miércoles, 18 de marzo de 2015

LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL




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Introducción

En la época del profeta Samuel, el pueblo de Israel le solicito a este la designación de un rey “como tienen todas las naciones”. Hasta ese momento, el gobierno de Israel era una “teocracia” (del griego “teo = dios” + “cratos = poder, dominio o gobierno”), es decir, el rey era Dios mismo. El que gobernaba era Dios y lo hacia fundamentalmente a través de:

[+] Jueces: líderes que Dios levanto en cada tribu, conocedores de la ley, magistrados (algunos fueron líderes militares) que administraban justicia; y

[+] Profetas: Samuel fue el último de los jueces y el “primer profeta” en el sentido de que fue el primero en ejercer el “oficio profético” tal como se lo conoció después, aunque no fue el primero en profetizar ya que, antes de él, habían profetizado Abraham, Moisés y Débora (que junto con Barac, fue uno de los 13 jueces);

A solicitud del pueblo, entonces, Samuel (por orden de Dios) unge como rey a Saúl, dando así comienzo a la “monarquía”. Ante las continuas desobediencias de Saúl, este es desechado por Dios y, en su reemplazo, Samuel unge (también por orden de Dios) a David. David reina durante 40 años y es sucedido en el trono de Israel por su hijo Salomón quien, en sus últimos años, cayó en la idolatría ya que comenzó a adorar a múltiples dioses paganos, que eran los dioses de todas las esposas y concubinas que tenía.

A raíz de la idolatría de Salomón, Dios dividiría a Israel en dos reinos, pero no lo haría en vida de Salomón (por amor a David, su padre) sino en días de Roboam, hijo de Salomón. Así pues, en días de Roboam, Dios divide Israel en dos reinos:

[1] el reino del sur, compuesto por las tribus de Judá y Benjamín, llamado “Judá”, con capital en Jerusalén (donde estaba el Templo); y

[2] el reino del norte, compuesto por el resto de las (10) tribus, llamado “Israel o Efraín”, con capital en Samaria;

El reino del norte fue entregado por Dios a Jeroboam, enemigo de Salomón. Pero Jeroboam no confió en Dios sino que tuvo temor de perder su poder. Jeroboam sabía que el Templo estaba en Jerusalén y también sabía que todas las familias de Israel (incluidas las del reino del norte) tendrían que descender anualmente al Templo que estaba en Jerusalén (el reino del sur) para adorar a Dios. El temor de Jeroboam era que el pueblo del reino del norte (del cual él era el rey), de tanto descender a Jerusalén para adorar a Dios en el Templo, terminara por proclamar rey a Roboam, hijo de Salomón. Para evitar esto, Jeroboam inventa todo un sistema religioso falso y levanta dos becerros para que el pueblo del reino del norte los adore como dioses y no se allegue hasta Jerusalén. Este es el comienzo de la idolatría y apostasía que jamás ceso en el reino del norte (donde, entre otros, ejerció su ministerio profético Elías, sucedido luego por Eliseo). Dios castigo al reino del norte provocando su caída y conquista por los asirios en 722 a.C.. Los asirios se llevaron cautivos a muchos israelitas del reino del norte a Asiria, pero dejaron algunos en Samaria (capital del reino del norte), trayendo también gente de otras tierras para repoblar dicha ciudad. Esta cruza entre los israelitas dejados en Samaria y los extranjeros traídos para repoblarla, dio origen al pueblo de los “samaritanos” y, con ellos, a un sincretismo (mezcla) religioso entre el judaísmo y el paganismo traído por los extranjeros.

La suerte del reino del sur no fue distinta a la del reino del norte ya que, también a causa de su idolatría y apostasía, impulsada fundamentalmente por el malvado rey Manases (hijo del piadoso rey Ezequías), fue entregada en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien en 586 a.C. destruyo Jerusalén y el Templo, llevándose cautivos a muchos israelitas a Babilonia. Sin embargo, la deportación de israelitas a Babilonia, en el reino del sur, se produjo en tres etapas:

[1] en 605 a.C. se produjo la primera deportación a Babilonia de jóvenes selectos, entre los cuales estaba el profeta Daniel;

[2] en 597 a.C. se produjo la segunda deportación a Babilonia, entre los cuales estaba el también joven profeta Ezequiel; y

[3] finalmente, en 586 a.C., junto con la destrucción de Jerusalén y el Templo, se produce la tercera y última deportación de israelitas a Babilonia;

Hacia 586 a.C., cuando fue finalmente destruida Jerusalén y el Templo y deportada la tercera camada de israelitas a Babilonia, Daniel ya había estado cautivo en Babilonia desde hacía 19 años (recordemos que él fue deportado en 605 a.C.).  Durante su cautividad, se convirtió en  primer ministro bajo el reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia. Fue cuando Daniel interpreto el sueño de la estatua de Nabucodonosor (otras de la grandes profecías del libro de Daniel - capitulo 2 - y, de alguna manera, también relacionada con la profecía de la 70 semanas que estamos estudiando), siendo declarado por el mismísimo rey Nabucodonosor como “10 veces más sabio que los sabios de Babilonia” (Daniel, 1:20). Pero después de la muerte de Nabucodonosor, los gobernantes que le siguieron se olvidaron de él, hasta que Babilonia fue derrotada. Entonces en el año 539 a.C., cuando ya hacía 67 años que Daniel había sido tomado cautivo, en el tiempo en que el Imperio Medo-Persa estaba bajo el reinado de Darío el medo y cuando Ciro el persa conquistó el reino de Babilonia, fue elegido  primer ministro del Imperio Persa (Daniel, 6).

Las personas de Judá llevaban cautivas casi 70 años y Daniel sabía que el tiempo de cautividad se limitaba a ese periodo de tiempo, como había profetizado Jeremías:

Jeremías, 25:11 Toda esta tierra [Judá] será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 25:12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.

Dios uso a Babilonia como instrumento de juicio para castigar a Judá, pero también Dios usaría al imperio medo-persa para castigar a Babilonia por su crueldad contra Judá.

Daniel, leyendo el rollo de Jeremías, se percata de que, si bien los 70 años de exilio habían concluido, nada había pasado en cuanto a la liberación de Israel y es cuando decide orar a Dios:

Daniel, 9:1 En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos [Babilonia], 9:2 en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. 9:3 Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. 

Babilonia ya había sido conquistada por los medos y Daniel se encontraba leyendo el libro de Jeremías. Observo que una parte de la profecía de Jeremías se había cumplido (Babilonia había sido castigada por Dios, por su crueldad contra Judá, cayendo bajo el dominio medo-persa), pero todavía persistía la desolación del exilio, cuya duración había sido profetizada por Jeremías en 70 años. Daniel ya tenía entre 80 y 90 años.  Fue tomado cautivo como un hombre joven (en 605 a.C.) y había permanecido bajo los reinos babilónico y medo-persa durante casi 70 años. Daniel tomó el papel de intercesor para Israel y el Templo y entonces comenzó a orar:

Daniel, 9:20 Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;

Para contestar la oración de Daniel, el Señor le ordenó al ángel Gabriel que le mostrara a éste cuál era su plan para el mundo y el papel que jugaría Israel.  Tanto Israel como Jerusalén desempeñarían un papel trascendental en el “reloj profético de Dios”:

Daniel, 9:21 aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. 9:22 Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. 9:23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Y es cuando Daniel recibe la profecía de las 70 semanas:

Daniel, 9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. 9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. 9:27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

¿Setenta semanas de qué?

Vayamos por partes:

Daniel, 9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Primero se nos dice que el período de tiempo es de “setenta semanas” o 70 períodos de 7, dando un total de 490 (70 x 7). La palabra hebrea “shebha”, que se usa para designar “semana”, significa “siete” y se puede usar  tanto para días como para años.

En Levítico se usa la misma raíz para hacer referencia al año del jubileo.

Levítico, 25:8 Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.

La celebración del jubileo tiene lugar en el  año cincuenta, después de 7 períodos de 7 años o, lo que es lo mismo, 49 años.

El número 490, entonces, representa años y no días (son semanas de años, no de días).

Gabriel le dice a Daniel que 490 años “están determinados sobre tu pueblo (Israel) y sobre tu santa ciudad (Jerusalén)”. El período de tiempo es de 490 años y éstos dependen del pueblo de Daniel (Israel) y de su Ciudad Santa (Jerusalén). Dentro de estos parámetros tendrán lugar 6 eventos:

[1] terminar la prevaricación (es decir, cesar la prevaricación de la incredulidad nacional en Israel);
[2] poner fin al pecado (todo Israel se volverá a Dios en rectitud);
[3] expiar la iniquidad (lo cual se hizo mediante la muerte expiatoria de Cristo en la cruz);
[4] traer la justicia perdurable (el reino eterno de Dios);
[5] sellar la visión y la profecía (se cumplirá y concluirá la profecía); y
[6] ungir al Santo de los santos (Jesucristo será ungido Rey);

La “prevaricación” de la que habla la profecía (o prevaricato), es un delito que consiste en que una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta y contraria a la ley.​ Es comparable al incumplimiento de los deberes del servidor público.​

La prevaricación y el pecado son tan reales actualmente como lo eran en los días de Daniel, ya que las guerras, los asesinatos y los robos son elementos de la vida cotidiana. Leemos que en un periodo de 490 años “se pondrá fin al pecado” y que habrá “justicia perdurable”.

Ya han pasado más de 490 años (en realidad, 2.500 años) desde que a Daniel le fuera dada esta profecía. Entonces ¿por qué no ha terminado de cumplirse?.

El punto de partida del reloj

Gabriel le dice a Daniel “setenta semanas (ya vimos que son semanas de años y no de días, lo cual equivale a un periodo de 490 años) están determinados sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad”, es decir, Israel (el pueblo) y Jerusalén (la ciudad) constituyen el “reloj profético” de Dios. Pero ¿desde cuándo empezó a contar este reloj?.

Daniel, 9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

El ángel Gabriel invita a Daniel a "saber y entender". Pero, ¿qué es lo que debe entenderse?. Pues cómo se divide el tiempo y cuándo tienen lugar las divisiones establecidas. Lo primero de todo es que hay un punto de partida en el reloj de los 490 años. La primera oración de Daniel era para que Jerusalén fuera restaurada.
  
Hay que recordar que Jerusalén y el Templo fueron destruidos por los babilonios en 586 a.C. y que Jerusalén quedó desprotegida sin murallas y se convirtió en una simple sombra de lo que había sido.  La oración de Daniel era para que se restaurara la ciudad y el Templo de acuerdo con las palabras de Jeremías. 

El ángel Gabriel vino a contestar la oración de Daniel que hacía referencia a su pueblo y a Jerusalén. Primero le dijo a Daniel que un período de 490 años estaba determinado sobre su pueblo y sobre su ciudad (Daniel 9:24) y entonces le dijo cuándo empezaría este período, tal y como podemos leer, “desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén”.

Ciro, el rey de Persia, ordena que el Templo sea reconstruido y permite a los judíos que vuelvan en 538 a.C. (Esdras 1:1-11). Aquí finalizan los 70 años de desolación profetizados por Jeremías: desde 605 a.C. (año en que se produce la primera deportación a Babilonia) hasta 538 a.C. (año en que retorna la primera compañía) transcurrieron los (casi) 70 años profetizados por Jeremías. La deportación había sido en tres etapas (605, 597 y 586 a.C.) y el retorno también fue en tres etapas:

[1] en la primera etapa (538 a.C.), regresaron 50.000 exiliados, dirigidos por Zorobabel y el sacerdote Josué;

[2] en la segunda etapa (457 a.C.), Esdras dirigió el retorno de más de 17.000 hombres; y

[3] en la tercera etapa (444 a.C.), Nehemías y su compañía dirigieron el regreso de otro grupo;

Pero el retorno de la primera compañía en 538 a.C. no inicia el reloj profético. Solo representa el fin de los 70 años de desolación profetizados por Jeremías.
Luego hay dos sucesos más:

[a] La reconstrucción de Segundo Templo (liderada por Esdras); y

[b] La reconstrucción del muro de la ciudad (liderada por Nehemías);

Artajerjes, rey de Persia, en 458 a.C. le da al sacerdote Esdras una carta permitiendo y estimulando la adoración en el Templo y los sacrificios en el Monte Moriah, pero no la reconstrucción de la ciudad y sus muros (Esdras 7:11-26).

El reloj empieza con la orden para la reconstrucción de Jerusalén, más en concreto, del muro y de la plaza, 93 años (de 538 a 444 a.C.) después de la oración de Daniel. En el libro de Nehemías, encontramos un registro de dicha orden.

El Segundo Templo fue reconstruido en el año 516 a.C. (es decir, entre 21 y 22 años después del retorno de la primera compañía en 538 a.C.), pero los judíos tenían pocas ganas de volver a una ciudad desprotegida y sin muros. Por eso Nehemías, al igual que había hecho Daniel, oró para que la ciudad fuese restaurada.

Nehemías trabajaba como copero en el palacio del rey. El rey, viendo la tristeza de Nehemías, le preguntó por qué estaba triste y Nehemías se lo dijo. Artajerjes le concedió su petición y le dio  órdenes de reconstruir las puertas de la ciudad y los muros (Nehemías 2:1-8).

La orden se dio en Marzo/Abril del 444 a.C. El reino de Artajerjes empezó en el año 464 a.C., por lo tanto, éste era su vigésimo año de reinado. El mes de Nisán es el primero en el calendario Judío y equivale a Marzo/Abril.

El reloj profético de Dios empezó con esta orden del rey de Persia (444 a.C.).

La línea del tiempo hasta el Mesías Príncipe

Con el punto de partida establecido en “la salida de la orden” (444 a.C.), la próxima división en el tiempo es “hasta el Mesías Príncipe”. Gabriel le informa a Daniel del tiempo establecido. El reloj empieza con la orden y continúa “hasta el Mesías Príncipe”.

La palabra “Mesías” significa ungido o escogido y se refiere, obviamente, a Jesucristo.

Recordemos:

Daniel, 9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Gabriel divide el primer segmento (483 años) desde la salida de la orden para restaurar Jerusalén hasta el Mesías príncipe en dos partes: la primera, que consta de un período de 7 semanas (7 x 7 = 49 años) y otro período de 62 semanas (62 x 7 = 434 años), dando un total de 69 semanas de años o de 483 años. El reloj empieza con la orden y continúa durante 483 años hasta el Mesías el Príncipe. 

Este período de 483 años está dividido, como vimos, en 7 semanas y 62 semanas, pero es continuo. Las siete semanas, o periodo de 49 años, hacen referencia a la reconstrucción de Jerusalén en tiempos angustiosos, lo cual empezó con la orden en Nehemías 2:8, en marzo del 444 a.C. y continuó durante los próximos 49 años. En Nehemías 2 al 7 se cubren los detalles de los tiempos angustiosos. Desde este punto hasta el Mesías Príncipe pasarían otros 434 años (49 años + 434 años = 483 años).

El segundo período, "hasta el Mesías el Príncipe", consta de otros 434 años a partir del momento en que el trabajo de Nehemías y sus sucesores se completa. El  Mesías tendría que existir y ser eliminado al final de las 69 semanas o 483 años (69 x 7 = 483), tomando como punto de partida la orden dada en el 444 a.C..

¿Calendario lunar o Solar? 

Si empezamos a contar en marzo del 444 a.C. y sustraemos 483 años, obtenemos el año 39 d.C.. Si queremos demostrar que el Mesías príncipe que tendría que ser eliminado es Jesucristo, las cuentas no nos cierran porque sabemos que el Señor fue crucificado en 33 d.C.. No obstante, hay que tener en cuenta un detalle no menor: un año, en tiempos de Daniel, era “lunar” y no “solar”.

Actualmente usamos el “calendario gregoriano”, que determina la longitud de un año a partir del sol, pero los judíos usaban la luna. De aquí proviene la palabra “mes”, que tiene su origen en el latín “mensis”, que a su vez proviene del griego “mene”, que significa “luna”. La longitud de un “año lunar” era diferente de la de un “año solar”.

Un “año solar” es el número de días que la tierra tarda en girar alrededor del sol y volver a la misma posición.

La duración de un año en términos bíblicos es, por lo tanto, diferente del sistema gregoriano actual. El sistema bíblico era “lunar” mientras que el gregoriano es “solar”.

En Génesis, 7 y 8 podemos observar que el diluvio duró 5 meses o 150 días: un mes eran 30 días. Un día tenía 24 horas en tiempos de Daniel, como en la actualidad.  Si usamos días en lugar de años, podemos hacer cuadrar o coincidir los dos métodos.  

Sabemos que hay 360 días en un año bíblico. 

360 días x 483 años = 173.880 días (ciento setenta y tres mil ochocientos ochenta).

Pero hay 365,242 (trescientos sesenta y cinco coma 242) días en un año de nuestro calendario.

Si dividimos 173.880 días por los 365,242 días que componen un año en la actualidad, obtenemos 476,06792 años (los decimales corresponden a 24 días).   

Sustraemos 476 años de 444 a.C. y llegamos al año 33 d.C. (considerando el año cero como año 1) y agregamos 24 días. La orden se dio en el mes de Nisán, que corresponde a Marzo/Abril de nuestro calendario. Por consiguiente, 69 semanas (desde 444 a.C.) finalizan el día 24 de Nisán o,  aproximadamente, en el 29 de marzo del año 33 d.C..

Una vez que estos años se adaptan a nuestro calendario, obtenemos que "el Mesías Príncipe" fue eliminado o matado en el año 33 d.C.  ¿Quién murió en ese año y decía ser el Mesías y rey de Israel?. Jesús de Nazaret, que afirmaba ser el Mesías o el Cristo.

Aquí se cumplen las 69 semanas y se detiene el reloj profético de Dios.

Despues de que se le quite la vida al Mesias

Daniel, 9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. 

Las 70 semanas de Daniel establecen que después de que el Mesías fuese eliminado, Jerusalén y el Templo serían destruidos. Y, en efecto, fue lo que paso: el Mesías fue asesinado en 33 d.C. y Jerusalén y el Templo fueron destruidos (por segunda vez) por los romanos en el año 70 d.C..

Desde la perspectiva de Daniel, estamos viendo la “futura” destrucción de Jerusalén (después de la restauración), destrucción que será llevada a cabo por “el pueblo de un príncipe que ha de venir". Llegados a este punto, Daniel está orando por la restauración de Jerusalén. La ciudad fue destruida por los babilonios 586 a.C. (Daniel había sido deportado a Babilonia en 605 a.C.). El ángel Gabriel está diciéndole a Daniel que la ciudad de Jerusalén será destruida de nuevo después de que hubiera sido reconstruida gracias a  la orden que dio Artajerjes.

En el año 70 d.C., el general romano Tito, hijo del Emperador Vespasiano, sitió Jerusalén y destruyó la ciudad y el Segundo Templo. En la ciudad de Roma, hay un monumento de casi 2.000 años (el Arco de Tito), que conmemora la victoria de los ejércitos romanos sobre  Jerusalén.  En los relieves del arco están los tesoros que se llevaron de Jerusalén, incluida una escultura de oro de la Menorah (el candelabro de 7 brazos), tomada del Segundo Templo.


El ejército romano desmontó el Templo judío “piedra por piedra” (literalmente), para buscar oro fundido del Templo quemado. Roma asesinó a  más de un millón de judíos en el 70 d.C. Flavio Josefo (el famoso historiador judío, autor del libro “Antigüedades de los judíos”)  fue testigo de estos eventos que más tarde relató en su libro “Las Guerras judías”. 

En el año 132 d.C., Rabí Akiva se rebeló contra las duras leyes que había impuesto el emperador romano Adriano en contra del judaísmo y proclamó a Simón Bar Coziba (Bar Kochba) como Mesías. La sublevación duró tres años, finalizando en el 135 d.C., y como consecuencia, Jerusalén volvía a ser destruida, quedando totalmente arrasada y dejando 580.000 judíos muertos a manos de los romanos.

En el mismo sitio donde quedaron las ruinas de Jerusalén los romanos construyeron una nueva ciudad llamada Colonia Aelia Capitolina, que estaba dedicada al dios Júpiter. El nombre de Judea/Israel fue cambiado por el de Palestina. Adriano prohibió que los judíos entrasen en la ciudad.

Los romanos hicieron que el pueblo judío se dispersara por todo el mundo con el fin de que no hubiera más sublevaciones. Las maldiciones de  Deuteronomio 28:64-65 y de 2 Crónicas 7:19-21 se habían cumplido, ya que Israel era esparcido por toda la tierra.

La destrucción de Jerusalén y el Segundo Templo en el 70 d.C. por los romanos tuvo lugar unos 600 años después de que Daniel orara para que Jerusalén fuera restaurada. Gabriel le dijo a Daniel que su ciudad sería restaurada pero que volvería a ser destruida después de que el Mesías fuera asesinado.

Devastaciones hasta el fin 

Jerusalén se tenía que encontrar en un estado de devastación hasta el fin. Aunque, llegados a este punto, sólo habían pasado 69 semanas en el reloj profético de Dios. Roma se convirtió en el Imperio Bizantino y su control sobre Jerusalén cayó con la invasión de los ejércitos musulmanes en el 638 d.C.. Durante los siguientes 1300 años, los musulmanes controlaron Jerusalén y las tierras de Israel. 

El Islam comenzó en el 610 d.C., cuando Mahoma dijo haber  recibido revelaciones del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, afirmando haber viajado hasta Jerusalén en una visión nocturna y haber ascendido hasta el cielo desde la cima del Monte Moriah para encontrarse con los profetas que había habido antes de él.

Después de que los ejércitos del Islam hubieron conquistado la ciudad, construyeron la Cúpula de la Roca, también conocida como la Mezquita de Omar, situada encima del Monte Moriah, donde había estado el Segundo Templo hasta su destrucción.  Hoy, la Cúpula de la Roca es el tercer lugar más sagrado para el Islam.

Lo que hoy se conoce como el “Muro de los Lamentos” son los restos del Segundo Templo destruido por los romanos en 70 d.C..

Israel esparcido y reunido de nuevo

Israel se esparció después de la muerte de "el Mesías Príncipe", cumpliendo así lo que había prometido Dios en caso de que Israel lo rechazase (Deuteronomio, 28:64-65).

El número de años quedó determinado en 490, y ya se habían cumplido 483 con  la muerte del Mesías. Todavía tienen que pasar 7 años para que se cumplan los 7 hechos de Daniel 9:24.

La contracara de la amenaza de que habría una “diáspora” (dispersión) para el pueblo judío si este desobedecía, era la promesa que aseguraba que habría un día en el que el pueblo regresaría a su tierra y se volvería a unir (Deuteronomio, 30:4-5).

Gabriel le dijo a Daniel: “hasta el fin...durarán las devastaciones”. Dios le prometió a Israel que un día lo volvería a unir. El actual Estado de Israel se formó en mayo de 1948, después de que los nazis no consiguieran su propósito de exterminarlos en el holocausto. La unión del pueblo judío es uno de los eventos más profetizados en las Escrituras.

La semana setenta

Sólo 69 semanas de años han tenido lugar en el pueblo  judío hasta el momento.  Desde cuando se dio la “orden” de  restaurar y construir Jerusalén (444 a.C.) hasta "el Mesías Príncipe" hay 483 años lunares o 476 años solares (33 d.C.). Sin embargo, el número de años determinado sobre el pueblo de Daniel es de 490 (o sea que todavía faltan 7 años para que se cumplan los 490 años).

Un vacío entre la semana 69 y la 70

En Daniel 9:26 el hecho de que "se le quitará la vida al Mesías” ocurrió en el 33 d.C., a lo cual siguió la destrucción de la ciudad y del Segundo Templo, llevada a cabo por "el pueblo de un príncipe que ha de venir”. Aquí se menciona a este "pueblo", que eran los romanos liderados por Tito en el 70 d.C., pero también se dice que hay "un príncipe que ha de venir". Este pueblo y este príncipe están unidos pero a la vez separados en el tiempo.

El pueblo  que destruiría Jerusalén y el Segundo Templo estaría formado por antepasados del príncipe futuro, el cual sería a su vez un descendiente de los que destruyeron Jerusalén (los romanos). 

Al final de la semana 69, que acabó con la muerte del Mesías Príncipe,  tenía que pasar un periodo de 37 años antes de que el resto del versículo 26 se cumpliera (33 + 37 = 70. En el año 70 d.C. son destruidos la ciudad y el Segundo Templo.

Se puede ver que la semana 70 (la última semana de 7 años) no tendría lugar inmediatamente después de la semana 69 (inmediatamente después de que se le quitara la vida al Mesías), por lo que se puede decir que hay un paréntesis en el  tiempo entre estas dos semanas (la 69 y la 70).

Este espacio de tiempo entre la semana 69 y 70 es lo que muchos llaman “la era de la gracia o la era de la iglesia”, que inicio con la cruz de Cristo y finalizara con el rapto o arrebatamiento de la iglesia.

El rapto o arrebatamiento de la iglesia

El rapto o arrebatamiento de la iglesia consiste en el traslado instantáneo de millones de personas vivas de la tierra a los cielos, en los días venideros y está acompañado por otro evento paralelo: la resurrección previa de todas aquellas personas que, antes de morir, pidieron perdón a Dios por sus pecados, aceptando a Jesús como su Señor y Salvador pero la muerte se les anticipo. O sea, tanto los muertos en Cristo (serán “resucitados”) como los cristianos que se encuentren vivos (serán “transformados”) serán llevados al cielo, en un pestañear e inmediatamente comenzara la Tribulación.

Pablo habla de este misterio en:

[+] 1 Corintios, 15:51-52; y

[+] 1 Tesalonicenses, 4:15-17;

La Tribulación es la semana 70 de Daniel

Con el rapto o arrebatamiento de la iglesia, finaliza la era de la gracia e inicia la semana 70 de Daniel, también llamada Tribulación.

Se conoce con el nombre de Tribulación a los últimos 7 años del gobierno del hombre sobre la tierra, antes de la segunda venida de Jesucristo. A su vez, se suele dividir a estos últimos 7 años en dos mitades: un primer sub-periodo de 3 años y ½ llamado Tribulación seguido de un segundo sub-periodo, también de 3 años y ½, llamado Gran tribulación. La “bisagra” entre estos 2 periodos es la manifestación y revelación plena del anticristo declarándose Dios dentro de un Tercer Templo que aun hoy no se ha construido. Esta es la “abominación desoladora de la que hablo el profeta Daniel” (Mateo, 24:15, Daniel, 9:27) y de la que también hablo Pablo (2 Tesalonicenses, 2:3-4). La diferencia es que las calamidades y los eventos desastrosos serán más frecuentes e intensos en el segundo sub-periodo de 3 años y ½, pero, en general, los últimos 7 años serán angustiosos.

El propósito de la semana 70 de Daniel

Es necesario destacar que la iglesia no pasara por las calamidades de esta última semana, la semana 70 de Daniel o los últimos 7 años del gobierno de hombre.

Pensar que la iglesia necesita de una purificación “extra” después de la cruz, equivaldría a reconocer (erróneamente, claro está) que la obra de Cristo en la cruz resulto ineficaz e insuficiente para justificar a la iglesia. Al no necesitar, entonces, de una purificación posterior a la cruz ningún propósito se cumple al hacer que la Iglesia pase a través de la Gran Tribulación.

En el caso de Israel las generaciones desde la cruz están perdidas por haber rechazado al Mesías. La disciplina de la última generación tiene la intención de llevarlos finalmente a esa realización y abrir sus ojos y sus corazones a Jesús para que el remanente del pueblo de Dios pueda ser preservado (Zacarías, 12:10-13).

El foco de la Tribulación es judío y el foco de Dios parece ser Israel o la Iglesia, pero nunca ambos a la vez. Esto lo explicó claramente Pablo en Romanos, 11:25-27:

Romanos, 11:25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 11:26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. 11:27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.

Lo que se quiere mostrar es lo siguiente:

[+] El propósito de la Tribulación es el de disciplinar a Israel y destruir completamente a las naciones que lo maltrataron y que rechazaron al Mesías; y

[+] La Iglesia no tiene necesidad de ser purificada o disciplinada, y por consiguiente nuestra presencia aquí durante ese período estaría en oposición directa a nuestra naturaleza como la ve Dios;

Debido a esto, Dios ha prometido remover a la Iglesia antes de que inicie la Tribulación. En 1 Tesalonicenses, 1:10 y 5:9, Pablo dijo primero que la Iglesia será rescatada de la ira de Dios y luego que la iglesia no está puesta para la ira.

1 Tesalonicenses, 1:10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses, 5:9 Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,

¿Cómo será librada la iglesia de la ira venidera?. Por medio del rapto o arrebatamiento, claro.

El Príncipe que ha de venir es el anticristo

¿Qué hará este príncipe?.

Daniel, 9:27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

En Daniel 9:27 se nos dice que "por otra semana (la última, la semana 70) el (anticristo) confirmará el pacto con muchos", es decir, hará poner en marcha el sistema de sacrificios que se detuvo cuando los ejércitos romanos destruyeron el Segundo Templo en el año 70 d.C..

Como al día de hoy no hay Templo (el primero – que fue el de Salomón - fue destruido por Nabucodonosor en 586 a.C. y el segundo – que fue reedificado bajo el liderazgo de Esdras - fue destruido en el año 70 d.C. por los romanos), un Tercer Templo tendrá que ser construido.

Cuando la iglesia haya sido arrebatada, Dios volverá su rostro hacia Israel y retomara la relación con ellos exactamente donde había quedado cuando apareció la iglesia: en el sistema levítico de sacrificios del Segundo Templo inserto en la ley de Moisés. El príncipe que ha de venir, permitirá y ayudara a Israel a construir el Tercer Templo.

Por su parte, el apóstol Pablo afirma (2 Tesalonicenses, 2:4) que el anticristo (el príncipe que ha de venir) va a entrar en un (Tercer) Templo y proclamara ser Dios, es decir, el anticristo utilizara el Tercer Templo como centro de sus pronunciamientos.

Y aquí tenemos las dos razones por las que un Tercer Templo tiene necesariamente que ser construido:

[1] lo necesitan los judíos, para volver a sacrificar animales cuando, una vez arrebatada la iglesia, Dios retome su relación con ellos; y

[2] lo necesita el anticristo, para entrar en él y proclamarse Dios;

El reino de este príncipe venidero es descripto en Daniel, 7 donde se nos dice que su reino será distinto de cualquiera que hubiera existido antes, ya que será un reino religioso, político y militar y afectará a toda la tierra. Diez países o reyes que dirijan estos países, compondrán su imperio. 

En el libro de Daniel encontramos detalles sobre este futuro líder europeo: su reino será el resultado de la unión de 10 naciones y será diferente de cualquier otro que haya existido antes.

Daniel, 7:23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. 7:24 Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 

Su reino será brutal, dictatorial y religioso. Él perseguirá a cualquier religión rival, incluyendo a aquéllos que siguen al verdadero Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.  Este periodo de gran persecución durará 3 años y ½ y tendrá lugar después de que el culto y el sacrificio en el Tercer Templo se detengan. Con esto se completarán los 7 años restantes de las 70 Semanas.  

Daniel, 7:25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo. 7:26 Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, 

Se opondrá a Dios (“hablara palabras contra el Altísimo”), perseguirá cristianos (“a los santos del Altísimo quebrantara”) y “pensara en cambiar los tiempos (se eliminara el “antes y después de Cristo” y comenzara el año 1 de una “Nueva Era”) y la ley” (van a cambiar las leyes de los países y se crearan las nuevas del “Nuevo Orden Mundial”). Luego de que a mitad de la última semana de 7 años (a los 3 años y ½) haga cesar el sacrificio y la ofrenda en el Tercer Templo y entre al mismo y declare ser Dios, durante los últimos 3 años y ½ (“tiempo” = 1 año + “tiempos” = 2 años y “medio tiempo” = ½ año = 3 años y ½) hará todo tipo de desmanes y cometerá todo tipo de atrocidades. Luego será “destruido y arruinado hasta el fin” (será destruido por Jesucristo, en su Segunda Venida).

Daniel y Jeremías describen este tiempo como un tiempo sin igual en la historia pasada y futura de la humanidad. Jeremías lo llamó “la angustia de Jacob” (Jeremías 30:7) y Daniel dijo que sería un “tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (Daniel 12:1).

Según el libro de Apocalipsis, en los primeros 3 años y ½ morirá por lo menos la mitad de la población mundial como resultado de la guerra y los juicios que tendrán lugar. El libro de Apocalipsis revela detalles específicos sobre la semana 70 de Daniel: de los capítulos 6 al 19 de Apocalipsis se describe este periodo de siete años y de los capítulos 6 al 9 se hace referencia a la primera mitad de la semana 70 de Daniel. Los eventos de la primera mitad de la Tribulación, incluyendo la abominación desoladora, se cubren entre de los capítulos 10 al 13. La última mitad de la tribulación aparece en los capítulos 14 al 19, incluyendo la Segunda Venida de Cristo.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!!

Marcelo D. D’Amico
Maestro de la Palabra – Ministerio REY DE GLORIA