho de otro modo: si en las pequeñas cosas (lo poco) no hemos sido capaces de obedecer ¿cómo podrá encomendársenos lo sublime (lo mucho)?.

En las cosas del Señor, a veces es preferible no tener tan claro lo que tenemos que hacer, con lo cual se fortalece nuestra dependencia de Él. Pero vivimos en un mundo y, sobre todo, en Occidente y no podemos escapar de su impronta.

Al respecto, Alejandro Dolina (conocido conductor radial, escritor e intelectual argentino) dice lo siguiente:

Mientras que en el Occidente la duda es vista como una debilidad, en el Oriente la duda es símbolo de sabiduría.

En el Occidente, por ejemplo, un buen líder es aquel que ve el problema de inmediato y rápidamente toma partido y actúa. El buen líder es aquel que no duda jamás. En el Oriente, en cambio, cuando no se tienen todas las respuestas, ante la duda, se suspende el juicio. En Occidente, por el contrario, vivimos emitiendo juicios tremendos, todo el tiempo, sobre todo y sobre todos.

En Occidente, la duda tiene mala prensa y, en cambio, tiene buena prensa el líder que no duda jamás y que siempre actúa de inmediato. Y esto permite la siguiente reflexión: que suerte tiene esa persona (y, al mismo tiempo, que peligrosa es esa persona), que jamás es asaltada por la más mínima duda, siendo que la duda es la manifestación más clásica de la inteligencia.

Hasta aquí, la opinión de Alejandro Dolina.

A veces, como dijo el Señor, debiéramos ser capaces de dejarnos llevar más por los vientos del Espíritu:

Juan, 3:8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

En el libro de Jeremías podemos leer:

Jeremías, 18:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 18:2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 18:3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 18:4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. 18:5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18:6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. 

Cuando tenemos dudas, somos un barro húmedo y blando en las manos de Dios (el alfarero). En cambio, cuando tenemos todo demasiado claro, somos un barro seco y duro que el Señor tiene que literalmente romper (aunque la mano del Señor nos hiere lo menos que le es posible) para volver a moldearnos.

Derribemos las torres de Babel que hay en nuestra vida (toda obra que no tenga en cuenta la voluntad de Dios) y busquemos hacer Su voluntad, como escribe Pablo:

Romanos, 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.


DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!


Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA