sábado, 8 de abril de 2017

¿QUIENES VAN AL CIELO?



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Por el autor del blog:

Tenemos la tendencia a pensar que al cielo se van “los buenos” y que, por el contrario, al infierno se van “los malos”. Así las cosas, pensamos entonces que en el infierno esta “lo peor de lo peor”: asesinos seriales, violadores y asesinos de niños, genocidas históricos (Hitler, Stalin, etc.), Judas Iscariote, quien traiciono nada menos que al Señor, etc., y que el resto de nosotros, mal que mal y a comparación de todos los que acabamos de nombrar, podríamos llegar a irnos al cielo.

Jorge Luis Borges (el gran escritor argentino) alguna vez dijo (o escribió) lo siguiente: "El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto".

Para J. L. Borges, entonces, nadie es lo suficientemente malo como para merecer eternamente el infierno, ni lo suficientemente bueno como para merecer, también eternamente, el paraíso. En la expresión de Borges, claro está, subyace la idea de que en el fondo - para el -  no existe ninguno de los dos lugares. Aunque Borges toda su vida declaro ser agnóstico (alguien que no puede afirmar ni negar la existencia de Dios porque considera que ese conocimiento es inaccesible para el entendimiento humano) su verdadero pensamiento estuvo siempre más cerca del ateísmo que de otra cosa, ya que alguna vez también declaro (o escribió) estar casi seguro acerca de la inexistencia de Dios.

No obstante, en la frase de Borges subyace también otra idea, más sutil y es la siguiente: los hombres se van al cielo o al infierno por sus actos (cuando dice: “los actos de los hombres no merecen tanto”). Como Borges, muchos otros, cristianos y no cristianos, creen también que el destino eterno de las almas de los hombres depende de los actos (buenos o malos) de estos.

Nuestros amigos en la vida (lo sabemos) son pocos. Yo mismo, sin ir más lejos, he tenido, desde mis catorce o quince años hasta aproximadamente mis cuarenta, no más de dos (tal vez tres) amigos. Estos amigos que he tenido, eran ateos, de padres y abuelos ateos (el ateísmo era, en ellos, una cuestión de familia). A estos amigos ateos les he hecho, mas de una vez, la siguiente pregunta: ¿que harían ustedes si, después de muertos, se dan cuenta de que Dios existe, porque podrán verlo?. Ellos siempre respondían a esta pregunta de la misma manera: “bueno, si, después de muertos, nos damos cuenta de que Dios existe, porque podemos verlo, le pediríamos que nos juzgara por nuestras obras, por nuestros actos y no por si creímos o no en El”. En otras palabras: mis amigos ateos le pedirían (¿exigirían?) a Dios ser juzgados por sus actos, ya que la “cuestión de la fe” era para ellos irrelevante.

La mayoría de los ateos piensa de esta manera: que Dios, si es que existe, tendría que juzgarlos por sus obras y no por si creyeron o no en El. Digo esto no solo por haber tenido amigos ateos sino porque también se lo escuche decir a más de un personaje público que, alguna vez, se auto declaró ateo.

En el video que vas a ver a continuación, Silvio Rodríguez, conocido cantautor cubano, en una entrevista (el video dura unos pocos segundos) con el también conocido periodista peruano Jaime Bayly, al hacerle un televidente la misma pregunta, contesta de la misma manera.




Quienes así piensan cometen un error mortal porque, al contrario de lo que piensan, no son nuestras obras (buenas o malas) las que nos depositan en el cielo o en el infierno.

En primer lugar, todos hemos pecado por lo que hemos sido destituidos de la gloria de Dios:

Romanos, 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

En segundo lugar, aun después de ser salvos, los cristianos continuamos pecando:

1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

Juan dice “si decimos”, es decir, se incluye, o sea, está hablando de la iglesia, ergo, está hablando de gente que ya es salva (y que sigue pecando).

En tercer lugar, somos salvos por gracia, por medio de la fe. Esto es un regalo de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe, es decir, para que nadie diga “me salve porque soy bueno”:

Efesios, 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe. 

La causa (el por qué) de la salvación es la gracia de Dios (nos salvamos porque Dios quiere) y el medio para acceder a esa gracia es la fe, es decir, la fe es el “boleto de entrada” (el medio) a la gracia (la causa de la salvación):

Romanos, 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la fe es estar convencidos de lo que no podemos ver:

Hebreos, 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Y el destinatario de esa fe tiene que ser Jesucristo:

Romanos, 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10:10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 

Esto implica:

[1] Creer que Jesús es el Señor, es decir, es Dios (y el Hijo de Dios). Dios es un Dios Trino y Jesucristo es la Segunda Persona de la Trinidad (el Padre es la Primera Persona y el Espíritu Santo es la Tercera Persona);

[2] Creer que Jesús resucito de entre los muertos luego de ser crucificado por nuestros pecados; y

[3] Confesar ambas cosas con la boca “porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”;

Paul Washer (el reconocido predicador norteamericano) lo explica fantásticamente bien:

Todo el problema comienza con la naturaleza de Dios. Dios es Justo y Santo. Dios no puede violar sus atributos. El no puede hacer algo que contradiga su naturaleza. El es un Dios Recto. Ahora bien, esto es algo bueno. Sería terrible pensar que este universo fue creado por un dios malvado, por un dios omnipotente que fuera malvado. Sería absolutamente aterrador. De modo que, en principio, es algo bueno que Dios sea Justo, Santo y Recto. Pero entonces, esto presenta un problema. Si Dios es Justo… ¿qué es lo que hace con nosotros?. La verdad más aterradora de la Biblia es que Dios es bueno. ¿Por qué es una mala noticia que Dios sea bueno?. Porque nosotros no lo somos. Entonces ¿qué hace un Dios bueno con nosotros?.  Pecamos contra Dios, pecamos unos contra otros, pecamos contra la naturaleza, pecamos contra todo. Toda la creación clama por nuestra condenación. Si Dios es verdaderamente Justo, entonces ¿qué hace con nosotros?.

Si Dios, simplemente, pasa por alto la maldad, deja de ser Justo. Si un Dios Santo llama a los malvados hacia El para compartir con ellos, entonces no es un Dios Santo. De modo que la gran pregunta de toda la Biblia es esta: ¿Cómo puede un Dios Justo perdonar malvados y seguir siendo Justo?. ¿Cómo un Dios Santo llama a los malvados a tener comunión con El, siendo un Dios Santo?. Y la repuesta se encuentra en la cruz de Jesucristo. En la cruz de Jesucristo vemos esta tremenda y única revelación de la amplitud de los atributos de Dios. Dios es Justo. El debe condenar nuestro pecado. Dios es amor y por eso se convierte en hombre por medio de Su Hijo. Vive una vida perfecta como hombre y luego va hacia esa cruz y en esa cruz los pecados de su pueblo son echados sobre El. Y toda la justicia de Dios, toda la ira de Dios que merecíamos nosotros es arrojada sobre la cabeza de Cristo. La cantidad exacta que era requerida para satisfacer la justicia de Dios. Después de sufrir, Cristo dijo “CONSUMADO ES”. Esto significa que hizo lo que era requerido para satisfacer la justicia de Dios contra su pueblo. El pago el precio en su totalidad.

Es muy importante entender esto. Que no fue simplemente que nuestros pecados fueron perdonados porque los romanos golpearon a Jesús y lo clavaron en una cruz. Nuestros pecados fueron pagados porque en esa cruz El cargo con nuestros pecados. Y le plació a Dios, el Señor, quebrantar a Su propio Hijo. La ira de Dios, que debió haber caído sobre mí y sobre ti, cayo, en cambio, sobre su Unigénito Hijo. Y lo sufrió completamente, pago el precio, murió, porque la paga del pecado es muerte y en el tercer día resucito de entre los muertos. Y ahora está sentado a la diestra de Dios y no hay otro nombre, ningún otro nombre, en cualquier otro mundo, no hay ningún otro nombre dado a los hombres en el que podamos ser salvos, excepto por el nombre de Jesucristo. El es el camino, la verdad y la vida. Y nadie puede llegar al Padre, excepto por medio de Jesucristo. Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Y para que podamos ser salvos, la Biblia llama a todos los hombres a arrepentirse de sus pecados y a creer en el Evangelio.

La cuestión no es si nuestros actos son buenos o malos (vimos que, según Efesios, 2:8-9, la salvación no es por obras – por actos – “para que nadie se gloríe”) o si somos pecadores  o no (vimos que, según 1 Juan, 1:8, todos – aun los que somos salvos – seguimos pecando). La cuestión es si hemos aceptado la “solución de Dios” al problema de nuestra maldad.

Cuando los hombres le preguntaron a Jesús que debían hacer, el solo dijo una cosa:

Juan, 6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Nada más se nos demandara.

Cualquier intento de lograr la salvación sin creer en Jesucristo está destinado al fracaso. Los ateos, como hemos visto, pretenden eliminar de la ecuación el creer en Jesús (la fe) e insisten en ser juzgados exclusivamente por sus obras. Ellos serán satisfechos en su demanda. Serán juzgados, en efecto, por sus obras, serán hallados en falta y (he aquí el problema) sin estar cubiertos por la sangre redentora de Cristo, por lo que serán arrojados al lago de fuego:

Apocalipsis, 20:12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 20:13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 20:14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Lo único que se les demandara es lo único que no habrán cumplido: el creer en Jesús (algo que los ateos consideran irrelevante a la hora señalada será cuestión de vida o, mejor dicho, de muerte).

El infierno está lleno de asesinos, genocidas, pervertidos y demás y también está lleno de gente “buena” que, en vida, fracasó en aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador.




QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!