viernes, 21 de octubre de 2016

EL ÉXITO Y EL FRACASO



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Quiero compartir con ustedes la siguiente historia real:

Las Asambleas de Dios enviaron un misionero a Nueva Guinea, a una isla llamada Papúa. Y este misionero, además de ser predicador, era medico. El abandona la profesión de médico para predicar en Nueva Guinea y es enviado, comisionado por las Asambleas. Llega a la isla y el cacique, el que comanda la tribu, el jefe tribal, le dice que ahí no podrá predicar nunca el Evangelio. Que ellos tienen sus propios dioses y que, si va a hablar de Dios, el va a ser asesinado.

Ante esta amenaza, el misionero decide cerrar la boca pero se le ocurre un “plan b”: recuerda que él es médico y le dice al jefe tribal ¿pero podría ejercer la medicina?. El jefe de la tribu le dice que sí. Podría vacunar a los niños, atender a las que están de parto, traer medicinas del continente pero nunca jamás hablar de Dios y, si lo ven con una Biblia, lo decapitarán.

El misionero informa a las Asambleas de Dios cual es la situación y desde la Asambleas le dicen: mira, quédate porque, tarde o temprano, han de cambiar de opinión. Y pasan meses, pasan años, pasan décadas y el jefe tribal nunca muere y nunca cambia de opinión y este misionero solo puede ejercer la medicina. Cada noche lee la Biblia clandestinamente y clama a Dios poder predicar algún día su Palabra en ese lugar. Finalmente, este médico, ya viejo, muere.

¿Qué se dice en las Asambleas de Dios?. Hemos mandado un misionero que fracasó. Alguien que debió haber predicado la Palabra de Dios entre esos lugareños no gano un solo alma. De modo que las Asambleas nombran un nuevo misionero que llega y, otra vez, lo recibe el viejo cacique y le dice al nuevo enviado: bienvenido ¿a que debemos su visita?. Mire, dice el nuevo misionero, vengo de parte de las Asambleas de Dios, a reemplazar a mi antecesor, que ha ejercido la medicina aquí y ha muerto. Vengo a predicar la Palabra de Dios.

Muy bien, le contesta el jefe tribal. Instálese mientras le conseguimos un lugar donde usted pueda predicar ¿una iglesia le llaman ustedes?. El nuevo misionero, confundido, le pregunta ¿por qué a mi antecesor jamás le permitieron predicar y a mí no me ponen ninguna traba?. El jefe tribal lo mira y le responde lo siguiente: por la vida que tuvo el misionero anterior, aquí entre nosotros, por la forma en que nos sirvió, que atendió a nuestras mujeres, que vacuno a nuestros niños y hasta ofrendo su vida, debe tener un Dios grande. ¿Sabe porque le permitiremos predicar a usted?. No, contesta el nuevo misionero.  Porque ahora somos nosotros los que deseamos conocer al Dios de ese hombre, contesta el jefe tribal….

Este evangelista nuevo enseguida hace una campaña y se salvan cientos, miles. ¿Qué se dijo en las Asambleas de Dios?. Por fin enviamos un tipo exitoso (refiriéndose al segundo misionero). Pero el nuevo misionero sabe perfectamente, por boca del jefe tribal, a que se debe su éxito: el estaba cosechando donde había sembrado otro….

Tal vez el segundo fue exitoso, pero el primero fue efectivo y la efectividad no necesariamente tiene que ver con el éxito. Los médicos le dicen al paciente recién operado: tenemos una buena noticia y otra mala para darle. La operación fue un éxito, la soporto perfectamente bien, la anestesia tomo todo lo que tenía que tomar, no sufrió usted ni siquiera un principio de infección. ¿Y cuál es la mala noticia, pregunta el paciente?. Que le cortamos la pierna equivocada, contesta el médico. ¿La operación fue exitosa?. Si. ¿Fue efectiva?. No.

Así como el valor no es ausencia de miedo, el éxito no es ausencia del fracaso. A veces, cuando Dios nos asigna a un lugar, vamos a sentir que, ante los ojos de los demás, estamos fracasando.

El escritor de la Epístola a los Hebreos, en el capítulo 11, dice: “me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barak, Sansón, Jefté, David, Samuel, los profetas, los cuales, por la fe, conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron lo prometido, cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas, escaparon del filo de la espada, sacaron fuerza de la flaqueza, se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a los ejércitos extranjeros”. Y nosotros decimos: esto es el éxito!!!. Queremos estar ahí!!!. Pero el autor de la Epístola a los Hebreos sigue escribiendo: “otros sufrieron burlas, azotes, incluso cadenas, cárceles y muerte…".

Esta todo en el mismo episodio de los “héroes de la fe” (Hebreos, 11). La pregunta que podríamos hacernos es ¿solo la primera mitad fue exitosa?. ¿Quiénes fueron los exitosos?. ¿Los que apagaron llamas, los que conquistaron reinos, cerraron bocas de leones?. ¿Y la otra mitad?. ¿Los que murieron en cárceles, los que los mataron a golpes, los que fueron serruchados en dos?. ¿Tuvieron éxito estos últimos o no?. Están todos en el mismo capítulo 11 de Hebreos, que habla de los “héroes de la fe”.

Vivimos en una cultura en la que se idolatra el éxito y se sataniza el fracaso. El éxito es “ganar la copa”, sino fracasamos (aunque hayamos llegado a la final). Éxito es colgar el diploma en la pared (no solo estudiar y abandonar a poco de terminar la carrera). Está bien. El éxito, entendido humanamente, es tener logros y el fracaso es no llegar a cumplir esos logros. Pero, en el reino de Dios, el resultado no suele ser la cuestión. Si nos va bien o nos va mal, en términos humanos, a veces, a la vista de Dios, es indistinto. El éxito, en el reino divino, no es ganar o perder sino OBEDECER….

Un detalle casi infantil, pero cuando se nos escapa este detalle infantil es cuando nos frustramos porque decimos: Dios me envió a hacer tal cosa, yo pensé que iba a estar 10 años pero estuve 3 meses y Dios me saco de ahí ¿qué hice mal?. Nada. Obedeciste…..

Uno va a las Escrituras y entiende que, cuando uno tiene que obedecer a Dios, hay cosas que, aparentemente, pueden salir bien o, aparentemente, pueden salir mal. Sin embargo, uno esta obedeciendo y eso se llama MAYORDOMIA. Se trata de sacarle el máximo provecho al tiempo, al don que Dios te dio y al talento que El te ha dado exactamente donde El te coloco.

Y he aquí lo que es la definición de éxito en la Biblia: ES CUANDO ESTAS DONDE DIOS TE PUSO, ERES FIEL Y TE MANTIENES ALLÍ AUNQUE NO VEAS RESULTADOS.

Por eso, la gran pregunta es ¿Dios te mando o no te mando a hacer lo que estás haciendo?. Porque si éxito son las multitudes, todas las iglesias grandes necesariamente son bendecidas por Dios y las pequeñas no sirven. Puede haber un pastor, en una iglesia pequeña, al cual Dios no llamo. Pero también puede haber un pastor, al frente de una iglesia multitudinaria, al cual Dios tampoco llamo. Por eso “multitud” no es sinónimo de llamado de Dios ni “escases de gente” es sinónimo de falta de bendición. Tener mucho dinero en el banco no significa que Dios te haya bendecido. ¿Qué es estar en la voluntad de Dios?. ¿Un automóvil nuevo?....

Hay una frase que dice: lo peor que te puede suceder es tener éxito en los que Dios no te llamo…..

Si tienes éxito en lo incorrecto, has fracasado. Pero si fallas haciendo lo correcto (si te equivocas haciendo lo que Dios te mando), entonces has tenido éxito. Aunque digas: pero yo no vi ningún fruto. ¿Y quién te dijo que Dios te manda por el fruto?. ¿Y si los frutos no se ven hasta después de tu muerte?.

No entender estos principios te puede causar frustración.

Todo lo anterior está basado en la siguiente excelente predica de Dante Gebel (les dejo el video):






QUE DIOS BENDIGA A TODOS!!!!