sábado, 11 de abril de 2015

LAS 10 TRIBUS (NO TAN) PERDIDAS DE ISRAEL


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Por el autor del blog:

El libro de Génesis, ademas de explicar el origen de todo, trata sobre la vida de los 4 grandes patriarcas de Israel: Abraham, Isaac, Jacob y José y es el único libro de la Biblia que explica el origen de las 12 tribus de Israel. Después del diluvio, Dios llama a Abraham quien, a su vez, tuvo un hijo: Isaac. El primer patriarca, entonces, fue Abraham y las bendiciones que Dios prometió a Abraham fueron traspasadas de padre a hijo, de generación en generación. Isaac (hijo de Abraham), por su parte, tuvo 2 hijos: Esaú y Jacob. Los nombres de las tribus provienen de los nombres de los hijos que Jacob tuvo con sus dos mujeres: Raquel y Lea. Cada uno de los hijos de Jacob, a su vez, se transformo en un patriarca que dio origen a una casa o clan familiar. De la tribu de Judá (uno de los hijos de Jacob), por ejemplo, salieron los reyes davídicos (David, Salomón, etc.). El Mesías (Jesucristo) también vendría de esta tribu, ya que sería descendiente de David.

Los hijos que Jacob tuvo con Lea (una de sus 2 esposas) fueron: RUBEN, SIMEON, LEVI, JUDA, ISACAR y ZABULON. Pero Raquel (la otra esposa de Jacob) era estéril. Entonces Raquel dio su sierva (Bilha) a Jacob, de donde nacieron DAN y NEFTALI.

Era común en la Mesopotamia de esa época que la esposa, cuando era estéril, cuando no podía tener hijos, diera su sierva o esclava a su esposo para tal fin. Los hijos que el esposo tenia con la esclava de su señora se consideraban como de su señora misma. De este tipo de relación nació Ismael, el primer hijo de Abraham que tuvo con la esclava egipcia de su esposa Sara, llamada Agar.

Lea, por su parte, también dio su sierva (Zilpa) a Jacob, de donde nacieron GAD y ASER. Finalmente Raquel, que era estéril, pudo darle 2 hijos a Jacob: JOSE y BENJAMIN. JOSE, quien luego fuera vendido como esclavo por sus hermanos, tuvo, a su vez, 2 hijos: EFRAIN y MANASES.

Y de aquí salen los nombres de las 12 tribus de Israel: RUBEN, SIMEON, JUDA, ISACAR, ZABULON, DAN, NEFTALI, GAD, ASER, BENJAMIN, EFRAIN y MANASES. No están LEVI (su herencia fue el sacerdocio) ni JOSE, que se abrió en dos tribus: EFRAIN y MANASES (sus hijos).

Como se dijo, los nombres de las 12 tribus de Israel vienen de Génesis.

Luego vino el Éxodo de Egipto y las tablas de la ley (los 10 mandamientos) en el monte Sinaí, los libros de Levítico, Números (donde se explica el por qué Israel, en lugar de entrar de inmediato en la tierra prometida, tardo 40 años) y Deuteronomio (libro donde Moisés, antes de morir y dejar el liderazgo a Josué, repasó la ley con todo el pueblo). Luego vienen las guerras por la conquista de la tierra prometida liderada por Josué y, muerto este, la época de los “Jueces” (expertos en la ley que administraban justicia; varios fueron también líderes militares que Dios levanto para liberar a Israel de sus opresores; uno de ellos fue Sansón).

En la época del profeta Samuel el pueblo de Israel le solicito a este la designación de un rey “como tienen todas las naciones”. Hasta ese momento, el gobierno de Israel había sido una “teocracia” (del griego “teo = dios” + “cratos = poder, dominio o gobierno”), es decir, el rey era Dios mismo. El que gobernaba era Dios y lo hacía fundamentalmente a través de:

-Jueces: conocedores de la ley, magistrados que administraban justicia; y

-Profetas: Samuel fue el último de los jueces y el “primer profeta” en el sentido de que fue el primero en ejercer el “oficio profético” tal como se lo conoció después, aunque no fue el primero en profetizar ya que, antes de él, habían profetizado Abraham, Moisés y Débora (que junto con Barac, fue uno de los 13 jueces);

A solicitud del pueblo, entonces, Samuel (por orden de Dios) unge como rey a Saúl, dando así comienzo a la “monarquía de Israel”. Ante las continuas desobediencias de Saúl, este es desechado por Dios y, en su reemplazo, Samuel unge (también por orden de Dios) a David. David reino durante 40 años y fue sucedido en el trono de Israel por su hijo Salomón, que fue el que construyo el primer templo para Dios. No obstante Salomón, en sus últimos años, cayó en la idolatría ya que comenzó a adorar a múltiples dioses paganos, que eran los dioses de todas las esposas y concubinas que tenia.

A raíz de la idolatría de Salomón, Dios dividiría a Israel en dos reinos, pero no lo haría en vida de Salomón (por amor a David, su padre) sino en días de Roboam, hijo de Salomón. Así pues, en días de Roboam, Israel se divide en dos reinos:

-el reino del sur, compuesto por las tribus de JUDÁ y BENJAMÍN, llamado “JUDÁ”, con capital en Jerusalén (donde estaba el templo); y

-el reino del norte, compuesto por el resto de las (10) tribus, llamado “ISRAEL o EFRAÍN”, con capital en Samaria;

El reino del norte fue entregado por Dios a Jeroboam, enemigo de Salomón. Pero Jeroboam no confió en Dios sino que tuvo temor de perder su poder. Jeroboam sabía que el templo estaba en Jerusalén y también sabía que todas las familias de Israel (incluidas las del reino del norte) tendrían que descender anualmente al templo que estaba en Jerusalén (el reino del sur) para adorar a Dios. El temor de Jeroboam era que el pueblo del reino del norte (del cual él era el rey), de tanto descender a Jerusalén para adorar a Dios en el templo, terminara por proclamar rey a Roboam, hijo de Salomón. Para evitar esto, Jeroboam inventa todo un sistema religioso falso y levanta dos becerros para que el pueblo del reino del norte los adore como dioses y no se allegue hasta Jerusalén. Este es el comienzo de la idolatría y apostasía que jamás ceso en el reino del norte (donde, entre otros, ejerció su duro ministerio profético Elías, sucedido luego por Eliseo).

Veamos lo que dice la Biblia al respecto:

1º Reyes, 12:26 Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, 12:27 si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. 12:28 Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. 12:29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. 12:30 Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. 12:31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. 12:32 Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. 12:33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.

Jeroboam, entonces, temiendo que las 10 tribus de las que había sido hecho rey, por tener que venir, año tras año, al templo de Jerusalén a adorar al Dios verdadero, terminen por aceptar a Roboam, hijo de Salomón y rey de Judá, como el verdadero rey, levanto dos becerros de oro y creo todo un sistema religioso falso.

Jeroboam estableció, en el reino del norte, este sistema religioso falso que ofrecía al pueblo una adoración a dioses falsos mediante ídolos, conforme al modelo de becerro de oro hecho por Aarón.

El establecimiento, por parte de Jeroboam, de este sistema religioso falso, produjo dos resultados:

-la mayoría de las personas que permanecieron en el reino del norte aceptaron la adoración a Baal, junto con su costumbre inmoral de la prostitución ritual; y

-la mayoría de los del remanente piadoso, que deseaban permanecer fieles a Dios y a su ley, sufrían mucho cuando "dejaban ... sus posesiones" y se trasladaban al reino del sur, a fin de adorar al Señor conforme a su revelación original y a sus mandamientos. Jeroboam, para ministrar en este nuevo sistema religioso falso, había nombrado sacerdotes "que no eran de los hijos de Leví".

2º Crónicas, 11:14 Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén: pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de Jehová. 11:15 Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho. 11:16 Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres. 11:17 Así fortalecieron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón,

No solo los descendientes de la tribu de LEVI (los levitas), excluidos del sacerdocio por Jeroboam, descendieron a Juda y Jerusalen sino que “Tras aquellos [los levitas] acudieron también de todas las tribus de Israel”, lo cual significa que un remanente de TODAS LAS TRIBUS DEL REINO DEL NORTE se refugio en en el reino del sur.

Dios castigo al reino del norte provocando su caída y conquista por los asirios en 722 a.C.. Los asirios se llevaron cautivos a muchos israelitas del reino del norte a Asiria, pero dejaron algunos en Samaria (capital del reino del norte), trayendo también gente de otras tierras para repoblar dicha ciudad. Los matrimonios entre los israelitas dejados en Samaria y los extranjeros traídos para repoblarla, dio origen al pueblo de los “samaritanos” y, con ellos, a un sincretismo religioso (una mezcla religiosa) entre el judaísmo y el paganismo traído por los extranjeros. Esto fue lo que ocurrió con los idolatras del reino del norte, pero un remanente fiel, compuesto por todas las tribus del reino del norte, había escapado, años antes, al reino del sur.

Lo anterior significa que, entre el reino del norte, hubo un remanente que, rechazando el sistema religioso falso inventado por Jeroboam, huyo y se autoexilio en el reino del sur, con el único fin de seguir adorando al único Dios verdadero. Este remanente no solo escapo de la idolatría del reino del norte sino de su destrucción y conquista por los asirios en 722 a.C..

Con esto, el reino del sur, cuya capital era Jerusalén (donde, ademas, estaba el templo) y que estaba compuesto por las tribus de Judá y Benjamín, quedo conformado por descendientes de todas las tribus de Israel. En el año 586 a.C., por las mismas razones por las que había caído el reino del norte en 722 a.C. (idolatría y apostasía), cae también el reino del sur conquistado por el imperio babilónico comandado por el rey Nabucodonosor, quien destruyo Jerusalén y el templo. Aquí también hubo exiliados ya que Nabucodonosor deporto israelitas a Babilonia: en 605 a.C. fue deportado un grupo de jóvenes selectos, entre los que se encontraba el profeta Daniel y sus 3 amigos, en 597 a.C. fue deportado otro grupo, entre los que se encontraba el profeta Ezequiel y, finalmente, en 586 a.C. fue deportado el último grupo.

Aquí también el Señor preservo un remanente que, 70 años después del primer grupo deportado en 605 a.C. (en cumplimiento de la profecía de Jeremías, 25:11-12 de los “70 años de desolación”), regreso a Jerusalén.

La historia de la redención fue siempre la historia de un remanente preservado por Dios. Por todo lo anterior el concepto de “las 10 tribus perdidas del reino del norte” es totalmente ficticio. No hay ni hubo jamás 10 tribus “perdidas”. Dios jamás ha permitido que se “pierda” nada. Todas las piezas están en su lugar y cumplirán su papel en el tiempo establecido por Dios.

Si hubiera “10 tribus perdidas” no podrían cumplirse jamás los siguientes pasajes del libro de Apocalipsis:

Apocalipsis, 7:2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, 7:3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. 7:4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. 7:5 De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. 7:6 De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados. 7:7 De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. 7:8 De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.

En pleno Apocalipsis (o sea: en el futuro) habrá personas vivas (de carne y hueso), pertenecientes a todas las tribus de Israel, que van a ser selladas. Si 10 de las 12 tribus estarían “perdidas” esta profecía quedaría sin cumplimiento y sabemos que eso no es posible (la Palabra de Dios siempre se cumple).

Finalmente, podemos encontrar una confirmación de todo lo anterior en el NT:

Lucas, 2:25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 2:26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 2:27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 2:28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: 2:29   Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 2:30   Porque han visto mis ojos tu salvación, 2:31   La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 2:32   Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.

Los versículos anteriores hablan de un hombre piadoso llamado Simeón que esperaba la “Consolación de Israel”, es decir, al Mesías y de que el Espíritu Santo (el otro Consolador) que “estaba sobre el” le había prometido de que no moriría sin antes conocer al Mesías. Movido por el Espíritu Santo, este hombre Simeón fue al templo donde se encontró con María y José que estaban presentando a Jesús en el templo “conforme al rito de la ley” y allí reconoció a Jesús como el Mesías y exclamo “ahora Señor despides a tu siervo en paz porque han visto mis ojos tu salvación”.

Lucas, 2:33 Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. 2:34 Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha 2:35 (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.

Simeón dijo 2 cosas respecto del Mesías:

-está puesto para caída y para levantamiento de muchos, es decir, para los que no crean en El seria para condenación pero, para los que si crean en El seria para salvación; y

-una espada traspasará tu misma alma, queriéndole advertir a María que tendría que  ver a su hijo crucificado;

Pero lo más importante, respecto al tema que estamos tratando, es el siguiente pasaje:

Lucas, 2:36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 2:37 y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.

Había allí una mujer, profetisa, llamada Ana DE LA TRIBU DE ASER (una de las 10 tribus del reino del norte). Esto quiere decir que, en la época del Mesías (el NT) había en Jerusalén descendientes de las tribus del reino del norte, con lo cual queda confirmada la hipótesis de que jamás estuvieron perdidas. Siempre fue conservado (por Dios) un remanente de TODAS LAS TRIBUS DE ISRAEL.

Los que se perdieron, cuando los asirios conquistaron Samaria en 722 a.C., fueron personas pertenecientes a las 10 tribus del reino del norte que eran idolatras. Los que no eran idolatras, unos años antes habían comenzado a emigrar hacia el reino del sur para adorar al único Dios verdadero.


QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!