domingo, 21 de febrero de 2016

EVIDENCIAS DE LA CONVERSION CRISTIANA


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Nosotros sabemos que la iglesia de Corinto era una iglesia muy dotada. Muchos dones, conocimiento. Pero muchas veces esta iglesia no caminaba como una iglesia de Cristo. Los miembros de la iglesia no se portaban como creyentes. En 1 Corintios, Pablo escribe a la iglesia reprendiendo a muchos hermanos, que estaban dentro de la iglesia, los cuales se enojaron un poco con Pablo. Algunos profetas y maestros falsos habían entrado en la iglesia, enseñando a todos que Pablo ni siquiera era un apóstol. Entonces Pablo escribe 2 Corintios, para arreglar las cosas con la iglesia. Pero todavía Pablo está preocupado por las personas que se reúnen en esta ciudad. ¿Por qué?. Porque dicen que son creyentes, pero no están viviendo como creyentes…

En mi propio país (Estados Unidos), el 65% de las personas se creen “cristianos renacidos”, pero nosotros somos un país muy inmoral. En el día de hoy hemos bajado los estándares del Evangelio y hemos cambiado el Evangelio. Hemos rebajado el Evangelio de Cristo a nada más que unas pocas leyes espirituales. Hay personas que caminan, en EEUU, Sudamérica, Europa, creyendo que son creyentes, simplemente porque alguna vez en su vida tomaron una decisión, pero su vida jamás cambio. Nunca. Son personas bastantes engañadas.

Aquí mismo (en el auditorio), hay como unas 100 personas. No soy profeta, ni hijo de profeta pero te digo: hay personas acá que no conocen a Cristo. En un grupo de este tamaño siempre es así, especialmente entre los jóvenes. Hay personas aquí que no son salvas y lo saben. Hay otros que se creen salvos, pero están engañados. Y hay creyentes de verdad acá. Yo no puedo mirar dentro del corazón de cada persona, pero de alguna manera no tengo que hacerlo. ¿Por qué?. Porque el creyente verdadero se conoce por sus frutos.

Nosotros somos salvos solo por gracia, por medio de la fe (Efesios, 2:8-9). No por las obras, sino solo por medio de la fe. Pero una persona que de verdad es cristiana, esta persona ha sido renacida, es decir, Dios ha hecho una obra sobrenatural en su vida. Cuando una persona viene a Cristo, por medio de la fe, es el resultado de una obra sobrenatural de Dios. Es una obra tan sobrenatural como la misma creación. El hombre nace con un corazón corrupto, adámico, caído. El hombre nace con un corazón que aborrece a Dios. Pero Dios, a través de la predicación del Evangelio y la obra del Espíritu Santo, puede cambiar el corazón de una persona. Pero esta persona, con un corazón nuevo, un corazón cambiado, no solamente se arrepiente y no solamente cree, sino también sus afectos (su amor) cambian.

Antes de conocer a Cristo, una persona ama al pecado pero, después de conocer a Cristo, esa misma persona aborrece el pecado. Antes de conocer a Cristo, una persona aborrece la justicia pero, después de conocer a Cristo, esa misma persona ama la justicia. Tiene un cambio en su corazón.

Surge entonces una pregunta: ¿tu corazón ha cambiado?. ¿Amas la santidad?. ¿Aborreces el pecado?. ¿Te estás alejando mas y mas del mundo y acercándote mas y mas a Dios?. Mira lo que Pablo dice: “si alguno esta en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios, 5:17). Si no eres una nueva criatura, entonces no eres creyente.

Veamos ahora 2 Corintios, 13:5. Pablo está hablando a los que se dicen creyentes pero no están viviendo como creyentes. Mira lo que él dice:

2 Corintios, 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?.

¿Qué está enseñando Pablo?. Para tener la certeza de que de verdad somos salvos debemos examinar nuestra vida. En el cristianismo actual, muchas personas hablan sobre su decisión: “yo recibí a Cristo, yo levante mi mano, Cristo me ha salvado…”. Pero Pablo aquí dice que, para tener la certeza de nuestra salvación, la seguridad de nuestra salvación, debemos examinar nuestro estilo de vida. Pero ¿cómo vamos a hacerlo?. Por medio de examinar mi vida a la luz de las Escrituras.

1 Juan, 5:13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Esta frase se refiere a todo el libro de 1 Juan. Y, si estudiamos cuidadosamente esta carta, encontramos que esta carta consiste de varias pruebas. Cada creyente debe examinarse a la luz de lo que Juan ha dicho aquí.

El nos da algunas de las características más importantes de una persona que de verdad es cristiana. Y debemos comparar nuestro estilo de vida, nuestra manera de vivir, con lo que Juan ha escrito acá. Y, si observamos contradicciones, debemos tener miedo.

De nuevo, yo no los conozco pero, en un grupo de este tamaño, yo se que algunos de ustedes van a la iglesia y aun saben cómo hablar como creyentes pero cuando no estás en la iglesia, cuando estas con tus amigos, cuando estas a solas, tu no vives como creyente. Y no hay ningún deseo en tu corazón de seguir a Cristo, de verdad. Tú estudias no las Escrituras sino el mundo, tú no quieres ser como Cristo sino como los demás en el mundo, tú no aprendes de Cristo sino de ellos. Estas engañado. Y, si mueres esta noche, vas a ir al infierno. Es un asunto muy serio. Hay tantas personas en este mundo, tantas personas dentro de los “evangélicos”, que se creen salvos pero no son salvos. Y hay personas aquí, engañadas.

Nunca debemos olvidarnos lo que Cristo dijo: “por sus frutos, los conoceréis” (Mateo, 7:15-20). No por medio de lo que sale de la boca. No por medio de su confesión, porque muchos van a cercarse a Cristo, en el día del juicio, y van a decir “Señor, Señor” y el Señor va a decir “apártense de mí, nunca os conocí” (Mateo, 7:22-23).

Antes de analizar 1 Juan, vamos un poco al libro de Mateo, capitulo 7.

Todos sabemos que Cristo era una persona llena del amor de Dios. El amaba a los pecadores más que nadie. Ninguna persona puede acusar a Cristo de no tener amor en su corazón. Cristo vino a este mundo porque el amo al mundo (Juan, 3:16). El murió por el mundo. Pero mira lo que dice. El nos dice palabras bien fuertes:

Mateo, 7:13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

Si no fuera por las enseñanzas de Jesucristo casi no tendríamos ninguna información acerca del infierno. Si estudias el AT, casi no habla del infierno. Las epístolas de los apóstoles tampoco hablan mucho del infierno. Casi toda la enseñanza que tenemos en la Biblia acerca del infierno proviene de Cristo Jesús. ¿Te das cuenta?. A veces muchas personas hablan mal de mí diciendo “este habla siempre del infierno”, pero yo les digo: Cristo hablo más del infierno que del cielo. Cristo hablo del infierno más que los apóstoles, los profetas, más que todos los demás en las Escrituras juntos. Yo no puedo decir que les amo si no les digo la verdad, si no les digo que algunos de ustedes están en peligro, un peligro grave, irrevocable, un peligro eterno.

Mateo, 7:13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 7:14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

¿Qué esta enseñándonos Cristo?. ¿Esta enseñándonos que podemos ser salvos por medio de la sobras?. No. ¿Podemos ser salvos por medio de nuestra manera de vivir?. Tampoco. Jesucristo, claramente, enseñaba que el hombre solo puede ser salvo por medio de la fe. Pero aquí El esta enseñándonos algo muy importante: los resultados de una fe verdadera. Una persona que de verdad ha creído en Cristo para la salvación no va a caminar en este “camino espacioso” sino que  va a caminar en un camino bien marcado por la voluntad de Dios, por la Palabra de Dios.

En el día de hoy yo veo un problema muy grande. Hay cristianos, que se dicen “cristianos”, que dicen “amo a Cristo, Cristo es mi Salvador”, pero ellos caminan con un estilo de vida por el “camino espacioso”. Viven como el mundo. No se nota nada de santidad en sus vidas, nada de separación sino que caminan en el mismo camino con el mundo. Tenemos un montón de evangélicos que están diciendo “soy cristiano, soy cristiano”, pero viven como el mundo, hablan de las cosas del mundo más que de las cosas del Señor. Aman el mundo, se nota en sus caras, en su manera de vivir. Cristo dice que no. Una de las evidencias de que realmente has creído en El, es que no vas a caminar como el mundo sino que, poco a poco, El te va a cambiar, te va a transformar.

Es muy importante interpretar correctamente las Escrituras, porque muchas personas piensan que Jesús, en Mateo, 7:13-14, está diciendo lo siguiente: que la mayoría de las personas en el mundo son ateos, agnósticos, de otras religiones y, por lo tanto, se van a ir al infierno, pero hay un grupo pequeño, llamado “evangélicos” que se van a ir al cielo. Hay malas noticias, porque esto no es lo que Cristo está diciendo. ¿Qué está diciendo?. Esta diciendo que, entre las personas que se dicen “cristianos”, es decir, entre las personas que confiesen mi nombre diciéndome “Señor, Señor”, entre este grupo, pocos van a  encontrar el camino de vida.

La prueba de que Cristo está diciendo lo que sostenemos es el siguiente pasaje:

Mateo, 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

En hebreo, cuando quieres enfatizar algo, simplemente repites la misma palabra. Por ejemplo, en Isaías, 6:3 Dios es “Santo, santo, santo”.

Cristo está diciendo, entonces, que entre todas las personas que clamen enfáticamente “soy del Señor o Cristo es el Señor” muchos no van a ser salvos. Tu confesión de fe ¿quieres saber lo que vale?. Cero. Si solamente tienes una confesión de fe, tu confesión de fe no tiene ningún valor.

Entrara en el cielo solo el que haga la voluntad del Padre. Pregunta: ¿haces la voluntad del Padre?. ¿Esta Cristo proponiendo que somos salvos por la obras?. No. El está diciendo lo mismo que luego dijo Santiago en Santiago, 2:14-17: que la fe sin obras (sin fruto) es muerta (no salva). Si una persona de verdad cree en Cristo y su confesión fue verdadera esto se va a manifestar en su manera de vivir. Su estilo de vida va a reflejar obediencia a la voluntad del Padre.

Mateo, 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 7:23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Tú dices que conoces a Cristo. Está bien. ¿Cristo te conoce?. Si yo voy a la Casa Blanca y digo quiero entrar. Ellos no van a permitir que yo entre. Si digo “bueno, pero yo conozco a Barak Obama” aun no me van a dejar entrar. Pero si Barak Obama sale de la Casa Blanca y dice yo conozco a Pablo Washer entonces yo voy a entrar. Tú puedes decir todo el día que conoces a Cristo, pero Cristo ¿te conoce?.

Mateo, 7:23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

En el anterior pasaje se emplea la palabra griega “anamas”. La letra “a” significa “no” o “sin” y la palabra “namas” significa “ley”, es decir, el significado de la palabra griega “anamas” es “sin ley”. Lo que Cristo está diciendo (y escucha muy bien) es “apártense de mí los de ustedes que, confesando mi nombre como Señor, vivieron en la tierra como si yo no les hubiera dado una ley para obedecer; ustedes vivieron sin ley”.

Muchos dicen “soy cristiano” pero ni saben lo que son las leyes de Cristo, no les importa. Cristo está diciendo: “tú dices que eres mi discípulo pero tu vives como si nunca te hubiera dado una ley para obedecer; tu vives como quieres; tú haces todo conforme a tus pensamientos, todo conforme a la carne, todo conforme a lo que el mundo hace; tú haces lo mismo, pero dices que yo soy tu Señor; es una mentira, apártate de mí”. Muchos que se dicen “cristianos”, si mueren esta misma noche, van a escuchar lo mismo porque tienen una fe que no produce ningún fruto.

Mateo, 7:16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 7:17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 7:18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 7:19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.7:20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

De nuevo. ¿Cristo está diciendo que tenemos que tener “obras” para ser salvos?. No. El está enseñando que, si somos salvos por medio de la fe, la evidencia de nuestra salvación va a ser los frutos (Santiago, 2:14-17). Entonces ¿cómo podemos discernir si, de verdad, tenemos los frutos de un cristiano, las características de un cristiano verdadero?.

Vamos a comparar nuestra vida con lo que dice la Palabra de Dios, para que tú mismo puedas juzgar. Vamos a ver las marcas, las características de un cristiano verdadero y tú debe comparar tu vida con lo que dice la Palabra y, si estas características no se encuentran en tu vida debes tener bastante miedo. Deben pensar, debes orar, debes arrepentirte, debes venir a Cristo.

Vamos a analizar, ahora sí, 1 Juan:

1 Juan, 5:13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

En el versículo anterior Juan explica cual es el propósito de esta carta: “para que sepáis que tenéis vida eterna”, es decir, para que tengamos la seguridad de que realmente somos salvos.

En el Evangelio de Juan, el nos explica, en la parte final, la razón por la cual escribió su Evangelio:

Juan, 20:31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.

Para que creamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. En 1 Juan, Juan también explica el propósito de su carta (esto es característico en Juan): para que sepamos si verdaderamente somos salvos.

Características de un cristiano verdadero según Juan:

Características:

[1] 1 Juan, 1:5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 1:6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 1:7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

¿Qué significa aquí que “Dios es luz”?. Bueno, si, significa que no tiene pecado, que es santo y demás. Pero Juan está hablando, en realidad, acerca de la revelación de Dios. Lo que Juan está enseñando aquí es lo siguiente: Dios, no es un dios esotérico, oscuro, escondido. Dios nos ha revelado quien es y lo que El espera de nosotros, es decir, Dios nos ha revelado su voluntad:

Miqueas, 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

La palabra “andar” (1 Juan, 1:6) proviene de la palabra griega “peripateo”. La palabra “pateo” significa “caminar” y “peri” significa “todo lugar o muchos lugares”, de modo que la palabra “peripateo” significa “caminar por todo lugar”. El verbo también se encuentra en el tiempo presente y significa “continuación”. Lo que Juan está enseñando es lo siguiente: si decimos que somos creyentes pero vivimos con un estilo de vida que contradice lo que Dios nos ha revelado acerca de si mismo, que contradice lo que Dios nos ha revelado en su ley acerca de su voluntad, mentimos cuando decimos que somos creyentes.

Juan está hablando, entonces, de un estilo de vida. Si tú me sigues con una cámara de tomar fotos, entonces tú puedes estar todos los días, detrás de mí, tomándome fotos. Y un día, cuando me enojo o algo así o no tengo paciencia con mis hijos, tu puedes tomar esa foto y mostrarla y decir a todo el mundo, basado en este texto, Pablo Washer no es cristiano. Miren su cara de enojo. Pero no sería la verdad. No es una evidencia sustancial acerca de cómo soy. Has tomado solamente una foto. Pero si tú me sigues un año, 24 horas al día, con una cámara de video, entonces vas a ver no un momento en mi vida sino un “estilo de vida”, un modo de vivir. Y en ese año, a pesar de que soy creyente, vas a ver que si, fallo, peco y tengo que luchar contra el pecado (vas a ver eso), pero en mi estilo de vida vas a ver un hombre diferente a un mundano. Un hombre que vive conforme a la voluntad de Dios, no perfectamente (todos nosotros pecamos), pero vas a ver un cambio a tal punto que, si comparas mi vida con la vida de un incrédulo, vas a ver una diferencia muy grande.

Si examinas tu estilo de vida, diariamente, durante un año, dos años, tres años y ves que contradice lo que Dios nos ha revelado acerca de si mismo, su carácter y de su voluntad, entonces debes tener miedo. Si alguien observa tu vida, durante un año ¿va a ver una persona que, se nota, desea vivir conforme a la voluntad de Dios o va a ver una persona cuya vida contradice todo lo que Dios nos ha revelado acerca de si mismo y de su voluntad?. ¿Tu estilo de vida ha cambiado?. ¿El Señor está obrando en tu vida, cambiándote más y más, cada año, transformándote?. Si no, debes tener miedo.

[2] 1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1:10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Si no reconocemos que tenemos pecado, no somos creyentes. De acuerdo a la característica [1] (1 Juan, 1:5-7), vimos que el creyente verdadero va a vivir un estilo de vida que, poco a poco, se conforma mas y mas a lo que Dios nos ha revelado acerca de si mismo y de su voluntad. La segunda característica de un creyente verdadero es que el va a reconocer el pecado en su vida, el va a vivir una vida de arrepentimiento y el va a practicar la confesión.

Un creyente es una persona, de alguna forma, quebrantada, que siempre está reconociendo sus fallas y arrepintiéndose de ellas y confesando sus fallas a Dios y aun a los hermanos. Es, en definitiva, una persona que puede discernir cuando peca. Un cristiano no es perfecto. Un cristiano va a luchar con el pecado toda su vida. Incluso un cristiano puede caer en el pecado. Pero un cristiano no puede vivir constantemente, año tras año, practicando el pecado como un mundano, sin disciplina o sin quebrantamiento. El cristiano verdadero, cundo peca, Dios, su Padre, le va a hablar.

Muchas personas piensan que la “confesión” es simplemente recitar lo siguiente: “Dios, perdóname si he pecado en palabra, pensamiento o acción contra ti, contra mis hermanos o aun contra los hombres”. Esto no es confesión. La palabra “confesión” proviene de la palabra griega “homologeo” (“logeo” = hablar + “homo” = igual, lo mismo). Confesión es “hablar lo mismo”. Tu estas enojado y el Espíritu Santo te habla: estas en pecado, estas enojado. Confesión es cuando tú dices lo mismo: “Señor, me has dicho que estoy enojado e impaciente. Señor tienes razón, estoy de acuerdo contigo. Lo que tú dices de mi es verdad”. Estas “hablando lo mismo” que Dios.

La vida de un creyente no está marcada por la perfección pero si está marcada por una manera de vivir, que es diferente del mundo y tiene una relación diferente con el pecado. Cuando una persona viene a mí y me dice “Pablo, Pablo, tengo una nueva relación con el Señor” yo le pregunto ¿y tienes una nueva relación con el pecado?. Porque si no tienes una nueva relación con el pecado, no tienes una nueva relación con el Señor.

Bienaventurados los que lloran, que pueden ver su necesidad. La Biblia habla de esto:

Mateo, 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Eclesiastés, 7:2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. 7:3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. 7:4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.

Cuando un cristiano verdadero peca le sobreviene una nausea, casi no puede respirar. Bajo la convicción del Espíritu Santo, el sabe que ha hecho mal y siente culpa. Esta es la diferencia entre un creyente y un incrédulo. Su vida está marcada por confesión, quebrantamiento. Si un cristiano no renueva su mente con la Palabra de Dios, si no está estudiando la Palabra, si está llenando su vida del mundo, muchas veces ni siquiera puede ver su pecado.

El creyente verdadero peca, pero no puede vivir con su pecado, porque el Espíritu Santo es fiel y Dios es un Padre muy, muy bueno, que disciplina a sus hijos. Una de las marcas o evidencias más grandes del amor de Dios es que nos disciplina y no permite que nosotros, sus hijos, andemos en pecado.

[3] 1 Juan, 2:3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 2:4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 2:5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.

Nosotros sabemos que, aun los cristianos más maduros, pecan, fallan, tienen debilidades. Entonces ¿qué significa este texto?. Tenemos que entender que Juan usa verbos en tiempo presente y que se está refiriendo a un “estilo de vida” y no a un hecho aislado en nuestra vida. Significa que un creyente verdadero va a tener una nueva relación con los mandamientos de Dios.

A un inconverso no le interesa la Palabra de Dios, ni sus mandamientos. Vive como quiere, de acuerdo a sus pensamientos y opiniones propias. Pero, cuando esa misma persona se convierte, tiene una nueva relación con los mandamientos de Dios. Ningún hombre guarda los mandamientos perfectamente, pero el cristiano tiene un estilo de vida que refleja obediencia. Tiene una nueva relación con la Palabra de Dios. ¿Recuerdan lo que dije antes, que si una persona venia a mí y me decía “Pablo, Pablo, tengo una nueva relación con el Señor” yo le preguntaba si tenía una nueva relación con el pecado?. Bueno, también le pregunto si tiene una nueva relación con los mandamientos de Dios, con su Palabra, con su voluntad. Antes de conocer a Cristo no nos preocupábamos por saber lo que decía Dios, no nos preocupábamos por entender la voluntad de Dios o por obedecer la voluntad de Dios o confesar nuestros pecados cuando desobedecíamos la voluntad de Dios. Pero después de convertirnos empezamos a tener interés.

¿Qué dice Dios en su Palabra respecto de esto o aquello?. ¿Cuáles son sus mandamientos?. ¿Cuáles es su propósito para mi vida?. Nace, en suma, una nueva relación con la Palabra de Dios. ¿Tienes una nueva relación con los mandamientos de Dios?. La Biblia dice “para el creyente los mandamientos de Dios no son gravosos sino que son su deleite”. Los mandamientos de Dios ¿son tu deleite?. ¿Te esfuerzas para saber lo que ha dicho Dios o simplemente te crees cristiano porque vas al grupo de jóvenes y no eres tan malo como los demás?.

[4] 1 Juan, 2:6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

Tu dirás “entonces nos vamos todos al infierno”. ¿Quién puede andar como El anduvo?. Si ni aun los pastores andan como Cristo ¿qué significa este texto?.

Les voy a dar una ilustración. Cuando yo era pequeño mi papá era un hombre muy duro. Cada mañana, a las 5:00 o 5:30 de la mañana, el entraba en mi cuarto y me decía: “Pablo, levántate. No hay descanso para los malos”. Y mi papa era muy duro. Si él decía levántate, tú debías levantarte. Entonces yo me levantaba y salíamos a darles alimento a los caballos, a las vacas especialmente, en invierno con la nieve. Y mi papá era un hombre grande, corpulento y caminaba a grandes trancos y yo, como un niño, quería ser igual, como mi papa. Entonces yo, llevando un balde con agua en cada mano, siempre trataba de caminar como él. Una persona, viendo eso, podría haberse burlado. Pero no había duda que había un niño que quería caminar como su papá. Se notaba. A pesar de su debilidad, a pesar de sus fallas, viendo la vida de este niño, no había ninguna duda: el niño quería ser como su papa. Es lo que significa este texto.

Cuando alguien ve el estilo de tu vida, esta persona va a decir respecto de ti: esta persona, a pesar de sus fallas, se nota que él quiere ser como Cristo, el quiere andar como Cristo, el quiere reflejar la misma vida de Cristo. ¿Pueden ver esto en ti, una pasión, un deseo de vivir, de caminar como Cristo?.

[5] 1 Juan, 2:9 El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 2:10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.

¿Quién es el hermano?. En el contexto de este pasaje, la palabra “hermano” se refiere a otros cristianos. ¿Buscas comunión con otros cristianos para hablar de Cristo?. ¿Buscar ser siervo de otros cristianos, en el nombre de Cristo?. Hoy día, los grupos de jóvenes de las iglesias quieren salir y de hecho salen juntos pero casi nunca hablan de Cristo o de las Escrituras. ¿Te juntas con otros cristianos dedicados y, por ello, mas maduros para aprender de ellos?.

Cuando yo era un inconverso, me burlaba de los creyentes y muchas veces hasta los fastidiaba. Pero cuando Cristo me salvo mis afectos cambiaron. Ahora yo quería estar con otros creyentes, hablando de Cristo. Comunión, compañerismo, ir a la iglesia, escuchar los sermones del pastor, una persona diferente.

Ahora veremos cuan peligroso es malinterpretar las Escrituras o interpretarlas a la ligera:

Mateo, 25:31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 25:32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 25:33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 25:34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 25:35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 25:36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 25:37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 25:38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 25:39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 25:40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 

Muchos ministerios usan estos pasajes como un pretexto diciendo que, en base a estos versículos, debemos cuidar a los pobres, debemos dar alimentos a los que tienen hambre, debemos visitar a las personas que han cometido crímenes y ahora están en la cárcel. Mira, debemos hacer todas estas cosas, pero no es lo que este texto está enseñando. Jesús no está diciendo “yo era un ladrón o un asesino en la cárcel y me visitasteis”. No. Jesucristo está hablando de una cosa completamente diferente. Pero tú siempre has escuchado este texto interpretado así ¿verdad?.

Durante los primeros tres siglos d.C. la iglesia, en Roma, tenía que esconderse porque era ilegal ser cristiano. Si algún cristiano era capturado, los romanos, previa golpiza brutal, lo metían en la cárcel. Ir a una cárcel romana, en esa época, equivalía a entrar a un lugar prácticamente a morir de sed y hambre. Cualquiera de los otros cristianos que se ofreciera a ir a visitarlos para llevarles comida y agua corría el altísimo riesgo de terminar de igual manera. Lo que está diciendo Jesucristo en estos pasajes es que un verdadero cristiano ira de todos modos a visitar a sus hermanos (otros cristianos) presos injustamente.

Una de las evidencias más contundentes de un cristianismo verdadero es que amas a los demás creyentes y tienes la buena voluntad de servir a los creyentes aunque te cueste tu vida. ¿Puedes darte cuenta ahora de cómo puede malinterpretarse un texto?.

[6] 1 Juan, 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

¿Qué es el mundo?. Siempre estamos hablando del mundo y nunca lo definimos. El mundo es cualquier idea, sistema, obra, acción, teoría, cualquier cosa que contradice la voluntad y la Palabra de Dios. Por ejemplo, un hombre que trabaja para enriquecerse, no para la gloria de Dios, no para servir a otros, esta amando al mundo. Una chica sensual, que se viste para atraer la vista de los demás, es una cosa mundana. El orgullo, la independencia, buscar fama son cosas del mundo.

Miren solamente a las personas fuera de la iglesia (y a algunas incluso dentro de la iglesia). ¿Están buscando a Cristo?. ¿Están buscando las cosas eternas?. No, están buscando las cosas del mundo, el materialismo. La generación de los jóvenes de hoy es una “generación materialista”. Quiere cosas. Una vida fácil. El mundo. Aman el mundo.

1 Juan, 2:17 dice “el mundo pasa”. Que “el mundo pasa” puede significar simplemente que el mundo está pasando, pero también podemos traducir este texto como que “alguien está detrás del mundo, empujando al mundo, para que se pase y ese alguien es Dios”. Dios está detrás, moviendo el mundo a su destino final: la destrucción. El, en su soberanía, está empujando al mundo y, si estás viviendo para las cosas de este mundo, estás viviendo para cosas que no van a permanecer (van a pasar).

Tú me puedes decir a mí: tú no puedes juzgar mi corazón, no puedes decir si soy salvo o no. Pero yo he demostrado, de alguna manera, que no tengo que hacerlo. Solamente tengo que observar tu vida, tu estilo de vida y contrastarlo con lo que las Escrituras dicen. Para eso escribió Juan su carta 1 Juan: “para que sepamos que tenemos vida eterna” (para que sepamos si somos salvos).

Lo anterior es una desgrabacion de un video de una predica de Paul Washer. Les dejo el video:







QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!