martes, 23 de abril de 2019

¿POR QUE SOMOS PROTESTANTES?




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Introducción

En el presente estudio trataremos de explicar porque somos protestantes.

El protestantismo es un desprendimiento de la iglesia católica romana. Cuando esta última, a mediados del siglo XV, ya se había corrompido lo suficiente, Dios levanto a Martín Lutero para preservar la iglesia de Jesucristo.

Hay un dicho famoso que repiten los católicos que dice “católico ignorante, seguro protestante”, en un intento por reducir el protestantismo a una suerte de playa a la que van a naufragar los católicos menos lucidos. No obstante, a partir del presente estudio, intentaremos demostrar bíblicamente la “confusión” (la palabra ignorancia nos parece excesiva) que afecta a los católicos, en general y a sus líderes, en particular.

El ecumenismo actual está haciendo algunos esfuerzos para intentar “unir” a protestantes (evangélicos) y católicos, a través de la organización de eventos conjuntos, argumentando que, en definitiva, “todos somos hermanos en Cristo”.

Jamás fomentaremos desde aquí la división que históricamente ha afectado a la iglesia de Jesucristo a causa de diferencias doctrinales mínimas y sin importancia. No obstante, las diferencias doctrinales que separan a protestantes de católicos son tan esenciales y decisivas, que a la única conclusión a la que podemos arribar es la misma a la que arribo Martín Lutero, cuando dijo:

“Es preferible estar separados por la verdad que unidos por el error”.

El surgimiento del protestantismo

Sin ánimo de intentar una historia del protestantismo (tarea que excede largamente el objeto del presente estudio), solo diremos que Martin Lutero (1483-1546), fue un fraile católico alemán en cuyas enseñanzas se inspiró la Reforma Protestante. Su matrimonio con Catalina de Bora (1525), inició un movimiento de apoyo al matrimonio sacerdotal dentro de muchas corrientes cristianas.

Lutero, básicamente, se opuso a la “venta de indulgencias” por parte de la iglesia católica de su época.

Una indulgencia (del latín "indulgentia": bondad, benevolencia, gracia, remisión, favor) es la remisión (parcial o total) del castigo temporal que aún se mantiene por los pecados, después de que la culpa ha sido eliminada por absolución y es concedida por determinados representantes de la iglesia católica y bajo ciertas condiciones. En la doctrina católica, la indulgencia no perdona el pecado en sí mismo sino que exime de las penas de carácter temporal que, de otro modo, los fieles debieran purgar, sea durante su vida terrenal o, después de la muerte, en el llamado "purgatorio". Puede ser concedida por el Papa, los obispos y los cardenales a quienes, por ejemplo, recen una determinada oración, visiten un determinado santuario, utilicen ciertos objetos de culto, realicen ciertos peregrinajes o cumplan con otros rituales específicos.

En aquella época, cualquier persona podía "comprar una indulgencia", ya fuera para sí misma o para sus parientes muertos que permanecían en el “purgatorio”.

Los abusos y el tráfico económico al que dieron lugar las indulgencias constituyeron uno de los motivos por el que Martín Lutero se enfrentó a la iglesia católica de su época. Lutero vio este “tráfico de indulgencias” no solo como un abuso de poder, sino como una mentira que, no teniendo base en las Escrituras, podría confundir a la gente y llevarla a confiar solamente en la mentira de las indulgencias, dejando de lado el sacramento de la confesión (1 Juan, 1:9) y arrepentimiento genuino.

Pero su enojo siguió creciendo y, según la tradición, el 31 de Octubre de año 1517 Lutero literalmente clavó sus famosas 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg, como una invitación abierta a debatirlas. Las tesis condenaban la avaricia y el paganismo en la Iglesia y pedían una disputa teológica.

Con la ayuda de la imprenta (ya inventada por Gutenberg), las 95 tesis de Lutero​ fueron rápidamente copiadas e impresas. Al cabo de dos semanas se habían difundido por toda Alemania y, pasados dos meses, por toda Europa.

Demás está decir que, a partir de esto, Martín Lutero fue declarado hereje y apostata. El papa León X excomulgó (expulsó) a Lutero el 3 de enero de 1521.

Las “cinco solas”

Se conoce con el nombre de “cinco solas” a cinco frases en latín, que surgieron durante la Reforma Protestante, sobre las que se sostiene el protestantismo, en contraposición con la doctrina católica.

Las cinco solas expresaban cinco creencias fundamentales que los reformadores entendían como pilares esenciales para la vida y práctica cristianas.

Todas y cada una de las “solas” rechazaban o se oponían explícitamente a prácticas y doctrinas extendidas a comienzos del siglo XVI por el catolicismo romano.

Las cinco solas son:

[1] sola scriptura (solo la Escritura);

[2] sola fide (solo la fe);

[3] sola gratia (solo la gracia);

[4] solus Christus (solo Cristo); y

[5] soli Deo gloria (la gloria solo para Dios);

Sola scriptura (solo la Escritura)

Sola scriptura enseña que solo la Biblia es la palabra autorizada de Dios e inspirada por El. Por consiguiente, la Biblia es la única fuente de autoridad, accesible para todos, es decir, que se puede auto interpretar por medio de ella misma.

El fundamento bíblico de este principio lo encontramos en:

2 Pedro, 1:20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 1:21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Lo anterior significa que la Biblia no necesita interpretación fuera de ella misma, idea que se opone directamente a las enseñanzas tradicionales de la iglesia católica, según la cual la Biblia sólo puede ser interpretada fielmente por medio de “la tradición y el magisterio”.

A “sola scriptura” también se le llama el “principio formal de La Reforma”, puesto que es la fuente y norma para el “principio material de La Reforma”, que es “sola fide”.

A diferencia de los protestantes, que no afirmamos nada que no surja directamente de la Biblia, los católicos, al tomar como fuente de revelación “la tradición y el magisterio”, suelen realizar una serie de afirmaciones respecto de las cuales a veces resulta difícil sino imposible encontrar un sustento bíblico adecuado.

¿Qué es la "tradición y el magisterio" en la iglesia católica?.

Empecemos por la "tradición":

Según los católicos, la "tradición apostólica" o "sagrada tradición", es la parte de la Palabra revelada por Dios que no fue registrada en la Biblia, pero que sigue viva en la iglesia. Según este enfoque, los apóstoles transmitieron a los obispos (sus sucesores) todo lo que recibieron de Cristo y aprendido del Espíritu Santo y los obispos, a su vez, lo transmitieron a todas las generaciones de cristianos, hasta el fin de los tiempos.

La tradición escrita está en la Biblia y se denomina Sagrada Escritura, mientras que la que permanece oral no tiene un nombre específico, sino que recibe el nombre genérico de "tradición".

Así las cosas, para los católicos la "revelación" tiene dos partes: Escritura y tradición.

Por ende, todo lo que los católicos afirmen y que no tenga sustento en las Escrituras, provendría de revelaciones divinas no registradas en las Escrituras, pero igualmente validas (al mismo nivel de la Biblia).

Este concepto de "tradición oral" cobro especial relevancia durante la Contrarreforma (la respuesta de la iglesia católica a la Reforma Protestante) y fue la respuesta católica al principio protestante de "sola scriptura".

Los protestantes, desde ya, desconocemos esta "tradición oral" (Palabra de Dios revelada no escrita en la Biblia) y que los católicos equiparan a la Palabra de Dios escrita (la Biblia), sobre todo cuando las revelaciones provenientes de esa "tradición oral" contradicen  seriamente (como ya veremos) las Escrituras.

Jesucristo disputo con los fariseos de su época (de la misma forma que hoy disputaría con los católicos) por colocar sus tradiciones y sus interpretaciones de la ley por encima de la Palabra de Dios:

Mateo, 15:7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 15:8   Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. 15:9  Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.

Marcos, 7:3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 

Marcos, 7:13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. 

Sigamos por el "magisterio":

Según los católicos, el "magisterio de la iglesia" es la función y autoridad de enseñar que tienen el Papa (magisterio pontificio) y los obispos que están en comunión con el (de donde se desprende que, los que no estamos "en comunión" con el Papa - acaso los protestantes - no tenemos autoridad para enseñar la Palabra de Dios).

Desde ya los protestantes rechazamos también este concepto de "magisterio" según el cual la iglesia romana es la única que tiene autoridad para enseñar la Palabra de Dios.

Sola fide (solo la fe)

Sola fide es la enseñanza que dice que la justificación (salvación) se recibe sólo por la fe, sin ninguna mezcla ni necesidad de buenas obras, aunque en la teología protestante clásica, la fe salvadora siempre se evidencia por las buenas obras.

Sola gratia (solo la gracia)

Sola gratia es la doctrina que sostiene que la salvación viene sólo por la gracia divina o gracia de Dios, es decir, por un “favor inmerecido”, no como algo que el pecador haya conseguido por sus propios méritos.

Antes de continuar con el resto de las “solas”, detengámonos en estas dos:

Sola fide y sola gratia encuentran su sustento bíblico en los siguientes pasajes escritos por Pablo:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Para Pablo somos salvos “por gracia” (la causa), “por medio” de la fe (el medio), siendo la salvación un regalo (don) de Dios. La salvación no es por obras, para que nadie pueda jactarse de haberse salvado por sus propios medios.

Para Pablo la fe es el “boleto de entrada” a la gracia (la causa de la salvación):

Romanos, 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Pablo reafirma su idea en:

Tito, 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

Romanos, 3:22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 3:24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

¿Por qué Dios estableció que la salvación no fuese por obras?.

Porque:

[1] las mejores obras, de los mejores hombres, son delante de Dios “trapos sucios”;

Isaías, 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia;

[2] los ricos, al tener mayores recursos, podrían efectuar mayores y mejores obras de caridad que los pobres accediendo, por ello, más fácilmente a la salvación;

Los católicos creen que pueden participar de su propia salvación con sus buenas obras, las cuales utilizan como “moneda de pago” para “comprar” su salvación. Pero la Biblia dice claramente que la salvación es por gracia, por medio de la fe ("no por obras", para que nadie se gloríe).

De este falso evangelio de obras deriva (hay que reconocerlo) la importante obra caritativa promovida por el catolicismo romano (el fin es noble, pero la motivación es equivocada).

Pablo completa su pasaje de Efesios diciendo:

Efesios, 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Un cristiano verdadero ni siquiera tendría que proponerse hacer buenas obras ya que, como lo afirma Pablo, las mismas están totalmente inspiradas (preparadas de antemano) por el Espíritu Santo.

No estamos diciendo que un cristiano no tenga que tener obras. Las obras, en definitiva, son la manifestación externa (el fruto) de la fe que decimos tener. Lo que intentamos decir es que, esas obras, no nos salvan por la sencilla razón de que no son nuestras sino de Dios.

No somos salvos por nuestras obras sino que somos capaces de hacer buenas obras porque somos salvos, es decir, porque el Espíritu Santo mora en nosotros.

Isaías, 26:12 Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. 

Solus Christus (solo Cristo)

Solus Christus enseña que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres y que no hay salvación por medio de ningún otro.

Pero la teología católica le ha adjudicado a la Virgen María una serie de ministerios y funciones totalmente ajenos a Biblia.

¿Qué dice la Biblia sobre María, la madre de Jesús?.

Lucas, 1:27 a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. 1:28 Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

Existe una diferencia abismal entre la bienaventurada virgen hebrea mencionada en la Biblia y la semidiosa que el catolicismo romano ha construido alrededor de su imagen:

[+] "Inmaculada sin pecado" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 490/4);

[+] "Reina del Universo" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 966);

[+] "Santísima Virgen, Madre de Dios" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 971);

[+] "Trono de la Sabiduría" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 721);

[+] "Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 969);

[+] "Madre de la Iglesia" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 963, 975);

[+] "Fuente de Santidad y Perfección de la Iglesia" (CIC [Catecismo Iglesia Católica] 829);

Pero hay más. Aunque todavía no es un dogma oficial de la iglesia católica romana, muchos católicos (obispos y fieles) han solicitado, en varias oportunidades, que la Virgen María sea declarada "corredentora" de la humanidad. El concepto de corredención se refiere a una participación indirecta (pero importante) de la Virgen María en la redención de la humanidad, porque María dio a luz al Redentor (Jesucristo).

Demás está decir que, en ningún lugar de las Escrituras se menciona jamás que María sea, directa o indirectamente, salvadora o redentora del mundo, intercesora o mediadora entre Dios y la humanidad.

[+] Solo Jesús es el SALVADOR del mundo:

Lucas, 2:11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

Juan, 4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

Hechos, 13:23 De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. 

Efesios, 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

Filipenses, 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

Hechos, 4:11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 4:12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

[+] Solo Jesús es INTERCESOR:

Romanos, 8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 8:34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

[+] Solo Jesús es el MEDIADOR entre Dios y los hombres:

1 Timoteo, 2:5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 

Supongamos que, para congraciarnos con los católicos, decidiéramos dar de crédito a la "tradición oral" de la que hablan y aceptáramos que, todo lo que el catolicismo romano afirma sobre María (y que no surge de la Biblia), es cierto. Aun así, todavía tendríamos que resolver el siguiente punto: ¿qué hacemos cuando esa "tradición oral" contradice lo que está escrito en la Biblia?.

La "tradición oral" católica afirma que María es “mediadora” entre Dios y la humanidad (Catecismo 969):

"Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna [...] Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora".

Pero solo Jesucristo es (único) mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo, 2:5). Si la Biblia dice que solo hay un mediador entre Dios y los hombres y especifica quién es (Jesucristo), eso significa que no puede haber otro mediador (María), porque, entonces, el especificado en la Biblia no sería el “único”.

Por ende, la revelación de que María también es mediadora entre Dios y los hombres (y la "tradición oral" que la inspira), es FALSA.

Soli Deo gloria (la gloria solo para Dios)

Satanás busca, todo el tiempo y por todos los medios, impedir que Dios sea glorificado. Y una de las formas de evitar que Dios sea glorificado es minimizar la obra de Cristo en la cruz.

Cuando creemos que, en efecto, la fe nos ha salvado, pero también creemos que participamos en nuestra salvación, con nuestras propias obras, no permitimos que Cristo se lleve el 100% de la gloria por nuestra salvación.

Y, como ya sabemos, Dios no comparte su gloria con nadie:

Isaías, 42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

Algunos ejemplos prácticos

Atribuir a María, como hemos visto, funciones y ministerios ni siquiera sugeridos en la Biblia es un claro ejemplo, como los que siguen a continuación, de las revelaciones que los líderes del catolicismo romano han recibido por medio de “la tradición y el magisterio”.

[+] El purgatorio

Según los católicos, el purgatorio es un estado transitorio de purificación del alma y expiación en el que, después de la muerte, las personas que han muerto creyendo en Dios sufren una pena temporal. Las penas que se sufren aquí son similares a las del infierno, pero no son eternas. El purgatorio seria, de este modo, la purificación final de los elegidos, la última etapa de la santificación.

Podríamos decir varias cosas en contra de esta idea.

La primera es que el purgatorio no está mencionado en la Biblia. Algunos católicos dirán (no sin algo de razón) que la palabra Trinidad tampoco está mencionada en la Biblia y que ello no es suficiente para negarla, ya que la Biblia, en efecto, habla de que Dios se manifiesta en Tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La palabra Trinidad no aparece en la Biblia, pero si su doctrina (su enseñanza).

No obstante, podríamos decir que la Biblia no solo no menciona la palabra purgatorio (o sinónimo alguno), sino que ni siquiera contiene una enseñanza acerca de algo parecido al purgatorio (una especie de infierno temporal).

Uno de los pasajes utilizados por los católicos para justificar la existencia del purgatorio es el siguiente:

1 Corintios, 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 3:12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 3:13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 3:14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 3:15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

Todos los cristianos (los salvos) enfrentaremos el tribunal de Cristo:

2 Corintios, 5:10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

No debe confundirse este tribunal con el juicio ante el Gran Trono Blanco (Apocalipsis, 20:11-15), que solo enfrentaran los santos muertos durante el reino milenial de Cristo y los condenados a los largo de toda la historia.

En este tribunal de Cristo no estará en discusión nuestra salvación (que es un regalo de Dios) sino la “recompensa” por lo que hemos hecho por el reino mientras estuvimos en la Tierra. Nuestras obras (que no nos salvan) serán probadas por el fuego. Pablo menciona seis elementos de los que pueden estar hechas nuestras obras: oro, plata y piedras preciosas (el fuego no podrá dañarlas) o heno, madera y hojarasca (serán consumidas por el fuego).

Lo que Pablo quiere decir al final del pasaje es que si, luego de que sean probadas por el fuego, no permaneciera ninguna de nuestras obras, perderemos la recompensa pero, aun así, seguiremos siendo salvos, porque nuestra salvación no depende de nuestras obras sino que es un regalo de Dios (Efesios, 2:8-9).

Las que serán sometidas al fuego son nuestras obras, no nosotros. Pablo no deja lugar a dudas cuando dice: “la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”.

Podríamos decir también que Jesucristo, al hablar del infierno (fue el que más hablo de infierno en toda Biblia), jamás menciono (ni siquiera sugirió) la existencia de un purgatorio (de un infierno temporal).

Pero el principal argumento en contra del purgatorio creemos que es el siguiente:

Si, después de la cruz de Cristo, necesitáramos pasar por un purgatorio, para terminar de santificarnos y de expiar algún pecado residual (y llegar al cielo), entonces deberíamos reconocer que la obra de Cristo en la cruz fue insuficiente (incompleta), es decir, que su sangre no es tan eficaz como afirma la Biblia, lo cual entra en colisión directa con los siguientes pasajes de las Escrituras:

Hebreos, 10:14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

La sangre de Cristo, derramada en la cruz, nos hizo “perfectos para siempre”, dice la Biblia. ¿Para qué sería necesario, entonces, pasar por el purgatorio?.

Hebreos, 9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 9:25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 

Aceptar la idea del purgatorio es reconocer que el sufrimiento del Señor en la cruz no fue suficiente, por lo que, dicho sufrimiento, debe ser complementado y completado por nuestro propio sufrimiento en el purgatorio. Como puede verse, nuevamente aquí subyace la idea que tienen los católicos de "participar en su propia salvación con sus propias obras".

Pero la sangre de Cristo es suficiente para expiar (quitar de en medio) todos los pecados cometidos a lo largo de nuestra vida. La (verdadera) iglesia fue purificada en la cruz, no necesitando (sus miembros) nada más para acceder al cielo.


La obra de Cristo en la cruz fue completa, total y definitiva: 

Juan, 19:30 Cuan Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entrego el espíritu.

Detrás de toda idea que aun reconociendo su estatus de profeta:

[1] ponga en duda la divinidad de Cristo;

[2] menosprecie, menoscabe o vacíe de propósito la cruz del Señor; o

[3] sugiera alguna otra instancia superadora de la cruz de Jesucristo (y de la sangre derramada en ella) para acceder definitivamente al cielo;

Esta siempre santanas.

[+] La pretensión del Papa de ser como Dios

El Papa romano, siendo hombre, pretende usurpar el lugar de Dios. ¿Por qué decimos esto?. Por lo siguiente:

[+] El Papa pretende usurpar el lugar de Dios el Padre:

Mateo, 23:9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.

Como todos sabemos, el líder de la iglesia romana se hace llamar Santo Padre. La palabra “Papa” proviene de la palabra hebrea “Abba”, que significa “Padre” y que solo está reservada a Dios (el Padre). Mal entonces el líder de Roma puede arrogarse el nombre de Padre (nombre reservado a Dios), siendo humano.

[+] El Papa pretende usurpar también el lugar del Hijo de Dios:

El líder romano, además, se hace llamar ‘sumo pontífice’, que significa ‘sumo sacerdote’, cuando la Biblia dice claramente que el Sumo Sacerdote es nuestro Señor Jesucristo.

Hebreos, 4:14  Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspaso los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.

[+] El Papa pretende usurpar, por último, el lugar del Espíritu Santo de Dios:

El líder romano se presenta a sí mismo como el “Vicarius Figli Dei”, es decir, el vicario (representante) del Hijo de Dios.

Juan, 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

El representante de Jesucristo es el Espíritu Santo (“a quien el Padre enviara en mi nombre”) y no el Papa de Roma.

Definitivamente el Papa de Roma pretende ser DIOS.

[+] La roca sobre la que fue edificada la iglesia

En el libro de Mateo podemos leer:

Mateo, 16:15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16:16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 16:17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 16:18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia;

Esta es una de las mayores tergiversaciones que ha hecho la iglesia romana. Para los católicos, la roca a la que hace referencia Jesucristo, sobre la cual edificaría su iglesia, es Pedro. De esta forma Pedro habría sido el “primer Papa”.

¿Pero cuál es la roca sobre la cual se edificaría la Iglesia de Jesucristo?. La roca no es Pedro sino la declaración que salió de los labios de Pedro: que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Esta es la roca y es el fundamento de la Iglesia de Dios. No Pedro sino lo que Pedro acababa de decir y que le había sido revelado por el Padre.

Por otra parte, mientras la referencia del pasaje a Pedro está en segunda persona (tu eres Pedro), la expresión “esta roca” está en tercera persona.

Preguntémosle a Pedro que creía él:

1 Pedro, 2:4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios, escogida y preciosa,

Ahora preguntémosle a Pablo:

1 Corintios, 10:4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

Los católicos dicen que los protestantes le “hacemos decir” a Jesucristo que la roca sobre la cual edificaría su iglesia no es Pedro sino la confesión de Pedro (que Jesús es el Hijo de Dios), para, de esta forma, negar el origen bíblico del pontificado de Roma y no sujetarnos a autoridad humana alguna.

No obstante, parece más caprichoso y arbitrario poner en boca de Jesús que el fundamento de la iglesia de Dios es un hombre (Pedro) y no la verdad revelada de que Jesús es el Hijo de Dios.

Por su parte, Pablo declara que el fundamento de la iglesia es Jesucristo:

1 Corintios, 3:10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Conclusión:

Hay dos grandes “frentes” en el mundo cristiano: católicos y protestantes (el resto de la humanidad milita en el Islam - musulmanes - o en el ateísmo-agnosticismo). Dentro del protestantismo, a su vez y sacando la sectas (mormones, testigos de Jehová, etc.), tenemos otros dos grandes frentes: bautistas y pentecostales.

Los bautistas ponen énfasis en buscar la profundidad del evangelio (estudiando la Biblia) y no tanto en las manifestaciones del Espíritu Santo (el hablar en lenguas, los milagros, las profecías, etc.). De tal suerte, los bautistas llaman a los pentecostales, un poco peyorativamente, los “carismáticos”. A su vez, los pentecostales, ponen el énfasis en las manifestaciones espirituales mencionadas y no tanto en el estudiar con profundidad el Evangelio (aunque eso últimamente ha cambiado).

La Biblia dice que las dos cosas (las manifestaciones espirituales y la Palabra de Dios) son importantes:

Juan, 4:23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad

Cuando digo que soy cristiano y me preguntan si soy católico, digo que no y, acto seguido, digo que soy protestante. Jamás contesto que soy evangélico y, dentro del mundo evangélico, pentecostal. Antes que pentecostal, soy evangélico y, antes que evangélico, soy protestante.

Muchos evangélicos rechazan la “doctrina de la seguridad eterna” (que dice que la salvación no puede perderse) íntimamente ligada a los conceptos de la “elección” y “predestinación” de Dios, cuyo principal sustentador fue Juan Calvino (1509 – 1564). Contra las ideas de Calvino se levantó Jacobo Arminio (1560 -1609). Sin embargo, “calvinistas” y “arminianos” son protestantes, es decir, hijos de La Reforma (y, por tanto, hermanos).

Y esta es la “brecha doctrinal” que creo existe dentro del mundo cristiano protestante: los que creen que la salvación (una vez consumada) no puede perderse y los que sí (calvinistas y anti calvinistas). La mayoría de las diferencias que puedan observarse luego, encuentra aquí su fuente: dispensacionalistas y anti dispensacionalistas, reformados y ortodoxos, etc.

Muchos de los que siguen este blog, seguramente ya se habrán dado cuenta, a esta altura, de que, además de protestante (evangélico y pentecostal), soy también calvinista (ya habrá tiempo para presentar un estudio sobre el calvinismo).

Pero la idea de que la salvación no puede perderse (que todos relacionan con Juan Calvino) ya estaba presente - creo yo - en los postulados de La Reforma. Aceptar que la salvación no puede perderse es reconocer que es “por gracia (sola gratia), por medio de la fe (sola fide) y no por obras” (Efesios, 2:8-9), no habiendo absolutamente nada que podamos hacer para ganar o perder nuestra salvación, motivo por el cual toda  la gloria de nuestra salvación es solo para Dios (soli Deo gloria).

Lamentablemente, algo del falso evangelio de obras (pensar que participamos en nuestra salvación con nuestras propias obras) que impera en el catolicismo romano, ha penetrado ciertamente a la iglesia protestante.

Una de las cosas que creo debemos aprender del catolicismo romano, es como sus fieles cierran filas detrás de la figura del Papa. Equivocados o no, en los católicos no hay fisuras doctrinales.

Particularmente sueño con una iglesia protestante igualmente unida en materia doctrinal. Por eso es imperioso volver a la fuente, es decir, a los principios de La Reforma, lo cual implica reconocer que, antes que evangélicos (bautistas o pentecostales), somos básicamente protestantes.

Si no sabemos bien de dónde venimos, vamos a tener problemas para saber hacia donde tenemos que ir.

Alguien dirá: basta y sobra con saber que venimos de Dios. Y yo diré: no alcanza, porque mientras la iglesia se encuentre en la Tierra (mientras no sea raptada), necesita una estrategia concreta y un (único) Evangelio para predicar.

Palabras finales:

Solo pusimos el énfasis en cuestiones eminentemente doctrinales. No hemos dedicado una sola línea (sencillamente porque no es el objeto del presente estudio) a la "historia negra" de la iglesia católica, caracterizada por:

[+] las intrigas palaciegas;

[+] la "santa inquisición" (que de santa no tuvo nada), responsable de la tortura y muerte de infinidad de inocentes (entre ellos, muchos protestantes acusados de brujería y/o herejía);

[+] la creación y adoctrinamiento del cuerpo de caballería que intervino en "las cruzadas" y que, bajo el pretexto de ir a buscar el Santo Sepulcro, saqueó el Oriente, arrasando todo a su paso;

[+] sus relaciones “carnales”, a lo largo de la historia, con el poder político de turno, lo cual puede verse claramente en (sombríos) personajes históricos como el famoso Cardenal Richelieu, quien ha sido llamado el “padre del Estado moderno, del poder centralizado y de los modernos servicios secretos”, contradiciendo el siguiente pasaje de las Escrituras:

2 Timoteo, 2:4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 

[+] los escándalos financieros internacionales, como la estrepitosa quiebra del Banco Ambrosiano, donde participaban Roberto Calvi (presidente del Banco Ambrosiano, conocido como “el banquero de Dios”, por sus conexiones con el Vaticano), el Banco del Vaticano (conocido también como IOR: Istituto per le Opere di Religione o Instituto para las Obras de Religión), cardenales obispos y prelados de alto rango del Vaticano y Michele Sindona (banquero siciliano, famoso por sus conexiones con la mafia) que dio entrada en la trama a la logia masónica P2, liderada por Licio Gelli;

[+] los continuos abusos sexuales que, todo el tiempo y en todo el mundo, salen a la luz;

[+] su vergonzoso papel, a nivel mundial, durante el holocausto judío;

En fin.

Si bien Martín Lutero encarno - como nadie - la Reforma Protestante, la misma tuvo sus precursores, entre quienes podemos encontrar a Jan Hus (1370 - 1415), quien fue un filósofo y teólogo checo, que murió quemado en la hoguera tras ser condenado por herejía en el Concilio de Constanza.

Cuenta la tradición que, antes de ser quemado en la hoguera, Jan Hus pronuncio las siguientes palabras:

 "Están a punto de quemar a un ganso (Hus significa "ganso" en idioma checo). Pero, dentro de un siglo, se encontraran con un cisne al que no podrán quemar".

Un siglo después (102 años después de la muerte de Hus en 1415, o sea en 1517), Martín Lutero clavaba sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg.

El escudo heráldico familiar de Martin Lutero, desde ya, incluía un cisne.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!

Marcelo D. D'Amico
Maestro de Palabra - Ministerio REY DE GLORIA