lunes, 13 de octubre de 2014

CONOCIENDO AL ESPIRITU SANTO



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Introducción:

En las iglesias hablamos mucho del Padre y del Hijo, pero casi no se enseña nada respecto del Espíritu Santo y es por esto que muchas iglesias están muriendo espiritualmente, porque no han entendido que el Espíritu Santo no es algo sino un alguien.

Si hoy hay tanto predicador y pastor desviado de la sana doctrina y tantas ovejas (creyentes) sin entendimiento, es porque le han dado la espalda al Espíritu Santo y este es el grave pecado de la iglesia de estos últimos tiempos.

El Espíritu Santo es trascendental en la vida y, más aun, en el ministerio de todas aquellas personas que aman y sirven a Dios. Es imposible hacer la voluntad de Dios y, mucho menos, desarrollar un ministerio, sin el Espíritu Santo. Desgraciadamente, el Concepto de “Espíritu Santo” ha sido tan descontextualizado a lo largo de la historia, que la misma iglesia, tal vez, ha perdido “el norte”, ha perdido la claridad y la convicción doctrinal sobre esa maravillosa “persona” llamada Espíritu Santo.

Las sectas, por ejemplo, han corrompido y contaminado estos conceptos. En el último tiempo, se ha levantado una doctrina herética, que habla acerca del “dios madre”. Están predicando que el Espíritu Santo es mujer y le rinden culto como a una “señora”.

Otros, salieron con otra herejía, con otra barbaridad: dicen que hay que orarle al Espíritu Santo. La secta “Iglesia Universal del Reino de Dios” (mas conocida como “pare de sufrir”) en principio se llamo “Oración Fuerte al Espíritu Santo”. Ellos hicieron creer a mucha gente que hay que orarle al Espíritu Santo y la Biblia no enseña eso. La Biblia dice que oremos “en el Espíritu” y no “al Espíritu”. A los que hablan “al espíritu” se les llama “espiritistas”, porque invocan espíritus (demonios), haciéndolos venir del más allá. Nosotros, al Espíritu Santo lo tenemos con nosotros porque El está aquí. El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad Divina de Dios.

Otra secta diabólica que se encargo de desvirtuar al Espíritu Santo es la de los “testigos de Jehová” (deberían llamarse “testigos contra Jehová”, por todas las barbaridades que predican). Ellos enseñan que el Espíritu Santo es una fuerza, una energía, casi como la luz eléctrica (herejía total).

La iglesia católica ha buscado suplantar al Espíritu Santo poniendo a la Virgen en el medio. El católico común, está convencido de que la Virgen María intercede por el pecador: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores …”. Y esto, desde ya, es falso porque el que intercede por el pecador es el Espíritu Santo. El Apóstol Pablo dice que “el mismo Espíritu [Santo] intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Es el Espíritu Santo el que se coloca en la brecha, a favor del creyente, en defensa y como consuelo del creyente. Por eso la Biblia lo llama “Consolador” (“paracletos”, en griego), porque esta para consolar, apoyar y respaldar al creyente en sus luchas.

Podemos entender que estas sectas no comprendan lo que significa el Espíritu Santo. Lo que no puede entenderse es que aun dentro de la iglesia evangélica protestante no se comprenda con claridad lo que significa el Espíritu Santo. Es más, la iglesia evangélica protestante es, hoy día, la que más está desvirtuando el concepto, persona y obra del Espíritu Santo.

Juan, 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Queda claro, entonces, que el Espíritu Santo no es una fuerza sino una persona y que, ademas, sabe enseñar. Y para enseñar hay que pensar. El Espíritu Santo es un ser pensante, capaz de enseñar y transmitir verdades.

Juan, 14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. 

Si hay una Espíritu de Verdad, también hay un “espíritu de mentira”, padre de mentira, un ladrón que viene a hurtar, matar y destruir (Satanás).

El mundo no puede recibir el Espíritu Santo. El mundano no conoce lo que es el Espíritu Santo. Por eso los católicos, los mormones, los testigos de Jehová, los predicadores, teólogos y apóstoles de la prosperidad no pueden recibir y conocer al Espíritu Santo. No lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen. Pero nosotros si le conocemos, porque lo hemos recibido.

El Espíritu Santo mora con y vive dentro de nosotros. ¿Qué quiere decir morar?. Significa “permanece en”. El Espíritu Santo esta todo el tiempo con nosotros. Pero el mundo eso no lo ve, no lo conoce. No lo entiende ni lo puede recibir, a menos que se arrepienta. No hay otra forma. No todos somos hijos de Dios. Solo somos hijos de Dios los que tenemos al Espíritu Santo. La Biblia dice claramente que “los que son guiados por el Espíritu Santo, estos son hijos de Dios”. Los que no tienen al Espíritu Santo no son hijos de Dios, sino hijos del Diablo. No tienen al Espíritu de Verdad, por lo tanto tienen al “espíritu de mentira”, que es Satanás.
El Espíritu Santo no es una fuerza sino una persona y fue, ademas, el que hizo la obra del nacimiento de Jesús en María. El Espíritu Santo también levanto de entre los muertos a Jesucristo al tercer día. El Espíritu Santo es también el que levantara a la iglesia en el día del arrebatamiento o rapto de la iglesia.

¿Por qué la gente no entiende al Espíritu Santo?. ¿Por qué la gente no obedece al Espíritu Santo?. Y no estamos hablando solo de los inconversos sino de muchos que se autoproclaman cristianos.

2º Corintios, 3:16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. 3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 

Hay un velo espiritual, que no les deja ver quien es Dios, no les deja ver la voluntad de Dios y el propósito divino para sus vidas. El Espíritu Santo obra cuando la persona se convierte. La Biblia dice que “cuando se conviertan al Señor, el velo se les quitara” y no al revés, es decir, que “se les quitara el velo para que se conviertan”. No. Primero se arrepiente y luego el velo es quitado. “El Señor es el Espíritu” significa que Dios es Espíritu (espíritu = aire/aliento, proviene del griego “pneuma”:  de aquí viene la palabra “neumático”). Y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad, no libertinaje. Muchos, en la iglesia donde se predican mensajes fuertes (el verdadero Evangelio), dicen no sentir nada. Y está claro el por qué: los muertos no sienten nada.

Características del Espíritu Santo:

El Espíritu Santo es creador de la vida:

El Espíritu Santo participó activamente de la Creación. El Padre viene a ser casi como el “ser pensante”,  el Hijo es el Verbo, es decir, la “palabra creadora” y el Espíritu Santo es la “mano ejecutora” de la Creación. Los tres trabajan en coordinación perfecta. El Padre piensa, diseña, arma, el Hijo ordena con la boca, porque Él es el Verbo, la Palabra y el que ejecuta la Creación es el Espíritu Santo.

Génesis, 1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

O sea, el Espíritu Santo ya estaba trabajando en la Creación. De entrada, el Espíritu Santo está poniendo orden en la Creación, a tal grado que el libro de Job dice:

Job, 26:13 Su espíritu adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa.

Y, por si lo anterior fuera poco:

Job, 33:4 El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.

Si sustituimos la palabra “soplo” por “aliento” o, mejor aún, por “espíritu”, queda: “El Espíritu del Omnipotente me dio vida”, o sea: el Espíritu Santo. ¿Quién nos hizo a nosotros dentro del vientre de nuestra madre?. El Espíritu Santo.

¿Cómo operan Jesucristo y el Espíritu Santo en la Creación?.

Salmos, 33:6 Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

La Palabra de Jehová es el Verbo, es decir, Jesucristo. O sea: por Jesucristo fueron hechos los cielos. Y todo el ejercito de ellos (ángeles, astros) por el aliento (espíritu) de su boca, es decir, por su Espíritu Santo. Total coordinación: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajando en conjunto. Y esto rebate la doctrina diabólica y herética de la secta los “testigos de Jehová”, que dice que Cristo es la primera criatura que Dios Padre hizo. Cristo no es criatura sino co-creador y co-eterno con el Padre y con el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el encargado de revelar los misterios de Dios al creyente:

Jeremías, 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

¿Y cómo nos lo va a revelar?.

1º Corintios, 2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,

El versículo 10 dice textualmente que Dios nos las revelo [sus cosas] por el Espíritu [Santo].

El ser humano tiene 3 maneras para comprender la realidad:

[1] O entiende por los 5 sentidos;
[2] O por la razón;
[3] O por la revelación de Dios;

El Espíritu Santo hizo la obra en nosotros que nos permitió comprender las cosas de Dios, saber quién es Dios. Podemos concluir, entonces, que, quienes no conocen al Espíritu Santo, no conocen a Dios. Sin la ayuda del Espíritu Santo es imposible conocer, escuchar, entender y obedecer a Dios. Es imposible hacer la voluntad de Dios sin el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo no solo nos revela los misterios de Dios Padre sino que también nos revela los misterios de Cristo, el Mesías. No solamente nos habla del Padre. Nos explica quien en el Mesías, a lo que vino y lo que hace ahora en la gloria. El Espíritu Santo se paso hablando del Hijo, del Mesías. A través de los profetas, el Espíritu Santo enseño a la humanidad quien sería el Mesías, a que vendría, como reconocerlo, lo que haría a favor de la humanidad, su nacimiento, su vida, su muerte, previo rechazo y sufrimiento, su resurrección, su ascensión a los cielos, su gloria celestial, su aparición en el arrebatamiento, su regreso (2ª venida), su reino milenial (1000 años) y su eternidad. ¿Cómo conocemos todo esto del Mesías?. Por el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo el que revelo la persona y obra del Mesías.

Juan, 16:13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir 16:14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 

El Espíritu Santo nos guía a toda verdad y la verdad es el Mesías: Jesucristo dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. La palabra “guiar” implica “agarrarte de la mano - como un niño - y hacerte cruzar una calle”. El Espíritu Santo no hablara por su propia cuenta (no puede inventar doctrina) sino que tiene que hablar lo que Jesucristo ya dijo. No habla por su propia cuenta sino a nombre del Padre y del Mesías. El Espíritu Santo habla lo que oye. El escucha y habla. Y hablara las cosas que han de venir. El Espíritu Santo habla del futuro en la Biblia. El Espíritu Santo les revelo a los profetas y a los Apóstoles lo que vendrá en el futuro. El Espíritu Santo no se glorifica a sí mismo. Jesucristo dijo: El me glorificara. Jesucristo dijo: el Espíritu Santo tomara de lo mío. ¿Y que tiene el Hijo?. Lo que el Padre le dio. Y el Espíritu Santo nos lo hará saber.

1º Corintios, 12:3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

Nadie que tenga el Espíritu Santo llamaría jamás maldito a Jesús, ni lo insultaría, ni lo degradaría. Los ateos, cuando insultan a Jesús o se burlan de Él, no hablan por el Espíritu Santo. La contracara de esto es que nadie puede llamar a Jesús Señor sino es por el Espíritu Santo.

Mateo, 16:13 Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 16:14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 16:15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16:16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 16:17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 

El hecho de que Jesús era el Cristo no se lo revelo a Pedro ni medico, ni filósofo, ni artista, historiador o poeta (carne y sangre). Se lo revelo el Padre que está en los cielos. O sea: entender que Jesús es el Cristo (el Mesías) es una obra del Padre y del Espíritu Santo.

En síntesis: nadie puede llamar Señor a Jesucristo si no es por el Espíritu Santo y los que se atrevan a llamarlo Señor sin tener al Espíritu Santo, son los de Mateo, 7:21: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 7:23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Solo el Espíritu Santo nos hace confesar genuinamente el señorío de Jesucristo. El resto, es alabanza de la boca para afuera. Jesucristo, citando a Isaías, hizo referencia a esto:

Mateo, 15:7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 15:8   Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.

Por ejemplo, los “testigos de Jehová”, por una parte, llaman a Jesús “Señor” y, por la otra, niegan su deidad (divinidad). Le llaman Señor pero no por obra del Espíritu Santo (sino creerían que Jesús es Hijo de Dios y Dios mismo).

Por eso Jesús repetía: ¿Por qué me llamáis Señor pero no hacéis lo que yo os mando?.

Otro caso es el de los católicos: reconocen, por un lado, el señorío de Jesucristo pero, por el otro, idolatran a la Virgen María, teniéndola por intercesora (“María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ….”), olvidando que solo hay un mediador entre Dios y los hombres, un único intercesor, que es sumo sacerdote: Jesucristo. La Virgen María no puede rogar ni interceder por nadie porque esa función la cumple únicamente Jesucristo. Llamar Señor a Jesús e idolatrar a la Virgen María, desde ya, no es una obra del Espíritu Santo. Solo se puede llamar Señor a Jesucristo haciendo su voluntad, obedeciéndolo y la voluntad de Dios es que lo idolatras se arrepientan (ningún idolatra entrara en el Reino de Dios).

El Espíritu Santo da testimonio del Mesías:

¿Quién nos dice que Jesús es el Hijo de Dios y el Mesías?. Es el Espíritu Santo.

Juan, 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

No es que el Espíritu Santo va a venir al corazón de una persona porque invoque a María, Pedro o Juan. Es en el nombre de Jesucristo, invocado por un corazón arrepentido, lo que hace que el Espíritu Santo llegue a la vida de una persona. El Espíritu Santo nos recuerda a los creyentes lo que Jesús dijo. El Espíritu Santo trae a la memoria las palabras de Jesús.

Juan, 15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 

¿Tú quieres saber quién es Jesús?. Pregúntale al Espíritu Santo. Es el que mejor va a explicarte.

1º Juan, 4:2 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;

El que no crea que Jesucristo es Dios hecho hombre no tiene al Espíritu Santo sino al espíritu del diablo. Es por eso que, detrás de toda doctrina que presente a Jesús solo como una gran profeta, un maestro ascendido o un avatar, despojándolo de su deidad y vaciando de propósito su sacrificio en la cruz, esta siempre Satanás. Jesucristo no quiere tus homenajes. El quiere tu adoración y tu arrepentimiento.

1º Juan, 5:6 Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.

¿Qué cosa paso cuando a Jesús, estando en la cruz, le traspasaron el costado con la lanza?. Agua y sangre. ¿Y qué es lo que compone el cuerpo humano?. Agua y sangre.

El Espíritu Santo habla acerca del futuro:

El Espíritu Santo conoce lo que va a pasar más adelante en la historia humana y lo ha revelado a través de los profetas. Había un hombre anciano que se llamaba Simeón. Este anciano venerable y respetable, era un hombre que amaba a Dios y Dios le había hecho una promesa: tú no te vas a morir sin conocer al Mesías.

Lucas, 2:25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 2:26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 2:27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 2:28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: 2:29   Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 2:30   Porque han visto mis ojos tu salvación, 2:31   La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 2:32   Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.

Lucas 2:25 dice, por un lado, que “el Espíritu Santo estaba sobre el [Simeón]” y, por el otro, que  Simeón “esperaba la consolación de Israel”. Simeón (que ya tenía el Espíritu Santo) esperaba al primer consolador: el Mesías. El Mesías es uno de los consoladores (el primero). El otro es el Espíritu Santo. Consolar es aplacar el dolor y el llanto.

Jesús mismo promete que el Padre dará “otro consolador” (el Espíritu Santo).

Juan, 14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Juan, 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Juan, 16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

El Espíritu Santo también habla de los tiempos finales:

1º Timoteo, 4:1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

En el versículo anterior, no está hablando el Padre, no está hablando el Hijo. Está hablando el Espíritu Santo. Y lo que dice el Espíritu es que en el final de los tiempos, algunos apostataran de la fe (van a abandonar el camino de la verdad). ¿Por qué?. Porque escucharan a espíritus engañadores (el diablo, que es padre de mentira) y a doctrinas de demonios (los demonios crean doctrinas). Dentro de los espíritus inmundos o demonios que Satanás ha desencadenado contra la iglesia, está el llamado espíritu de religión o religioso o espíritu de error (doctrinal). El diablo es un ser pensante. Puede crear perfectamente doctrinas. Satanás es el padre de todas las filosofías, religiones falsas y de todas las ideologías por las cuales los hombres se han matado unos a otros. Y esto ha sido revelado por el Espíritu Santo: que algunos apostataran y que, antes de hacerlo, escucharan voces y no del Espíritu Santo sino de espíritus engañadores y atenderán a doctrinas de demonios.

El Espíritu Santo inspira a los profetas de Dios:

2º Pedro, 1:21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

A aquellos que menosprecian la Biblia argumentando que la misma “fue escrita por hombres”, primero hay que aclararles que no fueron hombres comunes sino, como bien lo expresa el versículo anterior, “santos hombres de Dios” y, segundo, cabria preguntarles si acaso esperaban que la Biblia la hubiese escrito un tigre. Inspirados quiere decir “influenciados directamente por” o “tomado bajo el control de”, “poseído por el Espíritu Santo” y no por un demonio. Gente santa, con el Espíritu Santo. No viene por voluntad humana la profecía sino que es Dios el que inspira al predicador.

Hechos, 19:6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Profetizar no siempre es visualizar el futuro, aunque puede ser porque los profetas de la Biblia vieron el futuro y lo escribieron. Pero no siempre es así. Profetizar, ante todo, significa hablar palabra de Dios. Cuando se predica un mensaje basado en la Escritura y bajo la dirección del Espíritu Santo, se está profetizando, porque no se está hablando la propia palabra sino la palabra de Dios. Profetizar significa proclamar la Palabra de Dios.

El versículo anterior dice que, cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo e hicieron 2 cosas:

[1] Hablaron en lenguas; y
[2] Profetizaron (o sea: predicaron);

Con respecto al don de lenguas, hay:

[a] lenguas humanas (idiomas y dialectos humanos);
[b] lenguas espirituales (las que se hablan por el Espíritu Santo); y
[c] lenguas angelicales (las que hablan los ángeles);

El Espíritu Santo inspira a los profetas:

Hechos, 1:16 Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús,

David no solo era rey de Israel sino que era un profeta.

El Espíritu Santo habla por medio de los profetas:

Pablo termina de dar una predica y se pusieron a pelear entre la gente que estaba escuchando el mensaje

Hechos, 28:25 Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 28:26 Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis; 

¿Quién habla?. El Espíritu Santo.

1º Pedro, 1:10 Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, 1:11 escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.

Esto se aplica a Isaías 53 y al Salmo 22, donde, tanto Isaías como David, anuncian el sufrimiento de Cristo en la cruz. Los profetas que profetizaron de la “gracia destinada a vosotros”, es decir, de la salvación gratuita e inmerecida por medio del sacrificio de Jesucristo, inquirieron, es decir, buscaron. Estos profetas querían saber como Dios iba a salvar a los gentiles, como Dios iba a salvar a Israel, como Dios iba a rescatar a esta humanidad perdida y pecadora. “Escudriñando que persona” significa que ellos (los profetas) querían saber quién era el Mesías.

Recordemos el versículo 1º Pedro, 1:11 … el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.

Acá no se lo llama el “Espíritu del Padre” sino el “Espíritu de Cristo” y es el mismo. Antes de que el Mesías nazca, el Espíritu del Mesías (que es el Espíritu Santo) ya estaba obrando en  e inspirando a esos predicadores y profetas (entre otros, Isaías y David) para que, inspirados por El, profetizaran lo que El vendría a hacer y para que, cuando todo ello se cumpliera, se le pudiera reconocer. De antemano, el Espíritu Santo dijo: el Mesías tiene que sufrir. El Espíritu Santo les dijo a los profetas que el Mesías salvaría a la humanidad muriendo atrozmente. Pero el Espíritu Santo también revelo las glorias que vendrían tras ese sufrimiento. No solo los profetas profetizaron el sufrimiento, el rechazo, el desprecio, el odio injustificado, la tortura, la golpiza, la crucifixión y muerte dolorosa del Mesías, sino que profetizaron también que el reinaría por los siglos de los siglos. El fue el Cordero Inmolado desde antes de la fundación del mundo.

El Espíritu Santo habilita predicadores para la obra del ministerio:

Miqueas, 3:8 Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.

Para denunciar el pecado de un pueblo, para enfrentarse a un pueblo rebelde, a un pueblo desobediente, a un pueblo que no quiere arrepentirse, a un pueblo que no quiere humillarse ante Dios, para enfrentarse a un pueblo así hay que estar lleno del Espíritu Santo, si no es preferible no meterse. Esto no es cosa de “machos” o de “tener agallas” sino de “hombres (y mujeres) llenos del Espíritu Santo”. Para enfrentarse a los apostatas y a los falsos predicadores no se necesita tener carácter ni intelecto sino estar lleno del Espíritu Santo.

Ya lo dice Pablo en 2º Timoteo, 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Dios nos dio (a sus hijos) un Espíritu de Valentía (que es su Espíritu Santo) para poder hacer lo que otros seres humanos no podrían hacer jamás.

Lucas, 24:49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

¿Quién prometió, desde la antigüedad, enviar al Espíritu Santo?. El Padre. Investir quiere decir “dotar de”. Un policía sin uniforme y sin el arma no es nada. ¿En que se reconoce su autoridad y su poder?. Su autoridad se reconoce en su uniforme y su poder en su arma. ¿En que reconoce el mundo quienes somos?. En que estamos investidos de algo que ellos no tienen (porque no todos andan vestidos de policía en la calle). El versículo anterior dice “investidos de poder” desde lo alto. El Evangelio es poder de Dios. La palabra poder viene de la palabra griega “dynamos”, de donde, a su vez, viene la palabra dinamita (la palabra “dinámica” = movimiento, también viene de esta palabra griega). Investidos de poder desde lo alto significa capacidad sobrenatural de hacer cosas que otros no pueden.

¿Y para que viene este poder desde lo alto?. La confusión más grande y más común que hay sobre esto es creer que este poder únicamente es para hacer milagros, señales, prodigios y portentos. Dios no busca ministerios increíbles sino ministerios creíbles. Muchos creen ademas (también equivocadamente) que, quien no cae al piso riendo o llorando descontroladamente, o quien no habla en lenguas, no tiene al Espíritu Santo.

¿Para qué viene, entonces, el poder desde lo alto?.

Hechos, 1:8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Para ser testigos. ¿Y cómo testificamos nosotros, como damos testimonio?. Con la vida, con las palabras y las acciones.

La palabra testigo viene de la palabra griega “martureo” de donde, a su vez, vienen la palabra “mártir”. Y “mártir” es el que testifica con la vida y no con la lengua. Los mártires morían por lo que creían.

Otra prueba de que se recibe poder de lo alto para testificar (dar testimonio) es el siguiente versículo:

Hechos, 4:31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Se recibe poder de lo alto para predicar con denuedo la Palabra de Dios. Por supuesto que esto no descalifica que Dios, ademas, respalde con milagros, prodigios y portentos. Lo que se quiso resaltar es que el poder de Dios no solo se recibe y se manifiesta en esto último sino, fundamentalmente, en dar testimonio y predicar su Palabra. Por el contrario y aun dentro de la iglesia evangélica protestante actual, muchos creen que el Espíritu Santo obro con los Apóstoles y que, una vez que estos murieron, ya no hay (hoy en día) don de lenguas, don de profecía, don de sanidad, etc. Esto, por supuesto, es incorrecto. El Dios que abrió el Mar Rojo es el Dios que hoy mismo puede salvarte. No se puede predicar un Dios histórico, que hizo milagros en la antigüedad y que hoy esta “durmiendo”. Dios puede sacar a tu hijo de la droga, Dios puede sacarte de tu depresión. Porque nadie cae más abajo de donde está la mano de Dios.

El más grande milagro que puede recibirse es la salvación. ¿De qué sirve que un paralitico vuelva a caminar o que un ciego recupere la vista si no se ha arrepentido?. Vuelve a caminar (o a ver) en esta vida, pero su alma sigue estando perdida. Dios quiere bendecirte en esta vida (esto es real) pero quiere fundamentalmente bendecirte en la venidera, que es la vida eterna, la vida del alma. Nadie mejor que Santiago explica en la Biblia lo que es esta vida:

Santiago, 4:14 Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Esta vida es corta y ninguna de las aflicciones que podamos sufrir ahora puede compararse con la gloria venidera (Romanos, 8:18).

El Espíritu Santo impulsa el crecimiento de la Palabra de Dios para salvación:

Hechos, 6:5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía;  6:6 a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos. 6:7 Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

Antes que los milagros, a Dios lo que le interesa es que Su Palabra entre en el corazón de las personas (el crecimiento de Su Palabra). Porque la Palabra de Dios salva.

Hebreos, 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hay gente que es sanada y luego le da la espalda a Dios (nunca más vuelve a la iglesia). Cuando esta gente muere, se va al infierno. ¿Y el milagro que recibieron en vida?. ¿De qué sirvió si ahora están en el infierno?. ¿Cuál era el verdadero milagro, entonces?. La salvación del alma, claro está.

Esto es bíblico y la historia, relatada en Lucas, de los 10 leprosos que curo Jesucristo lo ejemplifica:

Lucas, 17:11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 17:12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 17:13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 17:14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 17:15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 17:16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17:17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 17:18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 17:19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Fueron curados 10 leprosos, pero solo uno fue salvo: el que, por la fe, volvió a gradecer y dar la gloria a Jesucristo. El milagro de la sanidad física lo recibieron 10, pero el milagro de la salvación del alma lo recibió uno solo (que, ademas, había recibido la sanidad física).

Tú puedes recibir un milagro, pero si no recibes la Palabra de Dios en tu corazón estás muerto. Véase, entonces, que el primer y verdadero milagro es la salvación.

Hechos, 6:8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.

¿Qué es “gracia”?. Favor inmerecido de Dios.

Hechos, 6:9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. 6:10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

La actitud natural de los que no pueden resistir la Palabra y al Espíritu de Dios es la violencia, la agresión. A Esteban, hasta que no lo apedrearon, no pararon. Esta es la actitud de aquellos que no reciben la Palabra y pelean contra el Espíritu.

El Espíritu Santo escoge y envía predicadores:

Hechos, 16:6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 16:7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.

Cuando el Espíritu Santo le dice que no a un predicador (sea por la razón que fuere, por ejemplo, porque todavía no es el tiempo), más vale obedecer. Todo predicador que es dirigido por el Espíritu Santo dice: así dice el Señor o el Señor manda esto.

Pero el Espíritu Santo no solo prohíbe sino que envía a:

Hechos, 13:2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

No hablo el Padre y no hablo el Hijo. Hablo el Espíritu Santo. El Espíritu Santo llama.

Hechos, 13:3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. 13:4 Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. 

Hechos, 20:28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

El versículo anterior dice “apacentar” y no “pastorear”. Hay una gran diferencia. ¿Qué es apacentar?. El corderito, cuando recién nace, en medio tontito. No sabe, no conoce. No tiene dientes (solamente tiene la encía). Entonces ¿que tiene que hacer el pastor?. Tiene que agacharse, levantar con las manos el pasto y ponérselo en la boca. Esto es apacentar. No es que la oveja sale y busca el pasto. El pastor le pone el agua en la mano y la hace beber. Esto es apacentar.

El Espíritu Santo da testimonio a la iglesia si un pastor o predicador habla de parte de Él:

Cuando tu oyes a un predicador en la internet tú tienes que saber quién es su pastor, en que iglesia se congrega, que testimonio tiene, que formación espiritual y doctrinal lo respalda y tener testimonio en el Espíritu de que ese hombre está hablando de parte de Dios. Tener testimonio en el Espíritu significa que el Espíritu Santo testifica a la iglesia de que ese hombre esta puesto para edificar, consolar y exhortar. Si tu eres un verdadero hijo de Dios, Dios mismo te va a mostrar y a guiar en cuanto a quien puedes escuchar y ver y a quien no, porque Dios no te dejara caer en las garras de un falso profeta o predicador. El Espíritu Santo nos hace sentir cuando alguien habla de parte de Dios, aun cuando nos diga las cosas que no nos agrada escuchar y nos sacuda tremendamente como a trapo viejo (así y todo, estaremos agradecidos). El problema no es que el predicador predique duro sino que tú estás viviendo muy suave. Es el Espíritu Santo el que le da testimonio a la iglesia cuando un hombre habla de parte de Dios. Pero si la iglesia no ora, no lee la Palabra y no hace caso del testimonio del Espíritu Santo, muy probablemente será victima de los falsos predicadores y profetas.

El Espíritu Santo dirige a los ministros y les dice a donde ir:

Hechos, 8:29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.

El Espíritu Santo puede decirte “ve y háblale a esa persona”. Y tú debes hacerlo porque si esa persona muere ese mismo día y se va al infierno, su sangre será contra ti. No debes avergonzarte del Evangelio, porque Jesucristo dijo:

Mateo, 10:32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 10:33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Hechos, 10:19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. 10:20 Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.

Hechos, 11:12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar.

Estos versículos muestran como el Espíritu Santo dirige al predicador.

Dios respalda a los predicadores que envía, no a los que no envía. Cuando Dios llama a una persona al ministerio, El suplirá también todas las necesidades económicas. Pero ¿de qué sirve que Dios solo respalde en lo económico?. Muchos predicadores viven como magnates. Ellos no son pastores sino gerentes de empresas privadas de “carácter religioso”. Pero Dios no solo respalda a los predicadores que envía en lo económico sino en lo más importante: espiritualmente.

1º Corintios, 2:4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, 2:5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Muchos predicadores ya no predican Biblia sino diversas filosofías (palabras persuasivas de “humana sabiduría”). Si se va a citar una frase de algún famoso que concuerde con la Biblia, fantástico, pero no se puede tomar eso como “doctrina”. Se puede tomar una frase como una “ilustración” pero no como centro del mensaje, el cual debe ser siempre la Palabra de Dios, las Escrituras (la Biblia).

Debe predicarse la Palabra de Dios y no doctrinas de hombres. ¿Para qué?. Como dicen los versículos anteriores: “para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

1º Tesalonicenses, 1:5 pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

O como estas palabras de Isaías que cito el Mesías, que reflejan en qué consiste el poder de Dios:

Isaías, 61:1 El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; 

Primero predicar y luego los prodigios y milagros: restaurar, libertar a los cautivos de la cárcel espiritual, etc.

La visión de un predicador no debe ser hacerse rico o tener una mega iglesia sino ganar almas para Cristo y “llenar el cielo”.

El Espíritu Santo viene para dotar de sabiduría al predicador:

Nehemías, 9:20 Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.

Lucas, 12:11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; 12:12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

Cuando te juzguen por predicar la verdad, no debes preocuparte. Hace poco, a un predicador en EEUU lo demandaron por U$S 50000 y corre el riesgo de ir preso porque no quiso casar a dos homosexuales. El dijo: los homosexuales entran a mi iglesia, pero para arrepentirse. ¿Qué tiene que hacer?. ¿Contratar un abogado del mejor bufet?. No. Lo que debe hacer es no preocuparse por lo que ha de hablar. ¿Por qué?. Porque el Espíritu Santo le enseñara lo que daba decir. El Espíritu Santo se defiende solo. Tu solo abre la boca y Dios la llenara.

1º Corintios, 2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 2:13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 

Acomodando lo espiritual a lo espiritual: no podemos aplicar lo carnal (la sabiduría humana) a lo espiritual.

1º Corintios, 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 2:15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 2:16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

El hombre natural esta muerto espiritualmente y no percibe las cosas del Espíritu Santo (un muerto, está muerto por lo que no percibe nada). Para el hombre natural (puramente biológico), las cosas espirituales son locura (no las puede entender). Si a un ciego le levantan los parpados, seguirá sin ver, porque es ciego (a menos que Dios lo sane de la ceguera: le corra el velo). Y el hombre natural, biológico, carnal, no puede entender las cosas espirituales porque las mismas, dicen los versículos anteriores, se han de discernir (analizar, juzgar y evaluar) espiritualmente. Y a Dios le agrado salvar al mundo por medio de la locura de la fe y la predicación. Los incrédulos no pueden entender como el Hijo de Dios, abandonando su trono en el cielo junto a su Padre, descendió a la tierra, como un hombre y, despojándose de su divinidad, se hizo siervo y siervo hasta la muerte, soportando el rechazo, el odio, la persecución, la traición, el castigo y una muerte horrorosa en la cruz, como si fuera el peor de los delincuentes. No entienden los incrédulos, porque no conocen a Dios, ni su Palabra, ni la historia de su pueblo (Israel), que Dios, desde la antigüedad, había dicho que “el alma que pecare, morirá”. La paga del pecado era la muerte. Pero Dios amaba al hombre y quería salvarlo. Pero, para salvar al hombre, la justicia de Dios debía ser antes satisfecha. Dios tenía que castigar el pecado porque si no dejaría de ser un Dios santo y justo. Es por eso que la ira de Dios que debió haber caído sobre nosotros cayó sobre su propio Hijo. Satisfecha la ira de Dios, el hombre puede salvarse mediante la fe en Jesucristo y en la victoria de su sacrificio. Y es este amor sin límites, infinito y eterno, lo que no pueden comprender los hombres (nos cuesta aun a los que creemos).

El Espíritu Santo realiza portentos y milagros:

El predicador/pastor que se jacte de hacer milagros es un falso profeta, porque se lleva la gloria él, pero Dios dice en la Biblia “yo no comparto mi gloria con nadie”. El predicador que se quiere robar la gloria de Dios es un vanaglorioso y un vanaglorioso es un hereje.

Mateo, 12:28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.

Jesucristo mismo reconoció que echaba fuera demonios “por el Espíritu de Dios”.

Hechos, 2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

1º Corintios, 12:8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

Como vemos, el Espíritu Santo echa fuera demonios, da el don de lenguas, da el don de fe, el don de sanidad, el don de hacer milagros, el don de profecía, el don de discernimiento de espíritus, etc.

El Espíritu Santo obra en el nuevo nacimiento en la vida del creyente:

Jesús se lo dijo a Nicodemo:

Juan, 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Tito, 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 3:6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 

Nadie se salva por ser buena persona, por ser caritativo o filántropo sino, como dicen los versículos anteriores, por misericordia, por la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. El que nos hace nacer de nuevo, a la vida eterna, es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el que da la vida espiritual. Uno está muerto en sus delitos y pecados pero, cuando se arrepiente, es el Espíritu Santo el que da vida.

Ezequiel, 37:14 Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.

Romanos, 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

¿Quien va a obrar en la resurrección de muertos en Cristo?. El Espíritu Santo. ¿Quién va a dotar de cuerpo de gloria al creyente, cuando suene la trompeta, en el arrebatamiento de la iglesia?. El Espíritu Santo.

El Espíritu Santo escudriña todas las cosas:

Bien lo dijo el rey David en el Salmo 139: donde huiré de tu Espíritu. El Espíritu Santo todo lo revisa, todo lo conoce, hasta lo más profundo de nuestro pensamiento y corazón. El Espíritu Santo es Dios, por lo tanto tiene sus atributos: es omnipresente (está en todas partes) y es omnisciente (todo lo sabe y todo lo conoce).

1º Corintios, 2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

La unción del Espíritu Santo:

La unción del Espíritu Santo no es la capacidad de hacer caer a la gente al piso. La unción no solamente involucra milagros. La unción es la capacidad para conocer a Dios.

Oseas, 4:6 Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

Por eso Jesucristo dijo:

Juan, 8:32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Jeremías, 9:23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. 9:24 Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

La más grande aspiración que debiera tener todo hombre en la vida es conocer a Dios y entender la voluntad de Dios para su vida. Si no, está viviendo en vano. ¿Y cómo vamos a conocerlo, si no hay nadie que nos haga conocerlo?. Por medio del Espíritu Santo.

1º Juan, 2:20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

No es teología, no es conocimiento teórico. Es vida y comunicación con Dios. Estad quietos y conoced que yo soy Dios, dice la Biblia. El que hace que conozcamos a Dios tal cual El es, es el Espíritu Santo por medio de la unción y la unción no es patrimonio solo de unos pocos (como quieren hacer creer algunos). La unción es la presencia del Espíritu Santo abriendo tu corazón, tus ojos y tus oídos espirituales para conocer a Dios. Esto es verdadera unción.

Es por eso que Juan (1º Juan, 2:20) dice: ustedes tienen la unción. ¿En qué momento adquirimos la capacidad para conocer a Dios?. En el momento en que nos arrepentimos de corazón, pedimos perdón a Dios y el Espíritu Santo viene a nosotros. Es cuando el Espíritu Santo nos empieza a dar entendimiento sobre las Escrituras y nos permite descubrir un universo espiritual que no conocíamos, donde Dios se convierte en el centro de nuestra vida y aprendemos a escucharlo, a conocerlo, a servirlo pero, ante todo, a amarlo. Esta es la obra del Espíritu Santo. Que tú puedas decir: yo conozco a Dios y se quien es El, yo tengo comunión con El, soy su oveja y escucho y reconozco su voz porque sus ovejas escuchan y reconocen su voz. Esto no es teología sino una “experiencia con Dios”. Es un proceso de madurez espiritual, en el cual tú eres barro en las manos del alfarero (que es Dios). Dios, en definitiva, va formando en ti el carácter del Mesías. Esta es la obra de Dios en una vida.

Hoy en la iglesia, lamentablemente, muchas veces se enseña que unción es tener poder sobre los demás (muchos, dentro de la iglesia, quieren tener poder para tener seguidores). La autoridad no está en manejar gente y hacer que todos te sirvan. Jesús dijo: el que quiera ser grande entre ustedes, sirva a su hermano, sirva a los demás, porque los que se exaltan a sí mismos serán humillados, pero los que se humillan serán enaltecidos, porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.

La unción no es tener poder para hacer milagros, ni tener poder sobre los demás o tener poder para tirar a la gente al piso. La unción es CONOCER A DIOS y conocer su Palabra (la Biblia) no por literatura (porque los Fariseos que condenaron a Jesús conocían la Ley de Dios al dedillo) sino con base en el entendimiento guiado por el Espíritu Santo.

Le paso a Job. El conocía algo de Dios, pero cuando vino la circunstancia adversa vinieron la zozobra y las dudas. Finalmente, Job le dice a Dios: Job, 42:5 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. 42:6 Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. Y tú, tal vez, estas ahora mismo como Job: de oídas has oído de Dios, lo que te predicaron y te hablaron, lo que te hicieron creer que es Dios, lo que te dijeron que supuestamente dice la Biblia, pero no conoces a Dios.

Otro pasaje que hay en el Libro de Job referente al desconocimiento que muchas veces tenemos respecto de Dios es el siguiente: Job, 6:14 He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?.

La unción es algo que se recibe del Espíritu Santo y es esa unción la que “nos enseña todas las cosas” por lo que “no tenemos necesidad de que nadie nos enseñe”:

1 Juan, 2:27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Lo anterior no quiere decir que no podamos aprender cosas de los demás, sino que la unción solo se recibe de Dios y no se recibe de ningún hombre (predicador, pastor, profeta, etc.).

El único que nos puede guiar rectamente es el Espíritu Santo:

Salmos, 143:10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

En ningún seminario teológico, por más bueno que sea (y hay muy buenos) se enseña a hacer la voluntad de Dios. Solo el Espíritu Santo te enseñara esto. El hacer la voluntad de Dios solo es producto de tu relación directa con tu Rabino, tu Maestro, que no es otro que el Mesías, el Hijo de Dios, Jesucristo, quien es la Palabra de Dios, el Verbo Sagrado.

Mateo, 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 7:23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Tú puedes predicar, sanar enfermos, echar fuera demonios y no estar haciendo la voluntad de Dios. Y el primer paso para hacer la voluntad de Dios es el primer mandamiento: amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Tu, como a muchos les pasa, les ha pasado y les pasara, puedes perder momentáneamente la fe. Le paso a Pedro cuando se lanzo a caminar por el agua para ir al encuentro de Jesús y termino hundiéndose, le paso a los apóstoles cuando vieron a su Maestro muerto y pensaron que no volvería. Pero perder el amor a Dios es perderlo todo. Pero ¿cómo puedes amar y servir a alguien a quien no conoces?. Es por esto que el conocimiento de Dios (la unción) es vital.

El que no es guiado por el Espíritu Santo, sea cual fuere el titulo que detente dentro de la iglesia (apóstol, profeta, etc.), no puede ser llamado hijo de Dios.

Zacarías, 4:6 Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Romanos, 8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 

Cuando alguien no se deja guiar por el Espíritu Santo, Dios lo va a combatir. Hay un Salmo que literalmente dice “todos los que se apartan de mi [de Dios] serán despedazados”.

Génesis, 6:3 Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.

Si tú no quieres escuchar a Dios por las buenas ni por las malas, finalmente te dejara y se apartara de ti como se aparto [aparto su misericordia] de Saúl. El Espíritu Santo a quien una vez le diste la bienvenida con el bautismo se apartara de ti como se aparto de Sansón sin que este se diera cuenta siquiera. El Espíritu Santo, en su momento (cuando fue ungido rey por Samuel) vino sobre Saúl, llenándolo de poder (hasta profetizo). Pero Saúl hizo lo que Dios no le mando, con lo cual Dios se convirtió en su enemigo, permitiendo que Saúl fuera atormentado por demonios (que solo se iban cuando David tocaba su lira, porque el Espíritu Santo estaba presente en la música de David). Y hoy en día, muchos están como Saúl: fueron ungidos un día, levantados y respaldados por Dios, exaltados dentro de su pueblo, predicaron y enseñaron en todos los lugares donde Dios les abrió puertas y hoy están llenos de demonios, porque hicieron lo que quisieron (lo que Dios no les mando), apostatando de la sana doctrina.

Dios no va a pelear para siempre con el hombre. Dios va a tratar contigo. Pero si tú dices “ya basta”, entonces Dios también dirá “ok, ya basta contigo, no voy a pasarme la eternidad luchando contigo” (Génesis, 6:3 Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne).

Nehemías, 9:30 Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra [en manos de sus enemigos].

Si no te dejas guiar por el Espíritu Santo, Dios, finalmente, te entregara a la calamidad.

Romanos, 1:28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 

Cuando tu caes en las garras del diablo, Dios te rescata, pero cuando Dios te deshecha o caes en las manos de El “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (Hebreos, 10:31), porque no habrá otro dios que te libere. Dios es amor, pero también es “fuego consumidor”.

Cuando predicadores de sana doctrina se levantan para decir verdades y la iglesia los rechaza, no están peleando contra ellos sino contra el Espíritu Santo de Dios. Cuando no te dejas guiar, cuando no te dejas moldear, eres un rebelde.

Isaías, 63:10 Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.

La palabra “enojar” en el hebreo, significa “encender ira desmedida”. El Espíritu Santo se les volvió no guía, no consolador, no ayudador, no defensor, sino que se les volvió ENEMIGO. Y El mismo (el Espíritu Santo) peleo contra ellos. Abraham era AMIGO de Dios, pero hoy en día Dios es enemigo de muchos [falsos] predicadores y profetas que se han desviado.

El Espíritu Santo mismo va a pelear contra los predicadores apostatas y contra los creyentes que dividen la iglesia con doctrinas de hombres (no bíblicas) y con ridiculeces y estupideces.

Si tú estás con tu novia y viene alguien y la quiere violar ¿tú lo vas a permitir?. ¿Tú crees que Jesucristo permitirá que estos malversadores ultrajen a su iglesia [su novia] por la que murió en la cruz?. Dios juzgara a su pueblo conforme a sus obras. El problema de Dios no son los inconversos sino su propio pueblo.

El problema más grande de la humanidad no es el diablo, sino el pecado. El diablo - a quien le espera el lago de fuego -  ya esta frenado, pisoteado y derrotado por nuestro Señor Jesucristo. El problema del hombre es el pecado, su deseo de desobedecer a Dios, su rebelión contra Dios.

Detengámonos ahora en las últimas palabras de Esteban en la tierra:

Hechos, 7:51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

Hebreos, 3:7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, 3:8 No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 

Cuando un predicador te predica la verdad tal cual es (sana doctrina) y tú la rechazas una y otra vez, endureciendo tu corazón, Dios toma esto como una declaración de guerra.

Por eso el libro de Ezequiel dice:

Ezequiel, 3:16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová,  diciendo: 3:17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. 3:18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. 3:19 Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.

Cuando a ti te llega la Palabra de Dios y tú la rechazas una y otra vez, le están declarando la guerra a Dios y, lamentablemente, hay malas noticias para ti. En las Escrituras a Dios se le conoce como “Varón de guerra, temible en batalla”. Cuando el hombre pelea contra Dios, está perdido. ¿Quién eres tú para pleitear con tu Hacedor?.

Job, 40:2 ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto.

Isaías, 45:9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?;

Romanos, 9:20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? 9:21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?.

Hebreos, 3:8 No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 3:9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. 3:10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. 3:11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.

Jesús le dijo al diablo: Mateo, 4:7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. ¿Qué significa “tentar” a Dios?. Significa “desafiarlo”. Rebelarte contra Dios provocara que andes “vagando en tu corazón”, dando vueltas en un desierto espiritual que parece no tener fin, por haber desechado la dirección del Espíritu Santo, rechazado su Palabra e ignorado a sus predicadores. Dios dice “por tanto jure en mi ira”. Y cuando Dios jura ¿quién podrá hacerlo retractar?. No habiendo otro mayor que El, Dios jura por sí mismo. ¿Qué significa “no entraran en mi reposo”?. Es gente que está dentro de la iglesia pero que no tienen paz. Están en la iglesia, tienen años de congregación, pero no tienen paz. No han logrado entrar en el “reposo de Dios” porque en su corazón siguen pleiteando con El.

Jesús dijo: Mateo, 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

¿Por qué, entonces, muchos no descansan?. Porque no van a Él y si se acercan a Él es para pleitear y no para humillarse.

El Espíritu Santo convence de pecado, de justicia y de juicio:

Es el Espíritu Santo el que hace la obra de la salvación en el corazón del hombre.

Juan, 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 16:8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio

El Espíritu Santo, entonces, vino a convencernos de pecado, de justicia y de juicio:

[a] De pecado, porque todos hemos pecado. Pablo dice en Romanos, 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Y la paga del pecado es muerte. El Espíritu Santo nos convence a nosotros que somos pecadores, que somos depravados y rebeldes, que le hemos dado la espalda a Dios. La mayoría de los seres humanos no admiten que son pecadores. Si tu le dices a alguien que es un pecador creerá que lo estas insultando. El Espíritu Santo es el que te convence de que eres un pecador, de que tu estas perdido y necesitas de Dios. Convencer de pecado significa que tú te tienes que dar cuenta (tienes que llegar a la conclusión) de que eres un pecador, un pervertido y rebelde. Cuando tu reconoces esto te das cuenta que no fue solo que los romanos golpearon a Jesús y lo clavaron en una cruz, sino que ese castigo era el que tu merecías. La ira de Dios que cayó sobre Cristo tendría que haber caído sobre ti y sobre mí. Tú y yo merecíamos eso y no El. Y de esto no te convence ningún filósofo, ni ningún erudito en la Biblia, sino solo el Espíritu Santo. Todo el mundo desea la bendición y la prosperidad de Dios, pero los hombres realmente benditos y prosperados por Dios fueron hombres que primero se reconocieron pecadores, se arrepintieron, se humillaron ante Dios y cambiaron completamente de vida.

[b] De justicia, por cuanto el hombre está parado sobre su propia justicia. Muchos dicen yo no mato, yo no robo, yo no violo ¿Por qué me tienen que decir que soy un pecador?. Después de todo soy una buena persona. Pero Dios te dice: todas “tus justicias”, delante de mí, son nada más que trapos sucios (Isaías, 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia). Lo mejor que puede hacer el hombre delante de los ojos de Dios es basura. Nadie alcanza el cielo por merito personal sino solamente por los meritos de Cristo. La salvación no es por obras sino por gracia, por medio de la fe (Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe). Convencernos de justicia, en suma, es comprender que con nuestra propia justicia, con nuestro propio esfuerzo, no alcanza para cumplir con lo que Dios demanda. Jesucristo es la justicia del hombre ante los ojos de Dios. Solo somos justos y santos ante los ojos de Dios, cuando el Padre nos mira a través de la sangre de su Hijo derramada en la cruz del calvario. Al morir en la cruz, Jesucristo nos absuelve de pecado. Fuimos justificados. Al declarar y reconocer que Jesucristo murió en nuestro lugar somos declarados justos.

[c] De juicio, por cuanto el Espíritu Santo nos convence de que o merecemos el infierno por nuestras maldades o merecemos el cielo por nuestra fe. El Espíritu Santo nos convence, nos hace entender el plan de Dios.

El Espíritu Santo no solo convence de pecado sino que, ademas, hace que te arrepientas:

Esto significa que de nada sirve confesar y reconocer que eres un pecador si continúas llevando la misma vida de siempre. Un verdadero indicio de arrepentimiento es “un cambio [no tajante,  pero si paulatino y gradual] de conducta”. Unos de los casos más emblemáticos de toda la Biblia a través del cual puede explicarse en qué consiste verdaderamente el arrepentimiento es la “conversión de Saulo” (luego llamado Pablo, el apóstol). Hasta que Dios lo llamo, Pablo había sido perseguidor de la iglesia (Gálatas, 1:13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba).

Antes de su conversión Pablo estaba convencido de que Jesús era un blasfemo y de que sus seguidores eran una secta a la que había que exterminar. Según el Libro de los Hechos de los apóstoles, Pablo aprobó la muerte por lapidación de Esteban:

Hechos, 7:59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Hechos, 8:1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén;

Pero después de que el Señor se le rebelara camino a Damasco (a donde Pablo se dirigía para perseguir a los cristianos de esa ciudad), Pablo cambio completamente su manera de actuar, porque había cambiado su mente: Ahora Pablo pensaba que Jesucristo era, en efecto, el Hijo de Dios y también Dios y que su iglesia era el verdadero pueblo de Dios, ajustando su conducta a este nuevo pensamiento hasta el punto de morir [fue decapitado en Roma] por el mismo Nombre que antes había perseguido.

Es el Espíritu Santo el que hace que tú llores de dolor por tu pecado. Y como no vas a llorar de dolor por haber ofendido al Espíritu Santo.

Zacarías, 12:10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.

El llanto, cuando te predican el Evangelio, es señal de que estas reconociendo la gravedad de tus pecados, cuando empiezas a tomar conciencia de a quien has ofendido. Y es cuando dices, como dijo Pablo en Romanos, 7:18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 7:19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 7:24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?.

Si tu no llegas a esto, no has nacido de nuevo, no te puedes llamar “hijo de Dios”.

Pero el Espíritu Santo no te deja tirado en el piso. Hay perdón. Tal vez tú robaste, mataste, abortaste, traicionaste, estuviste preso, fuiste un drogadicto o alcohólico. Si tu vida es un laberinto, Jesucristo es la salida. El te va a sacar de los lugares más tenebrosos. Dios te muestra un espejo y dice este monstruo eres tú. Y cuando tú lloras de dolor al ver tu propia condición Dios te dice: ahora mírame a mí. Porque cuando tú te miras a ti mismo, te frustras, cuando miras a los demás, te decepcionas, pero cuando miras a Dios el te transforma.

¿Quién es el que le da fe al creyente para creer?. El Espíritu Santo, claro.

Romanos, 10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. 

1º Corintios, 12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu

Una vez que te convence de pecado y te da la fe para salvarte y tú te arrepentiste de tus pecados, El Espíritu Santo ya no te declara miserable, ya no te declara pecador. Su siguiente declaración es: eres santo. Por eso el Espíritu Santo también es llamado Espíritu de Santidad, porque cuando el Espíritu Santo viene a morar en un creyente, lo santifica y lo aparta para Dios.

Romanos, 15:16 para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.

1º Pedro, 1:2 elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

El Espíritu Santo habita en los creyentes:

Juan, 14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros

Romanos, 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 

1º Corintios, 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?.

1º Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Fuiste comprado y le perteneces a Dios.

Ezequiel, 36:26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

El Espíritu Santo sustenta y da consuelo al creyente en los momentos de adversidad:

El Espíritu Santo es llamado Consolador. ¿Qué hace el Consolador?. Consolar. ¿Y que es consolar?. Aplacar el dolor, ante la adversidad y el sufrimiento. Te acompaña y te da fuerzas para que puedas sobrellevar el sufrimiento. Esto significa que no siempre Dios te va a evitar el dolor, pero si te va a respaldar para que sobrelleves el dolor. Porque si tu sobrellevas tu dolor, al final lo vencerás y estarás mas preparado. Sino ¿de qué puedes testificar tú si nunca viviste nada, si nunca venciste una adversidad?.

Cuando David peco contra Dios, mandando prácticamente a matar a Urias heteo (un solado suyo), ordenando ponerlo en lo más álgido de la batalla (donde seguramente moriría, como termino ocurriendo) solo para quedarse con su mujer Betsabé (que termino siendo luego la madre de Salomón), lo que mas temió fue que Dios retirara su Espíritu Santo de él (lo que hoy debiera temer más de un creyente).

Salmos, 51:11 No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.

Sansón ni siquiera se dio cuenta que el Espíritu Santo se había retirado de él:

Jueces, 16:20 Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.

Lo peor que le puede pasar a un creyente es que, después de haber pecado y no arrepentirse, el Espíritu Santo lo abandone. No hay mayor tragedia que esta, en este mundo, para una persona.

Salmos, 51:12 Vuélveme el gozo de tu salvación.

Aquí David le pidió a Dios que lo “salve de nuevo”.

El Espíritu Santo comunica el amor de Dios:

¿Cómo nos enteramos nosotros que Dios nos ama?. Por el Espíritu Santo.

Romanos, 5:5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

¿Quién nos da a nosotros la capacidad de amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo?. El Espíritu Santo. Por eso la Biblia dice que “el que no ama a su hermano, no ha conocido a Dios”. Porque no puedo amar a un Dios que no veo, cuando aborrezco a un prójimo que si puedo ver.

El Espíritu Santo ayuda a orar al creyente:

El problema del católico es que se siente indigno de Dios y en eso podemos llegar a estar de acuerdo. ¿Cuál es la actitud del hombre cuando quiere acercarse a una autoridad y sabe que no es digno de llegar a ella?. Llama a otro (una autoridad inferior) y le pide que haga gestiones para que esa autoridad superior le reciba. Pero nosotros ¿qué somos de Dios?. Somos hijos. Por eso la Palabra de Dios dice que tenemos entrada libre hasta el Trono de la gracia, para acercarnos confiadamente. Solo hay un mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, que es Sumo Sacerdote:

Hebreos, 4:14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

No necesitamos, por tanto, ni de la Virgen María, ni de Pedro o Pablo ni de ningún otro.

Y mientras el católico cree en lo que la Virgen puede hacer por él, nosotros creemos en el Espíritu Santo:

Romanos, 8:26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 8:27 Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

El Espíritu Santo da testimonio [nos da la seguridad] a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios:

Romanos, 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Gálatas, 4:6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! .

Dios no solamente es nuestro Dios, sino que es nuestro Papá.

El Espíritu Santo sella a los fieles para la redención:

Dice la Biblia que el Señor conoce a los que son suyos. Al cielo, nadie se va a meter de contrabando.

Efesios, 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

Efesios, 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención

“Contristar” significa “provocar llanto amargo e impotencia”. El Espíritu Santo llora y se entristece cuando el hombre le da la espalda y no se deja guiar por El.

El gozo es el fruto del Espíritu Santo:

Romanos, 14:17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. 

Alegría no es gozo. Alegría puede sentir cualquiera y siempre es momentánea. El gozo y la felicidad, en cambio, solo pueden  ser experimentados por aquellos que tienen a Dios en su corazón. El gozo y la felicidad están por encima de cualquier circunstancia adversa. Por eso Filipenses, 3:1 dice: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor”.

Después de que Felipe evangelizo y bautizo a ese judío de raza negra (el eunuco), fue arrebatado por el Espíritu Santo y el eunuco, dice la Palabra, siguió gozoso su camino:

Hechos, 8:39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.  

Este hombre había subido a Jerusalén para el Shavu’ot o Pentecostés o Fiesta de las Semanas. Era un judío practicante. Sabía que 3 veces al año tenía que presentarse en Jerusalén delante de Dios, para Pesaj (Pascua), Shavu’ot (Pentecostés) y Sucot (Fiesta de los Tabernáculos o de la Cosecha).

Este eunuco había subido a Jerusalén y volvía de la fiesta. Estaba leyendo el libro de Isaías y no entendía nada. El Espíritu Santo le hablo a Felipe diciéndolo “acércate a ese carro y explícale a ese hombre”. Después de que Felipe lo evangeliza y lo bautiza, el Espíritu Santo arrebata a Felipe (no lo traslada al cielo sino a otro lugar en la tierra) y la vida de este eunuco etíope cambio: la Biblia dice que siguió gozoso su camino. El gozo está por encima del dolor. Es un gozo (como lo fue para los apóstoles, que sufrieron persecución y hasta martirio) sufrir y padecer por causa del Evangelio.

1º Tesalonicenses, 1:6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, 

En el versículo anterior, Pablo habla de “gran tribulación” porque la iglesia estaba siendo perseguida y masacrada. Aun así, Pablo los invita a atravesar esa tribulación (persecución y muerte) con gozo en el Espíritu Santo.

El gozo y la felicidad no son cosas que se puedan encontrar en la tierra. El gozo, la felicidad y la paz (que sobrepasa todo entendimiento) solo puede venir de lo Alto, por medio del Espíritu Santo.

Gálatas, 5:22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 5:23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 

El “fruto” es “el resultado de” el Espíritu Santo en nuestra vida.

El Espíritu Santo vino para hacer una obra en el corazón del creyente:

1º Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 

Nuestro cuerpo de carne, hueso y sangre, no es otra cosa que un recipiente, lleno del Espíritu Santo. El rey David lo dijo: “mi copa esta rebosando” (Salmos, 23:5). El estaba lleno del Espíritu Santo. Nosotros somos vasos. Seamos, pues, vasos de honra, para que Dios los use. Que nuestro cuerpo no sea para el adulterio, la fornicación, la homosexualidad y demás. Este cuerpo no es nuestro. Fue prestado, en principio al pecado y luego comprado a precio de sangre, que no es otra sangre que la sangre del Señor Jesucristo derramada en la cruz del calvario.

1º Corintios, 6:9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 6:10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 6:11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Todos nosotros estábamos muertos en todos estos pecados. Pero hemos sido lavados y santificados, es decir, limpios y declarados sagrados y hemos sido también justificados, es decir, declarados inocentes. Éramos culpables, ante Dios, de todos estos pecados pero, cuando nosotros aceptamos a Jesucristo, quedamos absueltos porque la culpa recayó sobre El (el Justo pagando por los pecadores). El es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Todo esto fue hecho, como dice 1º Corintios, 6:11 “en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

El Espíritu Santo intervino en el nacimiento del Mesías y también obro en su vida y ministerio:

El mismísimo nacimiento de Jesús estuvo precedido de una obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo creo la vida. Dice la Biblia que el Espíritu Santo adorno los cielos (Job, 26:13 Su espíritu adornó los cielos). Job también dice “tu Espíritu me formo en el vientre de mi madre”.

Queda claro que el Espíritu Santo no es una energía (una cosa) sino una persona (un alguien). Los católicos han reemplazado al Espíritu Santo por la Virgen María. Ellos creen que María intercede por los pecadores (“María, Madre de Dios, ruega por nosotros, los pecadores”). Pero esto es una barbaridad: el que realmente intercede por nosotros, ante el Padre, es el Espíritu Santo, como dice Pablo, con “gemidos indecibles”.

Jesucristo dijo “el que pidiere algo al Padre en mi nombre será hecho”. Pero no se puede pedir “cualquier cosa”. Tú no puedes pedir que le caiga una piedra a tu enemigo en la cabeza y que lo mate. Es el Espíritu Santo el que nos ayuda a orar, el que hace que perdonemos o que oremos por nuestros enemigos.

¿Quién crees que te formo a ti en el vientre de tu madre?. El que nos formo a todos nosotros, en lo profundo del vientre de nuestra madre, fue el Espíritu Santo. Cada nacimiento es un milagro, por eso el aborto es un crimen.

Isaías, 66:9 Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? dice tu Dios. 

Mateo, 1:18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. 1:19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Antes que María y José tuvieran relaciones sexuales (antes que se juntasen), María concibió del Espíritu Santo. José, que era un hombre justo, lo primero que pensó fue que María había fornicado con otro hombre, antes de casarse con él. Como no quiso difamarla, intento dejarla en secreto. Y no fue solo que no quiso difamarla sino que, José tenía claro que, en cuanto denunciara el hecho, María debía morir, dentro de las 24 horas de conocido el mismo, con “muerte por lapidación” (apedreada). Esta era la pena para la mujer fornicaria y adultera. Pongámonos, solo por un momento, en los “zapatos” de María. La tremenda presión que tuvo que llevar. ¿Cómo iba a explicar, ella, ante sus padres y ante la sociedad, esta situación?. Y este no era un hijo no deseado sino que era el “deseado por la naciones y ampliamente profetizado por reyes y profetas”. María no tomo, por suerte, la actitud que toman hoy muchas chicas, de ir a practicarse un aborto. Si María hubiera tomado una decisión así hubiera abortado nada menos que al Mesías y quedábamos todos absolutamente “fregados”.

Mateo, 1:20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

En Lucas, vemos lo que el ángel Gabriel le anuncia a María:

Lucas, 1:35 Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. 

El Espíritu Santo no solo obro en el nacimiento del Mesías. También obro en el nacimiento de la mayoría de los patriarcas de Israel. Isaac, hijo de Abraham, nació no solo de una mujer estéril (Sara) sino, ademas, de edad más que avanzada. Jacob y Esaú, los hijos de Isaac, nacieron de una mujer estéril. Ana, que también era estéril, dio a luz a Samuel. ¿Que le impide, entonces, a Dios hacer nacer de una mujer virgen?. ¿Por qué iba a ser raro?. El es Dios y para El no hay nada imposible. Si el nacimiento de los patriarcas fue sorprendente ¿cuanto más sorprendente tenía que ser el del Mesías?. Mucho más, sin dudas.

Y, ademas, el AT ya había hablado de esto:

Isaías, 7:14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. 

El Espíritu Santo obro en la resurrección del Mesías:

Romanos, 1:3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 1:4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, 

El Espíritu Santo levanto a Jesucristo de entre los muertos.

Romanos, 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

El Espíritu Santo tiene la capacidad de trasladar los cuerpos de las personas:

Marcos, 1:12 Y luego el Espíritu le impulsó [a Jesús] al desierto. 

Lucas, 4:1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto.

Hechos, 8:39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. 8:40 Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesárea.

1º Reyes, 18:12 Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su juventud. 

A los profetas los traslado en el tiempo. En el libro de Apocalipsis, llevo a Juan al futuro. Juan dice: “vi un cielo y una tierra nuevas y el mar no existía mas”. O sea: el Espíritu Santo no solo puede trasladar a una persona en el espacio sino también en el tiempo. Por su parte y a diferencia del libro de Apocalipsis, el libro de Génesis es un viaje el pasado. Moisés no estuvo presente durante la Creación, pero la describe. Moisés viajo al pasado y Juan viajo al futuro.

El Espíritu Santo levantara a la iglesia en el arrebatamiento:

En concordancia con lo anterior, será el Espíritu Santo el que levante a la iglesia durante el rapto.

1º Corintios, 15:51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 15:52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

1º Tesalonicenses, 4:15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 4:16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 4:17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

El Espíritu Santo es el encargado de abrir los ojos de los siervos de Dios (para comprender la profecía y el carácter sobrenatural de Dios):

Esteban, antes de morir lapidado, vio como se abrían los cielos:

Hechos, 7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 7:56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. 

Otro caso es el de la escalera de Jacob, cuando iba camino a reencontrarse con su hermano Esaú:

Génesis, 28:11 Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 28:12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 28:13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.

1º Corintios, 2:9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Dios les revela cosas a sus siervos:

Jeremías, 33:2 Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Y lo hace por medio del Espíritu Santo:

1º Corintios, 2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Apocalipsis, 4:1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. 

El Espíritu Santo respalda la predicación:

Efesios, 6:17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 

El Espíritu Santo combate contra los espíritus malignos, contra las doctrinas de demonios. ¿Cómo vas a enfrentar tú la doctrina de los testigos de Jehová?. ¿O cómo vas a enfrentar la doctrina falsa de los mormones?. ¿Cómo vas a enfrentar las barbaridades y herejías que predican muchos falsos maestros y profetas?. La Palabra de Dios es la espada. Cuando tú pronuncias la Palabra de Dios, viviendo, claro está, rectamente ante los ojos de Dios, los poderes del mal retroceden. Es el Espíritu Santo que, a través de la Palabra que tú pronuncias, hace pedazos todo. Para combatir las doctrinas de demonios y a los apostatas, el Espíritu Santo no utiliza ni tu intelecto ni tus conocimientos humanos, sino la Palabra de Dios.

Hebreos, 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 4:13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

No existen predicas “duras” sino que lo que abundan son formas de vivir “suaves”.

Juan, 6:59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. 6:60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 6:61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 6:62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 6:63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 6:64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 6:65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. 6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 6:67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 6:68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 

Muchos predicadores y pastores hoy se autoproclaman “apóstoles”. Del mismo modo que hoy no hay “profetas” sino “personas con el don de profecía”, en la actualidad tampoco hay “apóstoles”. Apóstoles fueron Pedro, Pablo, Juan. Hoy no hay apóstoles. Hoy en día, muchos predicadores y pastores (aunque no todos) casi como que se sienten ofendidos que le digan “simplemente pastor”. Pero Dios dijo de si mismo que El era un pastor:

Juan, 10:11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 

Salmos, 23:1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.

No obstante, queremos ser bien interpretados. No estamos diciendo, en absoluto, que los dones de los apóstoles fueron sepultados con ellos. Esto no es así, porque tales dones los otorga el Espíritu Santo (como quiere y a quien quiere) y son para la iglesia “en todos los tiempos”. Lo mismo ocurre con el don de profecía, como uno de los 9 dones del espíritu. Continúa y continuara habiendo personas con el don de profecía, pero no profetas.

El Espíritu Santo sigue hablando en estos tiempos:

Joel, 2:28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne [judíos y gentiles], y profetizarán [predicaran] vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 2:29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 

Isaías, 59:21 Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.

Si tú amas y sirves a Dios, Dios te garantiza que tu familia también lo amara y lo servirá, por generaciones, predicando la Palabra, hasta que suene la trompeta. Este es el plan de Dios para ti y tu familia, tus hijos y los hijos de tus hijos. Por otra parte, el versículo anterior, arranca con la frase “y este será mi pacto”. Esto quiere decir que es Dios el que pacta con el hombre y no al revés. Hoy en día se estila hacer pactos con Dios, poniendo plata, normalmente a cambio de prosperidad. El hombre no puede pactar con Dios por la sencilla razón de que no se encuentra en igualdad de condiciones. El que pacta es Dios y el último pacto que hizo con el hombre es el Nuevo Pacto a través de Jesucristo, su Hijo, en el NT. El hombre nada puede darle a Dios, porque todo es de Él:

Salmos, 50:12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud.

El Espíritu Santo une a las personas para servir a Dios en el ministerio:

Isaías, 34:16 Inquirid en el libro de Jehová, y leed si faltó alguno de ellos; ninguno faltó con su compañera; porque su boca mandó, y los reunió su mismo Espíritu. 

Esto también sirve para los casados. El Espíritu Santo te unirá con la/el que será tu esposa/o.

Efesios, 4:3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 

Todo esto se refiere a la unidad siempre en torno a la verdad. Solo así la unidad será propiciada por El Espíritu Santo. No se refiere a la unidad a “cualquier precio”. Es mejor estar separados por la verdad que unidos por la mentira.

Si no, Jesucristo no hubiera dicho esto:

Mateo, 10:34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 10:35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 10:36 y los enemigos del hombre serán los de su casa.

El Espíritu Santo espera a Jesús:

Apocalipsis, 22:17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven.

En el versículo anterior, la palabra “Espíritu” esta con mayúscula y se refiere al Espíritu Santo. La palabra Esposa se refiere a la iglesia. El Espíritu Santo espera el arrebatamiento de la iglesia. Así como Rebeca fue preparada por Eliezer (criado de Abraham, por encargo de este) para ser presentada a Isaac (hijo de Abraham), el Espíritu Santo está ansioso por presentarle la iglesia (la Esposa) al Cordero. Lo que paso con Isaac y Rebeca fue “una sombra de lo que había de venir”: Abraham representa a Dios Padre e Isaac a Dios Hijo (Jesucristo). Eliezer es el Espíritu Santo que prepara la novia Rebeca (la iglesia) para ser presentada a Isaac (Jesucristo). Es el Espíritu Santo el que prepara a la iglesia. Es el Espíritu Santo el que le dice al Hijo de Dios: Ven. Y toda persona que tenga al Espíritu Santo (en versículo anterior es “el que oye”), también dirá: Ven. En cambio, el que no tiene la llenura del Espíritu Santo no quiere que Jesucristo venga.

El Espíritu Santo guía al pueblo de Dios en la adoración perfecta:

El Espíritu Santo dirige la alabanza y la adoración y une los corazones para adorar al Rey.

Juan, 4:24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 

La verdadera adoración es producto del Espíritu Santo que lleva a todo un pueblo, como un rio, a un objetivo común: acercarse al Trono de la Gracia, para cantarle, bendecirlo, adorarle y magnificarle, para reconocer su grandeza, señorío y poderío absoluto.

El bautismo del Espíritu Santo:

La mayoría de los cristianos ha recibido el bautismo en agua. Paso con los discípulos de la ciudad de Corinto. Ellos se habían bautizado en agua (en el “bautismo de Juan”), pero no habían oído hablar del Espíritu Santo:

Hechos, 19:1 Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, 19:2 les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. 19:3 Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. 19:4 Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. 19:5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 19:6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Esto también pasa en nuestros días y es producto del desconocimiento que hay respecto al Espíritu Santo de Dios.

Los profetas anunciaron que el Espíritu Santo vendría al ser humano:

Proverbios, 1:23 Volveos a mi reprensión; He aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, Y os haré saber mis palabras. 

¿Por qué muchos abren la Biblia y no entienden nada y les da sueño?. Porque no tienen al Espíritu Santo. Debe orarse a Dios para que, a través de su Santo  Espíritu, nos de entendimiento y la capacidad para entender su voluntad que está en su Palabra.

Isaías, 44:2 Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú, Jesurún, a quien yo escogí. 44:3 Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; 

El sequedal y la tierra árida somos nosotros, porque venimos de la tierra, del polvo. El Espíritu Santo iba a venir al ser humano. Estaba escrito.

Ezequiel, 11:19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, 

Ezequiel, 36:26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. 

Jesucristo mismo anuncio, antes de ser glorificado (de morir en la cruz y resucitar) que en el corazón de los que creyesen en El vendría el Espíritu Santo corriendo como ríos de agua viva:

Juan, 7:38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 7:39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

El Espíritu Santo vino para darle poder a la iglesia:

Marcos, 1:4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. 1:5 Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 1:6 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 1:7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. 1:8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.

La palabra “bautismo” viene del hebreo “mitzvaeh” y significa “purificar mediante sumersión”. Juan el Bautista era “Juan el Purificador”. El bautismo no debe ser arrojando agua sobre la cabeza, como hacen los católicos con los bebes. Dicho sea de paso, tales bebes están más puros que cualquiera de nosotros. De los niños es el reino de los cielos. ¿Cómo, entonces, pueden bautizar niños?. El bautismo tiene que ser por inmersión y a una edad en la que pueda detectarse “convicción de pecado”, es decir, que la persona que está siendo bautizada conozca la diferencia entre el bien y el mal y reconozca que es un pecador. Juan, dijo “yo los he bautizado con agua, pero El (el Mesías, claro) los bautizara con Espíritu Santo”.
En Lucas se agrega el “fuego” (Espíritu Santo y fuego):

Lucas, 3:16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Tú tienes que anhelar el bautismo en el Espíritu Santo. Y una de las razones de la tibieza que hoy encontramos en la iglesia es esa. Podemos entender a los testigos de Jehová, que creen que el Espíritu Santo es una fuerza (dicho sea de paso, los testigos de Jehová son solamente “testigos”: ellos “miran pero no heredan”; los que heredamos somos nosotros, que somos “hijos y herederos”). Podemos entender a los católicos que creen que la Virgen María intercede por ellos, suplantando, de este modo, al Espíritu Santo. Pero lo más terrible y triste es que, aun dentro de la iglesia protestante evangélica, hay mucha gente que no conoce al Espíritu Santo.

Tenemos que volver a darle al Espíritu Santo el lugar que Dios le dio. Y Dios puso al Espíritu Santo para dirigir la iglesia. El que manda dentro de la iglesia es el Espíritu Santo y no el pastor o predicador. Es el Espíritu Santo el que manda, el que decide “tocar” a una persona a través de los predicadores y pastores y no estos cuando dicen “Señor toca a tal o a cual”.

Juan, 20:21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 20:22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.

Esto nos recuerda cuando, en Génesis, Dios crea al hombre y le da vida:

Génesis, 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Jesús hizo lo mismo que el Padre cuando creo a Adán y Eva.

Hechos, 1:5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Tito, 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 3:6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador.

El Mesías recibió el Espíritu Santo:

Isaías, 61:1 El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; 61:2 a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;

Jesucristo se aplico a si mismo esta profecía de Isaías, 61:1:

Lucas, 4:16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 4:17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 4:18   El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; 

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 4:19  A predicar el año agradable del Señor. 4:20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 4:21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Isaías, 42:1 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.

Cuando Jesús fue bautizado por el Juan el Bautista, el Padre hablo desde los cielos:

Mateo, 3:17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia [o contentamiento, que es lo mismo, cumpliendo la profecía de Isaías, 42:1].

Mateo, 3:16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.

El propio Juan el Bautista dios testimonio de lo ocurrido:

Juan, 1:32 También dio Juan [el Bautista] testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 1:33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua [el Padre], aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. 1:34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Jesús mando bautizar en el Espíritu Santo:

Mateo, 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo

El versículo anterior habla de “hacer discípulos” (no de llenar edificios). Hoy hay mega iglesias con miles de miembros, pero la gente no es discipulada por la Palabra. Se trata de llenar el cielo (no los edificios) y el cielo se llena con discípulos. Y los discípulos saben quién es su Señor, quieren ser como Él y hacer lo que El dice. Imitarlo. El discípulo es el que deja de hacer lo que antes hacía para empezar a hacer lo que debe hacer. El que quiere, en definitiva, hacer lo que su Maestro le enseña. No es llenar el templo. No se trata de cantidad, porque si fuera por multitudes entonces los musulmanes (el Islam es la religión que más crece en el mundo) deberían ser el verdadero pueblo de Dios (y no lo son). Se trata de llenar el cielo y el cielo se llena con santos.

Romanos, 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 

2º Corintios, 3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 

Pero ¿cómo recibir el Espíritu Santo?. La respuesta está en la carta a los Gálatas:

Gálatas, 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?.

Se recibe por la fe, claro.

2º Corintios, 3:16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.

Lo anterior es de importancia capital, porque solo cuando se conviertan al Señor [se arrepientan y pidan perdón a Dios] el velo se les quitara y no al revés (el velo se les quitara para que puedan creer). Los que no creen en Jesucristo tienen un velo espiritual que los mantiene ciegos. Pablo lo explica en 2º Corintios, 4:3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 

Nadie puede llamar “Señor” a Jesús si no es por el Espíritu Santo:

1º Corintios, 12:3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

Este versículo se divide en dos partes:

[1] Nadie, que realmente tenga al Espíritu Santo, puede maldecir a Jesús; y
[2] nadie puede decirle “Señor” a Jesús si no es por el Espiritu Santo;

La primera parte casi no admite discusiones. En cuanto a la segunda, no significa que si no se tiene al Espíritu Santo no se le pueda llamar Señor sino que, si no se tiene al Espíritu Santo, llamar Señor a Jesús queda en mera palabrería que no será tenida en cuenta.

Por eso Jesucristo dijo:

Mateo, 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

De donde se desprende que solo tienen al Espíritu Santo los que hacen la voluntad del Padre.

El Espíritu Santo fue prometido a la iglesia:

Lucas, 24:49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

Juan, 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 

Juan, 15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 

El Consolador es el que aplaca el dolor en medio del sufrimiento.

Hechos, 2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 

Jesucristo murió para salvarnos de 3 cosas:

[1] De la paga del pecado, que es la muerte;
[2] Del poder del pecado, que es destruir a la persona en esta vida y en la venidera (en el infierno primero y en el lago de fuego después); y
[3] De la presencia del pecado (cuando seamos arrebatados, seremos liberados de la presencia del pecado);

1º Corintios, 12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Efesios, 4:3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4:4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 4:5 un Señor, una fe, un bautismo, 4:6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. 

Gálatas, 3:26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 3:27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 

¿Cómo se puede recibir el Espíritu Santo?.

Lucas, 11:13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?.

El Espíritu Santo también se recibe por la oración de los siervos de Dios a favor de alguien:

Hechos, 8:15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 8:16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 8:17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 

Necesitamos el Espíritu Santo, porque sin El nada podemos hacer:

Zacarías, 4:6 No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos

El Espíritu Santo va a descender y se va a manifestar en las 7 formas bíblicas en que tiene que hacerlo:

Isaías, 11:1 Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. 11:2 Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

La “vara del tronco de Isaí [padre del rey David]” es el Mesías. El Mesías desciende del linaje de David y sobre el reposan 7 espíritus:

[1] El Espíritu de Jehová (el Espíritu Santo);
[2] Espíritu de sabiduría;
[3] Espíritu de inteligencia;
[4] Espíritu de consejo;
[5] Espíritu de poder;
[6] Espíritu de conocimiento; y
[7] Espíritu de temor de Jehová;

El libro de Apocalipsis también habla de los 7 espíritus de Dios:

Apocalipsis, 4:5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.

El versículo anterior habla del candelabro de oro de 7 brazos: la Menorah.

La gravedad de pecar contra le Espíritu Santo:

Hay 12 maneras o formas de pecar contra el Espíritu Santo:

[1] La blasfemia contra el Espíritu Santo:

Mateo, 12:31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 12:32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

Marcos, 3:29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. 3:30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.

¿Qué es blasfemar contra el Espíritu Santo?.

1ª forma de blasfemia: Jesús había terminado de expulsar demonios de un hombre y vienen los Fariseos, llenos de envidia, y le dicen: “en el nombre (por el poder) del diablo (Belcebú) has echado fuera los demonios”.  Y esta es la primera manera de blasfemar contra el Espíritu Santo: atribuirle al diablo la gloria que le pertenece a Dios. Atribuirle el poder de Dios al diablo es un pecado terrible e imperdonable (Marcos, 3:30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo).

2ª Forma de blasfemia: Se va a dar luego del arrebatamiento de la iglesia, durante la gran tribulación, en pleno gobierno del anticristo y es dejarse colocar la “marca de la bestia”.

Apocalipsis, 13:16 Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; 13:17 y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. 13:18 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Apocalipsis, 14:9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 14:10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 14:11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. 

Apocalipsis, 16:1 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. 16:2 Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.

En resumen, adorar al diablo, al anticristo (dejarse marcar con la marca de la bestia es una forma de adorarlo), no tendrá perdón de Dios. Pero ¿cómo conciliamos esto con muchos testimonios actuales de siervos de Satanás (adoradores, en suma) arrepentidos que se han volcado a Dios?. Porque hoy, aparentemente, estos ex satanistas son perdonados y los que adoren al diablo durante el periodo del Apocalipsis no lo serán?. Muy sencillo. Hoy son perdonados porque todavía estamos bajo la gracia. La gracia nació con la iglesia (en la cruz) y terminara con el rapto. Luego de este evento, la iglesia ya no estará presente en la tierra, ni tampoco la gracia. Beneficios como la salvación por gracia por medio de la fe (Efesios, 2:8-9) o el rapto (1 Corintios, 15:51-52, 2 Tesalonicenses, 4:15-17) son exclusivos de la iglesia. No estuvieron disponibles (tales beneficios) ni en el AT ni tampoco lo estarán después de que la iglesia sea raptada.

[2] Desafiar, tentar o mentir al Espíritu Santo:

Hechos, 5:1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 5:2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 5:4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5:5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 5:6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. 5:7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 5:8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 5:9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 5:10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 

Ananías y Safira era un matrimonio dentro de la iglesia y se habían comprometido a vender una heredad y a entregar todo su precio a la iglesia. Pero luego decidieron sustraer una parte. Pedro los puso en evidencia y ambos cayeron muertos, porque desafiaron (tentaron) al Espíritu Santo.

[3] Contristar al Espíritu Santo:

Efesios, 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 4:31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 

El Espíritu Santo esta triste porque ha sido menospreciado, abandonado, relegado y desobedecido. El verdadero significado de la palabra “contristar” es “provocar llanto e impotencia”. El Espíritu Santo se entristece cuando la iglesia rechaza su guía. La tristeza del Espíritu Santo es ver a un pueblo que lo ignora y que le da la espalda.

[4] Enojar al Espíritu Santo:

Isaías, 63:10 Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.

¿El Espíritu Santo, en lugar de ser el Consolador, el Amigo, el Consejero, el Ayudador y la Guía, peleando contra la iglesia?. Si. De Consolador, el Espíritu Santo puede transformarse en nuestro peor enemigo, si lo provocamos, lo desafiamos y los desobedecemos. El libro de Apocalipsis contiene un buen número de veces la frase “el que tiene oídos oiga lo que el Espíritu dice a la iglesia”. El Espíritu Santo nos habla. ¿Lo estamos escuchando?.

[5] Comercializar con los dones del Espíritu Santo:

Hechos, 8:17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 8:18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 8:19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 8:20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 8:21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 8:22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 8:23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 8:24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. 

Simón el mago les ofreció plata a los apóstoles, diciendo “yo también quiero ese poder”. En respuesta, el apóstol Pedro se lleno de ira, la misma ira de Jesucristo cuando echo a latigazos a los mercaderes y cambistas de la puerta del templo. La respuesta de Pedro es magnífica: tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios (que en realidad es un regalo) se puede comprar con dinero, como si fuera una mercancía.

[6] Ofender al Espíritu Santo:

Hebreos, 10:29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 10:30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 10:31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!.

[7] Despreciar los avisos del Espíritu Santo es provocarlo:

Nehemías, 9:30 Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.

[8] Resistir al Espíritu Santo:

Hechos, 7:51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

[9] Endurecer el corazón:

Zacarías, 7:12 y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.

[10] Apagar al Espíritu Santo:

La Biblia compara al Espíritu Santo con viento, con agua y con aceite. Pero también con fuego.

1º Tesalonicenses, 5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 5:19 No apaguéis al Espíritu. 5:20 No menospreciéis las profecías. 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno. 5:22 Absteneos de toda especie de mal.

La primera recomendación de Pablo es “dar gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios”, es decir, mas allá de la circunstancias, de cómo te vaya (bien o mal), debes dar gracias a Dios en todo, porque así lo quiere Dios y porque “a los hijos de Dios todas las cosas les ayudan a bien”, es decir, Dios va a transformar las cosas malas que te pasen en una bendición. Recuerda a Balaán, cuando fue contratado para maldecir a Israel pero lo termino bendiciendo. O recuerda a José, a quien sus hermanos vendieron como esclavo a Egipto y luego eso termino siendo la posibilidad para Israel de seguir existiendo como nación. El diablo va a atacar todas las dimensiones de tu vida. Incluso atacara tu reputación. Pero tú no debes preocuparte por tu reputación sino por tu testimonio. Tu reputación es lo que los hombres piensan de ti, pero tu testimonio es lo que Dios piensa acerca de ti, que es lo que, en definitiva, debe importarte.

Recuerda: Mateo, 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Lo importante es que lo mal que hablen de ti sea mentira.

Lo segundo que recomienda Pablo es no apagar el Espíritu, con mayúscula, de modo que se refiere al Espíritu Santo.

Jeremías intento apagar ese fuego y no pudo:

Jeremías, 20:7 Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. 20:8 Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. 20:9 Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.

[11] No oír lo que el Espíritu Santo dice a la iglesia:

Apocalipsis, 2:7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Salmos, 46:10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;

[12] Olvidar que el Espíritu Santo siempre está a nuestro lado:

El Espíritu Santo es nuestra sombra a nuestra mano derecha.

Salmos, 139:7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? 139:8 Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol [infierno] hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.

Los dones del Espíritu Santo:

La palabra “don” significa “regalo” u “obsequio” y es precisamente lo que el Espíritu Santo vino a hacer a nuestra vida. Dios, conocedor de las dificultades que acarrea servirle y de las luchas espirituales que con ello se desatan (Jesucristo no dijo “seguidme y os mostrare lo bien que os va” sino que dijo “en el mundo tendréis aflicción”), calculo que la iglesia necesitaría el respaldo de un Consolador.

Jesucristo dijo: les conviene que yo me vaya, porque si no me fuere el otro Consolador no vendría (la promesa del Padre). Y la promesa se cumplió 50 días después de su ascensión a los cielos en la fiesta de Shavu’ot o de las Semanas o Pentecostés: el Espíritu Santo descendió “como un viento recio” y los discípulos comenzaron a hablar en lenguas y a partir de ahí, los dones del Espíritu Santo empezaron a trabajar en la madurez y el enriquecimiento doctrinal de los creyentes.

Muchos eruditos sostienen que los dones del Espíritu “murieron” con los apóstoles, es decir, que solo estuvieron “activados” durante el tiempo en que estuvieron los apóstoles en la tierra y, a lo sumo, durante la iglesia primitiva. Pero esto es una falsedad. El Espíritu Santo ha sido enviado para guiar a la iglesia “en todo tiempo”.

Por otra parte, quienes creen que los dones del Espíritu Santo “murieron con los apóstoles”, tienen problemas para explicar estas palabras de Jesucristo:

Marcos, 16:17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 16:18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Jesucristo dijo “esta señales seguirán a los que creen” y no solamente a los apóstoles. Y dos de estas señales son dones del Espíritu Santo: hablar nuevas lenguas (don de lenguas) y sanar enfermos (don de sanidad).

Los dones del Espíritu Santo son, como se dijo, un regalo de Dios y la iglesia que los rechaza se condena a una muerte espiritual prematura. Un predicador o pastor que no tiene los dones del Espíritu Santo, que no tiene el fuego del Espíritu Santo, es una momia predicando.

Muchas iglesias ultra conservadoras (aun siendo evangélico-protestantes) miran con desconfianza a la iglesia pentecostal, diciendo que los dones que se observan en estas no provienen de Dios. Los creyentes de esas iglesias conservadoras entran, entonces, en una lucha espiritual.

Los dones del Espíritu Santo no deben ser descuidados:

1º Timoteo, 4:14 No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.

2º Timoteo, 1:6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Una persona que no deja fluir los dones del Espíritu Santo, empieza a languidecer espiritualmente y comienza a vivir una vida en la carne, acarreándose la muerte espiritual. Y los que viven conforme a la carne, no pueden agradar a Dios. Estamos en una guerra sin cuartel no solo contra Satanás y sus demonios sino contra nuestra propia naturaleza pecaminosa y si no dejamos obrar el Espíritu Santo perderemos la batalla. Sin el Espíritu Santo es imposible que hagamos la voluntad de Dios.

1º Corintios, 12:1 No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.

Los dones del Espíritu Santo están descriptos en:

1º Corintios, 12:8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 12:11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

La Biblia describe que el Espíritu Santo otorga 9 regalos, divididos en 3 categorías.

[1] Dones de habla:

[a] Don de lenguas;
[b] Don de interpretación de lenguas; y
[c] Don de profecía;

[2] Dones de revelación o de manifestación de la voluntad de Dios:

[a] Don de palabra de ciencia;
[b] Don de palabra de conocimiento o sabiduría; y
[c] Don de discernimiento de espíritus;

[3] Dones de acción o de habilidad:

[a] Don de fe;
[b] Don de sanidad; y
[c] Don de milagros;

El don de lenguas:

Antes que nada debemos poner énfasis en lo siguiente:

1º Corintios, 12:11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

Mucha gente se ha apartado del Evangelio totalmente frustrada, porque han ayunado y orado para recibir el don de lenguas, pero Dios no les dio el don de lenguas y se enojaron con Dios, diciendo “Dios no nos escucha”. Quienes así piensan se han olvidado que el Espíritu Santo reparte los dones como él quiere y a quien quiere (1º Corintios, 12:11). Por ahí tú no has recibido el don de lenguas pero si el don de sanidad y todavía no lo has descubierto. O quizás tienes el don de la liberación (de demonios) o el don de discernimiento de espíritus (demonios). O tal vez tienes el don de interpretación de lenguas (no el don de hablarlas pero si de interpretarlas) o el don de hacer milagros o el don de fe, palabra de ciencia o palabra de sabiduría y conocimiento sobrenatural de Dios. Hay 9 dones del Espíritu Santo y no siempre tú terminaras hablando en lenguas. Mucha gente se ha apartado del Evangelio por esto, porque les han dicho que si no hablan en lenguas entonces no tienen al Espíritu Santo.

Dentro del catolicismo romano, hay una corriente denominada carismática. Ellos, como católicos, siguen sujetos al Papa de Roma y practican la idolatría a su máximo nivel pero, a diferencia del resto de los católicos, hablan en lenguas. Pero ¿provienen estas lenguas del Espíritu Santo?. Claro que no. Son del diablo, porque el diablo aborrece a Dios pero lo imita en todo. Esto es así porque los demonios conocen las lenguas angelicales. Después de todo ellos también son ángeles, caídos, pero ángeles al fin, ángeles del mal, porque sirven a Satanás. Y esto no solo ocurre dentro del catolicismo romano carismático sino también en la iglesia protestante (evangélica).

Pero el versículo anterior es claro: el Espíritu Santo “reparte a cada uno en particular como El quiere”. Tal vez tú no hablas en lenguas pero tienes el don de sanidad. El Espíritu Santo se manifiesta en una persona como El quiere.

1º Corintios, 12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 

El don de lenguas es un don variado. Puede tratarse de leguas humanas o angelicales.

Hay tres tipos de don de lenguas:

[1] El don de lenguas terrenal (aquí la persona empieza a hablar en otro idioma);
[2] El don de lenguas angelicales (los ángeles - incluidos los demonios -  tienen sus propios idiomas); y
[3] El don de lenguas del espíritu o espirituales;

1º Corintios, 13:1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 

El plural para referirse a las “lenguas humanas” no llama la atención porque todos sabemos que existen muchos idiomas hablados en el mundo. Si llama la atención que se refiera a las “lenguas angélicas” en plural, porque esto significa, entonces, que los ángeles se comunican en más de un idioma también. O sea: en el cielo se habla más de un idioma (lenguas celestiales).

¿Qué es lo que la Biblia nos aconseja hacer con el don de lenguas?.

1º Corintios, 14:2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.

Hay personas que, cuando hablan en lenguas, hablan un idioma que ellos no conocen pero Dios si lo entiende. El don de lenguas puede ser dirigido a Dios pero también hay momentos en que puede ser dirigido a la iglesia y aquí si se entiende. Hay dones de lenguas que nos comunican directo con Dios pero hay dones de lenguas que, como en Pentecostés, la gente si los entiende. En Pentecostés se hablo en lenguas y la gente entendió. Pero hay momentos en que tú estás en tu habitación orando en lenguas y ningún humano te entendería porque estas hablándole a Dios, directamente. Clama a mi dice Dios (en Jeremías, 33). ¿Y cómo vas a clamar?. En lenguas. Si tú tienes el don de lenguas, clama a Dios.

1º Corintios, 14:5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. 

Pablo quería que todos hablaran en lenguas, pero eso no significaba ni significa que se dé. Y hay gente que habla en lenguas más que otra:

1º Corintios, 14:18 Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros;

El don de lenguas es un don de bendición, es un don que vino a fortalecer la comunicación entre el creyente y Dios. Pero a veces sucede que en las iglesias 20 o 30 personas comienzan un griterío descontrolado, todo el mundo hablando en lenguas, armándose un desorden campal. Es por eso que Pablo, “en la iglesia”, prefiere hablar con entendimiento:

1º Corintios, 14:19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida. 

1º Corintios, 14:39 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; 14:40 pero hágase todo decentemente y con orden.

Las lenguas del Espíritu Santo son dulces y afables al oído. Pero cuando un demonio habla en lenguas (porque ellos también son ángeles) es un lenguaje brusco y agresivo. Son sonidos horribles.

¿Para qué sirven los dones de lenguas del Espíritu Santo?.

[1] Lenguas devocionales, cuyo propósito es edificar a la persona que ora en lenguas y comunicarla directamente con Dios; por eso Pablo dice que el que habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios (1º Corintios, 14:2);

[2] Lenguas usadas en complementación con el don de interpretación de lenguas, que es para edificación de la iglesia; aquí ya no es devocional sino que, alguien interpreta la lengua hablada (la misma persona u otra) y se transmite el mensaje a la iglesia toda;

Pautas para usar el don de lenguas:

[+] Hacerlo por amor:

1º Corintios, 13:1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe;

[+] Debe usarse en complementación con el don de interpretación:

1º Corintios, 14:5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. 14:6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? 14:13 Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla;

Cuando el don de lenguas fluye junto con el don de interpretación, la que se edifica [alienta, fortalece] es la congregación. Los dones espirituales siempre son para edificación de la iglesia y no para que unos hermanos sobresalgan sobre otros o se crean más santos. Los dones espirituales no son para menospreciar a tu hermano.

[+] Cantidad de personas que pueden hablar en lenguas en una congregación:

¿Cuántas personas pueden hablar en lenguas en un culto?. ¿100, 200, 300?.

1º Corintios, 14:27 Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete;

Como puede verse, la Biblia misma reglamenta cómo funciona el don de lenguas porque 1º Corintios, 14:33 Dios no es Dios de confusión, sino de paz. 

El don de interpretación de lenguas:

1 Corintios, 12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

¿Qué quiere decir interpretación de lenguas?.

No es la traducción lingüística de un idioma como haría cualquier traductor (humano o software). Es un don que acompaña al don de hablar en lenguas y trabaja en conjunción con él. El don de interpretación de lenguas es, más bien, la capacitación sobrenatural, dada por el Espíritu Santo, para entender, a “grosso modo” y no palabra por palabra, lo que está hablando quien habla en lenguas. El don de interpretación de lenguas captura a “grosso modo” lo que está diciendo Dios. No se traduce palabra por palabra sino que se pone énfasis en el objetivo del mensaje. El interprete no entiende “palabra por palabra” la lengua en la que se está hablando. Sin embargo, como es una obra del Espíritu Santo, algo sobrenatural, es una capacitación para transmitirle al resto el sentido del mensaje. Es algo milagroso. Por ejemplo, alguien comienza a hablar en una lengua humana para el desconocida. Supongamos, chino. El intérprete, sin saber chino, puede entender lo que la persona está diciendo y transmitir al resto el mensaje diciendo, hermanos “así ha dicho el Señor” y el mensaje es tan contundente que todo el mundo reconoce que es Dios quien está hablando.

¿Cómo funciona el don de interpretación de lenguas?.

Hechos, 2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 2:5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 2:6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 2:7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 2:8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 2:9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 2:11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

¿Qué hablaban?. Las maravillas de Dios. En Pentecostés, las lenguas fueron lenguas humanas. Los 11 discípulos (Judas ya se había ahorcado) comenzaron a hablar en varios idiomas al mismo tiempo. La personas que estaba afuera de la casa donde estaban los apóstoles, estaban atónitas de cómo “estos galileos” hablaban en sus idiomas. De acuerdo a los versículos anteriores, los discípulos hablaron, al menos, 15 idiomas distintos.

1º Corintios, 14:27 dice: Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.

Pero ¿qué pasa si no hay interprete?.

1º Corintios, 14:28 Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.
Esto significa que, si no hay interprete, quien habla en lenguas debe hablar para sí mismo sin que nadie lo escuche.

El don de profecía:

Profetizar no significa exclusivamente hablar sobre el futuro. Profetizar, básicamente, significa proclamar Palabra de Dios, predicar y la prédica puede referirse al pasado, al presente o al futuro.

Hay predicadores que dicen “yo declaro, yo decreto, yo profetizo”. El que habla en nombre propio, su propia gloria busca y no la de Dios. Más bien habrá que decir “el Señor dice”.

1º Corintios, 14:29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.

Hay que juzgar, hay que analizar. No se puede decir “amén” a cualquier cosa. ¿Qué hay que juzgar o analizar?. Si es de Dios o no.

Este don de profecía ha fluido con fuerza en la iglesia desde los primeros siglos. Ha sido de gran bendición y lo es todavía. Pero en este tiempo no existen profetas. Es necesario hacer una distinción entre “profetas” y “personas con el don de profecía”. El don de profecía sigue existiendo hoy en día como uno de los 9 dones del Espíritu Santo, porque estos dones fueron y son para la iglesia “en todo tiempo”. Lo que no existe hoy son profetas. Los profetas fueron Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Elías, Eliseo. También hubo profetas menores que estos: Zacarías, Malaquías, Habacuc, Joel, Jonás, etc. Actualmente no se puede encontrar un profeta al nivel de Isaías, Jeremías o Ezequiel.

Jesucristo dijo:

Lucas, 16:16 La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.

Hebreos, 1:1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 1:2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

Mientras que en el AT Dios hablo por los profetas, en el NT el Padre hablo por medio del Hijo y de los Apóstoles. No hay profetas hoy. Es más, no los necesitamos como tales. ¿Por qué?. Porque la Biblia contiene todas las profecías de esos profetas que ya murieron y la profecía no necesita que el profeta este vivo para que tenga valor. Porque lo que esos profetas escribieron y que hoy forma parte de la Biblia no es palabra de hombre-profeta sino de Dios y la Palabra de Dios permanece para siempre.

Y por si esto fuera poco, Pedro dice:

2º Pedro, 1:19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

Lo que Pedro nos está queriendo decir aquí es que la palabra profética contenida en la Biblia es la “más segura”, es decir, está “por encima” de cualquier palabra profética soltada - en cualquier tiempo - por personas que no sean los profetas de la Biblia. Los profetas de la Biblia profetizaron hasta el fin de los tiempos, motivo por el cual no necesitamos nuevos profetas que amplíen nuestra perspectiva del plan de Dios.

Ademas, nada se puede añadir ni quitar de la Palabra de Dios:

Apocalipsis, 22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro

Deuteronomio, 12:32 Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.

Hoy no hay “profetas” sino “personas con el don de profecía”, que es muy distinto.

1º Corintios, 12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 

¿Qué significa profetizar?.

Significa “articular palabras inspiradas por un ser sobrenatural”. Hay profecía que puede venir del diablo. La propia Biblia dice claramente que hay doctrinas de demonios:

1º Timoteo, 4:1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.

Esto es inspiración del diablo. Pero también hay inspiración de Dios.

¿Cómo tienen que obrar quienes tienen el don de profecía?.

1 Corintios, 14:3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. 

¿Para qué sirve, entonces, el don de profecía?.

Para 3 cosas:

[1] Edificación;
[2] Exhortación; y
[3] Consolación;

Edificar quiere decir fortalecer, animar espiritual y emocionalmente a los creyentes. En un tiempo de persecución, en un tiempo de odio contra la iglesia, en un tiempo de prueba, de dificultad en tu vida personal ¿qué es lo que necesitas?: que el Señor te fortalezca, que te de una palabra que te levante y que te impulse a seguir.

Exhortar es reprender, retar al creyente, confrontarlo. Imaginemos un hermano que está en adulterio con una y otra hermana de la iglesia. El va a recibir una palabra dura de parte de Dios.

Consolar es sostener en medio del dolor.

El don de profecía tiene que ser manejado con mucho cuidado.

Éxodo, 20:7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
No se puede andar hablando en nombre de Dios lo que El no ha mandado: “el Señor me ha dicho”, “el Señor me ha mostrado”, etc.

El don de profecía es una “articulación espontanea, hablada sin premeditación, por inspiración del Espíritu Santo”. No se puede “provocar” la profecía. Cuando la profecía se busca con insistencia e importa, incluso, más que la propia Palabra de Dios, lo que se está rebelando aquí es un espíritu (demonio) de adivinación. ¿Cuál es la diferencia, en este caso, con aquel que compra el periódico para leer el horóscopo?. Ninguna. Debe dependerse siempre de la palabra escrita y de la dirección del Espíritu Santo. El don de profecía no es para vaticinarle el futuro a la gente. Quien profetiza, debe hablar a los hombres, como vimos, para edificación, exhortación y consolación y no para adivinación y/o manipulación. Por ejemplo, que quien profetiza diga: “así dice el Señor: entrégame las llaves de tu auto”.

El don de profecía puede servir para que Dios hable a un inconverso:

1º Corintios, 14:24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; 14:25 lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros. 

Por ejemplo, una persona incrédula e indocta (no conoce nada de la Palabra de Dios), llega a una congregación y Dios le habla, rebelándole cosas de su vida que solo ella (y Dios) conoce. Lo más probable es que esa persona se rinda al instante ante Dios y reconozca que “Dios está en este lugar”.

Hay que anhelar profetizar:

1º Corintios, 14:1 Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. 14:39 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; 

El don de profecía debe ser analizado y evaluado:

1º Corintios, 13:9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;

Esto es porque no existen profecías 100% prefectas (aunque la bíblicas si son perfectas), porque quien profetiza, a veces, pone de su propia emoción y hay que saber discernir.

Por eso Pablo dice:

1º Tesalonicenses, 5:20 No menospreciéis las profecías. 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno. 

A una persona que está muy acostumbrada a dar profecía dentro de la congregación, el pastor debe ponerle mucho cuidado. Esta persona tiene que ser “de limpio corazón”, es decir, no puede llevar una vida de pecado porque sino quien la usa es el diablo y puede causar un estrago dentro de la congregación.

Don de conocimiento o palabra de sabiduría:

1º Corintios, 12:8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría;

El don de sabiduría o don del conocimiento es una manifestación del Espíritu Santo para hablarle a una persona sobre una situación presente que, si no fuera por el Espíritu Santo, no la conoceríamos. O sea, el Espíritu Santo capacita a la persona para que, en el momento, Dios hable directamente a una persona sobre una situación que sería oculta para cualquier otra persona. Dios permite que conozcamos algo que solo Él conoce y nos lo transmite. Esta manifestación del Espíritu Santo nos otorga cierta información, vía Espíritu Santo, para conocer algo desconocido en el momento. Este don de sabiduría o conocimiento no se aprende por ir a un seminario teológico, a un congreso bíblico, un estudio académico o una universidad. Tampoco el don de sabiduría se obtiene por estudiar la Biblia e interpretarla. Es algo que manifiesta Dios, en el momento. Jesucristo tenía los 9 dones.

Ejemplos:

Juan, 1:47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 1:48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 1:49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 1:50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

Jesucristo había visto a Natanael con “ojos espirituales”, porque no se conocían entre sí. Jesús conocía algo de la vida de Natanael que solo Natanael sabia y esto le fue revelado a Jesucristo por Dios.

Otro caso es el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (Juan, 4). Judíos y samaritanos no tenían una buena relación. Hasta el día de hoy los israelitas tienen diferencias con los “shomronim” (samaritanos). Jesús le dice a esta mujer samaritana: hey, dame de beber. La mujer le contesta: ¿como tú, siendo judío, me pides a mí, samaritana y encima mujer, que te de de beber?. Pues tengo sed, le contesta Jesucristo y le vuelve a solicitar agua, en pocas palabras. Y la samaritana, que tenía una vida inmoral, le dice: perfecto, vamos detrás del pozo y te doy. Y Jesús le dice: anda, llama a tu marido. La mujer lo estaba seduciendo porque ¿qué tiene que ver el agua con el marido?. La mujer le responde, tranquilo, no tengo marido. Y aquí viene el don de sabiduría: Jesús le contesta “bien has dicho, no tengo marido, porque cinco has tenido y el que ahora tienes tampoco es tu marido”. Seis hombres habían pasado por la vida de esta mujer y en ninguno hallo la felicidad. Pero llego el séptimo y cambio su vida y fue Jesús. La samaritana le responde a Jesús: Señor, me parece que tú eres profeta. La mujer le dijo a Jesús: sabemos que, cuando venga el Mesías, el nos enseñara todas las cosas. Pues bien, la única persona a la que Jesús, fuera de su círculo de apóstoles, le dijo abiertamente que El era el Mesías fue a esta mujer. Jesús le dijo: yo no soy solo un profeta, yo soy el Mesías, el que habla contigo. Jesús se manifestó abiertamente ante ella. ¿Y qué hizo la mujer?. Inmediatamente dio aviso a la ciudad. Jesús supo quien era la mujer samaritana, sin haberla visto antes.

Otro caso es el planteado en 2 Samuel, 12 donde el profeta Natán conocía que David había cometido un pecado (el adulterio con Betsabé) y va y confronta al rey David sobre su pecado de adulterio. ¿Quién se lo dijo?. Dios. Natán sabia, por el Espíritu Santo, que David había pecado.

Otro caso es el de Ananías y Safira (Hechos, 5). ¿Qué hicieron Ananías y Safira?. Estas personas, que eran un matrimonio, deciden vender unas tierras para, una vez vendidas, entregar el dinero a los apóstoles como ofrenda. Vendieron la propiedad y antes de entregarles el dinero, cuando vieron la plata en la mano, se tentaron y sustrajeron del precio de venta y se guardaron una parte. Pero Dios sabía que habían vendido la propiedad en más precio.

Hechos, 5:1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 5:2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 5:4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5:5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 5:6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. 5:7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 5:8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 5:9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 5:10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 

Pretender robarle a Dios lo que es de Dios equivale a poner la vida en riesgo. Al cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.

Don de conocimiento para conferir dirección en la iglesia:

Hechos, 9:10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 9:11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 9:12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.

Don de conocimiento para anticipar el conocimiento de eventos futuros:

Hechos, 11:27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 11:28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.

¿Puede manifestarse este don en este tiempo?. Si, por la siguiente promesa:

Jeremías, 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Don de ciencia:

1º Corintios, 12:8 a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

¿Qué es la palabra de ciencia?. Es un poco diferente al don de sabiduría. ¿Cómo podemos conocer lo que hay en el corazón de una persona?. El corazón solo lo ve Dios. ¿Cómo conocer si las personas que están a nuestro alrededor son personas confiables?. La única forma es conocer lo que hay dentro de ellos. ¿Y cómo podemos conocerlo?. Solo por el Espíritu Santo.

Juan, 2:24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,
2:25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.

Lucas, 7:36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 7:37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 7:38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 7:39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 

El don de ciencia desenmascara el corazón de una persona que trama algo contra alguien. El don de ciencia nos capacita para hablar y actuar con la sabiduría de Dios, no de los hombres. A menudo este don es otorgado a una persona que esta aconsejando a alguien.

Otro caso famoso es el planteado en 1º Reyes, 3:23. Dos mujeres llegan ante el rey Salomón. Las dos mujeres se disputaban un niño. Las dos reclamaban que el niño era suyo. No había análisis de ADN. ¿Cómo pudo saber el rey quien era la verdadera madre?. Aquí viene el don de ciencia:

1º Reyes, 3:23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. 3:24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. 3:25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. 3:26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 3:27 Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. 3:28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

La verdadera madre prefería regalar al hijo antes que verlo muerto. A la otra poco le importo la vida del bebe. Para esto sirve el don de ciencia: para resolver cosas casi irresolubles por la vía del conocimiento humano. Al igual que el don de de sabiduría, el don o palabra de ciencia no se aprende con la experiencia, ni se adquiere estudiando al Biblia o académicamente en una universidad. Se trata de una ciencia sobrenatural, otorgada por el Espíritu Santo para situaciones determinadas (no es a cada rato).

Cuando Jesús es tentado por el diablo en el desierto, las respuestas de Jesús a Satanás en las tres tentaciones fueron ciencia de Dios. Porque el diablo vino a poner en duda a Jesús en todo. Y las respuestas de Jesús fueron contundentes.

A Jesús lo tentó el diablo, la mujer samaritana y los fariseos y nunca cedió.

A Jesús lo tentaron también los fariseos:

Lucas, 20:22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? 20:23 Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? 20:24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. 20:25 Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 20:26 Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron.

Hay gente que muchas veces te hace preguntas no para aprender sino para hacerte caer. Quieren una respuesta tuya para luego utilizarla como arma contra alguien y luego se escudan en que tu lo has dicho. Esto es ciencia del Espíritu Santo, cuando tú disciernes la verdadera intención de una frase, un comentario, una pregunta. Jesús comprendió la astucia (la malicia) de los fariseos quienes quería hacerle decir a Jesús que no había que pagar impuestos para luego acusarlo de rebelde contra Roma.

Marcos, 11:27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, 11:28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? 11:29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. 11:30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. 11:31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 11:32 ¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. 11:33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

Jesús cuando era provocado, siempre daba una respuesta que los dejaba avergonzados.

Juan, 8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 8:6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 8:7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

¿Qué quiere decir la frase “sorprendida en adulterio”?. Que estaba teniendo relaciones sexuales con un hombre que no era su marido. Fue sorprendida en el acto mismo del adulterio. Moisés dijo que a estas mujeres había que apedrearlas pero junto al hombre con el que está cometiendo adulterio (no sola). ¿Dónde estaba el varón?. Desde ya la pregunta de los fariseos era con mala intención. Los dos debían morir, pero los fariseos solo habían llevado a la más débil. A Jesús los tientan con lo del tributo al cesar, lo tientan con lo de Juan el bautista y ahora lo tientan con lo de la mujer adultera. Los fariseos eran implacables. Quería hacerlo caer por todos los medios. Los fariseos, al oír la declaración de Jesús, acusados por su conciencia, se fueron. ¿Pero qué fue lo que acuso a la conciencia de los hipócritas?. ¿Lo que Jesús dijo o lo que Jesús escribía en el suelo?. ¿Qué estaba escribiendo Jesús, con tanta insistencia, en el suelo que reprendió a los fariseos?. Los fariseos tuvieron que haber leído lo que Jesús había escrito y que los hizo escapar. No dibujo sino que la Biblia dice que “escribía en tierra con el dedo” (Juan, 8:6). Algo paso ahí. La Biblia no lo dice. ¿Qué fue lo que escribió Jesús?. Escribió una profecía de Jeremías que se cumplió en ese momento.

Jeremías, 17:13 ¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas. 

Lo que Jesús escribió en el polvo fue el nombre de los fariseos. Los fariseos conocían esta profecía de Jeremías y el hecho de que sus nombres estuvieran escritos en el polvo implicaba que Dios los iba a destruir. Por eso se fueron espantados. Jesús era el único en ese lugar que podía lanzar la primera piedra, porque él estaba libre de pecado. El tenía la autoridad para lanzar la primera piedra.

¿El Espíritu Santo puede manifestar este don de ciencia en nosotros hoy?. Sí, porque Jesús lo prometió:
Lucas, 12:11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; 12:12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

Lucas, 21:14 Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; 21:15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.

Esta es una promesa para nosotros. Pero hay una condición: que no nos preparemos para responder.

Don de discernimiento de espíritus:

1º Corintios, 12:10 a otro, discernimiento de espíritus;

El don de discernimiento de espíritus nos confiere un entendimiento sobrenatural sobre la naturaleza y actividad de los espíritus y del mundo espiritual. Nos capacita para reconocer entre la actividad de origen divino, satánico y humano, revelando la naturaleza de los espíritus.

Hay cosas que son de Dios, otras que son directamente del diablo y otras que vienen del espíritu del predicador, es decir, no vienen ni de Dios ni del diablo (salen de él, de lo que él piensa, de que él cree, de lo que el razona). El apóstol Pablo, en unas de sus cartas dice “digo yo, no el Señor” y luego también dice “dice el Señor, no yo”. Hay que reconocer cuando un predicador habla por el Espíritu Santo o habla por el mismo. Esto es necesario porque, quien no tiene discernimiento de espíritus, puede confundir las obras de Dios con las obras del diablo.

Este don nos ayuda a reconocer la naturaleza del espíritu que está trabajando en una persona, si es influenciada por el Espíritu Santo o por un espíritu demoniaco. En una liberación, puede ayudarnos a reconocer el nombre y genero de un demonio. Cuando Jesús está echando fuera demonios y se topa con el endemoniado gadareno Jesús le pregunta al demonio “¿cuál es tu nombre?”. Y el demonio respondió “legión” (4.200 demonios dentro del endemoniado gadareno).

Don de fe:

¿Dónde dice la Biblia que la fe es un don de Dios?.

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

1 Corintios, 12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 

Es cierto que la fe, como dice Pablo, viene por el oír y el oír viene por la Palabra de Dios. ¿Qué es lo que alimenta la fe de la gente?. Oír la (verdadera) Palabra de Dios. Pero no estamos hablando de esta fe sino de “otro grado” (otro nivel) de fe. Tampoco estamos hablando de la fe que salva. Nosotros creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios y nuestro Señor y salvador. Estamos hablando, mas bien, de una fe sobrenatural, que viene en determinado momento sobre una persona. Es una fe que capacita al predicador para hacer cosas imposibles. Es una fe especial. Es una fe diferente de la que nosotros conocemos.

Ejemplo:

1 Reyes, 17:1 Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

Para atreverse a decir esto que dijo Elías hay que tener fe. Se trata de una fe que hace que el predicador diga algo, con tal autoridad y poder, que nadie puede evitar que pase. Elías dijo: acá no llueve sino porque yo digo. ¿Y quién era Elías?. ¿Un dios?. No, el era un hombre común.

Santiago, 5:17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 5:18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Este don de fe, es un don único, que le da al predicador un grado de autoridad tan grande que puede dar una orden que la misma naturaleza puede obedecer como, en su momento, la naturaleza obedeció al profeta Elías. Si Elías no hubiese tenido esa fe de la que estamos hablando no hubiese pasado nada.

Esta fe sobrenatural funciona tanto para bendición como para juicio (cuando Elías oro y el cielo se cerro, esto trajo pobreza y hambruna al pueblo).

Ejemplo de cómo opero el don de fe en la vida de Josué:

Josué, 10:12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. 10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. 10:14 Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.

La luna se paro en sus movimientos de revolución (gira sobre su propio eje), rotación (gira alrededor de la tierra) y traslación (gira alrededor del sol). La N.A.S.A. ha certificado que este día ocurrió. Es más, la N.A.S.A ha dicho que hay 2 días que le faltan al mundo. Uno, que fue este del que estamos hablando y el otro es el día en que Job nació, porque Job dijo “maldito el día en que nací; sea borrado de entre todos los días del año” y Dios se lo concedió (se cree que Job nació un 29 de febrero). Los científicos saben de 2 días de la historia no existen.

Estos milagros no son milagros producidos por el don de milagros (que ya veremos) sino por el don de fe. Josué, 10:14 dice que Dios “atendió” la voz de un hombre y dice que no hubo, ni antes ni después, un día como aquel. Fue la primera y única vez en que Dios “obedeció” (en el mejor sentido de la palabra) la voz de un hombre. Más bien se trata de que, cuando Dios vio la fe de Josué, le dijo al sol: detente!!.

Otro milagro producido por el don de fe lo encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles:

Hechos, 13:6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, 13:7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. 13:8 Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 13:9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, 13:10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 13:11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano. 13:12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.

Podemos ver la fe de Pablo ordenando que el que estaba saboteando el mensaje quedara ciego. Por esto un predicador tiene que hacerse respetar cuando esta predicando.

Don de sanidades:

1 Corintios, 12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

Los dones de sanidades operan sobrenaturalmente para sanar enfermedades o dolencias sin utilizar medios naturales o químicos de ninguna índole. Es el poder del Espíritu Santo que desciende sobre el cuerpo de la persona enferma, disuelve la enfermedad, acaba con ella, cura los dolores y restaura físicamente a la persona por completo. Algunos predicadores tienen el don de sanidades entre sus ministerios y estos dones posibilitaron la conversión de miles de almas en campañas evangelísticas, entendiéndose que no es el predicador sino Jesucristo quien cura toda enfermedad, debilidad, plaga, deformidad o afección física. 

¿Cómo se manifiesta este don?.

1 Corintios, 12:4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. 12:5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. 12:6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

Los (nueve) dones espirituales no los da Jesucristo. Los da el Espíritu Santo. Jesucristo dijo: El (Espíritu Santo) me glorificara. El Espíritu Santo reparte los dones para glorificar a Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Pero qué es lo que hace Jesús?. Los dones son del Espíritu Santo pero los ministerios son de Jesús. Jesús es el que nombro a los Apóstoles, Jesús es el que nombra a los pastores, a los profetas, maestros y evangelistas. Jesús se le apareció a Pablo de Tarso, no fue el Espíritu Santo. Fue Jesús quien lo nombro apóstol. Mientras Jesús entrega los ministerios, el Espíritu Santo entrega los dones. Pero el que hace todas las cosas es el Padre.

1 Corintios, 12:7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

Esto significa que el Espíritu Santo ya está en la persona (mora en ella). Lo que la persona tiene que hacer es orar para que se MANIFIESTE, para provecho no personal sino del pueblo de Dios (la iglesia). Pero el pecado es un obstáculo para esta manifestación del Espíritu Santo. Debemos recordar que nuestro cuerpo es templo (por fuera y por dentro) del Espíritu Santo. Si vivimos en pecado, esta manifestación del Espíritu Santo es imposible. Dios jamás usara (con dones) a gente que vive en pecado.

Este don de sanidades opera para liberar a enfermos y personas sufridas. Una enfermedad puede tener distintos orígenes:

[a] La enfermedad es producto del pecado humano y el consecuente juicio de Dios;
[b] Dios envía la enfermedad para trata con el corazón de la persona;
[c] Es natural que, con la vejez, sobrevengan enfermedades; y
[d] La enfermedad puede tener un origen demoniaco o diabólico;

1 Juan, 3:8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 

¿Qué hace el diablo?. Hurta, mata (primero enferma) y destruye (también enfermando). Entonces Dios envió a su Hijo como máxima expresión de su poder.

Hechos, 10:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

El Hijo de Dios deshace las obras del diablo:

[1] haciendo bienes; y
[2] sanando a todos los oprimidos por el diablo

El diablo provoco enfermedades en la Biblia. Tomemos, por ejemplo, el caso de Job: el diablo le provoco sarna, de la cabeza a los pies.

En el NT hubo una mujer que fue víctima directa de Satanás:

Lucas, 13:15 Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 13:16 Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?

Muchas enfermedades son consecuencias de una maldición como, por ejemplo, la idolatría. En la Biblia Dios dice: maldeciré hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian. ¿Cuándo lo dice?. Cuando está hablando del mandamiento de no arrodillarse ante estatuas. La gran mayoría de la gente idolatra muere gravemente enferma. La idolatría, que no es otra cosa que la adoración del diablo, provoca enfermedades.

¿Para qué sirven los dones de sanidades?. No es para respaldar (glorificar) al predicador sino para respaldar la propia Palabra de Dios. Lo primero que Dios respalda es su Palabra. Hay predicadores que, estando en pecado, predican al Palabra y los enfermos se sanan. Aquí Dios no está respaldando (jamás podría hacerlo) al predicador sino que lo que respalda, con la sanidad, es su propia Palabra. Dios vio la necesidad del enfermo por sobre el pecado del predicador.

Marcos, 16:17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 16:18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Que las señales “seguirán” a los que creen, significa que las señales vienen por detrás, no por delante. ¿Por qué decimos esto?. Porque hoy en día primero quieren ver el milagro y después escuchar el mensaje, pero es al revés. Primero la Palabra, después el milagro. Las personas que basan su fe, su crecimiento y su madurez espiritual en ver milagros, nunca terminan de creer. ¿Por qué?. Porque siempre necesitaran un milagro más grande para seguir creyendo. Por eso la Palabra dice a los que (primero) creen (luego) “seguirán estas señales”. Los verdaderos hijos de Dios basamos nuestra fe en la Palabra inmutable de Dios. ¿Por qué?.

Porque:

[1] los milagros (y por eso son milagros) no ocurren a cada rato; y
[2] el justo debe vivir por fe más que por lo que ve (Habacuc, 2:4);

Lo milagros son un respaldo a la verdad (la Palabra) predicada, pero no son (no pueden ser) el fundamento de la fe. No necesitamos “ver para creer”. Los milagros son señales que siguen a (van por detrás de) los que creen, no van por delante. Las personas que basan su fe en los milagros son aquellas que luego, cuando viene un problema, se apartan. Necesitamos primero creer la Palabra para después ver el poder de Dios manifestado. Por fe andamos, no por vista. Porque también los brujos hacen milagros y no por eso andan en la verdad sino que, por el contrario, son siervos de Satanás.

¿Qué le paso a Job?

[+] Se le mueren los hijos
[+] Se le muere el ganado
[+] Se le derrumba la casa
[+] La mujer lo abandona
[+] Se enferma de sarna

¿Y qué dijo Job?

[+] El bien recibimos de Dios y el mal ¿no lo recibiremos?
[+] Dios da, Dios quita
[+] Como mujer fatua has hablado (a la mujer)
[+] Aunque El me quitare la vida, en El esperare
[+] Yo sé que mi Redentor vive y he de verlo

Pero Job sabia en quien había creído. Y la prueba de Job duro 7 años (no 7 días).

Marcos, 16:19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 16:20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.

Como dice el pasaje anterior, las señales siguen a la Palabra y la confirman (no al Predicador).

Hechos, 4:29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 4:30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 

Los milagros acompañan (y respaldan) a la Palabra.

Las sanidades son hechas para atraer a los inconversos:

Mateo, 4:23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 4:24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 4:25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

¿Para qué Dios hace sanidades?. Dios no solamente sana para satisfacer una necesidad legitima de la gente sino que, fundamentalmente, sana para glorificarse.

Marcos, 2:12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

Lucas, 13:12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13:13 Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.

¿Puede una persona perder un milagro que recibió?.

La respuesta es sí, porque:

[1] El predicador es un apostata y el milagro fue hecho por un demonio; o
[2] La persona, una vez recibido el milagro, no glorifico a Dios;

Juan, 5:14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.

Hay gente que recibe sanidad y da gloria a Dios, no testifica.

Ya sabemos lo que sucedió con los 10 leprosos que sano el Señor:
Lucas, 17:17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 17:18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 17:19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Solo uno volvió para dar las gracias.

En una iglesia hay 3 tipos de personas:

[1] Los conmovidos;
[2] Los convencidos; y
[3] Los convertidos;

Lucas, 18:38 Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 18:39 Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 18:40 Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, 18:41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. 18:42 Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. 18:43 Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.

Juan, 9:1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 9:2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 9:3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.

La voluntad de Dios es manifestar su gloria y su poder en personas que lo sepan valorar y agradecer y testificar a un mundo que necesita entender y conocer que Dios no ha cambiado.

Jeremías, 30:17 Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.

Hechos, 5:14 Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; 5:15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.

Don de milagros:

1 Corintios, 12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

Un milagro ocurre cuando Dios interviene en el curso ordinario de la naturaleza, la altera, la transforma. El don de milagro viene cuando Dios reviste con el poder del Espíritu Santo a un predicador para hacer algo completamente fuera del plano de la capacidad o la habilidad humanas. El nos otorga tal poder en un momento específico y con un propósito especial. Todos los dones del Espíritu Santo son milagrosos, pero este en especial en un don que supera a muchos de los otros. No es igual que el don de sanidad, aunque puede tener relación con él.

Hechos, 9:36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 9:37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 9:38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. 9:39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 9:40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 9:41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 9:42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.

Esto supera a la sanidad, ya que estamos hablando de resucitar muertos.

Tenemos también el caso del hijo de la viuda que resucito Elías, el caso de Jesús y de Lázaro.

Hechos, 19:10 Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús. 19:11 Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo,

Tenemos también el caso del muchacho que Pablo resucito cuando Pablo predico durante toda la noche y este muchacho, vencido por el sueño, se cayó por la ventana, se mato y Pablo lo resucito:

Hechos, 20:7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. 20:8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; 20:9 y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. 20:10 Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo. 20:11 Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. 20:12 Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.

Todo lo anterior es una desgrabación de una prédica del Dr. David Diamond que puedes ver en los siguientes videos:





















QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!!